Sabina como terapia y medicina

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Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El repertorio de su nueva producción “Lo niego todo” marcaron la primera parte del concierto. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Los incondicionales de Joaquín Sabina son intelectuales, periodistas, poetas, universitarios y locos.

Gente que disfruta del buen vino y para quienes sus canciones son un buen pretexto para reírse de sí misma.

Anoche, el poeta, guitarrista y cantautor español se presentó en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot, en su modalidad intermedia y sin un lleno total, pero con un concierto inolvidable, estructurado durante su primera parte en su nuevo disco “Lo niego todo”.

Fue un espectáculo de puro rock, provisto de elementos teatrales y efectos incidentales, con un despliegue digital de gráficas de gran colorido artístico, en el que Sabina emerge como el personaje central de una función inspirada en la vida y sus enredos.

Rica en simbolismos, la propuesta de Sabina descansa en un montaje visual tan complejo y denso como las historias de sus composiciones.

El poeta, guitarrista y cantautor español manifestó su solidaridad con los damnificados del huracán María. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Lo niego todo” es un espectáculo balanceado de rock e imágenes proyectadas en tres pantallas de alta definición que resaltan su discurso musical y poético con dibujos, fotos y siluetas, enfatizando en el arte digital.

Sabina no es un cantante de grandes recursos vocales, pero el secreto de su éxito estriba en las historias urbanas que maneja con elocuencia y un singular sentido del humor, a veces negro, y con el complemento vocal de su corista Mara Barros.

Además del rock, que en la presentación de anoche obtuvo una exposición notoria, en los arreglos de Sabina se conjugan colores de la trova, el rock, el bolero, la ranchera, el jazz, el blues y la música country.

En comparación con “Vinagre y rosas”, su pasado álbum de estudio en solitario, “Lo niego todo” es mucho más temperamental en su planteamiento poético, por lo que el rock dicta la pauta.

Sabina, que en varias ocasiones expresó su solidaridad con los damnificados del huracán María, recordó que durante su exilio en Francia descubrió el rock influenciado por conciertos que “le cambiaron la vida” de Bob Dylan y los Rolling Stones.

La banda brilló en el acompañamiento al cantautor. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

De regreso a España, tras la caída de la dictadura franquista, se dedicó a cultivar este género buscando siempre un equilibrio con la canción poética y el folclor al estilo de los cantautores.

Durante el primer segmento los aplausos a “Lo niego todo”, “Quien más, quien menos”, “No tan de prisa”, “Lágrimas de mármol”, “Sin pena ni gloria” y “Las noches de domingo acaban mal” fueron discretos porque, naturalmente, su fanaticada no las conoce. Pero confirmaron el ingenio del cantautor que enriquece sus obras, por ejemplo, con alusiones a la historia griega clásica (la espada de Damocles en “Quien más, quien menos”) y a referencias a la opresión del fisco, como en la balada “Lo niego todo”.

La banda se escuchó insuperable, perfecta, nítida, bien aceitada. No debe sorprender porque son músicos que identifica como su familia. Parte de sus integrantes, como el guitarrista Jaime Asúa, colaboran con él hace 35 y 40 años. Incluso, algunos integraron la banda Alarma que en la década de 1980 aportó considerablemente a la escena rockera española.

Amén de su despliegue musical extraordinario, sería imperdonable omitir en esta reseña los nombres de José Miguel Sagaste (saxofón), Laura Gómez (bajo), Pedro Barceló (batería), Antonio García de Diego (teclados) y Pancho Varona (guitarras y coro).

El público acompañó a Sabina en la interprertación de sus clásicos. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El “Flaco de Ubeda”, apelativo con el que se le conoce, salió varias veces del escenario para que sus músicos interpretaran canciones de su autoría, como “Hace tiempo que no me hago caso” (Mara), “Pirata cojo” (Pancho”), “A la orilla de la chimenea” (Antonio) y “Seis de la mañana” (Jaime Asúa).

Su fanaticada no lo resintió; todo lo contrario, escuchó con receptividad y respeto otras perspectivas vocales de su repertorio.

No obstante, las favoritas de su público no faltaron en el programa. Y sus seguidores, que más que simpatizantes son como amigos, tararearon las letras de “La Magdalena”, en un dúo estremecedor con Mara; “Por el boulevar” (en la que evoca a Chabela Vargas); “Peces de ciudad”; “19 días y 500 noches”; “Noches de boda/Y nos dieron las diez”; “Princesa” y, posiblemente la más popular, “Contigo”.

“Y morirme contigo si te matas.
Y matarme contigo si te mueres.
Porque el amor, cuando no duele mata.
Porque amores que matan nunca mueren”.

Así, el poeta de la paradoja y la contradicción; el poeta del absurdo, el cinismo y el sarcasmo; el romántico anticursi y el cantautor sin parangón que es Joaquín Sabina complació una vez más al soberano boricua que, como un bálsamo al estrés post María, recibió su música como terapia y medicina.

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