Laureles para Luis Enrique Romero

Es admirable la determinación del artista por alcanzar sus metas invicto como dramaturgo, actor y director en ‘Acordes para otra noche’.
“Acordes para otra noche” es un monólogo escrito, dirigido y actuado por Luis Enrique Romero. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
“Las moscas”, Antonio Machado (1875-1939)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El viernes 30 de mayo, estrenó “Acordes para otra noche”, propuesta que engalanó una nueva entrega de la serie A puro teatro que auspicia la Fundación Nacional para la Cultura Popular con sede en la calle Fortaleza #56, en el Viejo San Juan.

A nuestra llegada nos recibió la felicidad de una casa llena, lo cual es una de las satisfacciones más grandes que reciben todos los teatreros. Culminó la experiencia con la complacencia de un público efervescente, que se desbordó en aplausos y elogios al momento del foro al final.

Sabemos que la función que se hizo el sábado 31, corrió también a casa llena. Pero nos queda una ruta digna de comentarse antes de llegar a ese desenlace. “Acordes para otra noche” es un monólogo escrito, dirigido y actuado por el actor y cantante puertorriqueño Luis Enrique Romero.

“Acordes para otra noche” engalanó una nueva entrega de la serie A puro teatro auspiciada por la Fundación Nacional para la Cultura Popular. (Foto Alina Marrero para F.N.C.P.)

Aunque, como escritor, lo conocemos por sus tres libros de poesía (“Casi cuatro lunas” 2015, “El café de la costumbre” 2017 y “Yo Penélope” 2024), Luis Enrique también escribe teatro y sus obras se han estrenado desde los albores del siglo 21.

En 2004 escribió unos sainetes para ser representados por Coopar, cooperativa de actores de la cual Romero fue socio fundador. En 2005 estrenó “Al fondo de un pocillo de café” y en 2021, “Los zapatitos me aprietan”.

La patria, el amor y el ser son temas recurrentes en el trabajo de Romero, a quien conocemos por el buen uso del idioma e imágenes arrulladoras. Las hipérboles y lo visceral no son bienvenidos en su sistema solar. Tampoco lo son los regueros, ni en lo escénico ni en los versos.

Irse por el sendero de esas fresas tiene las colosales dificultades del todo o nada, sin puntos intermedios al cual asirse en la posibilidad de un naufragio. Añade dificultad si lo explorado trata sobre el ser humano ante una fatídica enfermedad, como lo es la realidad de “Acordes para otra noche”.

Antonio, de 50 años, personaje único de esta pieza, es un guitarrista y cantante, quien tiene que continuar con su vida después de un diagnóstico de Parkinson.

El monólogo escrito y protagonizado por Luis Enrique Romero cuenta la historia de «Antonio», guitarrista y cantante, quien tiene que continuar con su vida después de un diagnóstico de Parkinson. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Esta enfermedad, que no tiene cura, es un trastorno neurodegenerativo que afecta el sistema nervioso y provoca problemas de movimiento, equilibrio y coordinación. Los síntomas incluyen temblores, rigidez muscular, lentitud en los movimientos, problemas de equilibrio y dificultades para realizar movimientos automáticos, como parpadear o sonreír, entre otros.
La acción sugiere una noche, cuando el músico, vestido para concierto, regresa a su casa y enfrenta su propia compañía. Antonio apenas puede desabrocharse la camisa por el constante temblor de su mano derecha mientras recuerda todo lo que una vez pudo hacer.
La música, la guitarra, los conciertos son la razón y centro de su vida. No conocemos los nombres de quien fuera su esposa ni los nombres de sus hijos, pero si conocemos los nombres de sus dos guitarras, Pepa, la primera que tuvo a sus 14 años, y Aurora, la segunda y actual.

En los primeros minutos, y a manera de homenaje al poema “Las moscas” del español Antonio Machado, el personaje Antonio (con el mismo nombre del poeta, por cierto), filosofa con ironía sobre el comportamiento indiscriminado de esos insectos, el mismo comportamiento indiscriminado de una vida que rompe los hilos que definen el tiempo: lo que fui, lo que soy, lo que me espera.

Pensamos que la obra terminó cuando Antonio salió de escena, pero en realidad se trató de un falso final. Después de más de un minuto, Antonio regresó, vestido de pasado, tocó su guitarra sin ninguna dificultad y cantó “sus acordes para otra noche” en un espacio que no se entiende como vigilia.

Lo anterior puede tener varios objetivos y, de la misma manera, todos a la vez: se presenta al músico en su pasado; se deleita al público con una canción interpretada por un actor que canta muy bien; se presenta el deseo del músico (personaje) desde su presente; se presenta un sueño recurrente del músico (personaje) cuando duerme.

«Antonio» rompe los hilos que definen el tiempo: lo que fui, lo que soy, lo que me espera.(Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Los tres primeros objetivos son espectros astrales del cuarto. El fenómeno de soñar sin limitaciones que puede interpretarse como una manifestación del yo más allá de las restricciones físicas, es real.

Es un fenómeno fascinante de la conciencia y la memoria sensorial. Aunque alguien pierda la vista o el movimiento, su cerebro conserva las experiencias previas y las integra en el mundo onírico.

Si entendemos la percepción como un diálogo entre mente y cuerpo, el sueño podría verse como un espacio donde la identidad se libera de las restricciones materiales y opera en su estado más puro.

Representar en escena un personaje que en su vigilia enfrenta la limitación, pero que en sus sueños se mueve sin restricciones, ofrece una riqueza narrativa inmensa e intensa que permite explorar contrastes dramáticos profundos. ¡Aplausos para el dramaturgo desde todas sus esquinas!

Desde nuestro primer encuentro con los muy bien dispuestos y balanceados elementos escenográficos encerrados en una cámara negra (proscenio sin telón con cuarta pared), apreciamos las áreas en las cuales el director dividió su estética.

A la izquierda del público, la Pepa y una butaca; en el centro, un jarrón con flores secas; en centro derecha la Aurora y una silla; a la extrema izquierda, el estuche de una guitarra, como féretro que se mantiene presente en el piso y un atril sin papeles, con un ala a medio cerrar.

A pesar de lo evidente de la frustración y la muerte, el personaje ignoró por completo ese espacio.

Luis Enrique Romero demostró sostener las riendas de un personaje que puede amenazar con desbocarse. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La ruta escénica y las composiciones del montaje mostraron un ritual clásico, totalmente libre de adornos.

Encontramos correspondencia armónica, entre el libreto, la dirección, la actuación y el concepto de montaje de esta producción. El comentario del consenso se une en la mesura.

Aunque nos hemos confesado barrocos, desbordantes y excesivos en ocasiones anteriores, reconocemos el valor de la sobriedad.

Si en el sendero de esas fresas, el actor logra transmitir con naturalidad los ecos de la enfermedad, su interpretación podría considerarse una obra de contención y verdad escénica.

Una actuación orgánica y realista implica una profunda investigación y comprensión del personaje. No solo se trata de replicar síntomas físicos, sino de explorar el conflicto interno del guitarrista: la frustración, la resistencia, la melancolía y la posible aceptación.

El desafío es sostener el ritmo sin caer en monotonía, en el ir y venir de la sutileza gestual y la intensidad emocional.

El hecho de que no haya dramatismo excesivo también habla de un respeto por la condición del personaje y por el propio oficio del actor. Desde una perspectiva teatral, una actuación como esta también demanda un refinado manejo de pausas, silencios y matices vocales para dar textura al discurso.

Ponemos laureles en la frente de Luis Enrique Romero por llegar a su meta invicto como dramaturgo, actor y director. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La templanza en la interpretación puede generar un impacto más profundo en el público, permitiéndole conectar con el relato de una manera honesta, sin manipulaciones sentimentales.

Con énfasis en lo que exponemos en los párrafos anteriores, Luis Enrique Romero demostró sostener las riendas de un personaje que puede amenazar con desbocarse. ¡Bravo!

En un momento, el lazo de la etiqueta se cayó al piso, y el Parkinson fue la brújula del actor. La recogida del lazo con la dificultad del movimiento constante de la mano añadió a la enfermedad visibilidad dramática y efectividad, de la misma línea orgánica en la cual venía desarrollándose el asunto.

Por su aportación a la línea de acción y vital información, se podría considerar fijar ese accidente como parte del montaje.

Ponemos laureles en la frente de Luis Enrique Romero por llegar a su meta invicto como dramaturgo, actor y director.

Felicitamos también a Kenny Ceballos y Estelín Cedeño, productores para Komicar Inc., por una producción seria, limpia y redonda.

Sin embargo, algo faltó. Nuestro propósito al hacer los siguientes señalamientos no es el desaliento. La ausencia del programa de mano toma ventaja en línea ascendente para demasiados productores y sentimos la defensa como misión.

“Acordes para otra noche” es una producción que merece presentarse en y fuera de Puerto Rico. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Porque faltó el programa de mano nos tuvimos que enterar a través de pajaritos investigadores, que fue Luis Enrique Romero el diseñador de la escenografía.

De la misma manera nos enteramos de que Ceballos, Cedeño y Romero se encargaron de todo lo que compete el montaje físico de una puesta en escena, algo que merece loas por arrojo e inspiración.
El programa de mano no solo proporciona información esencial sobre el elenco, los creadores y el contexto de la obra, sino que también es una herramienta de educación y preservación cultural.

Nos enteramos, casi por osmosis, que la casa productora de este montaje es Komicar, nombre que tampoco aparece en los afiches y en las hojas sueltas. Pero eso es tema de otro foro.

La ausencia de este importantísimo documento despoja al espectador de un recurso clave para apreciar la puesta en escena en su totalidad, disminuye el reconocimiento de los artistas y técnicos involucrados, y empobrece la memoria histórica del evento.
Si no quieren o no pueden gastar en papel, tienen la alternativa de hacerlo virtual, pero no puede faltar.

Recapitulamos: Recomendamos “Acordes para otra noche”, producción que merece presentarse en y fuera de Puerto Rico, y esperamos ver más producciones de Komicar.

El actor prersentó sus fucniones a casa llena en el Viejo San Juan. (Foto Anilyn DÍaz para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

 

Punto y aparte

Antes de comenzar la función, Josean Ortiz, artista residente en la FNCP, nos brindó la siguiente información.

Cartelera de “A puro teatro” en la Fundación Nacional para la Cultura Popular.
Entre el 13 y el 15 de junio, sube a escena «La liberación de Abelardo Ramírez» de Leo Cabranes-Grant.

El 27 de junio se presentará nuestro abanderado, Mario Donate, con su montaje para títeres, «Los cuentos del mar».

Entre el al 20 de julio tendremos la oportunidad de ver la reposición de «Frantz Fanon: la voz del alma revolucionaria» de Josean Ortiz.

Excelentes noticias desde la Fundación Nacional para la Cultura Popular

Entre el 10 y el 31 de agosto se celebrará el MARAT Fest, festival de teatro con tema LGBTQIA+ dedicado a la memoria del dramaturgo puertorriqueño Abniel Marat.

Y si disfrutamos el concierto “Por la Fundación desde Caguas… Donde todo comenzó”, que ofrecieron Rafael José, Carmín Vega, Nydia Caro y Chucho Avellanet en el café teatro Moneró del Centro de Bellas Artes en Caguas, apunten la fecha del sábado, 6 de septiembre.

Ese día, en la Sala Sinfónica del Centro de Bellas Artes de Santurce, el Big Band de Humberto Ramírez, junto con cantantes invitados, se unirán para hacer realidad el evento “Un saludo a Tite, con ritmo y filin”, pro fondos de la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

 

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