“Vivimos en una sociedad que discrimina
contra algunos de sus miembros,
solo porque piensan, sienten y aman diferente,
pero que del mismo modo
les cobra impuestos todos los años.
Lo que deja en evidencia una dualidad
injusta y altamente cuestionable’. (Edwin Yumar Rosario y Edwin Ocasio)
Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
El domingo 27 de julio se dieron a conocer los ganadores de las distintas categorías de la quinta edición del True Color Fest que produce Aníbal Rubio para Acrópolis Inc. El Festival se celebró entre el 19 de junio y 20 de julio en la Sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce.
Además de las obras “Un coquí y un cucubano” de Eduardo Sánchez, “Un tiro por la culata” de Roberto Alexander, “Media vida” de Tanya Barfield, “De todos… menos de Agu” de Rafael Pagán y “Dualidad y castigo” de Edwin Yumar Rosario y Edwin Ocasio, el festival integró la exposición “Arte con orgullo”, en el Ateneo Puertorriqueño y el concierto de clausura “The Musical Experience” que se dio el 26 de julio en la Sala Pablo Casals del Centro de Bellas Artes de Santurce.
Felicitamos a Aníbal Rubio y a los que de una u otra manera colaboraron con la victoria de este festival. Tristemente admitimos que solo alcanzamos a ver la última propuesta del True Color Fest y, a pesar de esa realidad, opinamos que la puesta en escena de “Dualidad y castigo” significa un cierre de platino para cualquier temporada.

Al entrar a la sala, fuimos recibidos por un incandescente programa de mano virtual. ¡Qué orgullo de nación sentimos cuando los productores se ocupan de documentar y hacer justicia a cada trabajador!
A la vez, la valiosa información que compartió este programa nos ayudó a entender mejor las intenciones del montaje y quiénes son los profesionales que lo integran.
Esta producción de Edwin Ocasio y Edwin Batista para Contraparte Inc., obtuvo tres premios. Colocamos laureles encima de los laureles de Esteban Calderón (actor secundario), Aidita Encarnación (actriz secundaria) y Edwin Yumar Rosario y Edwin Ocasio (dramaturgia).
Pero tenemos más laureles para otorgar. De modo que a continuación, daremos un recorrido a base de nuestra experiencia, por esta propuesta.
La escenografía fue hermosa e impresionante por lo logrado sin paredes en la escena arena a tres lados.
Una cruz horizontal colgaba del telar y arropaba la cuarta parte del escenario, lo cual no interfirió con el ambiente de la excelente iluminación.
Nos fijamos en la elegante utilería, practicable y no practicable, y nos dimos cuenta de que se trataba de piezas valiosas y significativas, con toda seguridad propiedad de alguien que no tuvo reparos en prestarlas.
En la extrema izquierda del espectador, encima de una mesa al lado de una silla vacía, se destacaba un retrato del finado papa Francisco, figura importante en la convicción del protagonista. No hubo acción en ese rincón al cual se hacía referencia.
¡Laureles para la poesía en la escenografía de Edwin Batista y José Manuel Díaz y para la utilería de Edwin Batista!

De la misma manera concedemos laureles a la diseñadora Ana Salgado por su poesía con una iluminación hermosamente efectiva.
Nosotros sabíamos que “Dualidad y castigo” tuvo su estreno mundial en el Shakespeare Theatre en Florida Central como parte del Fuerza Fest de Hispanic Federation. Pero además de conocer el hecho de que el protagonista era un sacerdote homosexual, ignorábamos lo demás.
En Puerto Rico, que sepamos, en el siglo 21, tres dramaturgos puertorriqueños han explorado el tema LGTBQ y religión.
“Fe prohibida” de José Luis Castillo Cintrón, estrenada en el Ateneo Puertorriqueño en 2000, presenta los conflictos internos de un hombre homosexual que busca refugio en la religión cristiana.
“Por culpa de Dios” de Roberto Alexander Pérez, se estrenó en 2019, como parte del 14to Festival de Teatro del Tercer Amor en el Teatro Coribantes, última edición del exitoso festival, y enfrenta la libertad religiosa y las terapias de conversión cristianas.
“Doble cara” de Adriana Pantoja confronta de manera directa la pedofilia en la iglesia Católica, entre otros asuntos como la dificultad del celibato y los dilemas éticos del silencio institucional.
Esta obra, que fue ganadora del premio nacional Nilita Vientós Gastón en el certamen del Pen de Puerto Rico Internacional 2023, estrenó en abril de 2022 en el Centro de Bellas de Santurce y nosotros la aplaudimos.
“Dualidad y castigo” de Edwin Yumar Rosario y Edwin Ocasio, revela una puesta en escena poética, pero sobre todo realista que pone en evidencia un corazón liberal que cree en la iglesia católica y la defiende al punto de no cuestionar, ni siquiera el voto de celibato sacerdotal.
La obra agarra al espectador desde la primera escena, la cual, por cierto, está muy bien construida. El drama destaca personajes y situaciones que pueden inspirarse en la realidad. Desde el primer momento sobresale la belleza interior de su protagonista, sacerdote homosexual, a través de los poemas que escribe en un cuaderno que cela.
Los poemas pertenecen al poemario “Ángeles caídos”, cuyo autor es precisamente el protagonista de esta propuesta.

La trama se desenreda en el seminario conciliar Casa de la Cruz de la orden agustina. Este seminario comprende la presencia de un cardenal (no se establece que vive allí) y tiene un colegio para niños seculares. Aunque se ubica en Puerto Rico podría ser cualquier país.
Un seminario conciliar es una institución educativa de la Iglesia Católica destinada a la formación de jóvenes que desean convertirse en sacerdotes. Están bajo la supervisión directa de un obispo o arzobispo.
Los seminarios conciliares han tenido y tienen escuelas de niñas y niños seculares.
El Seminario Conciliar de San Ildefonso, por ejemplo, fue una de las instituciones educativas y religiosas más emblemáticas de Puerto Rico, con una historia que entrelaza formación sacerdotal, educación pública y cultura nacional.
Fue fundado en 1832 por el obispo Juan Alejo de Arizmendi y con apoyo económico del Teatro Municipal (hoy Teatro Tapia). Su misión original era formar sacerdotes, pero también educaba a jóvenes seculares, pobres y pudientes, lo que le dio gran prestigio.
Fue cuna de figuras como Alejandro Tapia y Rivera, Román Baldorioty de Castro, y José Celso Barbosa, entre otros.
En 1986, tras una restauración liderada por Ricardo Alegría, se convirtió en la sede del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEAPRC). En 2021, la Arquidiócesis de San Juan vendió el edificio para cubrir obligaciones legales relacionadas con pensiones.
En el caso de “Dualidad y castigo”, el colegio, la constante presencia de un alto dignatario de la iglesia y los viajes frecuentes a Roma no contradicen del todo las realidades que existieron y existen en un seminario conciliar.
En “Dualidad y castigo”, la potencia ética y estética se despliega sin estridencia. El núcleo parece ser la fidelidad a un principio, el celibato, pero la obra no lo convierte en dogma moralista, sino en espacio de tensión humana, de deseo contenido, de afecto que no necesita consumación.
No hay conflicto para el padre Esteban (Edwin Batista), quien está claro y sin remordimientos. Su celibato no es “dualidad y castigo”.
En cambio, el joven Padre Luis (Esteban Calderón) que tomó los hábitos, motivado por una herida amorosa con una mujer y llega al seminario después de haber tomado los hábitos en Roma, encuentra en el padre Luis una presencia que lo desestabiliza.
Al entender que se ha enamorado de un hombre por primera vez, aunque siente sorpresa y algo de temor, no duda en confesarlo, no solo a su amado padre Ernesto, también al cardenal Montes.

El joven busca entender con ingenua sinceridad lo que le pasa. El cardenal, lejos de abrazarlo con la compasión que supone su fe, lo aleja físicamente de ese amor, obviando el hecho de que los sentimientos funcionan en muchos planos.
El cardenal, quien sabe que el padre Ernesto es homosexual, porque este no lo oculta, le informó desde antes que el padre Luis llegara al seminario, que lo había recomendado para obispo.
Para el padre Ernesto, la propuesta funciona como una tentación institucional que no implica placer, sino renuncia. El ascenso al episcopado exige abandonar no solo la vida sencilla y al servicio de las personas comunes, sino también la posibilidad de nombrarse desde una identidad que no encaja en el aparato eclesiástico tradicional.
El sacerdote no quiere reprimirlo ni exhibirlo, simplemente no quiere negarlo y para ser obispo tendría que invisibilizarlo. Es posible que el Padre Luis luche contra su deseo, pero el Padre Ernesto lucha contra el protocolo que lo obliga a negar su verdad.
La Iglesia católica no considera que la orientación homosexual sea en sí misma un pecado. Lo que considera pecado es la práctica de actos sexuales entre personas del mismo sexo. Esa contradicción (o dualidad) revela una tensión profunda entre doctrina y experiencia humana. Se permite la identidad, pero se rechaza la práctica (castigo).
Esta contradicción refleja los límites de una institución que busca mantenerse fiel a una tradición, aun cuando se enfrenta a nuevas formas de entender el cuerpo, el amor, y la identidad. Para señalar lo anterior, Yumar y Ocasio se concentran en la dignidad de los sentimientos humanos.
El vestuario de Miguel Vando, quien también fue el director, lució su poesía en un realismo con efectivas pinceladas dramáticas, sobre todo en el ancho y sin dobleces rígido cinturón del cardenal. Muy bien.
Como director, robaré una frase que escuché de un espectador, Vando desplegó su ruta escénica en “rondas poéticas” y en complicidad con los versos que viven en el poemario de Ocasio. Todo estuvo en su sitio. Pero el realismo fue el fuerte del libreto y la dirección.
El trabajo más sobresaliente de su radiante puesta en escena fue con los actores, quienes sin considerar estereotipos fluyeron en ardid con lo genuino, y a quienes les creímos hasta la antesala de los suspiros que no emitieron.
Gerardo Ortiz (cardenal Montes), logró habitar al personaje con una humanidad inesperada, no desde la simpatía ni la antipatía fácil, sino desde la densidad emocional que nace del conflicto entre fe y deseo de control.

Ortiz tuvo un momento de gloria en un muy real gesto de segundos de dolor consigo mismo, donde pensamos que tal vez podía ser homosexual o que su intransigencia era su espina.
Aida Encarnación (hermana Luna) dotó a la monja de un aura atemporal, como si el tiempo le hablara al oído y ella decidiera responderle con palabras propias, firmes y sin arrepentimientos. Con una presencia serena y vehemente, impuso esa voz que no odia al agresor, pero que no pide permiso. ¡Brava!
Como el Padre Eduardo, Edwin Ocasio repartió ternura y autenticidad. Su entrega fue orgánica y profundamente realista. Su sensibilidad conmovía sin necesidad de subrayados. Desde una mirada honesta, abierta y libre de ambigüedades, Ocasio construyó un personaje que no sólo abrazaba su identidad, sino que la armonizaba con su fe, revelando una humanidad luminosa y profundamente coherente.
Como el padre Luis, Esteban Calderón develó capas profundas de vulnerabilidad y desconcierto, sin jamás traicionar la dignidad del personaje. No actuó el descubrimiento, lo vivió frente a nuestros ojos. El actor desafió convenciones con una verdad escénica que conmovió por su complejidad, su extrañeza y su belleza radical. Le auguramos una carrera brillante a este joven actor.
Aplausos para el resto del equipo, Edwin Batista (asistente de dirección / regidor); Carlos Muñoz (maquillaje); Edwin Batista (sonido); Sylvia De León (relacionista); Analdi J. Morales (asistente de escena) Edwin Batista (fotos y vídeos); Teresita Torres (realización de vestuario); Gerardo Ortiz (voz promocional); Milton Javier Vélez (voz del padre Darío); Edwin Ocasio (poemas grabados); Edwin Ocasio / Edwin Batista José Manuel Díaz / Miguel Vando (realización de la escenografía); Edwin Ocasio (publicidad / artes gráficas).
¡Felicitamos a Contraparte por la excelente identificación de todos los elementos que hicieron de esta producción (a casa llena en todas las funciones) una puesta en escena exitosa e inolvidable!
Esperamos la próxima producción, y de la misma manera esperamos el True Color Fest de 2026.