Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
Podríamos decir que el actor puertorriqueño Josean Ortiz ha desarrollado un sello de marca efectivo, como dramaturgo y productor, para sus montajes unipersonales inspirados en figuras de la vida real. Le hemos seguido la ruta de fascinantes representaciones como “Bola de Nieve”, “La última plena de Luberza”, “Tite Curet Alonso: Lírica y canción ”, y como todas las personas en el público, lo hemos aplaudido de pie.
En todas esas propuestas se presenta un personaje que habla con el público sobre su historia en una forma sensible, por momentos pasional, apoyado por la proyección de ilustraciones y escenas reales en una pantalla al fondo del escenario.
En todas esas propuestas, Ortiz, al ejecutar como actor una caracterización fidedigna no se ha repetido ni por equivocación. Entendemos que Josean Ortiz es uno de nuestros mejores actores.

El interés de este artista se inclina hacia personalidades de la raza negra, por su compromiso con una causa de justicia que él conoce muy bien. A su vez, esos hombres y mujeres a quienes el actor les da vida enarbolan estandartes afines a todos en la sociedad.
Recientemente, expresó Josean Ortiz en una entrevista que le hiciera el periodista Vicente Toledo Rohena para el portal cibernético PRpop.org: “También, es mi manera de llevar el mensaje. No necesariamente pararme con una pancarta frente a la valla para protestar, que está muy bien, después que se haga con sentido. Si no, desde mi trinchera que es el teatro. Y desde mi trinchera teatral pienso que con este trabajo aporto a lo que sucede en mi país, sobre todo en educar”.
Hasta el momento, con su estilo y su norte, el artista se ha manifestado con excelencia y sinceridad.
No esperábamos menos de él cuando, íbamos de camino a la Fundación Nacional para la Cultura Popular en Viejo San Juan para ver: “Frantz Fanon, la voz del alma revolucionaria”. Lo que presenciamos fue el trabajo más íntimo de Josean Ortiz.
Frantz Omar Fanon, figura casi sacra entre los jóvenes universitarios de las décadas de 1960 y 1970, nació el 20 de julio de 1925 en Fort-de-France, Martinica y murió de leucemia el 6 de diciembre de 1961 en, Maryland, EE.UU.
Fue siquiatra, filósofo, escritor y revolucionario. Sus obras más destacadas fueron “Piel negra, máscaras blancas” (1952) y “Los condenados de la tierra” (1961).

Frantz Fanon tenía una ideología política profundamente anticolonialista, marxista y revolucionaria. Su pensamiento se centraba en la crítica al colonialismo y sus efectos sicológicos y sociales sobre los pueblos colonizados.
Sirvió en el ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial. Fue jefe del Departamento de Siquiatría en el Hospital Blida-Joinville en Argelia. Se unió al Frente de Liberación Nacional de Argelia y trabajó activamente en la lucha por la independencia.
En Argelia, se involucró con el Frente de Liberación Nacional (FLN) y se convirtió en un enemigo del gobierno colonial francés. Fue expulsado de Argelia en 1957 y fue a vivir a Túnez. Cuando enfermó de leucemia se trasladó a Estados Unidos para recibir tratamiento, y allí murió.
“Los condenados de la tierra”, con un prólogo de Jean-Paul Sartre, se convirtió en un texto fundamental para los movimientos anticoloniales. Su legado sigue vigente en los estudios sobre raza, identidad y resistencia.
“Frantz Fanon, la voz del alma revolucionaria” de Josean Ortiz, tuvo su estreno mundial el pasado viernes 2 de mayo. Fuimos a la función del domingo 4 a las tres de la tarde.
La casa estaba llena. Myrta Fourquet nos recibió con un programa de mano, lo cual agradece la posteridad.
La pequeña tarima que comprende el escenario en la sala de presentaciones de la Fundación Nacional para la Cultura Popular estaba colocada a manera de triángulo; frente al punto del triángulo que daba la “cara al público”, el pasillo central dividía la sala en dos.

Encima del escenario, sobresalía un podio en centro primer plano. Una cámara negra rondaba la escena. Unas luces rojas se asomaban por debajo del escenario, dando a entender que el personaje caminaría por encima del fuego.
Comenzó la función, el actor hizo su entrada con una máscara de fuertes trazos dibujada directamente sobre la cara. Ese fue el primer comentario del dramaturgo sobre su discurso.
Acto seguido Frantz Fanon, quien de inmediato comenzó a hablar de sí mismo, dejó de lado a Josean Ortiz.
La máscara pintada en la cara del actor nos atrapó con violencia. Más adelante el actor se colocó un antifaz blanco encima del maquillaje y nosotros no pudimos evitar acudir a “Los negros”, nuestra obra favorita del dramaturgo francés Jean Genet (1910-1986).
Las instrucciones del dramaturgo para su obra “Los negros” son precisas. Se requiere actores negros que se pinten el rostro de blanco y encima utilicen máscaras negras.
Genet utiliza las máscaras en su teatro como un recurso simbólico y subversivo, especialmente en “Los negros”. En esta pieza, el lenguaje y la representación teatral funcionan como máscaras que ocultan y revelan identidades, a la vez que cuestionan los estereotipos raciales y el colonialismo.
El autor juega con la teatralidad para exponer la construcción de la identidad y la percepción del «otro», como una forma de confrontar la mirada del espectador.

En la conciencia o en la no conciencia se puede trazar una línea entre este trabajo de Ortiz y la intención de Genet. Otro dato interesante es el hecho de que Genet y Fanon fueron contemporáneos que podían entenderse en el mismo idioma.
Jean Genet, fue novelista, poeta y dramaturgo. Su trabajo se caracteriza porque indaga la marginalidad, la transgresión y la identidad. Sus experiencias en reformatorios y prisiones marcaron profundamente su visión del mundo y su literatura.
Como Fanon, Genet se involucró activamente en movimientos políticos. Apoyó a los Panteras Negras en Estados Unidos y la causa palestina. De la misma manera, ambos continúan siendo objeto de estudio y admiración por sus respectivas audacia y profundidad filosófica.
Después de breves minutos de hablarnos sobre sí mismo, Fanon (en el cuerpo y la voz de Josean Ortiz) subió hasta el podio y de ahí en adelante, hizo una lectura a manera de lección magistral, mientras los visuales reforzaban lo leído.
Lo que vimos fue un dardo al sentimiento de nuestra conciencia muy efectivo, sobre todo para los que vivimos en países colonizados. Nada estuvo fuera de lugar, todo estuvo en su sitio, luces, sonido, movimientos. Por supuesto, le creímos hasta los pensamientos a Josean Ortiz.
El tiempo fue corto y preciso. La audiencia participó de una expedición que rompió los límites del teatro. Y eso precisamente fue el mayor de los encantos.

No había una sola persona tímida en el público y asimismo expresaron su sentir. Habían llegado hasta allí siguiendo a Ortiz o a Fanon o a los dos. El actor recibió una lluvia de ideas y opiniones que coincidían en lo relevante de la obra que acaban de ver y cómo había llegado a sus vidas.
Estuvimos de acuerdo en que no hay que añadir ni quitar nada en esta obra. La misma genera conversación entre conocedores e inspira la investigación en aquellos que escuchan de Frantz Fanon por primera vez.
Fue un foro de mucho corazón con el público, de los más hemos disfrutado. ¡Bravo Josean Ortiz!
Entre asunto y asunto, nos enteramos que fue Maricruz Rivera Clemente, fundadora y directora de la Corporación Piñones se Integra (COPI), quien le dio la idea a Ortiz de crear un monólogo sobre Fanon en su centenario.
Nosotros aplaudimos y recomendamos este trabajo para el público de todas edades, pero sobre todo a los jóvenes, en grupos donde se pueda generar una productiva conversación.
Aplausos para el resto del equipo por un trabajo bien hecho: Julián Bracero, (regidor de escena, diseño de luces y asistencia de dirección); Yadilys Barbosa (maquillaje); Myrta Fourquet (boletería); Josean Ortiz (diseño de escenografía y proyecciones; coordinador de vestuario)
“Frantz Fanon: La voz del alma revolucionaria”, presentación que forma parte de la serie A Puro Teatro, fue una producción de Josean Ortiz para la Fundación Nacional para la Cultura Popular y Latinx Perfrormance Ensemble.
Recomendamos y esperamos que este montaje, digno de verse en todas partes, comience una gira que comprenda todo Puerto Rico y el extranjero.
Las próximas producciones de la serie A Puro Teatro en la Fundación Nacional para la Cultura Popular son “Acordes para otra noche” de Luis Enrique Romero (30 y 31 de mayo) y “La liberación de Abelardo Ramírez” de Leo Cabranes-Grant (12, 13, 14, y 15 de junio).
¡Nos vemos allí!