Por Freddy Acevedo
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
Cuando todos los PTSDs del mundo salen a flote en una obra de teatro, significa que la pieza transmite; que estamos ante un trabajo artístico que toca una fibra delicada. Tal es la misión del arte, sumirnos en una experiencia estética que, a la vez, nos haga conscientes de la sociedad en la que estamos inmersos y que nos brinde las herramientas para analizar de forma crítica aquello que se nos presenta como condición de vida.
Del 28 al 30 de agosto de 2026, subió a escena la obra ‘Los del Sereno’, de Rafael Pagán, una pieza que presenta la síntesis de treinta años –desde mediados de los noventa hasta la mitad de esta década– en la cual el autor retrata aquellos hitos de la vida del barrio que lo vio crecer. Esta pieza sigue la estructura que suele utilizar Pagán, al mostrarnos una historia que es realmente la suma de varias historias que entrañan sus propios conflictos, pero a las que les da unidad el espacio en el que se desarrollan: un barrio que es la cicatriz de un país roto, un país que nos sigue doliendo, a la vez que nos hace protagonistas de cada una de las viñetas que seguramente hemos vivido o en las que podemos ver a personas de nuestro entorno.

‘Los del Sereno’ fue distinguida con Mención de Honor en el Certamen de Dramaturgia del Instituto de Cultura Puertorriqueña 2025 y es una pieza que vale el esfuerzo que se pueda seguir representando, ya que pocas veces contamos con un testimonio tan actual, tan lleno de episodios que la mayoría del público ha vivido y recuerda con cierta nostalgia -o incluso resiente- por lo que han significado.
El parque del barrio El Sereno es el lugar en el cual confluyen los personajes que van dándole forma al relato de las vivencias que se convierten en una metáfora del país. Nos recibe un escueto prólogo en el cual un anciano (Carlos Vega) atraviesa el escenario enunciando una frase que servirá de leitmotiv para adentrarnos al mundo al que nos invita a entrar Rafael Pagán con esta obra.
La pieza comienza presentándonos a Sara (Patricia Vázquez) y a Peter (Eric Yamil Cruz), dos estudiantes de escuela superior. Ella se muestra hiriente con sus críticas y datos que desnudan la realidad de Peter, quien prefiere enfocarse en ser el mejor en su deporte y en tratar de restarle importancia a las opiniones sobre él, a pesar de vivir en un barrio pequeño donde todo se sabe. Este detalle toma un giro interesante que matizará el desenlace de la pieza. En la escena, también interviene un empleado municipal (Daniel Torres) quien acentúa con frases pegajosas, sacadas del folclor reguetonero de la época, el momento que le sirve de escorzo a esta primera escena.
También nos encontramos con Nelson (Esteban Calderón) y con Harry (Carlos Omar Fonseca), quienes manejan los códigos de la amistad, enmarcados en las actitudes propias de esa transición entre el siglo XX y el XXI. Los caminos de la amistad, escindidos por las circunstancias, son representados mediante el trágico desenlace de la escena, nada ajena a los panoramas que acarrean los problemas sociales del barrio. Contrasta con esto la estampa alentadora en la que se presentan momentáneamente los aspectos positivos de los años que transcurren, escritos en una maleta que lleva el personaje que interpreta Daniel Torres y que sirve como alivio temporero a los infortunios que se nos van relatando.

Otra historia que da cuenta de la cruda realidad de un país en el cual se matan los sueños es la del entrenador Trujillo (Carlos Vega) y los deseos tronchados de que Francheska (Anahí Rodríguez y Vanya Ortíz) compita en las olimpiadas. A través de un hábil juego temporal, esta escena nos deja el amargo sabor de desatender las aspiraciones personales por culpa de un sistema que hace que cada cual tenga que aferrarse a la supervivencia.
Cualquier alusión a las penurias que trajo consigo el paso del huracán María por Puerto Rico aviva los corajes y las frustraciones. En la pieza, la situación que nos presenta a Chary (Anahí Rodríguez) y a Frankie (Esteban Calderón) nos recuerda que las condiciones adversas pulsean constantemente con el amor y la esperanza. La manera en la que nos presentan el conflicto, cobijado en un cucurucho provisional, iluminado tenuemente y a tono con el tétrico momento que pretende recrear, transmite toda la angustia que se vivió no solo en el barrio, sino en el país.
Una de las escenas más conmovedoras de la pieza fue la que presenta a Karla (Vanya Ortíz), una niña escucha que hace transmisiones en directo sobre la labor comunitaria que lleva a cabo en su barrio El Sereno y sus interacciones con Pito (Daniel Torres), un veterano de la guerra de Irak. La sutileza con la que se trabajó la interacción entre ambos personajes logró, en más de una ocasión, que el público contuviera el aliento como una reacción a un conflicto muy bien presentado, a una historia bien contada.
Esta obra cierra el ciclo temporal que nos presenta regresando a los dos personajes con los que comienza. Sara y Peter se enfrentan cara a cara, transformados por la vida y, en sintonía con el espíritu de la época actual, se encaran los agravios pasados, se señalan las conductas que antaño se ocultaban, se desvela un tema tabú dentro de la sociedad, no importa si se trata de quienes viven en la ciudad o en un barrio pequeño como El Sereno.

Las actuaciones estuvieron llenas de verdad y se logró alcanzar una diacronía gestual y expresiva que fue fundamental para asumir las actitudes de los personajes a lo largo de ese recuento de tres décadas. Patricia Vázquez sostuvo con gracia la antipatía y culpa que irradiaba su personaje ‘Sara’; Eric Yamil Cruz nos ofreció una metamorfosis bien lograda de un ‘Peter’ víctima de sus circunstancias; Esteban Calderón nos ofreció un registro actoral variado y certero al interpretar a ‘Nelson’ y a ‘Frankie’; mientras que Carlos Omar Fonseca encarnó a un ‘Harry’ que era el que aportaba el balance y el aplomo necesario en la escena que compartió con Calderón.
La actuación de Carlos Vega transmitió un entusiasmo que convivía con la frustración de su personaje ‘Trujillo’ al enfrentar la imposibilidad de un sueño, un balance actoralmente difícil de alcanzar, pero que Vega manejó con naturalidad. Anahí Rodríguez logró darle matices distintos a los problemas que enfrentaban los dos personajes que interpretó, valiéndose de su dominio del cuerpo; mientras que Vanya Ortiz salpicó con ternura a sus personajes, en especial a ‘Karla’, en la escena en la cual compartió con Daniel Torres, quien pudo representar a ‘Pito’ sin recurrir a estereotipos, haciendo que se resaltara el lado humano que el sistema le arrebató.

La escenografía de ‘Los del Sereno’ fue trabajada con arte y precisión por Krystal Amil, quien presta atención al detalle y nos regala pinceladas humanas en sus sugerentes trazos. Su minimalismo dinámico convive en armonía con las propuestas del texto y convierte a El Sereno en un personaje más.
La dirección de Rafael Pagán refleja de forma exacta la intención con la cual se acerca al texto. El autor/director desea crear un ambiente íntimo; nos invita a ser parte de la gente de su barrio; está pendiente a explotar las sutilezas que sus actores pueden dar en su interpretación y las combina con un mapa de movimientos bien pensados para cada escena. A esto se suman las decisiones de Pagán en cuanto a la iluminación que, de manera fluida, van configurando la lectura que los espectadores hacen de la pieza.
El equipo de trabajo de ‘Los del Sereno’ lo completan Magdiel Ocasio, Adriana Laureano, Maphe Fontánez, Yadmarie Rodríguez, Edgardo Medina, Meredith Villalobos, Gabriela Alejandra, Bryan Rivera, Salvador Méndez, Jianna Pagán, Yadiel Giusti, Wilfred Lugo, Gabriela Velázquez, Eva Nieves y Jesús Pomales.
‘Los del Sereno’ nos invita a pensarnos como sociedad, a reconocer nuestras fortalezas y a nunca perder la esperanza, a pesar de haber sido vejados por quienes supuestamente han sido llamados a servir al pueblo, aunque sabemos bien cómo se han ido dando las cosas. Vencer los obstáculos del diario vivir ha sido, para El Sereno y para el país, una faena llena de sacrificios y de arduo aprendizaje.
(El autor es actor, director y dramaturgo).