La entrega y pasión de José Ortiz Charriez

El baterista y percusionista ha combinado exitosamente la enseñanza con la actividad musical; y es ejemplo de dedicación y perseverancia.
El baterista y percusionista José Ortiz Charriez es un destacado artista que ha combinado de manera exitosa su trayectoria musical con el compromiso en la enseñanza. (Foto suministrada)

“Hay hombres que luchan un día y son buenos,
hay otros que luchan un año y son mejores,
hay quienes luchan muchos años y son muy buenos;
pero los hay que luchan toda la vida; esos son los imprescindibles”
Bertolt Brecht

Por Vicente Toledo Rohena
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Conversar con el baterista y percusionista José Ortiz Charriez es un placer. Cada palabra que regala en la tertulia viene cargada de fe, valentía y enseñanza. Si bien, es más que probado su genialidad como músico; sobresale de manera natural su grandeza humana. Precisamente, esa calidad humana es la que ha complementado durante su labor magisterial. Un maestro que se esforzó por enseñar más que música; simplemente cómo ser buena persona.

Ortiz Charriez ha combinado eficazmente una trayectoria docente con su actividad musical ganándose el respeto de sus colegas y un estudiantado que lo sigue fielmente. El baterista y percusionista tocó con la Orquesta Panamericana, Ismael Miranda, Lalo Rodríguez, Sonora Sanjuanera, Larry Harlow, Alfredo de la Fe y Giovanni Hidalgo, por mencionar algunos. Junto a Hidalgo participó del proyecto discográfico de jazz ‘Jubilation’ reconocido por la Fundación Nacional para la Cultura Popular, como una de las 20 producciones más sobresalientes de 2024. Álbum donde compartió también con su hijo, el bajista Giovanni Ortiz.

Los momentos de grandes desafíos no lograron vencer su pasión por la música. (Foto suministrada)

En los pasados días, José Ortiz fue homenajeado en el evento Sancocho Jazz -en el pueblo de Arroyo- interesante encuentro cultural-musical-gastronómico (de jazz y sancocho) que la gente espera con ansias anualmente.

“Fue algo totalmente inesperado…el Sancocho Jazz para mí ha sido siempre algo bien especial. Desde el día uno abracé esa idea de Edwin Gutiérrez y de todas las personas que colaboran y han tenido la visión… desde que lo empezaron en la casita. Siempre lo vi como una gran idea y esfuerzo. Tenía que ser parte de ese gran esfuerzo y ayudar en lo posible. Y en las 10 ediciones del Sancocho Jazz he estado presente. Verdaderamente, estoy muy agradecido por este homenaje”, expresó José Ortiz.

Eran muchas las anécdotas e historias que tenía que contar el músico nacido en Cayey. Y para llevarlo poco a poco en ese caminar por sus experiencias y trayectoria opté por la retrospección. Comenzar desde sus tiempos de niño en Cayey.

“Desde los cuatro años, ya tenía instrumentos en mis manos. Vengo de un hogar bien musical. Tanto mi mamá como mi papá no eran músicos, pero sí fanáticos de bailar. Así que estuve expuesto a todo tipo de música. A los seis años tuve la oportunidad de ir a un concierto de Tito Puente y su orquesta con Charlie Palmieri en el piano. Me expuse a ese huracán rítmico y eso me marcó hasta el día de hoy. Tanto por la música que escuché, como por los instrumentos de percusión”, recordó con gran añoranza.

“Tuve un tío -Roberto Rodríguez- que tocaba órgano y saxofón… Desde los cinco años, él me veía que me estaba desarrollando en la percusión. Yo lo que hacía en ese momento era escuchar y tratar de repicar lo que escuchaba”, dijo Ortiz, quien entró a la orquesta de noveno grado formada por su tío, quien era maestro de la escuela. Esa, fue su primera experiencia en un grupo tocando el timbal.

El músico cayeyano fue homenajeado recientemente en el Sancocho Jazz de Arroyo. (Foto suministrada)

Ese momento lo marcó para siempre, porque fue el empuje para decidirse a estudiar música. Se mantuvo en esos menesteres durante su tiempo de escuela superior; y continuó trabajando arduamente por su desarrollo. Se devoró los instrumentos, y practicaba afanosamente. El único obstáculo era que no leía música, porque todo lo tocaba de oído.

“Entré a la Universidad de Puerto Rico (recinto de Río Piedras) al Departamento de Música. No se necesitaba audición para entrar y pude hacerlo a los 17 años sin leer música. El fin era realizar un bachillerato en música. En ese tiempo mi especialización era la percusión latina y el timbal. Ya para el segundo año, hice un cambio y comencé a tocar batería. Porque los mismos estudiantes hicieron un grupo y lo que necesitaban era un baterista. Y ahí empecé. Empecé a moverme entre la percusión latina y la batería, pero siendo la batería el primer instrumento. Luego fui a estudiar a Nueva York University (realizó maestría) y simultáneamente al Drummers Collective. Una experiencia extraordinaria y absorbía todo como una esponja. Por las noches visitaba los centros nocturnos para ver músicos que conocía por revistas y en discos”, recordó.

A su regreso a Puerto Rico laboró con el Departamento de Educación en la Escuela del residencial Nemesio Canales. Esta experiencia fue muy importante en su vida. Se convirtió en su primera gran experiencia en el magisterio. Enseñó música en todos los grados del nivel elemental.

Ortiz Charriez fue el baterista del disco ‘Jubilation’ del percusionista Giovanni Hidalgo, reconocido por la Fundación Nacional para la Cultura Popular entre las 20 producciones más sobresalientes de 2024. (Foto suministrada)

“Después, fui a dar clase a la Escuela Libre de Música en Ponce. Allí estuve hasta que me retiré con 30 años de servicio. Siempre he dicho que nunca trabajé… Porque entraba al salón y era como un nene con muchos juguetes. Además, siempre todo fue una gran experiencia con los estudiantes”, dijo con mucho sentimiento.

Es importante recalcar que Ortiz combinó efectivamente lo educativo con su actividad musical. Algo que manejó con éxito y mucho cuidado.

“La música ha sido clave en mi vida… una fuerza muy importante. Siempre me he mantenido tocando, incluso, después del accidente -recibió amputación de su brazo izquierdo- que tuve. Siempre ha sido una pasión muy especial. Quizás no pueda hacer algunas cosas luego del accidente, pero sí, siempre existe eso lazo especial con la música”, recordó Ortiz Charriez, quien no se dejó vencer tras el accidente.

Son muchas las personas que resaltan la extraordinaria labor del músico como educador. Y los mismos estudiantes dan fe, de lo que ha significado estar bajo sus enseñanzas.

“Para mí, la vida y la música son la misma cosa. Para mí, no hay diferencia. Y todas las destrezas que desarrollamos en la música, nos sirve en la vida. Trato de que los estudiantes entiendan eso. Procuro darle herramientas tanto en lo musical como en lo personal. Sobre todo, que sean buenos seres humanos. Tal vez, muchos no se dedicarán a la música, pero que sean buenos seres humanos. Que tengan la sensibilidad que le da la música en todo lo que ejerzan en la vida”, afirmó.

Son muchas las personas que resaltan la extraordinaria labor del músico como educador. (Foto suministrada)

“Cuando tuve el accidente, puedo decir sin temor a exagerar, que lo que se formó fue un ejército de exalumnos. Rápidamente vinieron a brindarme apoyo. Venían a visitarme a mi casa. No me llamaban, llegaban a visitarme y hacerme compañía. Fue toda una enseñanza”, dijo con cariño a sus estudiantes.

En ese instante de muchas preguntas, dudas y prueba, se percató que debía aplicarse todo lo que, por años, había enseñado a sus alumnos. Entender que pasaba por un cambio de ritmo o melodía. Que no existen momentos malos, sino de retos y superación. Era tiempo de pasar la prueba y seguir adelante con valentía.

“Todo esto de mi experiencia con el accidente, ha sido la clase más importante que he tenido que brindar. Porque todo pasó en una semana. La gente se enfoca en que perdí un brazo, pero no fue lo único que me pasó esa semana. A mí me diagnosticaron cáncer en el colon e hígado un martes; y el viernes tuve el accidente”, recordó mientras hizo una pausa.

“Estaba bregando con dos procesos traumáticos a la misma vez. Ahí fue que entendí que todo lo que había hablado a mis estudiantes por más de 35 años, yo lo estaba viviendo. Puedo decir que la música fue la que me sacó hacia delante”, dijo con seguridad.

El músico estando en el hospital, pensaba en cómo continuaría tocando la batería. Junto con Dios y su familia -que le brindo ese apoyo de amor incondicional- sabía que superaría los desafíos. Y esa experiencia personal con el Todopoderoso le brindó nuevas fuerzas.

“En esta experiencia ha sido un Dios bastante distinto a lo que había imaginado. Es cómo si dijera, que yo tenía mucha teoría sobre Dios, pero en este proceso, he podido conocerlo más íntimamente. A través de mis estudiantes pude ver que se recoge lo que se cosecha. Además, lo he vivido y lo he visto en el amor de mi familia. Una familia que me ama, eso lo sabía. Sin duda, reconozco que en todo esto, hay una presencia de Dios maravillosa”, señaló concluyendo la tertulia.

 

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