El legado de Carlos Ferrari (parte II)

‘El quería que el público pudiera asistir a una sala sin pagar tanto por un boleto. Su estrategia era poner los precios de taquilla a nivel de los del cine’. -Norberto Barreto Moya.
“Carlos Ferrari no era rebuscado; al contrario, sus montajes eran muy sencillos. Lo ingenioso era el dialogo, los personajes… ahí era donde atrapaba al público”, rememora el actor Luis Angel (Luiján) Gautier. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

(Segundo artículo de una serie de dos que honra la memoria del dramaturgo Carlos Ferrari)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

“Agradezco la oportunidad de rendirle tributo a mi amigo y maestro Carlos Ferrari”, dijo el escenógrafo Norberto Barreto Moya para iniciar la conversación, después de haber estado a solas consigo mismo para poder procesar la pérdida.

“Recibí la noticia la misma noche del 8 de mayo en que murió. Yo estaba en la exposición de Marcos Alegría en el Paseo de la Princesa en Viejo San Juan. Me hubiese gustado estar con Ferrari, pero habíamos hablado mucho y en cierto sentido yo estaba preparado”, expresó.

El dramaturgo y director en los días en que comenzaba su etapa con Nuestro Teatro en la calle Georgetti de Santurce. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Norberto conoció a Carlos Ferrari en 1985: “A través de una amiga cuando le pedí sus impresiones sobre una comedia que yo había escrito, ‘Los del medio’, que se iba presentar en la Escuela Central de Artes Visuales”.

“Ferrari la leyó y le dio su visto bueno. En agradecimiento, le pinté una postal con la estampa de un flamboyán en un paisaje campesino”. El me invitó a ver ‘Los titingos de Juan Bobo’, que la estaban presentando en el teatro que estaba en la calle Hipódromo, en Santurce”.

“En esa ocasión, Juan Bobo era interpretado por Luis Oliva. Tuve la dicha de volver a ver la obra cuando la interpretó Rafael Cruzado y yo hice la escenografía de la reposición”.

Para detallar sus inicios como integrante de Nuestro Teatro, Barreto Moya hizo referencia a una historia bellísimamente cinematográfica, pero real: “En 1988, yo salía de una entrevista para trabajar en Ponderosa. Algo muy fuerte como un fuego, me decía que ese trabajo no era para mí”.

“En esos días la compañía Nuestro Teatro se preparaba para el reestreno de ‘Puerto Rico Fua’ y la apertura de su nueva casa en el Teatro Ambassador”.

“Recuerdo que bajé de la guagua para dirigirme a las puertas de cristal cubiertas con papel estraza del Ambassador… pero no me atreví a entrar y regresé a la parada”.

Norberto Barreto Moya (derecha) mantuvo lazos de amistad con Ferrari hasta el final de sus días. (Foto suministrada)

«Mientras esperaba la guagua escuché una voz que me dijo: ‘Nene, ¿cómo estás?’ ¡No lo podía creer! Era Carlos Ferrari, quien, sin encomendarse en nadie me aseveró: ‘Estaba pensando en ti en estos días… ¿todavía pintas?’ ‘Sí’, le conteste. El me replicó: ‘Ven acompáñame que necesito me ayudes con algo».

“Carlos Ferrari me echó el brazo, caminó conmigo a la entrada del Ambassador y abrió aquella puerta, la misma que tuve miedo de abrir, para mí. El me llevó de la mano al umbral de mi vida en el teatro”.

“Lo que hice en esa ocasión fue un telón de cafetal para ‘Puerto Rico Fuá’. Quedaron fascinados”.

Como parte de sus labores en Nuevo Teatro, Norberto hacía la boletería y cuando terminaba una temporada hacía la escenografía: “Yo sabía que Carlos estaba cerca porque lo escuchaba cantar. A veces cantaba ‘Summer Enchanting Evening’. A veces tarareaba algo de Mozart. A Carlos le gustaba la ópera, me decía siempre que le hubiese gustado ser un tenor”.

“Carlos llegaba al teatro con un café para él, otro para mí, los periódicos y un crucigrama ya casi completo, el cual terminaba al ratito de estar conmigo atendiendo el teléfono”.

Esos eran los espacios de conversaciones que para Norberto significaban seminarios de arte: “Nuestros temas eran las reglas básicas de estética, lo que funcionaba y lo que no funcionaba en un escenario”.

El director teatral con su elenco en una de las producciones escenificadas en la etapa en que el antiguo Teatro Ambassador fuera sede de la compañía. (Foto suministrada)

“Con Ferrari aprendí el concepto de ‘Aire’, o sea, cuándo el escenario tiene que respirar de tantas cosas. Conversábamos de lo actual en Puerto Rico, de su vida, de la mía, la de todos”.

El escenógrafo definió como inolvidable el día en que Carlos Ferrari le dijo cuál era su intención con Nuestro Teatro: “El quería que el público pudiera asistir a una sala sin pagar tanto por un boleto. Su estrategia era poner los precios de la taquilla a nivel de los precios del cine”.

“En aquel momento, los jueves se pagaba tres dólares, los demás días, siete en la planta baja y seis en la planta alta. Carlos quería mantener una obra más allá de dos fines de semana y asimismo lo logró”.

“Cada 50 funciones se celebraba un compartir los domingos, entre el descanso de la matiné y la noche. Cuando se cumplían 100 funciones había paga doble”.

Cuando le pedí a Norberto que compartiera anécdotas de aquel entonces, él respondió: “La taquilla es el corazón del teatro, allí uno se entera de todo. Todos decían conocer a Carlos Ferrari y todos lo querían saludar. El los saludaba y los trataba como si los conociera, aunque era muy posible que no los conociera en verdad”.

“Una vez una familia llegó desde Ponce con un bebé. Para que la pareja pudiera ver la obra, Ferrari se quedó con el bebé en brazos en el vestíbulo y lo cargó durante toda la función”.

La creación de obras de su autoría para Nuestro Teatro fue sumamente prolífera estrenando producciones como «La nena se casa», «Llegó Papo de Nueva York», «Como chava Chendo» y «Esperando la guagua», entre otras. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Un recuerdo poderoso para Norberto es la obra “Llegó Papo de Nueva York”: “Cuando esa obra estrenó los hombres lloraban en el vestíbulo. Estuvo en cartelera 150 funciones, y cuando se repuso hicimos cien más”.

“Carlos Ferrari estableció en la compañía que todo funcionaba para que el actor pudiera hacer su trabajo. Por otro lado, no era muy comprensivo con una mala actuación, le molestaba que los actores cambiaran las líneas y que no se respetara la dirección”.

“Cuando Carlos veía que algo no iba bien en la función, llamaba desde la taquilla al teléfono tras bastidores. A ese teléfono le decíamos el teléfono rojo. Siempre nos poníamos nerviosos cuando ese teléfono sonaba, aunque muchas veces se comunicó para felicitar”.

Norberto declaró que los lazos de amistad con Ferrari se mantuvieron hasta el final: “Carlos no falló en mis fechas importantes. Cuando cumplí 20 años de carrera, él estuvo en el teatro para celebrar. Todos los años me llamaba el día de mi cumpleaños. Recibí su última felicitación dos meses atrás”.

El taller que creó Ferrari moldeó a muchos de los talentos que hoy son figuras reconocidas en el ambiente artístico. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El escenógrafo reveló que su maestro hizo por él cosas extraordinarias: “Ferrari tuvo la deferencia de pagarme un viaje a Nueva York con taquillas de planta baja para ‘Los miserables’, ‘El fantasma de la ópera’ y ‘Miss Saigon’, para que yo viera las monumentales escenografías”.

A Norberto Barreto Moya se le quebró la voz cuando habló sobre el día en 1993, que Nuestro Teatro cesó: “Carlos se despidió de todos y se fue a su casa. Me dejó las llaves para cerrar el teatro y después le llevé las llaves a su casa. Es triste cuando lo recuerdo, pero el agradecimiento por lo vivido gana”.

“A Carlos Ferrari le debo la disciplina, el amor al arte, el tolerar, perdonar y seguir. Aprender de lo efímero de nuestro oficio, admirar y hacer el mejor ambiente para un actor, los vaivenes de una producción, ser agradecido con el público, pero sobre todo mi respeto al director”.

La muerte de Carlos Ferrari inspiró expresiones de agradecimiento y amor –

Para el actor Luis Angel (Luiján) Gautier, quien trabajó en “Puerto Rico Fua”, Carlos Ferrari fue un empresario teatral en todo el sentido de la palabra:
“Alquiló un teatro, formó una compañía, montaba las obras que él escribía y de eso logró vivir. Un auténtico milagro en Puerto Rico. Sus comedias y su teatro musical tipo vodevil lograron encantar al público que se reía a carcajadas y llenaba la sala todos los días”.

«El insólito caso de Miss Piña Colada» se ha escenificado en numerosas ocasiones, incluyendo en escenarios de los Estados Unidos. (Foto cortesía Contraparte)

“Carlos Ferrari no era rebuscado; al contrario, sus montajes eran muy sencillos. Lo ingenioso era el dialogo, los personajes… ahí era donde atrapaba al público”.

Para el actor Luis Enrique Romero, Ferrari era un mago de la comedia social, genio de la ironía y del sarcasmo analítico: “Nos llevó a confrontarnos como pueblo, mientras nos hacía reír frente a nuestro propio espejo”.

Para el actor y cantante Julio Enrique Court Mora son privilegiados los que se pusieron en las manos del sabio director: “El mejor homenaje es no dejar en el olvido a los grandes maestros que nos forjaron y mantuvieron en disciplina y respeto por el teatro”.

Para la dramaturga, directora, productora y actriz Adriana Pantoja, Carlos Ferrari fue un excelente ser humano, además de gran artista: “Siempre creyó, fielmente, en el talento boricua, en especial en el talento joven… Y, aunque no nació aquí, quiso a Puerto Rico igual que cualquier otra persona nacida boricua… Quizás hasta más…”

Para la periodista Judith Felicié, Carlos Ferrari vivió entre nosotros reconociendo nuestra identidad caribeña a través del teatro: “Su obra queda para bien de nuestra historia”.

«Con el agua hasta el cuello» se inspira en una gira familiar a la playa… con todas sus consecuencias. (Foto cortesía Contraparte)

Para el actor, dramaturgo y productor Ángel Vázquez, lo más importante de Carlos Ferrari fue su humildad y generosidad. “Cuando yo era Director Cultural en Turabo pude hacerle un homenaje. Le dije que iba a ser una charla (porque si le hubiera dicho la verdad nunca hubiera aceptado). Fue una noche mágica donde se dieron cita actores que trabajaron con él de todas las diferentes épocas. Fue mágico”.

Para el periodista Nelson Gabriel Berríos, Carlos Ferrari dejó profundas huellas en el teatro puertorriqueño: “Tal vez la mejor forma de honrarlo sería continuar patrocinando el teatro puertorriqueño, que surjan más compañías teatrales que puedan tener sus propias salas para hacer temporadas largas con obras propias que reflejen la idiosincrasia puertorriqueña”.

Josean Ortiz, actor, director, dramaturgo y artista residente de la Fundación Nacional para la Cultura Popular lamentó profundamente la partida de Carlos Ferrari:
“Yo le tenía un aprecio bien grande. Hizo mucho por el teatro puertorriqueño de varias generaciones, por el teatro musical. Carlos nos tocó a todos. Pudo escribir, dirigir y producir grandes éxitos sobre todo comerciales”.

«Un mime en la leche» estrenó con éxito en Nuestro Teatro en 1996. (Foto colección Josean Ortiz)

“Supo, como nadie, retratar a nuestro pueblo con su humor particular, sin ser puertorriqueño, aunque todos lo consideramos puertorriqueño. Solo una persona que ama a Puerto Rico como si fuera su patria puede hacer eso. Lo respeto y nunca me sentí ofendido por su retrato”.

“Aunque yo no trabajaba con él, iba a mis producciones. Hasta que me llamó para protagonizar su obra ‘Un mime en la leche’. Fue uno de mis trabajos más significativos”.

“Pasó que después de eso siguió llamándome Mime. A mí no me molestaba. Siempre que iba a verme me tocaba los cachetes y me decía: ‘El mime, el mime’. Me llamaba mime dondequiera y cuando me lo cuentan me da ternura”.

“Carlos Ferrari se ha ganado un sitial de oro que nadie le puede quitar y mucho menos cuestionar”.

“Estaré en Nueva York para su sepelio y no podré asistir, pero me comprometo a hacerle honor a Carlos Ferrari con una significativa actividad, en la Fundación Nacional para la Cultura Popular”.

Carlos Ferrari vivió con su pasión por el teatro y de esa manera enriqueció la escena puertorriqueña. Vivió con la felicidad de una entrega que dejó una huella poderosa e imperecedera cuyo estandarte sostienen generaciones que creen en el arte como destino, lucha y verdad.

(Una biografía de Carlos Ferrari se encuentra en nuestro portal cibernético PRpop.org.)

 

 

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