Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
Mi primer recuerdo de Carlos Ferrari es de 1971 cuando el dramaturgo y director argentino convocó a unas audiciones para “El herrero y el diablo” de Juan Carlos Gené, en el Centro de Estudiantes de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.
La obra, producida por Teatro del 60, subiría a escena en ocasión del Primer Festival Latinoamericano en el Teatro Cooparte en Barrio Obrero. No fui a las audiciones porque los ensayos de “Areyto pesaroso” de Victoria Espinosa, primera producción puertorriqueña a presentarse en el mismo festival, confligían, pero estuve muy cerca de personas que fueron.

Un estudiante que fue seleccionado tendría un ensayo especial con el director. Este actor ensayaba sus líneas una y otra vez, y pedía consejo, con el deseo más ardiente de dar una buena impresión, pero aquello no salía. A decir la verdad, pensamos que nunca saldría.
No volví a ver al amigo hasta el día del estreno, y cuando hizo su parte, no lo podía creer. ¡Estaba de Oscar!
Desde entonces no hubo forma de sacar de mi mente que Carlos Ferrari era un director fuera de serie. No tardé en conocerlo como dramaturgo y compositor, y pensé que era genial.
Cuando me enteré por Lorenzo Valdez Lamar a través de un comunicado de prensa que Ferrari había fallecido el 8 de mayo de 2025 a las 7:40 de la noche, en su residencia, recapitulé su importancia.
Sin embargo, la urgencia de solidarizarme con amigos cercanos para quienes el artista fue verdaderamente especial ganó sobre la tentación de compartir datos biográficos.
De esta manera hablé con Edwin Ocasio, Pedro Orlando Torres, Belén Ríos, Norberto Barreto Moya, Josean Ortiz, Carlos Manuel Rivera y Luiján Gautier quienes revelaron sus vivencias y emociones por la partida del maestro.
Carlos Ferrari impactó las vidas de todas las personas con quienes interactuó, pero en algunas de esas vidas el impacto fue tan poderoso como para afirmar que hay un antes y un después.
El productor, actor y poeta Edwin Ocasio es un ejemplo.
Al momento de nuestra conversación, Edwin ultimaba los detalles para la celebración de la vida de Carlos Ferrari, con todo, nos concedió un espacio sin prisa y habló sobre él: “Conocí a Ferrari en agosto de 1987 en el teatro de la calle Georgetti en Santurce. Noelia Crespo, que era mi maestra en la escuela superior, me avisó de las audiciones de ‘Puerto Rico Fuá’, así que fui, y me anoté. Había mucha gente, yo era el número 300 y un poco más. Hubo un llamado de 60 personas. Ese día yo hice el turno 50. Una semana después me llamaron, y yo pasé a formar parte del elenco de ‘Puerto Rico Fuá”.

Edwin narró que los ensayos comenzaron en el Teatro Georgetti, sede del grupo Nuestro Teatro que Ferrari fundó. Después de “Puerto Rico Fua”, Ferrari llamó al actor para que formara parte del elenco de la obra de “Esperando la guagua” y allí mismo lo invitaron a integrar la compañía. “El resto fue historia. Hice muchas obras con Nuestro Teatro. En 1989, Ferrari me ofreció hacer las relaciones públicas de Nuestro Teatro. Yo no sabía nada sobre relaciones públicas, pero acepté el reto y eso cambio mi vida”.
“Ferrari me abrió el universo, porque al hacer relaciones públicas, me enamoré de la faceta de producción en el teatro, y fundé mi compañía Contraparte el 10 de mayo de 1990”.
Edwin Ocasio continuó formando parte de Nuestro Teatro hasta que el grupo cesó funciones en 1992.
“Carlos Ferrari me ofreció las mejores oportunidades de mi vida. El creyó que yo podía. Fue mi papá. Contraparte ha producido obras de Carlos Ferrari, en y fuera de Puerto Rico. Moriré agradeciendo y honrando a Ferrari toda la vida”, concluyó.
El productor manifestó con visible emoción ser un orgulloso discípulo que demostró lealtad y compromiso, que dio lo mejor, y su maestro así lo reconoció. Cuando recibió la desgarradora noticia el 9 de mayo, Ocasio trabajaba en la digitalización del catálogo de las obras de Ferrari, a petición del propio dramaturgo.

Edwin, quien informó que el catálogo estará listo para el público pronto, nos facilitó muchas de las fotos que acompañan este artículo.
Mi primer encuentro con Pedro Orlando Torres fue en 1974, en el Teatro Sylvia Rexach. Yo estaba en el público, y él interpretaba un juglar en la obra “Persecución y asesinato de Jean Paul Marat”, escrita por Peter Weiss en 1963.
Uno o dos años antes del estreno de la versión y dirección de Carlos Ferrari en Puerto Rico había visto la película filmada en los estudios Pinewood en Buckinghamshire en 1967, junto con compañeros universitarios y no dejábamos de hablar sobre la misma.
Al referirnos a la obra usábamos el apodo cariñoso por el cual era conocida mundialmente: Marat-Sade. Así que estaba yo en 1974 el Sylvia, descubriendo a Pedro Orlando Torres, un duende con magia sin comparación dentro de un montaje sensacional.
Después de hacer esta obra, la carrera de Pedro Orlando Torres floreció hasta convertirse en uno de nuestros mejores actores de teatro y televisión. Como Pedro es casi un hermano, lo llamé y él contó su crónica desde el principio: “Yo estudiaba en la Universidad de Puerto Rico en Bayamón, y pertenecía al grupo de teatro Bayoán. Aunque me gustaba, yo no sabía mucho de teatro, lo mío era dibujar”.

“En cierta ocasión invitamos a Carlos Ferrari para que nos diera una charla. Y él apareció con el actor Pedro Juan Texidor. Como anécdota, te cuento que en ese grupo Texidor conoció a Lauri con quien se casó”.
“El asunto es que Bayoán hizo una obra en el Sylvia Rexach y Ferrari me vio en el escenario. Entonces me llamó para hacer Marat-Sade”.
Pedro y yo interrumpimos el diálogo y nos pusimos a cantar unas canciones que Ferrari había escrito para la obra.
“Qué está ocurriendo con la revolución todos nos causa malísima impresión. Somos muy pobres no nos dan ocasión no esperen más dice nuestra canción”.
Yo me sabía las canciones porque vi todas y cada una de las funciones de Marat-Sade en el Sylvia Rexach, así que me divertí con Pedro Orlando en ese homenaje íntimo que hicimos.Pedro siguió narrando: “Ferrari fue mi mentor. Hice muchas obras, entre esas, ‘Puerto Rico Fua’. Con ese montaje fui a Francia. Regresé deslumbrado con el teatro. Continué trabajando en obras de Teatro del 60 mientras completaba mis estudios en Ciencias Políticas y he sido actor toda mi vida”.
Pedro Orlando Torres, quien es profesor de teatro en la Escuela de Bellas Artes del municipio de Bayamón, entiende la muerte como un proceso natural y celebra la vida.

“Vislumbro la trayectoria de Carlos Ferrari con agradecimiento”, nos dijo con su voz, particular, familiar y encendida.
La dramaturga Florita Pérez Garay conoció a Carlos Ferrari en la agencia Young & Rubican donde ambos trabajaban. De inmediato se convirtieron en grandes amigos.
Tenían como jefe al comediante y compositor Raoul González, quien hacía temporadas exitosas en el club Ocho Puertas del Viejo San Juan y eran felices.
En la cháchara, Ferrari le contó a Florita que antes de venir a Puerto Rico vivía en Nueva York y en el restaurante donde trabajaba conoció a un lavaplatos puertorriqueño que no dejaba de expresar en voz alta su sueño de regreso.
Así fue como el teatrero argentino se enteró de nuestras playas, nuestros campos y nuestras costumbres. Lleno de curiosidad, las siguientes vacaciones de Ferrari fueron en Puerto Rico y se enamoró de nuestra tierra al punto de quedarse a vivir.
En el intercambio conversacional, Florita le hablaba a su amigo sobre Teatro del 60, y Carlos guardaba silencio sepulcral. Un día, Flora le preguntó a Ferrari si no le gustaba el teatro. La respuesta no se dejó esperar.
Carlos Ferrari adoraba el teatro, no obstante, era algo que le causaba dolor. En su natal Argentina había hecho teatro y había ganado reconocimientos. Sucedió que las dificultades económicas eran inmensas y decidió olvidar esa carrera para ir a trabajar a Nueva York.
No fue fácil para Florita, pero logró convencer a su amigo de reunirse con Teatro del 60, y allí se quedó. Con Teatro del 60 estrenó su teatro y se destacó en la dirección de obras de otros autores.

Durante ocho años Carlos Ferrari formó parte de Teatro del 60. Fueron años de grandes satisfacciones, con viajes a Festivales Internacionales en Francia, Venezuela, Santo Domingo y Cuba. Después de esos años, Flora Pérez Garay y Carlos Ferrari permanecieron unidos en su amistad.
La actriz Belén Ríos conoció a Carlos Ferrari cuando Florita lo llevó a Teatro del 60. Ese mismo día el teatrero se incorporó.
Recordó Belén: “Fue buena experiencia. Ferrari era experto en la sicología del actor. Era un estudioso del elemento humano. Siempre que surgía un personaje que el entendía que era para mí, la pegaba. Yo aceptaba el personaje que me dieran. Nadie discutía. La gente lo seguía”.
Sin duda, la pieza icónica de Carlos Ferrari es “Puerto Rico Fua”, que fue estrenada, producida por Teatro del 60, en 1974, en el Sylvia Rexach, y que se ha hecho en varias ocasiones en y fuera de Puerto Rico, la mayor parte de las veces, producida por Edwin Ocasio.
Le preguntamos a la actriz, cómo surgió “Puerto Rico Fua” y ella respondió: “La idea fue del mismo Carlos. El quería hacer una obra sobre Puerto Rico. Discutía las ideas con Florita en la agencia donde trabajaban y surgían las canciones”.
“Tenía una habilidad sorprendente para componer. Tarareaba las canciones y le decía a Pedro Rivera Toledo donde quería la percusión, los vientos, en fin, él tenía la idea del arreglo. Pedro hacía un trabajo excepcional”.

“Recuerdo que una noche, cuando la obra y las canciones ya estaban escritas, buscábamos un título. Nos sentamos en círculo en el piso del vestíbulo del Sylvia para hacer el brain storm. Era tarde y el título no surgía”.
La actriz María Teresa Miranda que vivía en Vega Alta, quería irse con el novio que la había venido a buscar y dijo de repente: “Ay ya, póngale Puerto Rico Fuá”.
El Fuá se había puesto de moda en una canción navideña popularizada por Alfonso Vélez. Contó Belén que hubo un silencio de sepulcro. De repente Ferrari dijo: “Mira, sí, es un buen título, la obra se va a llamar ‘Puerto Rico Fua”.
Belén nos hizo una cronología de las obras que Carlos Ferrari escribió y dirigió para Teatro del 60.
El herrero y el diablo de Juan Carlos Gené (1971, dirección y versión)
Proceso y revolú que formó la sombra de un burro de Friedrich Dürrenmatt (1972, dirección y versión)
Festival de títeres (1973)
Canto a Pablo Neruda (1973, libreto y dirección)
Puerto Rico Fuá (1974, libreto y dirección)
Persecución y asesinato de Jean Paul Marat (1974, versión y dirección)
Upa upa cataplún de Eileen May Ferrari (1975, dirección)
El otro Aguaybaná de José Félix Gómez (1976, dirección)
Los titingós de Juan Bobo (1976, libreto y dirección)
Amor en el caserío (1977, libreto y dirección)
1898, el último año de la desgracia colonial y el primero de lo mismo (1977, libreto y dirección)
La cocina de Arnold Wesker (1978, dirección)
Los 15 del 60 (1978, libreto y dirección)
Después de “Los 15 del 60”, Carlos Ferrari le comunicó al grupo que deseaba dedicarse por completo a montar el teatro que él escribía. Lo dijo con mucha cortesía, y que el grupo, aunque con tristeza, lo entendió.

“A Carlos le fue muy bien y a nosotros también”, comentó Belén: “El era mi vecino y lo veía con frecuencia. En cierta ocasión me llamó para sustituir a Noelia Crespo en una obra que subió a escena en Nuestro Teatro y fue un encuentro bellísimo”.
“Lo recordamos con amor y agradecimiento”, manifestó Belén y concluyó al decir que Ferrari hizo una gran aportación al teatro puertorriqueño, se identificó con nuestra cultura y logró hacer un teatro afín a todos.
El escenógrafo Norbeto Barreto Moya, quien dio sus primeros pasos en Nuestro Teatro, se sintió profundamente afectado por la muerte de Carlos Ferrari y se dio unas horas de reflexión a solas antes de nuestra conversación.
Norberto nos detalló algunas de sus atesoradas vivencias con el dramaturgo y director donde Carlos Ferrari expuso cuáles fueron sus intenciones con Nuestro Teatro… pero eso lo develaremos en el siguiente artículo.
(Agradecemos la aportación de material gráfico de Edwin Ocasio y Producciones Contraparte y de Vicente Toledo Rohena en la búsqueda de imágenes en archivo FNCP)