Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
Alejandro Primero nos sorprende una y otra vez. Lo conocemos desde antes de 1993, cuando comenzamos a trabajar en el Taller Dramático de Radio 9.40 am y lo sabíamos privilegiadamente talentoso, como cantante y como actor.
Habíamos celebrado sus imitaciones, no solo las de Raphael Martos, también las de Walter Mercado, en una que otra presentación. Por eso, cuando él comenzó a anunciar su espectáculo “La gran noche de Raphael” sabíamos que no se iría por la orilla de la caricatura, sino por la gloria de una caracterización que el artista elaboraría con su propia voz.
Pensamos, además, que era un acto de osadísima valentía. El planeta conoce de memoria a Raphael. En ese afán, nosotros lo seguiríamos tan lejos como para solo inventar que lo vimos, porque vivimos embrujados por él desde la primera vez.

No era solamente la voz y la interpretación dramáticamente hiperbólica, lo que nos cautivaba de Raphael, también eran las melodías. Con Manuel Álvarez-Beigbeder Pérez, alias Manuel Alejandro, como director musical y compositor de la mayoría de esas canciones, despertamos la conciencia de que en cada canción reina un autor, y que el mismo es también una estrella.
Temas como “Digan lo que digan”, con la esperanza puesta en la bondad de las personas eran precisamente el estandarte de jóvenes que refutábamos aquel “el mundo está perdido” de los adultos a nuestro alrededor. No obstante, para nuestro juvenil desconcierto, los adultos lo admiraban.
Cuando Raphael puso un pie en Puerto Rico, el sistema solar cambió sus rutas. Nuestro archipiélago cerró filas en esas vías. Se escuchaban historias de mujeres que trataban de colarse en la habitación del hotel donde Raphael se estaba quedando y hasta hubo quien, como Romeo y Julieta a la inversa, escalara “la tapia para llegar a su balcón”.
Sería en 1968. La madre de una de nuestras mejores amigas en la escuela Libre de Música, donde estudiábamos, se estaba quedando en la habitación contigua a la de Raphael para fines de su trabajo.
Mi amiga, ni tonta ni perezosa, se instaló con su mamá en el hotel y tuvo la oportunidad de compartir con el ídolo. En la escuela, le hacíamos rueda para escuchar sus privilegiadas anécdotas.

Sucedió que la jovencita le pidió a nuestra celebridad que le regalara una de sus camisas. Y ella, tan pronto la tuvo en sus manos, la pico en cantitos con unas tijeras y vendió cada pedacito de tela a dólar en la escuela. El negocio fue redondo.
Nuestra amiga también tuvo el envidiado placer de ir a una que otra presentación del cantante en Puerto Rico, lo cual incluyó el “Especial de Raphael” el 1 de abril de 1968, producido por Paquito Cordero y dirigido por Mario Pabón para Telemundo.
Esta ocasión histórica representó la primera transmisión a color del canal 2 en Puerto Rico. El canal 4 lo había hecho antes en 1966.
Sonreímos con orgullo al pensar en las tantas leyendas urbanas que protagonizamos en ese momento de gloria en nuestra historia.
Por tanto, sentimos que el homenaje que Alejandro Primero rinde con su espectáculo “La gran noche de Raphael”, y en momentos donde el cantante se ha visto tan afectado de salud, honra a nuestra generación.
Esperábamos el alma de Alejandro Primero toda desbordada en una metamorfosis hacia quien nació como Miguel Rafael Martos Sánchez, en Linares, el 5 de mayo de 1943. No obstante, la tarde del estreno, el domingo 23 de marzo, en el Moneró Café Teatro & Bar, recibimos más de lo que pudimos imaginar.
Al revivir la pasión, el dramatismo y la intensidad que Raphael imprime en cada interpretación, con proeza de dedicación y sensibilidad artística, Alejandro encarnó la esencia de un ícono cuya voz, gestualidad y entrega en el escenario son inconfundibles. Lo hizo, no solamente con técnica impecable, sino también con una profunda conexión con la verdad de su obra.
Agarremos las riendas de tantas emociones inquietas en el recuerdo inmediato, para recorrer lo vivido cuando comenzó la función.

Carlos Esteban Fonseca y su esposa Sofía de la Cruz, propietarios del Moneró y anfitriones extraordinarios, abrazaron en la bienvenida a una efervescente sala repleta en su capacidad.
Después de que Maresa Boneta Dueño, directora de Asuntos Públicos en LifeLink (agencia que administra las bases de datos de donantes de órganos, patrocinadora amiga de la función) transmitió desde el escenario el mensaje «Donar es dar vida», comenzaron los acordes la canción “Mi gran noche”.
Fueron esos acordes heraldos del comienzo de “La gran noche de Raphael” y la euforia de un público que no cedió en su empeño hasta 21 canciones después, sin intermedio.
El “opening” incluyó un montaje en vídeo de distintos momentos de Raphael con la voz grabada del niño de Linares.
Después, Alejandro Primero, convertido en Raphael, nos deleitó con las siguientes interpretaciones:
“Mi gran noche” (Salvatore Adamo); “La noche” (Salvatore Adamo); “Digan lo que digan” (Manuel Alejandro); “Ella” (Mario Cosentino y Leonardo Favio); “Hablemos del amor” (Manuel Alejandro); “Estuve enamorado” (Manuel Alejandro); “Cuando tú no estás” (Manuel Alejandro); “Cierro mis ojos” (Manuel Alejandro).
“Balada de la trompeta” (Franco Pisano); “Que nadie sepa mi sufrir” (Ángel Cabral y Enrique Dizeo); “Estar enamorado” (Manuel Alejandro); “Maravilloso corazón” (Roberto Livi y Alejandro Vezzani); “En carne viva” (Manuel Alejandro); “Por una tontería” (Manuel Alejandro).

“Que sabe nadie” (Manuel Alejandro); “Un día más” (José Luis Perales); “Escándalo” (Willy Chirino); “Frente al espejo” (José Luis Perales); “Yo soy aquel” (Manuel Alejandro).
A son de los gritos del público pidiendo “otra” mientras lanzaban claveles rojos hacia el escenario, Alejandro nos ofreció una propina: “Como yo te amo” (Manuel Alejandro).
A la altura de la primera intervención con el público, fueron unas cuantas, ya estábamos convencidos de que nuestro amigo estaba poseído. La voz al cantar y al hablar, el acento, el ritmo, los gestos, las peculiaridades, no descuidó un solo detalle. Lo parecido de su voz con la voz de quien a sus 80 años pelea cantando fue el impacto real.
Los integrantes del coro, experimentados e insignes bailarines, ejecutaron las coreografías (“Escándalo”, “Estar enamorado”, “Yo soy aquel”) de Raúl de la Paz, quien, junto con Carlos Hernández, Jorge Rivera y Edgar Alan Miranda, también las bailó.
Colocamos laureles en las frentes de todos. De la misma manera van nuestros laureles para el concepto de vestuario, inspirado en “lo español”, donde hasta una corrida de toros estuvo considerada, producto de la creatividad del propio coreógrafo.
Otorgamos laureles al acertado maquillaje y peinados de Carlos Marrero por su credibilidad.
Los músicos, poseedores de un oficio marcado por dedicación y responsabilidad, cuya labor trasciende el acto de interpretar melodías, son portadores de una misión de entrega total, la cual cumplieron a cabalidad.
Les hacemos justicia con todas las de la ley: Guirnalda de laureles para Nelson Cruz (bajo), Gabriel Oliver (batería), Christian Galán (guitarra eléctrica y guitarra acústica).

Coronamos de laureles a nuestro querendón y dilecto, Cuqui Rodríguez, a cargo del piano y de la dirección musical, porque en todo momento, dondequiera que esté, es sencillamente extraordinario.
Nos unimos a las voces que ya han expresado que lo que vimos de Alejandro Primero ensalzó a Raphael al destacar la inmortalidad de su legado artístico con fidelidad, perfección y absoluto respeto.
Alejandro Primero, dueño la mejor combinación de registro, cualidad de voz y calidad de interpretación, hizo gala también de sus agudos y graves al ofrecernos una caracterización dramática, monumental con matices emocionales. Laureles de platino para este cantante, actor, director, creador del concepto de la presentación y productor.
Aplausos para el resto del equipo: Bryant A. Ramos Callejas (diseño de luces y sonido); Angelina Rodríguez (regidora de escena, utilera y asistente de producción); Sofi Calvo (telepromter); Lourdes Laboy (publicidad).
Una sola observación. Aunque al llegar al Moneró nos pusieron en las manos el orden de las canciones de este espectáculo, y lo agradecimos, hizo falta el programa de mano.
Una producción sobresaliente no puede perderse en lo efímero de la representación. Hay distintas alternativas para un programa de mano que no son en papel. Insistimos en ese importantísimo y vital menester.
¡Excelencia en todo lo demás! “La gran noche de Raphael” se presentará el domingo, 18 de mayo, a las tres de la tarde en el Teatro Alejandro Tapia y Rivera, en Viejo San Juan.
No se pierdan esta oportunidad.