Por Roberto Ramos Meléndez
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
Hay retos que la vida pone en nuestro camino y no sabemos si podremos superarlos. Este es el caso que me ha tocado enfrentar: ser parte de la celebración de los 30 años de vida y trayectoria del conjunto musical multicultural Sol y Canto, agrupación para mí, hasta hoy, desconocida.

Sol y Canto es un galardonado conjunto musical panlatino fundado en 1994 por la cantante y percusionista puertorriqueña-argentina Rosi Amador y el guitarrista y compositor de Nuevo México, Brian Amador. Con sede en Cambridge, Massachusetts, el grupo es conocido por su fusión de ritmos latinos como el son cubano, el flamenco español y la cumbia colombiana, combinados con letras bilingües que abordan temas sociales y culturales.
Han sido reconocidos por publicaciones como The Boston Globe, que los ha llamado — acertadamente— “sublimes embajadores de la tradición panlatina”.

Soy afortunado pues, la invitación que me hizo la distinguida amiga productora y cineasta Caridad Sorondo, que pensó que yo podría o sería capaz de reseñar lo que ellos estaban celebrando, me produjo una de mis experiencias más memorables.
La Fundación Nacional para la Cultura Popular, con sede en el Viejo San Juan y cuya aportación cultural es incuestionable, seguramente ha sido anfitrión de numerosos talentos locales e internacionales. No obstante, lo ocurrido la noche del sábado 12 de abril de 2025 en su acogedor teatro, me hace pensar que esta ha sido una experiencia trascendental del arte, la música y la poesía pues Sol y Canto no es sencillamente un conjunto musical, es un milagro que se manifiesta ante nosotros con una policromía de sensaciones, emociones y sentimientos que se funcionan para producir una experiencia de esas que llamamos religiosa. Los allí presente tuvimos la oportunidad de presenciar, escuchar y ver el talento de Rosi Amador —puertorriqueña-argentina—, Brian Amador —de Nuevo México—, Queralt Giralt —de Cataluña— y Javier Hernández, quienes forman este conjunto musical fundado hace 30 años. Con ellos, el poeta y declamador Antonio Fornaris y el músico y vocalista Alan del Castillo, interprete excepcional de la ocarina o flauta de la patata, quien nos hipnotizó con el sonido de su instrumento, Silverio Pérez y Alberto Carrión.

El tiempo transcurrió sin darnos cuenta pues sus voces, expresiones, movimientos y hasta sus silencios se hicieron poesía y música llena de una aparente informalidad hecha prodigio y sencillez. De eso se trata este extraordinario evento que nos tocó vivir.
Me atrevo afirmar, sin temor a equivocarme, que ninguno de los allí presentes jamás pensamos que estos extraordinarios y talentosos intérpretes fueran capaces de hacer que la música, la poesía puertorriqueña y latinoamericana se fusionaran en un sublime y emotivo canto a la vida, al amor, a la solidaridad y en un testimonio de amistad pues no solo unieron sus voces y su talento, sino que también hicieron parte de ese momento tan especial a otras voces y talentos que nos enorgullecen y nos honran. Me refiero a Alberto Carrión, Silverio Pérez (que no pudo evitar ensillar su caballo y unirse a la celebración) quienes, con humildad, grandeza espiritual y honestidad intelectual reconocieron lo que Sol y Canto representa para los puertorriqueños, los latinoamericanos y el mundo.

Ver y sentir cómo estos talentosos y prodigiosos músicos, artistas y poetas fueron capaces de hacer presente la verde luz que emana y brillará por siempre de Antonio Cabán Vale, (El Topo), la luz de la mañana y el canto del futuro de Alberto Carrión, las olas y la arena tendida en la playa de Sylvia Rexach, el caudal emotivo contenido en los intensos versos de Antonio Fornaris fue algo espectacular. Eso es propio sólo de manifestaciones artísticas que superan lo común lo bueno, lo excelente y ¡hasta lo extraordinario! por lo que resultan ser una experiencia religiosa. Es por esto por lo que todo el que tenga la oportunidad de conocer a fondo el trabajo y la dedicación hecha música, arte y poesía de este extraordinario grupo debe decir presente en cualquier propuesta de ellos sea concierto o, sencillamente como saben hacerlo, un proyecto de hermandad y solidaridad social.

¡Gracias por existir y larga vida Sol y Canto! ¡Gracias porque nos demostraron que no necesitamos más, solo queremos estar en su órbita!
Roberto Ramos Meléndez es psicólogo, escritor y artista plástico.
