Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
Pasaron las elecciones. Mientras unos celebran y otros se lamentan, el teatro ofrece un punto de convergencia.
La Familia Addams, una comedia musical de Broadway, abrió una nueva función el domingo 10 de noviembre a las cuatro de la tarde en la Sala Antonio Paoli del Centro de Bellas Artes de Santurce, y resulta perfecta para reír, llorar, gritar, suspirar y reflexionar en el sendero de cualquier realidad.
Desempolvemos recuerdos. En la década de 1960 la televisión estadounidense estrenó series de comedias con evidente sátira social, que el público no se perdía.
Puerto Rico se cautivó con “Los Beverly Hillbillies” (1962-1971), “Hechizada” (1964-1972), “La isla de Gilligan” (1964-1967), “Los Locos Addams” (1964-1966), “Los Munsters” (1964-1966), “Mi bella genio” (1965-1970), “Hogan’s Heroes” (1965-1971) y “Batman” (1966-1968).

Nos declaramos “gruppies” de los Addams. No nos perdimos ni uno solo de los 64 capítulos de 30 minutos de duración, filmados en blanco y negro, y emitidos, por primera vez, en la cadena ABC.
El concepto fue creado para la revista semanal New Yorker por el caricaturista Charles Addams, donde se mantuvo desde 1938 hasta 1964. La serie de televisión fue obra de David Levy en colaboración con Addams.
Desde el principio, la historia de esta familia excéntrica que juega con temas macabros se presentó con humor negro, pero simpático, y exploró los caminos de la unión familiar, la inclusión, la diversidad, la tradición, el amor y la lealtad.
Los Addams tenían más éxito entre ellos que cualquier familia que siguiera los estándares de lo convencional. De hecho, lo siguen teniendo.
Los personajes, cuyos nombres surgieron para la serie, fueron un palo. Todos repetíamos el “¿Llamó usted?” de Largo, y el “Cara Mía” de Addams seguido por los besos que subían desde la mano al hombro de Morticia. En Estados Unidos y Puerto Rico se llamaba Homero, para el resto del mundo hispano se llamó Gómez.
Los libretos pudieron inspirarse, entre más, en la agilidad del cinismo en las situaciones y los diálogos desarrollados por Groucho Marx para sus icónicas películas. Por otro lado, Homero, al sacar copas de champagne, cigarros encendidos y otros artefactos del bolsillo interior de su gabán hacía un merecidísimo homenaje al agorero mudo de los hermanos Marx Harpo.
De los Addams, se han hecho películas, una serie para Netflix, videojuegos, libros, música, y obras de teatro.
En 1991, el director Barry Sonnenfeld hizo una adaptación moderna de La familia Addams, que contó con Raúl Juliá (Gómez), Angelica Huston (Morticia), Christopher Lloyd (Tío Lucas) y Christina Ricci (Merlina). La película fue un exitazo y no tardaron en sacar la secuela.

En Puerto Rico, en 1999, se dio el estreno mundial de “La herencia de los Addams”, musical con libreto de Jonathan Dwayne, y dirección de Mario Colón, producido por Aquino, Inc., en el Centro de Bellas Artes de Santurce.
El 8 de abril de 2010 estrenó en el Lunt-Fontanne Theatre de Broadway, Nueva York, “La familia Addams”, con música de Andrew Lippa y libreto de Marshall Brickman y Rick Elice, dirigido por Julian Crouch y Phelim McDermott, con coreografía de Sergio Trujillo.
Con todas esas experiencias en nuestras ansias, asistimos el pasado fin de semana a la matinée del domingo. Al entrar en la sala, repleta con fidelidad fanática a la palabra, nos entusiasmamos con los murciélagos 3D que rondaban la imagen de los portones de la mansión macabra, proyectada al fondo en el escenario.
Después de las llamadas de rigor, la orquesta en vivo tocó el tema de la serie de televisión y el público en pleno, nosotros incluidos, chaqueamos los dedos después de cada acorde. Desde ese momento, disfrutamos la travesía de poco más de dos horas y media, con intermedio.
Los cambios de escenografía de niveles apoyados con efectos de tecnología, a la vista del público, urgieron estética de magia. Las luces, pintadas con sensibilidad y acierto acariciaron la armonía al compás del todo en el montaje.
Quedamos atrapados en prisión encantada donde, sin duda, haríamos lo que fuera para que los muertos no descansaran en paz. ¿Para qué? La música, en vivo, era digna de la más descabellada vigilia.

Ovacionamos la cohesión y energía del ensemble de ancestros de los Addams, espectros que no podían entrar al cementerio porque la puerta estaba cerrada.
Cada miembro del grupo brilló al exhibir una individualidad que formó sincronización en la unión con los demás y la transformación de cada intervención en un espectáculo deslumbrante.
Adrián Isaac Rivera, Alejandra Reyes, Allison Trinta, Brian Márquez, Hener Mejía, Jesús Sánchez, Luz Marina Cardona, Nicole Angelis, Ricardo Laboy, Ricardo Arribas, Solimar Arzola, Sonya Hernández, Yan Carlos Díaz y Stella Casas: ¡Bravo!
Dejaremos caer una lluvia de laureles para el director musical y programador Ableton Juan Carlos Rodríguez y para toda la orquesta: José Ruiz (trompeta); Angel Torres (viento madera 1); Leonardo Garay (viento madera 2); Harry Aponte (teclado 1); Carlos J. Cruz (teclado 2); Jan L. Rivera (bajo); Arnaldo Rivera (batería); Orlando Maldonado (percusión); Mike Pastrana (guitarra, banjo, ukulele); Stephanie Berríos (violín); Osvaldo Ortiz (cello).
Aplaudimos el desempeño de los diseñadores Miguel Rosa (escenografía e iluminación); Alba Kercadó (vestuario); Bryan Villarini (maquillaje y peluquería) Iván Rodríguez (sonido), los técnicos, y por honor a la justicia, a la regidora de escena Jinelly Rosario.

La trama se ubica en Nueva York. La acción gira en torno a Merlina, quien en la historia tiene 18 años y se ha enamorado de un chico “normal”. La muchacha le confía a su padre que piensa casarse, pero le pide que lo mantenga en secreto. Gómez enfrenta el desafío de ocultarle algo a su esposa, lo cual Morticia no perdona.
La situación alcanza su punto culminante cuando la familia del novio (los normales Beineke) se reúne con la familia de la novia (los locos Addams) en la mansión familiar ubicada en Central Park.
La versión en español de la producción de Broadway para Puerto Rico fue confeccionada por Ricardo Andrés Lugo y ofreció una experiencia tanto nostálgica como fresca.
Aunque extrañamos ciertas cosas que acostumbramos a ver en la serie de televisión, como los desplazamientos a brinquitos de Morticia debido a lo estrecho del vestido y los “cara mía” de Gómez, sabemos que las interpretaciones varían en proporción al artista y que la costumbre no es el mejor elemento de juicio.
Se incorporaron comentarios de situaciones afines a nuestra realidad social, sin que los personajes perdieran la realidad de millonarios norteamericanos de ascendencia extranjera, lo cual en estos momentos es un directo comentario político.
Uno de los momentos más celebrados fue cuando Gómez les pregunto a los ancestros muertos si iban a votar en las elecciones.
El diálogo cargó dosis de cinismo primoroso. Por nuestra parte, adoptamos dos parlamentos, uno de Merlina: “A mí el miedo me sirve café”; y la respuesta de Morticia cuando Alicia le dijo que no entendía la descripción que ella acaba de ofrecer sobre un pariente Addams transgénero: “No tienes que entenderlo, solo respetarlo”.

Marcos Santana, director y coreógrafo de este montaje, demostró ingenio, creatividad y dominio del oficio. Su habilidad para equilibrar los límites con la generosidad de la belleza desembocó en un universo atractivo. Cada decisión cuidadosamente considerada, elevó su montaje a nivel de excelencia.
Los actores brillaron con energía en todas las direcciones. Ovaciones para Denise Quiñones (Morticia); Magali Carrasquillo (Abuela); Joaquín Jarque (Largo); Sara Jarque (Alicia Beineke), Víctor Santiago (Mauricio Beineke) y Luis Obed (Tomás Beineke).
Destacamos la participación de Noah Seda como Pericles, actor joven y prometedor a quien hemos aplaudido antes, por su seguridad y credibilidad escénica.
De la misma manera reconocemos el desempeño de Yeidimar Ramos como Merlina, a quien le creímos todo cuanto le vimos y a quien su privilegiada voz no pidió permiso para lucirse como le dio la gana.
Ante la presencia de Ernesto Concepción, hijo, en un escenario, revivimos nuestra amistad con su padre (Ernesto Concepción), de quien aprendimos a darnos prisa y sobresalir en distintos teatros de Estados Unidos y América Latina. Lo sentimos a nuestro lado, mirando a su hijo, inflado de orgullo y haciendo los comentarios mordaces que extrañamos con demasiada frecuencia.
Ernesto Concepción, hijo, tiene una incalculable herencia histriónica. Su madre, Elsie Moreau es una de las mejores actrices que hemos conocido. Pero Ernestito, con su ángel travieso que roba miradas, supera el álbum familiar. Nos impactó su voz, poderosa, educada, controlada. Lo coronamos con laureles porque encanta.

Otro heredero de dos reinos gloriosos en el canto, el baile y la actuación (Magaly Carrasquillo y Rafael José) es Juan Pablo Díaz, intérprete del Tío Lucas, en este recio montaje.
Díaz nos atrapó con su convincente interpretación de un monstruo encantador y soñador, enamorado de la luna. Le otorgamos merecidos laureles.
Por supuesto, la herencia inclina, pero no determina. A veces, y si nuestros parientes fueron excelentes, puede ser un peso muy duro de cargar. Tanto Juan Pablo como Ernesto brillan por méritos que tienen en común, además del talento, la disciplina y el corazón.
Completan el equipo de esta producción de Bas Entertainment: Andrew Lippa (música y letra); Marshall Brickman, Rick Elice (libreto); Marcos Santana (director escénico y coreógrafo); Juan Carlos Rodríguez (director musical); Ricardo André Lugo (versión del libreto); Michelle Brava (asesoría vocal); Solimar Arzola (asistente de coreografía);; Asistente de diseño de escenografía (Isabella Rebollo); Trimas Lesmar, Emmanuel Piñero (construcción de escenografía); José Luis Báez (asociado de iluminación); JB Lighting Performance Lighting Desing (compañóa de luces); Wanda Marrero, Allies Muñoz, Luna K. Pérez (asistentes de vestuario); IR Sound Corp (compañía de sonido); Greg Barreto (ambientación y utilería); Liz Marco; KIassandra Isabel (asistentes de utilería y ambientación); Isabella Rebollo, Jacnier Lorenzo, Leandro Maseda, Henry Ballester (artistas escénicos); Bryan Villarini (diseñador de maquillaje y peluquería); Lourymar Merced (director de peliquería); Sebastián Ramírez, Luis E. Rodríguez, Gabriel Soto (maquillistas y peluqueros); Santiago Gil, Mathew Gil (artistas gráficos); Héctor López (coordinador de producción); Greicha Febus (gerente general); Lourdes Laboy (relaciones públicas); Rehearsal Tracks And Software (Right On Cue Services)
Este musical, presentado a través de un acuerdo especial con Theatrical Rights Worldwide, forma parte de la temporada Broadway en San Juan, que ha traído “In the Heights”, “West Side Story”, “Evita” y “Hamilton”.
Terminaremos como comenzamos. El montaje de esta magnífica producción puertorriqueña que estrenó el 25 de octubre y ha tenido todas las funciones a casa llena, abrió una última presentación para este domingo 10 de noviembre. ¡No se la pierdan!