Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular
El pasado domingo 25 tomamos el tren y nos dirigimos al teatro de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras para ver la última función de “Julia”, de la dramaturga puertorriqueña Olga Vega Fontánez, producción de Teatro Sol y Luna, Inc., dirigida por Doel Ramírez, responsable también de los diseños y de la regiduría.
Sol y Luna cumplía 27 años y era la ocasión de celebrar una trayectoria de teatro de muy buen gusto y calidad. La función contaba con intérpretes de lenguaje de señas para sordos y era libre de costo, porque la producción estaba subvencionada por el Programa de Rescate Cultural (ARPA) del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
Al llegar, vimos que el teatro, estaba lleno a capacidad, algo muy difícil de lograr en un teatro tan grande, aun en una función libre de costo.

La obra se había presentado el viernes, 23 de agosto a las 9:30 am, en función para estudiantes, y el sábado, 24 de agosto a las 8:30 pm y el domingo, 25 de agosto a las 4:30 pm para público en general.
Fuimos recibidos por la productora, directora, dramaturga y actriz, Adriana Pantoja, pionera en inclusión de sordos en el teatro en Puerto Rico. Nos ubicaron en el espacio designado para la comunidad sorda, y nos fundimos con honor en el mismo entusiasmo.
Revisamos el programa de mano. La trama de la obra se definía como “una puesta en escena de carácter documental, que ilustra la vida de la insigne poeta Julia de Burgos, donde no solo se tocan los habituales temas de sus poesías, sino de su vida política como militante del Partido Nacionalista, su compromiso con el pueblo trabajador, su trabajo como educadora en La Escuela del Aire y sus letras en sus últimos días cuando dejó un diario relatando su estancia en el hospital, donde fue diagnosticada con cirrosis”.
En el momento en que íbamos a escudriñar pensamientos sobre la información que tenemos y la curiosidad que sentíamos por descubrir el sendero de la tesis de la dramaturga, fuimos interrumpidos por la primera llamada de rigor, la cual, debido al mal funcionamiento del equipo de sonido, no pudimos entender.
Lo mismo sucedió con la segunda y la tercera llamada. Le sugerimos a la administración del teatro de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, como lo hicimos el año pasado, que se mueva en dirección a esa reparación.
Para la fortuna de un trabajo que tiene que haber costado tiempos y espacios, esenciales y supra esenciales, el problema de sonido, no mermó nuestro aprecio hacia lo que consideramos una magnífica puesta en escena.
Nuestra primera corona de laureles será para Doel Ramírez, director y diseñador del bien construido texto de Olga Vega Fontánez.

Desde los primeros asomos de luces en el escenario, intuimos que seríamos testigos de una belleza mítica, altamente significativa, que coquetearía con dimensiones de ciertas realidades. El efecto de celuloide añejo en los vídeos y proyecciones en una pantalla al fondo del escenario, a veces encima de las figuras que deambulaban, celaba sin disimulo la posibilidad de un pasado que abría sus alas.
Siete Julias, conformadas por cinco actrices (Olga Vega Fontánez, Cecilia Argüelles, Karla Malavé, Rosabel del Valle, Esmeralda Izumi), por un actor que también interpretó a el Hombre y a Juan Isidro (José Armando Santos), y la asistente del director (Sora Cabina), pusieron en evidencia distintas facetas en momentos determinados de la vida de nuestra poeta nacional.
El ritmo robado a un concierto sinfónico de vanguardia aportó con creatividad composiciones de alta estética. Atraparon nuestros sentidos la escena del juego de bombillas que aparecieron desde el telar al principio, la de la recreación de la diosa Kali con cinco actrices, y la secuencia de la formación de la bandera monoestrellada.
Las voces interpretaron emociones grandes y los cuerpos ejecutaron con parsimonia la intención. La experiencia nos devolvió el estilo y la estética del recital de poesía puertorriqueña que presentó la profesora Maricusa Ornés, con coreografía de Gilda Navarra en 1972, en el Teatro Tapia, el cual impactó nuestra juventud.
La armonía entre los actores era evidente. Cada cual sobresalió en sus respectivos momentos, con sus intensas voces bien colocadas y sus gráciles desplazamientos escénicos.
Colocamos laureles en la frente de Esmeralda Izumi (nombre adoptado por la otrora actriz Vivian Casañas), por su fuerza natural fortificada con una poderosa voz que sabe usar como hada madrina. Sus mejores escenas son siempre las más dramáticas.
De la misma manera, otorgamos laureles a Karla Malavé y a Rosabel del Valle por ser dueñas de una prolífica seguridad escénica y credibilidad de vigor interpretativo.

Aplaudimos la labor de José Armando Santos como actor y vestuarista, y el desempeño de los intérpretes de señas para sordos Yariel Alexander Hernández y Valeria Chaparro.
De la misma manera, aplaudimos al resto del equipo: Guillermo Tejada Beltrán (productor ejecutivo); Sora Cabina (asistente dirección y proyeccionista); Yariel Alexander Hernández (asistente de producción); Yerilis Rivera (maquillaje); José Luis Castillo Cintrón (utilería); Eric Borcherding (fotos); Get Social (relaciones públicas, artes de promoción y vídeo promocional); Deyanira Rodríguez Malavé (pintura en abanicos); Gerardo Rodríguez García (equipo de proyección); José Armando Santos (productor general).
A raíz de las críticas que tuvo el libreto de Olga Vega Fontánez, por “blanquear a Julia de Burgos”, manifestaremos, con respeto algunos comentarios. Hacemos, además, la salvedad de que nosotros, al igual que ustedes, no somos dueños de la verdad absoluta.
Consideramos que el libreto de Olga Vega Fontánez es hermoso, inteligente, efectivo, y lo disfrutamos.
Reiteramos lo que hemos expresado en ocasiones anteriores: Una obra de teatro no es una clase de historia a la cual acudimos para pasar un examen.
De todos los ejemplos que podríamos dar, para reforzar lo anterior, nos tomaremos tiempo para traer al presente algo que sucedió durante el vergonzoso momento de la cacería de comunistas del macartismo, entre 1947 y 1957 en Estados Unidos.

Cuentan que después de que, en abril de 1952, el director de cine Elia Kazan (1909-2003) le revelara al dramaturgo Arthur Miller (1915-2005), su cooperación con el House Un-American Activities Committee (1938-1969), Miller, que vivía en Connecticut manejó su auto sin detenerse hasta la ciudad de Salem, Massachussets, donde estuvo dos semanas haciendo una investigación. De la misma surgió su obra “Las brujas de Salem”.
Aunque el dramaturgo usó los nombres reales de las personas que vivieron la cacería de brujas en 1692, creó historias ficticias entre sus personajes y le dio un final a la obra que cuadra a favor del fracaso del macartismo y su fe en el ciudadano común.
Aquellos que sientan la curiosidad por estos y aquellos sucesos, los alentamos a indagar. Son historias donde podemos aprender mucho sobre nosotros mismos.
Con todo y sus mentiras, Arthur Miller dio a luz una joya de obra de teatro, que todos soñamos con hacer.
Por otro lado, hacer una obra de teatro sobre la vida y obra de una persona conocida, dirigida a estudiantes, tiene consideraciones más formales.
La vida de Julia de Burgos tiene muchas lagunas, y tenemos la responsabilidad de decirlo en “arroz y habichuelas”, pero existen investigaciones serias que pueden darnos luz.
Entre tantas propuestas que deben ser atendidas, mencionaremos, solamente, algunas, y lo haremos a vuelo de pájaro, sin pretensiones académicas. Invitamos a quienes les interese el tema a investigar.
En su libro “Julia de Burgos, poeta maldita”, José Manuel Torres Santiago la compara con figuras como Edgar Allan Poe. Es un libro de exposiciones fuertes, para algunos, difíciles de creer, pero lo debemos leer.
“Julia de Burgos: El desarrollo de la conciencia femenina en la expresión poética” de Carmen Lucila Quiroga analiza la obra de Julia de Burgos en el contexto histórico y social de la mujer desde el siglo XIX hasta mediados del siglo XX.

En un artículo en el semanario puertorriqueño Claridad (27 de febrero de 2024) Celina Morales aclara que el diario de Julia de Burgos se trata de papeles sueltos, no solamente personales, sino con apuntes en los que tampoco existe la regularidad propia de los diarios. Los papeles fueron escritos durante las dos semanas que Burgos estuvo en el hospital Mount Sinai en Nueva York, en 1948.
Señala Morales que existen dos ediciones del diario muy pertinentes. La de Edgar Martínez Masdeu, “El diario de Julia de Burgos” de Libros de la Iguana, publicada en 2014 y el trabajo de Carmen D. Lucca, “El diario de Julia y otras verdades sencillas”, publicada en el mismo año.
Reconoce que Lucca hace una labor excepcional, la cual incluye cartas, ensayos en español e inglés, análisis y detalles sobre la entrevista de Chiqui Vicioso a Juan I. Jimenes Grullón en 1981, entre otras cosas.
Lucca pretendía acabar con los mitos y las falsedades relacionados con la vida indisciplinada de nuestra poeta nacional y menciona la posibilidad de que la cirrosis de Julia fuera provocada por la bilharzia. Pero no consta.
Por otro lado, la misma Julia afirma ser alcohólica en las cartas que le escribió a su hermana Consuelo, publicadas en el libro “Cartas a Consuelo”, de la editorial Folium en 2015.
Julia llega a anunciar su ingreso en las filas de Alcohólicos Anónimos. Es evidente, además, su disciplina en el hospital y las consideraciones que recibió de los profesionales sanitaros.
Ese libro incluye, tres cartas de Juan I. Jimenes Grullón (hombre casado pero separado de su esposa), a la hermana de Julia de Burgos, donde, después de justificar su ruptura con la poeta, la acusa de ser una traidora sin virtud.
Como dato interesante, compartimos que el 22 de septiembre de 2018, en el periódico El Caribe de la República Dominicana, Reinado R. Espinal publicó su artículo “Julia de Burgos y Juan Isidro Jimenes Grullón: el enigma de un abismo abierto entre dos tiernos amores”.

Espinal se refiere a un artículo del 17 de septiembre del mismo año en el mismo diario de Franklin Almeyda Rancier, titulado “Julia de Burgos y mórbida leyenda”, en el cual ofrece revelaciones inéditas que le hiciera Juan Bosch sobre las verdaderas motivaciones de su ruptura irrevocable con Juan Isidro Jimenes Grullón.
La información desmiente que la ruptura entre los Juanes fuera debido a la rivalidad por el amor de Julia. Lo cierto es que, al sol de hoy, y a pesar de las negaciones de ambos próceres dominicanos en distintas entrevistas, las cosas no quedan del todo claras. Especular nunca hace justicia.
Es loable que alguien se preocupe en aclarar lo que hicimos y no hicimos cuando existen mentiras corriendo a diestra y siniestra por dondequiera, sobre todo si esas mentiras se refieren a crímenes que no cometimos.
Las mentiras sobre una vida llena de controversias se exageran sin misericordia cuando se trata de una mujer. Pero hay una gran verdad. Ninguna mujer que se atreve a vivir lo que viven los hombres, vale menos que esos hombres.
Hacer lucir a Julia de Burgos, como víctima de una fatalidad donde ella no tuvo responsabilidad, es el único señalamiento que le hacemos a esta propuesta teatral.
Si fueron o no fueron errores, los horrores y las pasiones son parte de la vida, y qué bueno. ¡Qué vivan, el error, el horror, y la pasión que inspira un poema con el que todos nos podemos identificar! Nada, por alentador y esperanzador, puede ser más positivo que lo anterior.