El intelectual Tite Curet Alonso

El libro del Dr. Héctor L. Rivera de Jesús es catalogado como una importante aportación del Editorial Afrolegado al país.
Héctor Rivera de Jesús recibe aplausos por la publicación de su libro sobre Tite Curet Alonso. (Foto suministrada)

Por Roberto Ramos-Perea
Instituto Alejandro Tapia y Rivera

Cuando acudí a la Feria del Libro de la UPR, Recinto de Carolina, actualicé mi saber de lo que se anda publicando en las editoras emergentes del país. Como editor y militante de los libros y propulsor de reediciones de los clásicos de la dramaturgia y de la narrativa fundacional (de nuestro siglo XIX y principios del XX), aproveché la ocasión y -rompiendo mi magro cochinito- me puse al día con lo que estos nuevos editores han llamado “indie”, término importado de Gringolandia y que bien mirado quiere decir “independiente”, (y anárquico como yo).

En Puerto Rico hoy se publica muchísimo. Y eso me parece estupendo. Puedo testificar como Director Ejecutivo del Instituto de Literatura Puertorriqueña que otorga los Premios Nacionales de Literatura cada año, que cada año se someten a concurso entre 70 a 100 libros de todo los géneros, cuando hace apenas 20 años atrás no llegaban a 30.

Esta democratización editorial ha sido muy positiva para la historia de la cultura popular. Vidas y valoraciones de grandes artistas, ahora llenan nuestros estantes con el relato de significativas experiencias que marcan nuestra identidad y resaltan nuestra inteligencia.

Portada de la publicación que recientemente fuera lanzada al mundo literario. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Luego de gastarme -con más pánico que seguridad- un par de cientos en libros, me sentí sumamente satisfecho de que sobre uno de los que compré se llevó a cabo una conferencia en la Feria de la que no me perdí ni un segundo. Se trata del libro “Don Tite Curte Alonso: Voz y razón en la salsa puertorriqueña”, escrito por el Dr. Héctor L. Rivera De Jesús.

Escuchada la excelente conferencia y devorado el libro en un par de horas, ratifiqué con mucha más seguridad el que el Maestro Tite Curet Alonso fuera parte fundamental de mis estudios en la intelectualidad puertorriqueña negra analizando la intención de sus letras, de la misma forma -o cuidado si con ojo más agudo-, que trabajé con poetas e intelectuales como Rafael Hernández, Pedro Flores y tantos otros poetas negros de nuestra música nacional.

Tengo afectuosos recuerdos de mis gratas conversaciones con el gran Tite cuando se paseaba por la redacción del periódico El Mundo allá por los ochenta. Su “cara linda” se iluminaba con una amplia sonrisa cuando le contaba que él venía de una estirpe literaria de alto vuelo, siendo como era sobrino nieto del inmenso Manuel Alonso Pizarro, nuestro primer dramaturgo anarquista puertorriqueño negro, y que su pariente, Don Amado Alonso García, poeta y declamador muy reconocido, también había dejado su huella en el largo camino de la vocación intelectual negra.

El libro del Dr. Rivera es imprescindible. Lo recomiendo como una de las más importantes aportaciones del Editorial Afrolegado del buen amigo Pablo L. Rivera.

Ahora nos falta que se acaben de resolver los líos de intereses encontrados sobre los derechos de autor del Maestro. Son más de 2,000 canciones que son patrimonio intelectual de la Nación. Son trincheras por la igualdad, son lucha contra el racismo y la pobreza, son “la cura”, la visión de un “callejón” agonizante pero amoroso, PORQUE somos las tetas bravas de “Anacaona”, somos “estaca de Guayacán”,… no somos “plato de segunda mesa” ni “periódico de ayer”, somos “buen corazón”; somos “barrunto” y “guaguancó,” somos el aguzao de “Juanito Alimaña” allá en la “Galera Tres”, y somos el apalea’o negro de “Juan Albañil”, somos la lustrosa soberbia de la “Gran Tirana”, que esto no es “Puro Teatro”, esto es Puerto Rico en carne viva y como el inmenso Martí desde el caballo de la salsa borincana, el Maestro “con los pobres” está.

Estas poesías en salsa son el espíritu de la Nación. Además de su iluminado corazón musical, son inteligencia negra y borincana, pensamiento humanista, compromiso y justicia social. Todos debemos honrarla, ¡“Pa’ que afinquen”!

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