‘Crudo’: cruel… pero sensible

Aunque la realidad inmediata de la pieza es puertorriqueña, el aspecto de la humanidad se presenta abarcador y se entiende como propio de cualquier país de mundo.
La actriz Georgina Borri en una de las escenas de la propuesta teatral “Crudo”, de Kisha Tikina Burgos, que abrió la edición 61 del Festival de Teatro Puertorriqueño del I. C. P. (Foto Gabriel Quito Hernández)

“Terrible es algo que aterra y atrae a la vez”. (Henrik Ibsen)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

En 1974, cuando veíamos una escena de “La dama del mar” de Henrik Ibsen, en el teatrito de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, nos impresionó el desempeño de una jovencita de grandes y expresivos ojos azules, movimientos etéreos y mejor decir.

La actuación de la joven, que apenas comenzaba su educación universitaria, nos impactó de tal manera que quedamos convencidos de que Ibsen y ella eran tal para cual. Han pasado 50 años, y el privilegiado talento de Georgina Borri es un hecho.

En eso se distraían nuestros pensamientos cuando, en el programa de mano, vimos su nombre en la lista de intérpretes que ejecutarían distintos personajes en la puesta en escena de “Crudo” de Kisha Tikina Burgos, que abrió la edición 61 del Festival de Teatro Puertorriqueño del Instituto de Cultura Puertorriqueña, entre el 12 y el 14 de abril.

El montaje teatral recoge 16 piezas del libro “Crudo 69”, publicado originalmente en 2023 por la editora Educación Emergente. (Foto Gabriel Quito Hernández)

Mientras esperábamos a que comenzara la función en la sala del Teatro Victoria Espinosa, pensamos, también, en el primer encuentro que tuvimos con el montaje de la segunda obra de la Kisha Tikina Burgos, “Nivea del encanto”.

La pieza, que había tenido su estreno mundial en, 2005, en el Teatro Francisco Arriví, se presentaba en el Teatro Arcelay como parte del Festival de Teatro de Caguas, en 2006.

Lo que vimos nos fascinó. Recordamos, muy especialmente, el momento en que una bola roja pareció salir de la pantalla de proyección para caer en el escenario.

Ocho años después, nos sentimos intrigados con esta nueva propuesta, y repasamos lo que sabíamos sobre la misma.

El montaje de “Crudo”, se inspira en las obras de teatro breve publicadas bajo el título, “Crudo 69”, por la editora Educación Emergente en 2023.

Los textos tienen en común la construcción irreverente y desinhibida de lo cotidiano, con escarcha de simpatía, combinación preciada y rara de encontrar.

Para formar “Crudo 69″, la dramaturga hizo el ejercicio de escribir una obra diaria por cada día de un año. La obra de teatro “Crudo” recoge 16 piezas del libro y no las presenta en orden cronológico. En cambio, establece un rumbo que desemboca con excelencia en una encrucijada de posibilidades reivindicadoras.

Los actores ejecutaron con unión de propósito envidiable y magia encantadora en el escenario. (Foto Gabriel Quito Hernández)

Aunque la autora mete el dedo en la llaga de todos los males que plasma con osadía, la abrazamos porque lo hizo y, como “masocos” colectivos le pedimos más.

Nos enteramos, por promociones y comunicados de prensa, que el director desarrolló su propuesta en combinaciones intensas, como el teatro antropológico acuñado por el italiano Eugenio Barba en el libro “La canoa de papel” (1993); el teatro posdramático definido por el alemán Hans-Thies Lehmann (1944-2022) y desarrollado, entre otros, por el polaco Tadeusz Kantor (1915-1990); el expresionismo con el cual identificamos al austriaco Max Reinhardt y al alemán Erwin Piscator; y el teatro burlesque, que evolucionó del burlesque literario, y cobró forma en el teatro en la primera mitad del siglo 19.

Entendimos que el director funcionaría con los actores a base de ejercicios, y que se alejaría del realismo visual, para su montaje.

La primera llamada interrumpió los senderos insondables por donde estábamos metidos, porque ese era el objetivo. La misma estuvo a cargo de los actores desde el segundo piso del Victoria. Era casi una pieza de micro teatro con parlamentos cortos de ritmo desenfrenado, que evocó el legado de “Absurdos en soledad” y “Eran tres y ahora son cuatro”, de Myrna Casas (1934-2022). De la misma manera ocurrieron las tres llamadas.

“Crudo” contó con la sabia dirección de  Christian Nieves Santiago. (Foto Gabriel Quito Hernández)

La obra comenzó y desde el primer momento, cuando un actor vestido de mujer se presentó con el mismo nombre de la dramaturga, el trayecto fue placentero, aun en lo más macabro de la más aterradora aceptación de la conciencia.

De esta manera, desfilaron los títulos de las obras breves, entre las que podría considerarse un performance, y un corto metraje: “Y ahora, ¿qué?”, “Anónima”, “La cazadora”, “La visita”, “No”, “Adictas al amor y al sexo”, “Hijo de puta”, “Little Happiness”, “Nadie”, “Culos bailarines”, “Iluminada”, “Oli”, “Carne muerta”, “Esos cuerpos”, “Un día y una clave” (corto metraje) y “Luz”.

Al abrir esas puertas, recogimos fresas en los senderos de las muertes y la destrucción del huracán María; una relación disfuncional con una madre safari, el aborto, terapias grupales, lo trans, la mujer en su relación sentimental con el hombre, la mascota, la obsesión a la perfección del cuerpo, el ensayo de un coro de voces, entre otros.

Tal como lo hicieron el inglés William Shakespeare (1564-1616), el italiano Luiggi Pirandello (1867-1936), y los puertorriqueños Myrna Casas y José Luis Ramos Escobar, entre otros más, Burgos se expresa sobre la realidad de la profesión teatral. Aplaudimos su valentía al presentar el círculo vicioso del estancamiento a través de la inconformidad, la frustración, los chismes, y las quejas del equipo que pueden desembocar en grupos de intriga. Por supuesto, como Anton Chejov, la autora ama lo que señala.

El trayecto histriónico fue placentero, aun en lo más macabro de la más aterradora aceptación de la conciencia. (Foto Gabriel Quito Hernández)

El director Christian Nieves Santiago, quien incorporó el lenguaje de señas para sordos como una acción común en su universo, y lo mismo hizo con el público en el marco de su montaje arena a dos lados, se hizo dueño de un sofisticado tráfico escénico, muy evidentemente planeado y excelentemente ejecutado.

Entre otros asuntos sobresalientes en este trabajo, nos conmovimos con la sinceridad de la presentación de los cuerpos femeninos, desafiando lo establecido con aplomo y dignidad.

Nieves Santiago hizo gala de su dominio en la fusión mutlimedia y nos regaló una velada armónica en pensamiento, palabra y acción, entre todos sus componentes.

En una versión de la vida que recrea la vida sin líneas divisorias entre dimensiones, el director se expresó a través de la selección de los colores y el minimalismo en el vestuario, la utilería, y la escenografía. Ni más es menos ni menos ni más, lo justo. El público, que participó en un coro de voces, se integró con acción.

Nieves Santiago, quien cuidó las transiciones y los cambios de escena como obras de arte, debe velar por una más efectiva disposición de ciertos muebles, ya que, en un momento crucial, donde los actores estaban todos sentados, fue imposible la visual.

Georgina Borri (derecha) fue convincente en todos los roles que trabajó en esta pieza original de Kisha Tikina Burgos. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Los actores, ejecutaron con unión de propósito envidiable y magia encantadora, en el escenario. Laura Isabel Cabrera, José Eugenio Hernández; Leru Ruiz; Anthony Medjías, JIanna Pagán, Yussef Soto, Juan Pedro Colón, Miranda Purcell, aprovecharon, tanto el colectivo, como la individualidad.

Ponemos laureles en la frente de nuestra primera actriz, Georgina Borri. Convincente, deliciosa hasta la médula, y conmovedora por su disciplina, en todos los personajes que interpretó.

El corto metraje “Un día y una clave”, interpretado con autenticidad, por la actriz Laura Isabel Cabrera y el actor José Eugenio Hernández, nos agarró por su verdad.

“Crudo”, posible gracias a la colaboración del grupo teatral Caribe Bestial junto a la casa productora Anilom Inc., contó con el siguiente equipo: Daniel Torres Martin (asistente de dirección) Leru Ruiz y Anilom Inc (producción); Colectivo (escenografía y utilería); Carlos Mauras (asistente de utilería); Gabriel Soto Ruiz (vestuario); Lynnette Salas (luces); Jianna Pagán (adiestramiento de voces de señas); Anthony Mejías (coreografía), Javier O Neill (afiche y diseño gráfico).

El lenguaje de señas fue incorporado con eficacia a la propuesta teatral. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Un día y una clave: Christian Nieves (dirección artística); Actores Laura Isabel Cabrera y José Eugenio Hernández (actriz y actor); José Brocco (dirección técnica); Daniel Torres Martín (asistente de dirección); Leru Ruiz (producción); Carlos Mauras (asistente de producción); Surhail K. Navarro Acevedo (sonido); Sullay Y Melo Aponte (asistente de cámara); Rodrigo Feliciano (asistente de dirección), Patricia del Mar Ruiz Navarro (claqueta).

Aunque sabemos que la realidad inmediata de “Crudo” es puertorriqueña, el aspecto de la humanidad se presenta abarcador y se entiende como propio de cualquier país de mundo.

“Crudo”, es cruda y cruel, pero sensible y solidaria a la vez. Su jerarquía, proporción visual, elegancia en la composición y la ejecución en la forma y la expresión de su ensamblaje, invitan a disfrutarla, sin volver la mirada. La obra muestra un asomo de esperanza al final. ¡Merece varias funciones más!

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