Restrepo con la inmensidad de sus letras

La renombrada escritora se sintió ‘deslumbrada con la generosidad boricua, su altísimo nivel intelectual, el firme compromiso con su tierra y su vocación de libertad’.
La escritora y periodista Laura Restrepo fue una de las oradoras en la sesión de cierre del Segundo Encuentro Internacional de Escritores, celebrado en el Centro de Bellas Artes de Caguas. (Foto Edgar Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por Edgar Torres
Para la Fundación Nacional para la Cultura Popular

Es una autora colombiana que ha vivido, que tiene su brújula bien orientada… Así lo evidenció Laura Restrepo en su encuentro con el público la tarde del sábado 13 de abril en el Segundo Congreso Internacional de Escritores, que completaba cuatro días exitosos en el Centro de Bellas Artes de Caguas.

En la Sala Felipe “La Voz” Rodríguez -nombrado en honor a uno de los máximos intérpretes de Puerto Rico- Restrepo también “cantó”, pero verdades en sus palabras, con sus escritos.

A las 5:38 de la tarde, el maestro de ceremonia, el primer actor Braulio Castillo, hijo, presentó a Restrepo a los asistentes en la Sala Felipe “La Voz” Rodríguez, en el segundo nivel. “A lo largo de estos días varios de nuestros autores han hablado sobre esa figura básica de la ficción literaria que es el personaje”. Castillo mencionó que los escritores disertaron sobre el reto de entrar en el personaje, de la transformación del propio autor en personaje y de la relación de los personajes de ficción con la realidad.

Braulio Castillo hijo tuvo palabras de elogio en su presentación de la visitante de honor, Laura Restrepo. (Foto Edgar Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La autora de la novela “Dulce compañía”, “Delirio”, “Demasiados héroes” y “Hot sur” quiso agradecer, de entrada, “esta oportunidad tan maravillosa de estar en Puerto Rico, de disfrutar de este Congreso que ha sido de verdad maravilloso, impecable, de ideas… He conocido gente extraordinaria”. Recalcó que ha formado amistades que serán para toda la vida. Subrayó, además, “me voy enamorada del propio país, de San Juan, de Caguas…”.

Restrepo agradeció a “todos los puertorriqueños y puertorriqueñas que con tanto cariño me han acogido fuera del Congreso, en sus propias sedes, en sus casas”, mencionando, entre otros, a la Universidad Ana G. Méndez, el Museo de Arte Contemporáneo, el PEN Club de Puerto Rico, el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano y la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. “Hermanas, hermanos, más que amigos, me han deslumbrado con su generosidad, su altísimo nivel intelectual, el firme compromiso con su tierra y con el planeta, su vocación de libertad y de felicidad, y su amor por la vida. Muchas gracias y un abrazo inmenso”.

La entrada de Restrepo fue sencilla y se sintió arropada por el público, lo que se evidenció. Es una mujer de mirar profundo, que impacta al hablar y que estremece con sus escritos periodísticos y literarios. Carga sobre sus hombros una preparación académica impecable: graduada de Filosofía y Letras en la Universidad de los Andes y un postgrado en Ciencias Políticas. Su nombre sonó fuerte en la historia del país sudamericano porque en 1983 fue nombrada por el presidente Belisario Betancur como miembro de la comisión negociadora de paz entre el gobierno y la guerrilla M-19. Esa experiencia la plasmó en su reportaje “Historia de un entusiasmo”, testimonio por el que recibió amenazas de muerte y tuvo que emigrar de su tierra, viviendo en el exilio político durante cinco años entre México y Madrid, España, manteniendo contactos con el ala política del grupo guerrillero M-19, intentando crear un nuevo foro de negociaciones. Su labor culminó en 1989 cuando el M-19 abandonó sus armas y se convirtió en un partido de oposición legal, lo que permitió a Restrepo volver a Colombia.

En la ponencia que tituló “Madre nuestra que estás en la tierra”, explicando como preludio que “es una oración a Lucy, la primera negra humana de la que se tiene noticia que habitó en el planeta. Yo me dirijo a ella como nuestra abuela, nuestra primera madre…”.

Su conferencia evocó la presencia femenina en la historia llevando por título “Madre nuestra que estás en la tierra”. (Foto Edgar Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Salve, abuela, te digo, Lucy, aunque eres casi una niña, porque, pese a tus tres millones de años, se calcula que debiste morir a los 25. Y qué pequeñita eres, y qué graciosa, una mujeruca de apenas un metro con diez, y eso que estás erguida, porque inauguraste la costumbre de andar de pie, y una vez erguida aprendiste a mirar cada vez más lejos. Buscando con curiosidad… y con la esperanza de encontrar algo mejor más adelante. Por ahí vas tú, observándolo todo desde la altura que ganaste, muy garbosa y desenvuelta en dos patas, o mejor dicho piernas, según las llamamos hoy día. ‘Esa negrita que va caminando, esa negrita tiene su tumbao’, te cantaría Celia Cruz, la Guarachera Mayor, para celebrar tu recién adquirido garbo”, comenzó su ponencia.

Sin pausa, Restrepo continúo, “te tengo ante mí, Lucy, remotísima madre, primera hembra humana del planeta, yo aquí afuera y tú ahí adentro tú, resguardada en tu urna de vidrio en medio de este museo polvoriento. Y aquí vamos las demás, abuela Lucy, a ratos bien plantadas y a ratos a gatas, todo el mujererío del mundo siguiendo tus pasos. Mira no más qué muchedumbre, un hervidero de gente con sus vacas, sus cabras y burros en ese inmenso mercado donde se venden y se intercambian las cosas más insólitas, latones, sillas desfondadas, medallas, camisetas del Barça, trozos de manguera, periódicos de ayer. Mujeres con la cabeza envuelta en altos tocados de tela, gallardas y esbeltas como reinas de Saba…”

Un poco más adelante, y tras una breve interrupción para arreglar su micrófono, la autora prosiguió, “…elegantes de por sí, sin atuendos de marca costosa, ni modas, ni tendencias, y en cambio dotadas de una natural desenvoltura, como hiciste tú el lugar imposible, donde la vida sea posible, el lugar amable que nos abra la puerta… El santuario que proteja y pueda sentir cobijo, y te vuelva intocable frente al enemigo. Porque toda vida es sagrada, abuela Lucy, igual de espinosa vivir y otros destinados a morir, porque todo el pueblo es elegido y toda raza es bendita”.

La audiencia escuchaba con atención, mientras Laura Restrepo subrayaba, “cuando se viene encima esta tu multitud de desterrados y despojados, por las pantallas y la radio suenan timbres de alarma regando el pánico. El pánico a perder las posesiones, vienen a robarnos, dicen la gente que tienen con qué, vienen a quitarnos lo nuestro… Míralas, son de otro color, son desconfiables, creen en dioses raros…”.

En su ponencia nos recordó la situación bélica que atraviesa en estos momentos la Franja de Gaza. (Foto Edgar Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

En la oración le aclara a la abuela “Lucy” que no se engañe con la realidad que se vive, porque está “otro ser, esa otra… El miedo que hace estragos, que nubla la visión, llevando a la gente a las cosas más absurdas, como bandearse a codazos en el supermercado para acaparar el papel higiénico… Y a los gobernantes les da por pensar que lo pertinente, que lo solidario es tirarle rollos de papel higiénico, desde las escalerillas…”, siendo interrumpida por un fuerte aplauso.

Otro momento dramático de la ponencia fue cuando trajo a colación que “en Palestina hay un rincón del alma, abuela, que se llama Gaza. Escucha esa palabra, abuela, dila conmigo: Gaza, las cuatro letras de mi pena. Allí entre las ruinas, el humo y los escombros, una madre sostiene en brazos a su hijo ya sin vida. Está sentada sobre una piedra y en el regazo acuna ensangrentado al que fuera su luz y su vida”.

En su disertación Restrepo mencionó a los “enemigos demasiado grandes”, indicándole en su oración a la abuela “Lucy” que ‘te ves mínima y encogida frente a la magnitud del drama y hasta risa daría si no fuera asunto de lágrimas. Piensas que te estoy hablando de guerras, o mejor en singular, de una guerra, ¡la tercera!, la atómica, que sería la última. Te estoy hablando de hambruna, odios, racismo, pobreza, fascismo, sequía, y el soplo de la peste hasta llegar al honor de un genocidio”.

Los espectadores permanecieron silentes por muchos instantes ante las palabras contundentes de Restrepo, solo soltaron pocas carcajadas cuando lo ameritaba y aplausos de aprobación ante ciertas denuncias.

La autora colombiana apuntó que, sentada con la abuela Lucy, estarán recuperando, “esa prosa o ese verso que nos permita recomenzar, reinventar el mundo desde el amor y la ética, buscando la palabra perdida”, encontrándola en la voz del cantante, del poeta, del profeta.

Luego de recibir los “bravos” por su ponencia, Laura Restrepo reapareció nuevamente en la Sala Carmita Jiménez, ya que la esperaban sus lectores para que estampara su firma en libros adquiridos.

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