Aplauso insistente a un Primerísimo Actor

‘Aeroplanos’ marcó para Daniel Lugo su despedida del mundo escénico… Esperamos, de todo corazón, que esta no sea su última vez en las tablas de un escenario.
Con su acostumbrada sinceridad, Daniel Lugo expuso los motivos para concluir labores en los escenarios. (Foto suministrada)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Aunque se pueda pensar que es tarde para lo que vamos a hacer a continuación, porque la obra pasó y con lo fugaz de las presentaciones teatrales, perdimos la oportunidad cuando todos hablaban sobre el asunto, insistiremos.

El momento de coronar con laureles una trayectoria nunca pasa de moda. Sobre todo, si esa trayectoria hizo felices a muchas personas y llenó de gloria nuestra profesión.

Si deseamos hacer realidad la frase “prohibido olvidar”, necesitamos traer al presente a nuestros predecesores, a través de intercambios y conversaciones.

Carlos Esteban Fonseca y Daniel Lugo protagonizaron la obra “Aeroplanos” del dramaturgo argentino Carlos Gorostiza. (Foto suministrada)

En fechas recientes, uno de nuestros primerísimos actores se despidió del escenario teatral. Hizo declaraciones que salieron a luz pública, y las hizo desde lo más profundo de su corazón. Al escucharlo, nos dimos cuenta de que no sentía miedo de decir la razón práctica por la cual no quería volver a hacer teatro, y es posible que, sus expresiones molestaran a algunas personas.

Reafirmamos la importancia del poder de la sinceridad, la cual debe vestirnos con el atuendo de la desnudez imperial. Y es precisamente, esa sinceridad, contra toda adversidad, algo que ha caracterizado siempre a nuestro primerísimo actor Daniel (Tato) Lugo.

Al seguir ese ejemplo, y para expresarnos sobre él, nos toca, entonces, el turno de ser sinceros. ¡Nos fascina Daniel Lugo! Desde el momento en que Sofía de la Cruz informó que su esposo y socio Carlos Esteban Fonseca, estelarizaría una obra junto con él, revivimos con fuerza el recuerdo de la primera vez que tuvimos un encuentro con el entonces joven actor.

Para nuestro infortunio, y a pesar de que indagamos entre los vivos y los muertos que pueden tener información fidedigna y oficial, no logramos dar con la fecha exacta de la puesta en escena a la cual nos referiremos a continuación.

Suponemos que fue entre 1967 y 1969, y que se trató de una reposición producida por la Sociedad de Amigos del Teatro Español (creado por la actriz y académica, Gloria Arjona) y el entonces Departamento de Instrucción Pública.

Esa alianza había estrenado “Don Juan Tenorio” de José Zorilla, protagonizado por Ricardo Palmerola, con escenografía de Carlos Marichal, vestuario de Gloria Sáez y dirección de Pablo Cabrera, entre el 17 y 19 de noviembre de 1966, en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.

El elenco, glorias puertorriqueñas que no se encuentran ya entre nosotros, es digno de mencionar: José Luis (Chavito Marrero), Flavia Lugo, Paquito Cabañas, Rafael Enrique Saldaña, Alicia Moreda, Jorge Rechani, Alberto Rodríguez, Edwin Figueroa, Yolanda Villavicencio, y la propia Gloria Arjona, en el rol de doña Inés.

Lugo tomó las riendas del realismo en su interpretación orgánica de Carmelo. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Asistimos, entonces, a un ensayo de lo que suponemos como reposición de la referida producción, con Chavito Marrero, quien trabajaba en la obra. En el momento en que entramos por la parte de atrás del Teatro de la Universidad, un bellísimo espécimen de homo sapiens varón, abría la puerta del escenario. El joven de pelo oscuro y ojos enigmáticos, cuando vio a Chavito se acercó para decirle algo.

Lo único que nuestra adolescencia embelesada con aquel actor, recuerda de aquella conversación, fue que cuando el hombre se alejó, preguntamos: “¿Quién es ese?” Nos contestaron: “Ese es Tato”. Chavito se refería a Daniel Lugo.
Mientras mirábamos a Tato perderse en las escaleras que lo llevaban al camerino, una joven vestida de monja salió del escenario y se acercó.

Esa conversación, sí, la recordamos. Chavito le preguntó a la joven cómo estaba su abuelo, y el abuelo de la niña resultó ser el primer gobernador electo de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín.

La muchacha, hija de Gloria Arjona con su esposo Luis Muñoz Lee, era Gloriela Muñoz, actriz que interpretaba el personaje que su madre había interpretado. ¡Qué pena no tener un programa de mano con tal información!

Como dato, añadimos que nos enteramos, a través de amigos que les preguntaron, que Tato y Gloriela recuerdan que hicieron la obra, y Gloriela recuerda anécdotas. Pero ninguno de los dos recuerda, ni siquiera, el año de la producción.

En 1993, Daniel recibió el Premio al Mejor Actor otorgado por el entonces Círculo de Críticos de Puerto Rico por su carcaterización de “Carmelo”. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Que sepamos, el único programa de mano existente de don Juan Tenorio, en el teatro de la Universidad de Puerto Rico, para esos años, es el de la producción de 1966.

Existe, también, una noticia que se publicó en el desaparecido periódico El Mundo, sobre el estreno de Don Juan Tenorio, el 17 de noviembre de 1966, con foto de Ricardo Palmerola y Gloria Arjona, pero nada sobre el montaje que protagonizó Daniel.

Si alguien que lee estas líneas puede más luz al respecto, la historia del teatro en Puerto Rico lo agradecerá.

Lo que se mantiene vivo en nosotros, y de la misma manera lo comunicamos, es el impacto que tuvo Daniel Lugo en nuestra juventud, desde aquel ensayo general. Impacto que fue reforzado cuando lo vimos actuar, con un sello de marca y estilo muy propios, en distintos medios.

Con todo lo anterior en la emoción de niños maravillados que no temen ni a los bulos ni a los memes, asistimos a la última función de “Aeroplanos”, producida por Sofía de la Cruz y Carlos Esteban Fonseca, para En-pareja-2, en la Sala Felipe Rodríguez del Centro de Bellas Artes de Caguas, el último fin de semana de marzo.

“Aeroplanos”, del dramaturgo argentino Carlos Gorostiza (1920-2016), tuvo un exitoso estreno en el país de origen del escritor, en 1990. La obra ha sido representada en diversos países, con gran aceptación. No es para menos. La pieza es un testimonio de la amistad, la vejez y la búsqueda de sentido en la vida; impacto que no tiene fronteras geográficas.

Fonseca aportó su natural ternura, en cuerpo, alma y voz, a un personaje de 80 años. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Desde el inicio de la acción, el espectador asiste a un intercambio de anécdotas, bromas y confidencias entre dos seres humanos bien diferentes, Carmelo (cascarrabias contreras) y Cristóbal (dócil y llevadero), en un día crucial para ambos.

La obra, que saca su nombre del final de la pieza, cuando los dos amigos deciden escapar en un aeroplano, algo que uno de los dos (Cristóbal) no había hecho nunca, nos remite a la alegría y a la necesidad de compartir con alguien la dicha y el dolor de la existencia.

No era la primera vez que “Aeroplanos” se hacía en Puerto Rico. En 1993, Daniel Lugo (Carmelo), recibió el Premio al Mejor Actor otorgado por el entonces Círculo de Críticos de Puerto Rico. En aquella ocasión, su compañero de escena fue el fenecido actor, dramaturgo, director y productor puertorriqueño, Alberto Rodríguez (Cristóbal).

En esta ocasión, Carlos Esteban Fonseca fue el afortunado intérprete de una, igualmente, afortunada puesta en escena, destacada por movimientos mínimos, discreción en el tráfico escénico, minimalismo y muy buenas actuaciones, a la batuta de la directora, Emineh de Lourdes.

Fonseca aportó su natural ternura, en cuerpo, alma y voz, a un personaje de 80 años, el cual le creímos a plenitud. Lugo tomó las riendas del realismo en su interpretación orgánica de Carmelo. Un asunto sucedió a otro, con fluidez y dominio de oficio. Fue delicioso verlos a los dos.

El resto del equipo fue formado por: Aida Belén Rivera (regidora de escena); Enrique “Quique” Benet y Luis Felipe Rivera (diseño de escenografía); Enrique “Quique” Benet (diseño de luces y dirección técnica); Josué Matías (construcción de escenografía); Cristina Sesto (utilería y ambientación); José Raúl González (maquillaje y peinado); Abby Vargas (vestuario); Bryant Ramos (sonido); Frank Marrero y Daniel Lugo (versión puertorriqueña); Magdaly Cruz y Kenneth Delgado (asistente de producción); Sylvia de León (relaciones públicas); Victoria del Sol (arte gráfico); Wilfredo Omar Pérez (fotografía); Jonathan Ramos (Imperium) (redes sociales).

El binomio de histriones contó con la dirección de Emineh de Lourdes. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El grupo profesional, en pleno, funcionó en armonía para destacar lo que entendemos fue el centro y razón de este montaje: los actores, a la vez, en función de una hermosa y pertinente historia, de esas que nos unen en común humanidad y nos inundan con deseos de abrazar a los demás.

La disfrutamos, junto con el público, y junto con el público aplaudimos de pie.

Felicitamos a Sofía de la Cruz y Carlos Esteban Fonseca, por esta pertinente producción, en todo el sentido de la palabra, que al agasajar a un actor que merece muchos laureles, enaltece, de la misma manera, a todos los actores que hicieron lo mismo.

Felicitamos a la pareja, también, por mantener una variada y atractiva cartelera en el Moneró, espacio en el Centro de Bellas Artes de Caguas, que cada fin de semana busca el público de todas partes en Puerto Rico.

Finalizamos al decirle al joven que impactó nuestras vidas en aquel ensayo general en algún momento del final de la década de 1960: ¡Gracias, Tato, por habernos dado tanto! Esperamos, de todo corazón, que esta no sea tu última vez en las tablas de cualquier escenario del mundo.

Dato de interés –

Daniel Lugo y Carlos Esteban Fonseca dedicaron las funciones de “Aeroplanos” a quien en vida fuera amigo y compañero, y a quien también admiraron, el primer actor puertorriqueño, Miguelángel Suárez.

A continuación, las dedicatorias que aparecen en el programa de mano.

“Para todos los que le conocimos, Miguel fue un referente como actor y como amigo, por eso recordarlo y dedicarle esta pieza a su paso por nuestros escenarios es hacer honor a quien honor merece”. Daniel Lugo

“Daniel me propuso dedicarle este proyecto a Miguel. Habiéndole dedicado casi 100 funciones de ‘La noche que volvimos a ser gente’, habrá quien diga que Carlos Esteban le dedica todas sus obras de teatro a Miguelángel Suárez. Y tiene razón. Así es siempre. Aunque no lo escriba”. Carlos Esteban Fonseca.

Una buena biografía de Daniel Lugo se encuentra en la base de datos de la Fundación Nacional para la Cultura Popular. Prohibido olvidar.

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