Mágica ‘La armonía de las esferas’

Esta interesante puesta en escena es una experiencia teatral de vigencia y pertinencia en su contenido.
La vida del jazzista estadounidense Billy Tipton, inspira este drama delineado por el dramaturgo español Marcos Gisbert. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Sostenemos la creencia de que el vínculo entre la ciencia y el arte es la belleza, y que, por tanto, sus límites no tienen fronteras. Nuestra fe nutre sus latidos, en las dilectas disciplinas de las ciencias físicas y las matemáticas, donde las frases para definir teorías parecen versos de incandescentes poemas.

Por ejemplo, “La armonía de las esferas”, verso escarchado, es también el título de una antigua teoría de Pitágoras que afirma que el universo está gobernado según proporciones numéricas armoniosas y que el movimiento de los astros, según la representación geocéntrica del universo (Sol, Luna y planetas) se rige según proporciones musicales. ¡Belleza sin reservas!

Los actores Héctor Luis Rivera y Jorge Alexander en una de las escenas de la obra dirigida por Josean Ortiz. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Se dice que la teoría de “La armonía de las esferas” predominó en discursos de grandes pensadores, hasta el final del Renacimiento. Pero más allá de ese momento, el dramaturgo español Marcos Gisbert tomó prestada la frase que define el concepto y la colocó como título en una obra de teatro que, en 2019, desde que ganó el Primer Premio del XIII Certamen de Teatro Internacional Leopoldo Alas Mínguez para dramaturgia LGTBI+, de la Sociedad General de Autores de España (SAGAE), viene dando mucho de qué hablar.

Las esferas armónicas en la propuesta de Gisbert deambulan en la existencia mundana. El dramaturgo valenciano se inspiró en la vida del jazzista estadounidense Billy Tipton (1914-1989), quien nació como una mujer cuyo sueño más ardiente era ser músico de jazz.

Gisbert maneja el asunto con excelencia. La historia tiene su principio con la muerte de Billy Tipton, en enero de 1989. La autopsia revela que Billy es una mujer, algo que, ignoraban sus parejas sexuales (fueron unas cuantas) y sus hijos adoptivos.

Scott, hijo menor del jazzista, emprende una búsqueda obsesiva para descubrir la auténtica identidad de su padre. En su búsqueda, el joven se adentra al pasado, hasta el nacimiento en Oklahoma de quien creyó ser su padre, cuyo nombre original era Dorothy Lucille Tipton.

Sin haber descubierto lo que buscaba, Scott tiene que enfrentar su propia identidad. El dramaturgo revela la armonía en la complejidad de la verdad, invitándonos a reflexionar sobre nuestros más insospechados secretos, a través de una historia fascinante.

Rivera (izquierda) tuvo a su cargo la interpretación de varios personajes. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La intención del autor queda definida en un artículo que él mismo escribiera para la revista cultural Tarántula, el 31 de mayo de 2020: “Espectáculo, travestismo e identidad. Billy Tipton es un crisol de identidades, un mosaico de voces diversas que no juega a buscar un sentido o trazar una forma si alejamos la vista, sino que nos invita a, o nos advierte de que abracemos la otredad porque está ahí y se manifiesta con sus actos. Nada de teorías sicologistas; es todo performatividad. Homo faber en estado puro. Se trata de bucear en la polifonía de la historia de Billy y alrededor de Billy”.

La obra, tuvo su estreno mundial en junio de 2023, como parte del Hispanic Federation’s FuerzaFest LGBTIQ+ Arts Festival en Nueva York, y mereció un Premio LATA (Latin Alternative Theater Award) como Mejor Dramaturgia LGBTIQ+.
La misma producción subió a escena en Puerto Rico, entre el viernes 1 y 3 de marzo, en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

Esta puesta en escena nos agarró desde que entramos a sala y vimos el escenario (proscenio cámara negra con boca enmarcada), convertido especialmente para el montaje, y no nos soltó desde que el actor Anthony Mejías, con la máscara, se presentó como heraldo de las majestades que procesionaron a continuación.

La máscara resuena en las esferas armónicas con los logros y la satisfacción; es magia que descubre universos paralelos de posibilidades con pinceles de identidad. La máscara porta el estandarte de la dualidad humana. Nada mejor para indicar la verdad dual de un personaje presente en otro plano de la obra (Billy/Dorothy), y la búsqueda del quién soy del joven protagonista (Scott Tipton).

Anthony Mejías (derecha) fue creíble en la interpretación de sus diversos roles. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El uso de la máscara en esta obra nos recordó al tetro de Jean Genet, donde, más allá de ocultar rostros, la máscara, espejo de nuestras contradicciones, revela verdades incómodas.

Efectividad y acierto son las dos palabras que definen la propuesta de la producción para el texto de Gisbert.
La escenografía, minimalista, lució una pantalla de proyección al fondo, encima de dos niveles interesantes y no necesitó más. Las luces de Daniel Figueroa fueron precisas y atinadas.

El ágil montaje del director Josean Ortiz, con cambios de vestuario a la vista del público, recurrió a proyecciones entre fragmentos protagonizados por los distintos personajes, donde sobresalió la música que Billy Tipton interpretó.

Les creímos a Héctor Luis Rivera (Kitty, Dave Sobol, Hadda Baker, Betty) y a Anthony Mejías (Iowa, Ron, Máscara, Wayne), cada momento con sus personajes, fue un combate del cual salieron airosos.

De la misma manera, le creímos a Jorge Alexander su encantadora, y muy sincera, interpretación de Scott.

“La armonía de las esferas” es una experiencia teatral de vigencia y pertinencia en su contenido, y certera en su forma, que camina de la mano en acuerdo con todos los elementos que componen esta producción. Una obra que explora más allá de los límites y nos abraza con la tentación de aceptarnos como esferas de fragmentos sinfónicos con intrigas armónicas.

Jorge Alexander (izquierda) realizó una interpretación sincera de “Scott”.  (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Completan el equipo, Rafael Vachier (tramoya); Josean Ortiz (vestuario, utilería, sonido y proyecciones); Yarel Avilés (asistente de producción); Rubén P. Morales (productor asociado); Josean Ortiz y Kathy Tejada (producción ejecutiva)

“La armonía de las esferas”, en Puerto Rico, fue una producción de Teatro Experimental Blue Amigos TEBA y una presentación de la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

Datos de relevancia e interés –

Dorothy Lucille Tipton no ha sido la única mujer que ha adoptado la identidad de un hombre para conseguir algo que, como mujer, le fue vedado.

Hatshepsut, faraona del antiguo Egipto (1479-1458 a.C.), se vistió como un faraón para gobernar con éxito. Su reinado fue próspero y pacífico.

En el siglo VI, el padre de una joven llamada Marina, se convirtió a monje. El hombre vistió de niño a la niña, y ambos ingresaron en el Monasterio de Qannoubine, en Libano. Durante 16 años, Marina se llamó Marinus, hasta que la hija de un posadero, interesada en el joven monje, lo descubrió.

Catalina de Erauso, conocida como la Monja Alférez, nació alrededor de 1585 en San Sebastián, Guipúzcoa, España. Catalina se disfrazó de hombre y adoptó varios alias, como Pedro de Orive, Francisco de Loyola, Alonso Díaz, Ramírez de Guzmán y Antonio de Erauso.

En el siglo XVIII, Jeanne Baret, una botánica francesa, se disfrazó de hombre y se unió a una expedición científica alrededor del mundo. Fue la primera mujer en circunnavegar el globo terrestre.

Charles-Geneviève-Louis-Auguste-André-Timothée d’Éon de Beaumont, también conocido como Chevalier d’Éon, vivió en el siglo XVIII, abiertamente como hombre y como mujer en diferentes etapas de su vida.

Sarah Rosetta Wakeman, nació en Nueva York en 1843 y luchó en la Guerra Civil con el nombre de Lyon Wakeman. Antes de la guerra ya descubrió que siendo hombre encontraba más trabajos y ganaba más dinero y con 18 años ya trabajaba como controlador de carbón en el puerto.

Dorothy Lawrence, nacida el 4 de octubre de 1896 en Inglaterra, fue una mujer valiente que desafió las restricciones de género durante la Primera Guerra Mundial. Dorothy se disfrazó de soldado británico con la ayuda de varios militares. Con el nombre de Denis Smith, se convirtió en un soldado valiente y arriesgó su vida para cubrir la guerra desde la primera línea del frente.

James Barry, un cirujano británico del siglo XIX, vivió toda su vida como hombre. Solo después de su muerte se descubrió que era biológicamente una mujer que respondía al nombre de Margaret Ann Bulkley. Barry fue pionero en la cirugía y la higiene médica.

En 1901, la maestra española Elisa Sánchez Loriga se hizo pasar por hombre con el nombre de Mario Sánchez para casarse con su pareja, Marcela Gracia Ibeas, en una iglesia católica.

La lista es larga y no es secreta. ¡Nos inclinamos ante las vidas de estas personas valientes! Los alentamos a tener la curiosidad de indagar y a enfilar nuestros juicios personales del comportamiento de los demás hacia el respeto y la tolerancia de la verdad de cada cual.

Total
0
Shares
Noticias relacionadas
Leer más

¡Daniel Santos vive!

Por Alina Marrero Para Fundación Nacional para la Cultura Popular El pasado fin de semana, la Fundación Nacional…
Leer más

Sin tapujos ‘Casi BFF’

Por Joselo Arroyo Para Fundación Nacional para la Cultura Popular BFF es una abreviación urbana, en inglés, para…
Leer más

Danny Rivera es… Danny Rivera

El espectáculo ‘Cantares para ti, Mi Viejo’ en Bellas Artes de Santurce fue, sencillamente, otra muestra de lo privilegiado que somos los puertorriqueños de contar con su voz.
Total
0
Share