¡Gracias por tanto, Juan!

Alina Marrero, dramaturga, productora y reseñista teatral, rememora algunas de las vivencias compartidas con el maestro de la escena, Juan González-Bonilla.
Juan González junto a Alina Marrero en la noche del homenaje “Remembranzas de Candilejas”. Al centro, la directora del Departamento de Drama de la UPR, Jessica Aymée Gaspar Concepción. (Foto FB/AM)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El miércoles 27 de marzo, Día Mundial del Teatro, de este 2024, nos reunimos en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Nacional, para rendirle homenaje a Juan González Bonilla, Joseph Amato y a la compañía teatral que los representa, Candilejas, Inc.

El evento, organizado por Rafael Rojas y Javier Santiago, comenzó en el patio interior de la bellísima casa colonial que acoge a la prestigiosa entidad, en la esquina Fortaleza y del Cristo, de Viejo San Juan.

Vimos llegar, entre otros, a Linnette Torres, Marylin Pupo, Gilberto Valenzuela, Rafael Cruzado, José Vidal Martínez, Dr. Ismanuel Rodríguez, Aixa Ruiz, Adriana Pantoja, Dr. Antonio García del Toro, Wilma Colón, Mariana Quiles, Idamaly Jiménez, Lisette Rodríguez, Raúl Dones, Rosa Torres, José Cartagena, Yadilyz Barbosa, Vilma Colón, Josean Ortiz, Jetppeht Pérez De Corcho Morgado, Jacobo Morales y su esposa Blanca Eró, Edwin Ocasio, Edwin Batista, Joaquín Jarque, Marieli Durán, Daniel del Valle, Orlando Rodríguez y Ricardo Cobián.

El estudiante Eduardo Sánchez, de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, conversa con el dramaturgo al momento de cerrar el acto de homenaje el Día Mundial del Teatro. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Un momento de mucha alegría en el patio, fue cuando la directora interina del Departamento de Drama, Dra. Jessica Gaspar, llegó con sus estudiantes, Eduardo Sánchez, Luis Merced, Diana Isabel Ríos, Lara Ortiz y Geraldine Millán.

Los jóvenes, pertenecientes al grupo La Gallera del Departamento de Drama (UPR Río Piedras) ganaron el Combate Teatral que auspicio el ICP recientemente y llegaron hasta allí para agradecerle a Juan y a Joseph el legado que atesoran.

Mientras los compañeros, y amigos, iban entrando, el ambiente del patio se encendía de conversaciones y risas. Era la primera vez que Juan González se presentaba en público después del accidente que tuvo durante la pandemia, lo que aumentaba la exaltación.

No nos cansaremos de enumerar las aportaciones que nos legaron nuestros antecesores. Pero las anécdotas que compartimos con ellos hay que imponerlas de boca en boca, como se imponen las leyendas. Y sobre anécdotas tratan mis párrafos de hoy.

Nunca trabajé con Candilejas. Lo que guardo como un tesoro son vivencias de puro intercambio y desinteresada amistad.

Supe quién era Juan González a la vez que supe quién era Leopoldo Santiago Lavandero, Victoria Espinosa, y Nilda Martínez, cuando era una niña. Eran nombres muy mencionados en mi ambiente familiar.

Cuando fui creciendo, conocí a Juan como actor y como dramaturgo, y asistí a casi todas las obras de teatro que, en la década de 1970 y principios de la década de 1980, produjo con Joseph Amato para Candilejas, Inc. Pero no fue hasta octubre de 1983, que tuve mi primer encuentro significativo con él.

Un domingo en la tarde, llevé a Carlos Alberto, mi hijo de seis años, a ver “Los títeres de Cachiporra” de Federico García Lorca. El montaje de Victoria Espinosa, era precioso; amparaba jóvenes actores cuyas carreras florecieron, como Albert Rodríguez, Gil René, Luis Raúl y Edwin Francisco.

“Los títeres de Cachiporra”, protagonizada por Gladys Rodríguez y José Luis “Chavito” Marrero, marca un recuerdo imborrable de Alina con González-Bonilla. (Foto suministrada)

La obra estaba protagonizada por Gladys Rodríguez y Raúl Rosado. José Luis (Chavito) Marrero, pariente que trabajaba en la obra, nos había invitado; me dijo que llegara temprano y fuera tras bastidores para que Carlos lo viera maquillarse de verde, y así lo hice.

Al llegar, desde la parte de atrás del teatro, subimos las escaleras y entramos al escenario. Súbitamente, el Capitán Llavero (apodo mi hijo) se soltó de mi mano, corrió hacia un actor que estaba en el mismo medio del escenario y lo abrazó, muy fuerte por las piernas.

El actor se arrodilló para estar al nivel del Cayito (otro apodo de mi hijo) y le correspondió, con ternura, el abrazo. Me acerqué para separar al Cayo Chancleta (otro apodo de mi hijo), porque entendí que podía molestar, y vi que el actor tenía lágrimas en sus ojos. El actor era Juan González.

Me preguntó: “¿Quién es este niño tan lindo?” Le respondí: “Mi hijo Carlos Alberto”. Me dijo: “Es especial” Le aclaré: “Sí, tiene un diagnóstico de retraso mental leve con rasgos autistas”. Me interrumpió: “No, es especial por su sensibilidad, supo que yo necesitaba un abrazo”.

Desde ese momento, el Cayo Maximino (otro apodo de mi hijo) estuvo invitado a todas las producciones de Candilejas.

De esa manera, aplaudí, junto con Carlos a, “El hombre elefante” adaptación del guion de David Lynch, Christopher De Vore y Eric Bergrenen, en el Teatro Tapia, en 1984, y todos los Pinochos que tanto disfrutó. Desde aquel momento, también, Juan empezó a aconsejarme.

Cuando, en 1985, junto con Héctor Torres, Edwin Pabellón, Edwin Francisco y Pedro Orlando Torres, formamos la compañía de teatro sin fines de lucro, Producciones Reto, Inc., y llevamos a escena la adaptación de “La charca” de Manuel Zeno Gandía, Juan me llamó para ponerse a la disposición en cuanto fuera necesario, y no falló en el estreno. Lo mismo hizo con todas las obras que presentamos.

En 1986, al regreso de mi luna de miel, mi entonces esposo, Angel Domenech, y yo fuimos directo al Teatro Tapia desde el aeropuerto para el ensayo general de Pinocho.

En 1986 Producciones Candilejas fue merecedora de varios Premios Alejandro Tapia y Rivera – otorgados por el Instituo de Cultura Puertorriqueña – por la producción “El hombre elefante”. (Foto suministrada)

En una escena, donde Ángel (Papa Gepetto) estaba en el escenario con Gil René (Pinocho), Juan le gastó una broma entre cajas: “Sal de escena, Domenech, que Alina te está llamando”, le decía con mímicas, muerto de la risa. Más tarde me enteré de que Juan le gastaba esa broma a Ángel cada vez que podía.

Fueron muchas las producciones de Candilejas que gocé desde los ensayos generales, a los cuales Juan me permitía ir: “La jaula de las locas” de Jean Poiret, en el Teatro Tapia en 1988; “La fortuna y los ojos del hombre” de John Herbert. en el Teatro Tapia en 1991; “Palomas de la noche” de Juan González, en el Teatro La Perla en Ponce en 1992. “El aniversario de Pepe y Luis” de Juan González, en el Centro de Bellas Artes de Santurce en 1996, “Velorio Boricua” de Juan González en el Centro de Bellas Artes de Santurce en 1999.

En el estreno de mi obra “Vecinos”, protagonizada por Ángela Meyer y Carlos Esteban Fonseca y dirigida por Dean Zayas, en 1995, como parte del Trigésimo octavo Festival de Teatro Puertorriqueño que auspicia el Instituto de Cultura Puertorriqueña, Juan González fue parte del equipo tras bastidores en todas las funciones, y lo hizo en forma voluntaria.

Juan estaba dándole una mano a su amigo Luis González, productor de la obra, y me alentó mucho. “Esta es una noche que no olvidarás nunca”, me dijo en el estreno, “ve al segundo piso, donde puedes estar sola, y disfruta cada una de las líneas que escribiste”.

Juan me dio un abrazo y se fue a pasar revista sobre la utilería. Me dejó visiblemente emocionada. Ninguna otra persona que tuviera, o no tuviera, que ver conmigo, amigo, colega, maestro o familia, estaba conmigo en aquel momento tan importante para mí. Juan González estaba allí.

En el segundo piso de la Sala Experimental Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce, disfruté ver a Juan González tras bastidores tanto como disfruté mi obra.

Pasaron unos años, y no vi a Juan con frecuencia, hasta una noche de 2008 o 2009, en verdad no lo recuerdo bien. Estaba yo en la Sala René Marqués de Bellas Artes, con mi amigo Héctor Méndez, viendo una obra de teatro, cuyo autor estaba sentado justo detrás de mí.

Al poco tiempo de subir el telón, me enteré de que al autor no le gustaba nada lo que estaba viendo. Como es un autor con fama de saber usar el diafragma para decir lo que piensa, temí un escándalo allí mismo, y, en acción involuntaria, dejé de respirar.

Cuando me di cuenta de que la respiración no volvía, pensé que aquella era la última noche de mi vida. Como el único espectáculo que me gusta en el teatro es el que se ve en el escenario, sin respirar, logré subir las escaleras, sin hacer ruido.

En 1985 un grupo de emprendedores jóvenes fundaron Produccionbes Reto. De izquierda a derecha aparecen Edwin Pabellón, Alina Marrero, Edwin Francisco Rivera, Héctor Torres y Pedro Orlando Torres. (Foto suministrada)

Tan pronto abrí la puerta y llegué al vestíbulo le dije a un ujier: “Me estoy muriendo, no puedo respirar, hazme una traqueotomía”.

De algún sitio del vestíbulo (para mí que atravesó la pared), apareció Juan González, y con sentido de urgencia se acercó a mí. Como estaba desfiguradamente serio, pensé que iba a hacerme la traqueotomía con las manos, pero lo que hizo fue hablarme con gravedad: “Nena, si crees que vas a ser la primera en morir en un teatro en Puerto Rico, y me vas a postergar, estás bien mala”.

Con mis carcajadas, regresó mi respiración. Le debo esa, y es bien grande, a mi amigo Juan.

Después de salvarme la vida sin necesidad de una traqueotomía, no volví a ver a Juan hasta 2014, cuando lo llamé para que participara en un documental sobre Sylvia del Villard y nos hablara sobre la amistad que ambos sostuvieron. Nos reímos frenéticamente con las cosas que contó.

Después de ver a Juan en el estreno del documental, en agosto de 2014, en el Teatro Francisco Arriví, hablé con él, en 2021, con motivo de documentar su dramaturgia para REDRAM-PR, Registro de Dramaturgos de Puerto Rico, de acceso completamente electrónico y gratuito, producción de Adriana Pantoja para Cuarzo Blanco, Inc.

Conversé con Juan durante dos o tres horas diarias por cinco días, sobre los detalles de su teatro completo y pasé un tiempo exquisito.

REDRAM-PR estrenó el 27 de marzo de 2021, Día Mundial de Teatro, y fue una emblemática causalidad que, justo el mismo día, tres años después viera entrar a Juan González, con su rostro iluminado de felicidad, junto al igualmente feliz Joseph Amato, ambos fortalecidos en aplausos y demostraciones de respeto, admiración y amor.

Te quiero, amigo mío. Aunque quisiera corresponder la magnitud de la belleza y el bien que nuestros encuentros significaron en este pedacito de existencia que nos ganó la vida, lo único que tengo es un corazón incrementado en las palabras de estas líneas que con una oración voy a cerrar: ¡Gracias por tanto, Juan!

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