¡Ovaciones para el 53er Festival!

En un año de desbordante actividad histriónica, la recien concluida edición del Festival de Teatro Internacional merece laureles de oro por la excelencia de su programa.
El 53er Festival de Teatro Internacional se escenificó del 30 de septiembre al 12 de noviembre. (Foto suministrada)

“El hombre vulgar espera lo bueno y lo malo del exterior,
el hombre que piensa, lo espera de sí mismo”. (Anton Chejov)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Pronto, dará fin 2023, y nos urge revisar el año que ha sido uno de desbordante actividad teatral en los cuatro puntos cardinales de nuestro archipiélago. Comenzaremos al otorgar laureles de oro al 53er Festival de Teatro Internacional, que auspicia el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

El Programa de Danza y Teatro del Instituto de Cultura Puertorriqueña, dirigido por el Dr. Ismanuel Rodríguez, anotó unas cuantas estrellas con el regreso de los festivales de teatro, puertorriqueño e internacional, tal como fueron una vez. Y eso no fue lo único que hizo felices a todos.

El encuentro teatral estuvo dedicado al actor José Félix Gómez. (Foto suministrada)

El 53er Festival de Teatro Internacional, que fue dedicado al Dr. José Félix Gómez, académico y teatrero de vasta trayectoria y poderosa experiencia, se distinguió, además de por la cartelera teatral, por las actividades que giraron en torno a los temas y por haber tenido una interesante integración con la comunidad dominicana en Puerto Rico.

El conversatorio “Teatro del 60 y Teatro Breve”; “La verdadera historia de José Félix Gómez y la exhibición de su trabajo académico; el taller de actuación dirigido a niños a cargo de Repertorio Español; los conversatorios “Teatro Dominicano” y “El actor puertorriqueño en el ámbito internacional”; la presentación del libro de la Dra. Rosalina Perales, “Teatro Post Independencia en Eslovenia”; y el “Simposio de National Latinex Theather Alaia” (NLTA), fueron actividades del Festival Internacional de este año, libres de costo.

Aplaudimos los encuentros de confraternización que se dieron para abrir (30 septiembre, en el Teatro Shorty Castro) y cerrar el festival (12 de noviembre, en La Respuesta), y esperamos que se sigan dando.

La cartelera, que se presentó desde el 6 de octubre y el 13 de noviembre, tuvo los siguientes títulos: “Paseando a Miss Daisy” de Alfred Uhry, producción de La Comedia Puertorriqueña; “La breve y maravillosa vida de Oscar Wao”, adaptación al teatro de la novela (Premio Pulitzer de Ficción 2008) del escritor dominicano Junot Díaz, por el dramaturgo dominicano Marco Antonio Rodríguez, producción de Repertorio español; “Madres de la Plaza de Mayo” de Stephanie Alison Walker, producción de Corillo Eventos; “Tío Vania” de Antón Chejov, producción de Anilom, Inc.
Aunque de esta entrega solo pudimos ver “La breve y maravillosa vida de Oscar Wao” y “Tío Vania”, habíamos aplaudido “Paseando a Miss Daisy en una ocasión anterior, y hemos recopilado datos sobre el impacto que tuvo “Madres de la Plaza de Mayo”, para comentarlos pronto.

La breve y maravillosa vida de Oscar Wao – 

“La breve y maravillosa vida de Oscar Wao” contó con la dirección de Marcos Rodríguez. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“La breve y maravillosa vida de Oscar Wao” dirigida por Marcos Rodríguez, estrenó en el teatro de Repertorio Español en Nueva York, el 12 de octubre de 2019. La producción celebró su cuarto aniversario con sus presentaciones en Puerto Rico. Un entusiasta público nutrido ovacionó cada función.

La historia, desde la novela, agarra. Oscar es un joven ingenuo, romántico (casi Werther), que sale de una madre absoluta en Santo Domingo para estudiar en la Universidad de Rutgers, New Jersey, junto con su nada dócil hermana. El joven, que tiene como norte enamorarse y perder la virginidad, también sueña con ser el J.R.R. Tolkien (1892 – 1973) dominicano.

Yunior, compañero de cuarto, le enseña cómo conquistar a una mujer, mientras, conquista a Lola, la hermana de su amigo. Oscar, que tiene gustos para las mujeres parecidos a los de Armando Duval, deja todo para regresar a Santo Domingo, donde se le revela una crónica que solo saben su madre y una mujer muy cercana a quien le dicen La Inca.
Una maldición que ronda la familia por generaciones, atormenta a Oscar, el fukú, y ese fukú es causante de todas sus desgracias.

La producción celebró su cuarto aniversario con sus presentaciones en Puerto Rico. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Adaptar al teatro una novela laureada y conocida, es un arma de doble filo. El público, y algunos críticos, esperan ver en escena una copia fiel, o facsímil razonable, de la novela. Pero en el teatro, aun al exponer hechos de la vida real, ser fiel a esa realidad, por razones de tiempo y espacio, no es un requisito. Sostenemos que la fidelidad a la realidad es asunto legal de la elección de un autor.

El libreto de Rodríguez, el cual se escribió en inglés, y se tradujo al español para el montaje, repleto de palabras sabrosas y sandungueras, propias del dialecto dominicano, con personajes definidos, y diálogos ágiles, bien construidos, funcionó.

En la novela, es evidente el vínculo entre el fukú y la política (la dictadura de Rafael Trujillo entre 1930 a 1961), la obra de teatro se concentra en la situación existencial de Oscar, dominicano en la diáspora, cuya historia de burlas y atropello, reverencia hermosamente a los inusuales, que se sienten descartados.

La terrible realidad de la familia con el dictador Trujillo entra como un convincente elemento sorpresa en una escena de retrospección, muy bien construida.

La obra de teatro se concentra en la situación existencial de Oscar, dominicano en la diáspora. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Como director, Rodríguez hizo buen uso del espacio. Las composiciones fueron básicas y el tráfico escénico, justo.
La funcional escenografía, prácticamente en colores primarios, con elementos que destacaron, entre otras cosas, la bandera de la República Dominicana, definió a la perfección la pueril personalidad del protagonista. Las luces, el sonido, y el vestuario, se fundieron en unión armoniosa con el todo del montaje.

Los actores, bien escogidos, cumplieron con sus respectivos roles. Aplausos para Reynaldo Romero (Oscar), Mario Peguero (Yunior), Altagracia ‘ANova’ Nova (Lola), Arisleyda Lombert (La Inca), Maite Bonilla (Beli), Belange Rodríguez (Jenni / Ybón Pimentel), y Mario Mattei (Dionisio / Capitán / Hombre en Nueva York).

Los actores, bien escogidos, cumplieron con sus respectivos roles. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Completan el equipo: Melanie May (diseño de escenografía); Nathan Leigh (diseño de sonido); Inés Zapata (diseño de luces); Leni Méndez (diseño de vestuario); Marco Antonio Rodríguez (versión en inglés); Fernando Then (gerente de producción); Victoria Pérez (asistente de dirección); Ernesto Monge Marín (asistente “Intern” de producción); Sara Buitrago (supertítulos), Robert Weber Federico (productor ejecutivo emérito); Rafael Sánchez (director artístico ejecutivo).

Felicitamos a Repertorio Español, y a todas las personas que integran este montaje, por los cuatro años de éxito con esta producción.

El ‘Tío Vania’ de Anton Chejov – 

La primera vez que tuvimos un encuentro con “Tío Vania” de Anton Chejov, fuera de las páginas del texto, fue en el Circle On The Square en Nueva York, en 1973. La producción causó revuelo por la constelación que estelarizaba en un teatro de apenas 650 butacas.

Entre las estrellas figuraban Julie Christie (Yelena Andreyevna), George C. Scott (Mikhail lvovich Astrov), Nicol Williamson (Ivan Petrovich Voinitsky Vanya), y Elizabeth Wilson (Sofya Alexandrovna Sonya). La obra estuvo producida y dirigida por Mike Nichols. Tenemos este soberbio montaje en teatro arena, muy vivo en nuestra memoria.

“Tío Vania”, en producción de Omar Torres Molina para Anilom Inc., cerró el 53er Festival de Teatro Internacional. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

De todas las obras de Anton Chejov “Tío Vania” nos es predilecta. En la misma, como en todo el brillante teatro de Chejov, la acción y el conflicto son, prácticamente, inexistentes y nada se resuelve.

Los personajes no consiguen lo que quieren, son cobardes, se enamoran de quienes no les corresponden, sienten hastío, están insatisfechos y no hacen nada para cambiar la situación. No obstante, los amamos profundamente.

“Tío Vania” tiene una vigencia tan sorprendente, con temas como la preservación del ambiente, que parece que el tiempo no ha pasado. Algunos temas, como la venta de una finca para sacar dinero, se repiten en el teatro global. No es difícil imaginarla en cualquier época o país.

Atesoramos la creatividad y apoyamos todo lo que implica un montaje que se sale de la línea para colorear. No obstante, hay ciertos asuntos que debemos respetar, porque si prescindimos de los mismos, estaremos a bordo de una nave que nos va a conducir hacia otra parte.

El físico de los personajes de “Tío Vania” forma parte integral de la trama. La belleza de Yelena, por ejemplo, es el motivo de la inercia general. La fealdad de Sonia no puede tomarse con frivolidad. Una es irresistiblemente bella, la otra es feíta, y Chejov no está hablando de belleza o fealdad interior.

Los actores Efaín Rosa y Miguel Diffoot en una escena de la obra de Anton Chejov. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Tampoco debe alterarse la clase social. Chejov explora la clase social a punto de colapsar que él conoce, y la presenta con un realismo sin precedentes, donde todo lo que pasa es un minuto detrás del otro. Con todo, nos hipnotiza a nivel de adicción.

Aunque, después que Konstantín Stanislavski (1863–1938) la dirigiera como drama, en su estreno de 1900, la suerte de esta obra ha sido ser un drama, le creemos al autor cuando indica que su pieza es una comedia. Y el público le da la razón. No he presenciado un solo montaje de “Tío Vania” donde las personas no se rían en los mismos sitios, no importa cuán alejado y solemne sea el estilo del director.

La versión de Torres Molina inteligente y muy sensible, reduce los cuatro actos a un solo acto de hora y treinta cinco minutos de duración, y mantiene cinco de los nueve personajes: Aleksandr Vladímirovich Serebriakov, Elena Andréievna Serebriakova (Yelena); Sofía Aleksándrovna Serebriakova (Sonya); Iván Petróvich Voinitski (Vania); Mijáil Lvóvich Ástrov.

El montaje de Molina aporta creatividad en el vestuario contemporáneo, y la simbólica escenografía, pletórica de heno. Encima del heno se colocaron los muebles y los demás artefactos que el exige el libreto. Aplaudimos el diseño, como una gira por la esencia de Vania. No obstante, nos hizo mucha falta el samovar.

El montaje de Molina aporta creatividad en el vestuario contemporáneo. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El director desarrolló su montaje en composiciones hermosas, un tráfico escénico sin prisa, pero con ritmo, y el trabajo con los excelentes actores que se pusieron en sus manos.

Miguel Diffoot dio vida a Vania, enamorado de Yelena, completo y convincente. Efraín Rosa interpretó a Astrov, enamorado de Yelena, con dignidad. José Felix Gómez bordó los hilos del viejo Serebriakov, casado con la joven Yelena, en forma brillante.

Las actrices, Yaiza Figueroa como Sonya, enamorada de Astrov y Laura Isabel, enamorada de Astrov y casada con Sereviakov, cumplieron con sus respectivas interpretaciones.

Completan el equipo El Omar (Asistente de dirección y regidor); Omar Torres (Diseño de escenografía y utilería); Lynnette Salas (Diseño iluminación); Elenco con Paloma Gutiérrez (Diseño vestuario); El Omar (Fotos de promoción); Lourymar Merced (Maquillaje y peinado para fotos); Gil René (Asesoría de piano); Espacio Sináptico (Grupo Técnico).

No todos los años, una obra de Chejov aporta su magia al quehacer de nuestros escenarios. Nos emociona la ocasión. Esperamos una pronta reposición de esta puesta en escena, producción de Omar Torres Molina para Anilom, Inc.

¡Ovaciones para el 53er Festival de Teatro Internacional que auspició el Instituto de Cultura Puertorriqueña!

La versión presentada en este cierre del Festival fue inteligente y muy sensible, reduciendo sus cuatro actos a uno solo de hora y treinta cinco minutos de duración. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)
Total
0
Shares
Noticias relacionadas
Total
0
Share