La Dinastía Villanueva

El trovador José Miguel Villanueva abrió su casa a la Fundación Nacional para la Cultura Popular para conocer más sobre su quehacer musical y su familia.
El trovador José MIguel Villanueva, conocido en el ambiente musical como “El Hijo las Musas”, posa sentado junto a sus hijos, (de izquierda a derecha) Eduardo, Ricky y José MIguel “Juni”. (Foto Wilma Colón ra Popular)para Fundación Nacional para la Cultu

Por Vicente Toledo Rohena
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El calor agobiante se entrelazaba con la brisa momentánea, que acariciaba de manera tímida la llamada ‘Sabana del Palmar’ y ‘Cuna de Trovadores’. Precisamente, el viaje de San Juan hasta Comerío fue para visitar el hogar de ‘El Hijo de las Musas’ José Miguel Villanueva.

En el recinto sagrado de José Miguel y su esposa Aida Luz Serrano se respira paz y quietud. Un jubiloso recibimiento se combinó con su hábitat encantador. Cuadros que expresan distintas vertientes del arte adornan las paredes. Una obra de Antonio Martorell retrata de manera impactante el rostro del trovador, quien acopla el arte con una interesante colección de sombreros. La cercanía al mediodía era anunciada por el rico aroma gastronómico que anunciaban un suculento almuerzo confeccionado por las manos de la anfitriona.

La tertulia con Villanueva no estaría completa sin la participación de sus hijos José Miguel (Juni), Ricardo (Ricky) y Eduardo, quienes llegaron con sus compañeras. De pronto, aquella pausa de susurros quedó atrás. Había reunión familiar. La folclorista y trovadora Yezenia Cruz (esposa de Eduardo) fue la cómplice de este encuentro con la dinastía Villanueva. Difícil, que el tema obligado o fiel forzado de plática fuera la música. Eduardo y Ricky lo lideraron.

José Miguel Villanueva comenzó su caminar en la trova campesina desde temprano en su infancia. (Foto Wilma Colón para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Tras instantes de tertulia, anécdotas e historias llegó el momento de conversar con el patriarca-trovador. La intimidad del balcón habitó el espacio para la conversación, que competía con el cantar de las aves, la tímida brisa y el calor incesable.

“Yo llegué a la música, porque entiendo que nací con la música. Este amor por la música nuestra viene gracias a mi abuelo (Juan Rosario) que, cantaba; y a mi madre (Edelmira Rosario) quien también trovaba. Eso me dijeron… Con seis años, recuerdo que cantaba en Morovis. Y ya a los 12 improvisaba”, así ‘rompió el hielo’ Don Villa, quien admitió que siempre lo atrajo la música típica.

Admirador del trovador Germán Rosario, pausadamente dijo que comenzó a cantar con el trío Los Guaynabeños.

“Cantábamos música de trío, pero tocábamos muy bien la música típica. Recuerdo que en Caguas participé con varios grupos musicales como Los Soneros del Turabo, Los hermanos Camacho y otros. Fue con Los Soneros del Turabo que logré mi primera grabación, un disco 45”, comentó tras un viaje retrospectivo, el trovador de 75 años.

Para Villanueva, aunque los tiempos parecen ser distintos en comparación con el ayer y el hoy musicalmente hablando, inclina la balanza pensando que en general, sigue siendo similar en cuanto a los cantantes y estilos.

“También canté mucho en Bayamón con diferentes grupos, en donde hice mucha música típica, y donde además interpreté plena y guaracha. Eso fue en un tiempo en que trabajaba en una empresa privada, pero, me dediqué al cantar campesino. De ahí, iba al pueblo que me llamaran a cantar. De esta manera visité muchísimos pueblos por más de 20 años”, destacó el patriarca de los Villanueva.

El patriarca de los Villanueva se siente sumamente orgulloso de haber sembrado la semilla del cantar campesino en sus hijos. (Foto Wilma Colón para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Su hijo mayor Juni, no trabaja dentro del ambiente musical, pero sí, conocemos sobre la aportación que continúan realizando Ricky (trovador y cuatrista) y Eduardo (trovador, instrumentista y compositor).

“Cuando identifiqué que ellos deseaban adentrarse en la música, me sentí orgulloso. Recuerdo que cuando eran niños, para un Día de Reyes en vez de recibir un juguete, les llegó un cuatro para Ricky y una guitarra para Eduardo. A los ocho años, Eduardo improvisaba conmigo. Les fui escribiendo sus primeras décimas como hasta los 14 años, después ellos mismos las escribían. Eduardo ganó competencias de trovadores desde muy joven. Logró su primer triunfo a los 16 años en las fiestas patronales de Morovis. Ese mismo día, antes de que Eduardo ganara, había un concurso de cuatristas y Ricky lo ganó también. Una satisfacción inmensa”, expresó el orgulloso abuelo de cinco varones y una fémina.

“Para mí la vida es Dios. Y Dios me ha regalado una familia hermosa y un sinnúmero de amigos sinceros… Un momento especial con los muchachos fue, cuando ellos estaban adolescentes y formamos un grupo. Ya para ese tiempo estaba con el grupo Mapeyé. Dejé que los muchachos seleccionaran el nombre del grupo típico y lo llamaron Agueybaná. Hacíamos diversos tipos de música. Ricky tocaba el instrumento nacional (cuatro), Eduardo la guitarra; y cantábamos los tres. Entonces hablé con Tony (José Antonio Rivera-Tony Mapeyé) y le dije, que debía quedarme con los muchachos, pero que estaba a la orden de Mapeyé, siempre y cuando no tuviera compromiso con mis muchachos. Me pidió la recomendación de un trovador, y le sugerí a Isidro Fernández”, narró Villanueva, quien fue enfático en decir, que seguirá cantando hasta que Dios quiera.

“Juni”, hermano mayor (extremo izquierdo) siente un gran respeto por la labor realizada por su padre y sus hermanos en el arte. (Foto Wilma Colón para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Además de cantante, se ha destacado como un prolifero compositor de más de 4,000 obras. Sus canciones han sido grabadas por una cantidad de grandes artistas como Alfonso Vélez, La Familia Sanabria, Ángel Luis García, Luis Morales Ramos y Juan Pablo Rosario por mencionar algunos.

El trovador natural de Morovis y quien lleva seis décadas haciendo música, fue bautizado artísticamente como ‘El Hijo las Musas’ por el gran espinelista, Gregorio Rivera y secundado por Luis Miranda. Es un gigante de nuestra música y es admirado y respetado por su excelencia, gran compositor y extraordinario estilo al momento de improvisar. Ha viajado por diferentes países, y es de los primeros en viajar a los encuentros internacionales junto a la Orquesta Criolla Nacional de Tony Mapeyé; y el Grupo Típico Boricua de Güiso Pérez.

La familia expresa palabras sobre el patriarca –

La compañera inseparable de Villa, Aida Luz Serrano, después de ofrendar un suculento arroz guisado y exquisito pollo condimentado con bendiciones y buenos deseos, compartió algunas palabras sobre su compañero por 45 años.

“Para mí ha sido fácil lidiar con la música en mi hogar. Vengo de una casa con un padre cuatrista. En mi casa también existió siempre la música. No faltaban las parrandas, músicos y fiestas; y esta relación con Villa, se me hizo fácil. Me reflejé en mi mamá”, expresó con alegría.

Doña Aida Luz Serrano, aquí junto a su compañero de vida, siempre ha estado rodeada de música en su núcleo familiar. (Foto Wilma Colón para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“En cuanto a Ricky y Eduardo ya en la música, cuando llegaban tarde me preocupaba mucho… pero siempre estaba en comunicación. Sabía con quienes andaban. Siempre me dediqué a mis hijos. Yo trabajaba, pero cuando nacieron dejé de trabajar para dedicarme a ellos. Siempre los apoyé cien por ciento, cuando decidieron entrar a la música. Tomaron clases con Francisco Alicea -cuatrista y buen profesor de Caguas- tras recibir los instrumentos musicales como regalo de Día de Reyes. La primera vez que Eduardo cantó no sabía que lo haría…tenía como seis años. Fue en un programa radial de Bayamón, algo bien sorprendente”, destacó Aida.

Por otro lado, para José Miguel ‘Juni’ Villanueva, hijo mayor del trovador, los lentes de las cámaras fotográficas, las grabadoras y entrevistas, no forman parte de su cotidianidad. Se encuentra alejado del ambiente musical.

“Intenté estar en la música… Mi papá me escribió una canción y competí a nivel escolar, llegando en segundo lugar a nivel de Puerto Rico. Pero hasta ahí. Siento un gran respeto por todo el trabajo que mi padre y mis hermanos hacen. Eso de la música, se lo dejo a mi papá y mis hermanos… estoy aquí para apoyarlos”, dijo humildemente.

Sobre el orgullo que siente por su progenitor, señaló que recibe grandes elogios de parte de los compañeros y amigos del jefe del clan Villanueva.

“Siempre ha sido el mismo… Todos hablan bien de él. Palabras de elogios, principalmente destacan su humildad. Lo quieren mucho. Esto es demostrativo de cómo se proyecta con sus amigos y la gente”, terminó diciendo.

El recorrido musical de Ricky y Eduardo Villanueva es uno de admiración. Ambos han desarrollado identidad musical y aportan grandemente desde sus diversos frentes. Ricky, más allá de sus logros musicales hasta el momento, recordó sus inicios y entrega al género típico.

La familia Villanueva en pleno posa para la cámara en un momento de fraternidad. (Foto Wilma Colón para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Estoy en una relación con la música desde los seis años. Si Villa no fuera mi papá, a lo mejor no fuera músico ni trovador, mira cuan grande es su influencia. Pienso que la exposición es lo que te coloca por ciertos caminos. Cuando tenía 14 años, empecé a tomar clases de cuatro, pero desde antes, ya había tenido la experiencia con las cuerdas. Ya, a los 14 años, empezamos a formalizar lo del conjunto ‘Agueybaná’. Todos cantábamos y teníamos muchos músicos que nos ayudaron en el proceso”, resaltó Ricardo Villanueva.

Mientras Eduardo -el Benjamín del grupo- soltó una guitarra que sostenía en sus manos, para platicar de su progenitor y participar de lo mágico de la retrospección.

“Me enamoré de todo esto desde muy pequeño. Era el que siempre iba con mi padre a todos sus compromisos. Soy el menor, y estaba siempre con él. Fue una época bien linda. Una época en donde había muchas actividades por toda la ruta 167. En aquel momento, era la ruta del lechón. Existían muchos negocios y en todos se escuchaba música típica todo el año. Existía una gran cantidad de trovadores excelentes que coincidían en la zona. Me crie escuchándolos, como una esponja. Aprendiendo. Por esos es que me conozco muchas décimas de mi papá y de otros trovadores. En los tiempos de Mapeyé era un niño, y me pasaba detrás de ellos. Ya para Mapeyé como eran festivales y viajes largos, en la mayoría de las ocasiones, íbamos todos. Que gratos recuerdos”, expresó con nostalgia.

Todo tiene su final. Como toda buena tertulia o buen compartir llegó el momento de ‘recoger los bates’ como diría un comentarista de béisbol. El encuentro con la dinastía Villanueva, fue una exquisitez, un oasis, un verdadero deleite.

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