‘Jesús’… más allá de Semana Santa

El Teatro Victoria Espinosa fue escenario para una interesante propuesta cuyo mensaje está exento de caducidad.
“Jesús”, escenificado en el Teatro Victoria Espinosa bajo la producción de JOM Events, se salió del marco convencional al abordar el personaje bíblico con enfoque y pertinencia actual. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por Joselo Arroyo
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

No existe la menor duda de que Jesús es uno de los personajes más importante de nuestra historia. Afirmarlo es completamente lógico si tomamos en cuenta que un gran por ciento de la población mundial es cristiana. Además de la Biblia, por supuesto, El Nazareno como personaje ha sido uno de los más representados en la historia en todas las manifestaciones del arte; pintura, poesía, música, danza, novelas, películas, musicales y por su puesto… teatro. Ha habido miles de formas de abordar este icónico personaje a través de la historia. Algunas con resultados satisfactorios, otras con reacciones adversas o controvertibles. Después de todo, siempre habrá público resistente al cambio ante los puntos de vista que rompen con lo acostumbrado.

El primer encuentro del público con los personajes se da antes del comienzo de la función. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El pasado sábado 19 de agosto, en el Teatro Victoria Espinosa de Santurce, el público pudo apreciar la más reciente personificación de este emblemático personaje. Luego de unos minutos de espera en el vestíbulo del recinto artístico, los asistentes entraron a sala donde encontraron a miembros del elenco ubicados en distintas espacios – asumiendo posturas de sus personajes – dando un preámbulo de lo que estarían próximos a presenciar.

Cuerpos ataviados con ropajes alusivos a la usanza de la época, caminaban de un punto a otro del escario con velas en sus manos. Gente de pueblo, soldados romanos, Pilato y su esposa, eran algunos de los personajes que se podían reconocer a simple vista. Del mismo modo, en la entrada de la sala, estaba ubicado el personaje de Jesús quien era asechado por un desafiante Satanás.

Las tradicionales llamadas para comenzar formalmente la presentación fueron personalizadas con parlamentos clásicos y reconocibles del personaje central de la cristiandad. Una voz potente y amorosa recitaba en primera persona momentos que Jesús vivió, estableciendo y reforzando el estado anímico necesario para disfrutar la pieza. El drama comenzó y con él la recreación de momentos importantes previos a la crucifixión y muerte de Jesús. Entonces un participante del mundo contemporáneo se levantó desde su butaca para explicar la pertinencia actual de lo que posiblemente se había visto como una referencia distante. El narrador, detiene la acción de los tiempos bíblicos para bañarlos de la cotidianidad, dotando la propuesta teatral de una adecuación necesaria.

La pieza contó con adaptación, actuación y dirección de Doel Ramírez. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El montaje enmarcado con música en vivo brindaba un contexto emocional y moderno a los presentes. Canciones como “Pienso en ti” de Shakira, “Está cayendo” de José Luis Reyes, “Supe que me amabas” de Marcela Gándara, “Paz en la tormenta” de René Carias, “La traición de Judas” de Marino y “Enciende una luz” de Marcos Witt bordaron musicalmente la acción escénica. El público no solo estaba viendo una puesta más de la muerte y pasión del Cristo, dejándolo en su momento histórico. Esta vez, el texto de Doel Ramírez, mediante su narrador, abordaba la historia y la importancia de su mensaje relativo al presente. El público formó parte de la acción ante preguntas directas de los personajes a las gradas, que alumbraban los rostros de los escogidos para sumergirlos en la experiencia teatral. Temas y visiones tradicionales contrastaban con ideas novedosas como era ver a María, madre de Jesús, también crucificada, reforzando el simbolismo que el amor de madre siempre va a desear cambiar de lugar con su hijo con el fin de evitar su dolor.

Luego de la muerte del Jesús en la cruz se hace una reflexión al amor que lava el pecado de la humanidad, mostrando entonces a un Satanás, molesto con gritos de frustración al no lograr su fin. Un final esperanzador luego de la resurrección daba al público un regocijo de amor frente a una cruz flotante en el medio del escenario. Imagen que resultó ser el final de la experiencia ya que la puesta careció del tradicional saludo del elenco al finalizar la pieza.

El movimiento escénico se desplazó por todos los ángulos posibles para aportar al intenso drama. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Doel Ramírez, además de adaptar y actuar en la pieza, también es quien la dirige atinadamente. Ramírez entregó un trabajo lleno de emoción y dramatismo. Es notable que tomó su tiempo para delinear junto a sus actores los perfiles de personajes estuvieron cuidados al detalle. También regaló composiciones altamente estéticas y referencias hermosas como “La piedad” de Miguel Ángel, al ver a la madre con su hijo muerto al bajar de la cruz. Realmente mágico. Ramírez hilvanó una experiencia inmersiva para el público, llevando la acción a la gradería en momentos, y la salpicó de otros detalles para lograr que los presentes se sintieran testigos activos de lo que estaban presenciando. Utilizó planos, niveles y maximizó los recursos disponibles en la sala para jugar con sus actores y moverlos por todo el espacio, dándole dinamismo a la pieza llevando y dirigiendo la atención del público a donde fue necesario.

La escenografía -carente de crédito en el programa de mano- suponía un espacio abierto con hojas secas en el suelo. A un costado tenía una estructura en la cual esperaba la emblemática cruz. Del lado contrario estaban ubicados los músicos. No requería más. La propuesta fue simple, minimalista y funcional. Recayó sobre la iluminación – a cargo de Manotéknica inc. LLC y el propio Ramírez – la responsabilidad de delinear espacios, dirigir la atención del público, ambientación y establecer estados anímicos para adentrar a los presentes en la experiencia. El resultado fue uno hermoso y altamente estético.

Julio Vizcarrondo como narrador asumió su reto con soltura, cotidianidad y agilidad. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El vestuario de José Armando Santos y Edgardo Cortés, cumplió con su cometido. Definió a los personajes con piezas justas para lograr su individualidad y jerarquía de acuerdo a los roles interpretados. Así mismo el maquillaje, a cargo de Yerilis Rivera, brindó un balance entre lo natural y lo altamente dramático, todo en función de los personajes. La música, delineada por Ramírez, combinó canciones en vivo y sonidos grabados que reforzaron la acción y la avalancha de emociones que generó la puesta.

Resultó un poco lamentable – en la función del sábado- el nivel de audio elevando que en ocasiones impedía escuchar a los actores. Las entradas y salidas de sonidos grabados de manera abrupta rompían la ambientación en las transiciones. Por otra parte, la música en vivo fue interpretada por la cantante Aixa Ruiz Ellis y los guitarristas Francisco Marrero y Oscar Feliciano, quienes realzaron de manera apropiada con sus melodías la función. Completa la ficha técnica Joseph A. Ortiz Mercado como el regidor de escena.

Las actuaciones estuvieron a la altura de la encomienda. Un elenco comprometido demostró trabajar unido en favor de una pieza retadora por su intensidad. Axnel Acosta, entregó un Jesús, humano, compasivo y lleno de amor. Heyda Salaman, bordó a una María, con amor, dolor y fuerza conmoviendo a los presentes. Doel Ramírez asechó no solo a los personajes, sino también al público con un Satanás prepotente y sarcástico.

El actor Axnel Acosta, entregó un Jesús, humano, compasivo y lleno de amor. (Foto Joselo Arroyo para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

José Armando Santos tuvo quizás uno de los mayores retos de la puesta al interpretar más de un personaje. Brindó a un Poncio Pilatos con determinación, poder y una pizca de remordimiento. También trabajó a un Cirineo lleno de compasión y determinación. Resultó curioso y muy interesante que un mismo actor interpretara dos personajes opuestos en la vida de Jesús y con tan buen resultado. El Narrador estuvo a cargo de Julio Vizcarrondo, quien, con su talento y naturalidad, asumió el reto con gran soltura, cotidianidad y agilidad. Josrick Peña interpretó a un Barrabás con buen temple y cinismo.

Deyaneira Rodríguez trabajó una vagabunda con acierto. Karla Malavé encarnó a la Verónica con desgarradora emoción. Adriel García interpretó a Judas con verdad. Cecilia Arguelles se adentró con la esposa de Pilatos con gran temple, presencia y determinación. Poincaré Diaz ejecutó a un soldado cruel y despiadado.

Tradicionalmente, este tipo de trabajo por su temática, es común verlo en Semana Santa, o momentos en que la gente está más abierta a la espiritualidad. Mas no fue así en esta ocasión. JOM Events y su productor Joseph A. Ortiz Mercado decidieron salir de lo convencional al traer personajes bíblicos con un tema reflexivo, espiritual con enfoque y pertinencia actual en un momento del calendario que no es usual. Demostraron que un tema en particular no tiene que tener una fecha que lo ate, si el trabajo es uno completo y acertado. Recuerda a su vez que la fe y las creencias no son cosas del pasado o algo para recordar desde la distancia en cierto momento del año. Quizás rescatar este tipo de reflexión fuera de “calendario” es lo que hace falta para no olvidar que hacer el bien y no mirar a quien no tiene fecha de caducidad. Lo terrible y lamentable del asunto es que solo tuvieron dos funciones para demostrarlo.

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