‘Piel firme’… ¡y exacta!

La obra dirigida y producida por Miguel Rosa-López cerró en alto la segunda entrega del True Color Fest.
“Piel firme” mereció elogios por su cuidadosa escenificación en el pasado True Color Fest celebrado en Bellas Artes de Santurce. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Do not be too moral.
You may cheat yourself out of much life so.
Aim above morality.
Be not simply good, be good for something”.
(Henry David Thoreau)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Una semana después de ver la última propuesta de la segunda entrega del True Color Fest 2023, “Piel firme” (Skintight) del dramaturgo norteamericano Joshua Harmon, la cual se presentó del 13 al 16 de julio, en la Sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce, todavía meditamos sobre su impacto.

Esta no era la primera obra que veíamos de Joshua Harmon, dirigida y producida por Miguel Rosa-López. El año pasado, en el mismo festival, se presentó “Mi otra mitad”, producida, de la misma manera, por Rosa-López para The Black Box Theater Workshop.

Por trabajos anteriores suyos que hemos visto, entendemos que, Rosa-López parece preferir obras que se alejan del discurso dogmático con tesis de moraleja, y que prefiere temas donde se resaltan los seres humanos y sus relaciones con los demás en el marco de toda su humanidad, sin que ninguno sea coronado con la absoluta verdad.

La dirección de Miguel Rosa-López de la obra, original  del dramaturgo Joshua Harmon, fue sumamente atinada. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

En tal sentido, el dramaturgo norteamericano Joshua Harmon y nuestro talentoso teatrero puertorriqueño parecen haber nacido el uno para el otro. Y, específicamente “Piel firme”, no pudo haber tenido mejor director.

Joshua Harmon, en sus 40, es un dramaturgo judío de Nueva York. Hasta el presente, le conocemos cinco obras de teatro. En la mayoría trata situaciones judías desde la disposición de su generación.

Como el mismo dramaturgo dijo sobre su obra “Piel firme” (A Funny Play About Sad People, artículo publicado en Geffen Playhouse News, el 23 de agosto de 2019), a él le gusta escribir sobre cosas que puede ver desde múltiples puntos de vista, porque es emocionante poder articular razones válidas por las que cada perspectiva tiene validez”. De modo que si esperan apreciar una historia donde un personaje tiene el peso de la verdad absoluta y enarbola el estandarte de la justicia sin dudas razonables, o sobre el héroe que se da cuenta de su error y vive para pagarlo, o colorín colorado este cuento ha terminado, eso no lo encontrarán. Pero les garantizamos que no se van a decepcionar.

La pieza tiene como fuertes a los muy definidos personajes con sus respectivas realidades deslumbrantes, que, como la Tierra, giran alrededor de sí mismos, mientras ordenada y elegantemente, giran alrededor de un sol con una situación tan extraña que nos parece inventada, pero no lo es.

Aclaramos que no nos referimos a la situación de un hombre homosexual de 70 años, famoso y millonario, que va de hombre joven a hombre joven en modo infinito (uno de los ex amantes es el mayordomo de la casa). Tampoco al hecho de la obsesión con la belleza física (hasta la criada húngara se inyecta botox en la casa), ni a los desmedidos celos de “prevención”, por si acaso alguien “nos roba la pareja”.

El actor Jorge Luis Ramos (derecha)  aportó su dominio escénico y su madurez, a un personaje espinoso para comprender. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Nos referimos, más bien, a la particular circunstancia de un judío que sale corriendo con su familia de un país nazi durante la Segunda Guerra Mundial, se refugia en Estados Unidos y se convierte en un diseñador con éxito arrollador en ese mismo país del cual huyó; país que no ha dejado de ser fascista ni por equivocación y que no ignora que él es judío. Siniestro, ¿verdad?

Hablar de trama en esta pieza no tiene mucho sentido, de modo que señalaremos que la condición humana que sirve como eje de esta obra está inspirada en noticias sobre la escandalosa vida del diseñador judío norteamericano Calvin Klein.

Conforme el mismo dramaturgo manifestara, en la entrevista que citamos en párrafos anteriores, él pudo muy bien inspirarse en otros diseñadores judíos norteamericanos como Marc Jacobs y Ralph Lauren. Harmon señala también no tener interés en destacar el mundo de la moda, y si el mundo familiar.

En el caso de esta obra, se trata de un mundo nada ordinario, donde los hijos saben y aceptan que el padre es homosexual, conocen sus bregas en la vida y el asunto fluye. Pero esta familia no es diferente a las otras en lo demás.

Aunque la obra acaricia el eterno tema de la belleza identificada con la juventud y la obsesión de las personas por detener el tiempo en sus cuerpos a toda costa, Harmon no motiva nuestros juicios.

Denisse Quiñones trabajó a la perfección el rol de “Jodi Isaac”, mujer profesional de clase alta. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La obra mantuvo nuestra concentrada atención durante casi tres horas, de la misma manera que nos agarran las obras de Anton Chejov, en la espera de un desenlace que no llega y no nos hace falta.

“Piel firme” fue comisionada por el Roundabout Theatre Company. Estrenó en el Teatro Laura Pels en Nueva York el 21 de junio de 2018, y estuvo en cartelera hasta al 26 de agosto de 2018. Un año antes, la obra recibió el premio New Play de la Fundación Edgerton, que ayuda económicamente a las producciones que debutarán en teatros sin fines de lucro.

Lo que pasa en esta pieza se desarrolla en la elegante y moderna sala de estar de la casa de Elliot Isaac. La abogada Jodi Isaac, hija de Elliot de 40 años, visita de sorpresa a su padre en la víspera de su cumpleaños 70. El esposo de Jodi la ha dejado por una mujer de la misma edad que su hijo. No ha terminado Jodi de no tomar aire por minutos para narrar su tragedia cuando irrumpe, Trey, de 20 años, quien vive en la casa y se identifica como “socio” de Elliot.

Jeff, un ex amor, trabaja como sirviente en la casa, pero Elliot nunca antes había afirmado tener un “socio”. Trey es una ex estrella porno que evita las etiquetas sexuales y tiene la misma edad que el hijo gay de Jodi, Benjamín. ¿Fascinante, verdad?

Cuando la obra estrenó en Nueva York, la crítica coincidió en elogios para los extraordinarios personajes, de tres distintas generaciones y distintas clases sociales, que Harmon creó, y juntó. Sin embargo, no se mostró el mismo entusiasmo con el desarrollo de los temas y no fue considerada como una gran obra de teatro. Precisamente esa “falta de desarrollo” es una de las razones por la cual consideramos que el texto es genial.

Ricardo Laboy bordó con veracidad su personaje ganándose cada aplauso otorgado por los presentes. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Ningún personaje ayuda a descifrar los misterios de la existencia. Pero todos enaltecen la realidad. Para definir lo anterior, citaremos al autor: “Es emocionante sentirse confundido por las personas a lo largo de la obra, encontrarlas realmente encantadoras en un momento y luego realmente feas al siguiente. Porque creo que así es la mayoría de la gente” (A Funny Play About Sad People).

El fascinante texto tuvo realizadores fascinantes. Al entrar en la sala y encontrarnos con una escenografía (Miguel Rosa López, Isabella Rebollo) realista de cinco niveles, descomunal para el espacio, nos invadieron curiosidades que fueron saciadas tan pronto comenzó el estético tráfico escénico y la distinguida composición.

Todo era armónico minimalista en colores, formas y estilos: luces (Miguel Rosa-López), vestuario (Wanda Marrero), utilería (Isabella Rebollo; Miguel Rosa López).

Si bien es cierto que los personajes de esta obra son a pedir de boca para cualquier actor, el montaje de Rosa-López contó con actores a pedir de boca para esos personajes. Cada uno de ellos logró tener el peso de un protagonista en cada intervención.

Denisse Quiñones (Jodi), sencillamente perfecta como la mujer profesional de clase alta, que llega a la casa de su padre buscando refugio para su dolida sensación de vejez y soledad, nos agarró desde su monólogo inicial hasta el saludo. Certera, infinita, y muy hermosa, firme en la firmeza, frágil en la fragilidad, sincera en la más absoluta sinceridad, Quiñones no perdió momentos.

José Carlos Martínez edificó al estudiante “Ben” con excelencia. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Jorge Luis Ramos (Elliot), creíble por los cuatro puntos cardenales, prestó su dominio escénico, su pinta, su madurez, a un personaje espinoso para comprender. Tal como Elliot, Ramos ondeó banderines de seguridad sin un ápice de remordimiento.

Ricardo Laboy (Trey), intenso, vivo, agudo, tenaz, tomó las riendas de un personaje que requiere de un físico espectacular. Laboy impartió destacados brochazos de verdad en su caracterización como la ex estrella porno, que pretende casarse con un millonario 50 años mayor que él, y trata mal al mayordomo de la casa (ex amante de Elliot), posiblemente por ver en él mismo el futuro que le espera. Lo amamos, lo detestamos, lo aplaudimos de pie.

José Carlos Martínez (Ben) construyó su alumno universitario de “Estudios Queer” en Hungría (país de su abuelo) “recién salido del laundry en todo momento”, con excelencia. Martínez edificó a Ben tan fiel a nuestro entorno, que pensamos que un amigo personal se había escapado al escenario. Supo trasmitir ese “esconder el interior herido” a través de desaires al interés en todo lo que pueda ser sensible, tan propio de Ben, de manera insuperable. ¡Bravo!

Marcos Carlos Cintrón (Jeff), correcto, pulcro, elegante, perfecto, sobresalió con un personaje que, tal vez, por retener en su interior palabras que no llegan a formar oraciones sensibles en proporción a su jusitcia, es muy difícil. Cintrón brilló con fluidez, ya fuera con las palabras que le fueron asignadas y con el silencio que hizo gritar. ¡Muy bien!

Yadilyz Barbosa (Orsolya), actriz agraciadamente efectiva a las riendas de un personaje agraciadamente efectivo, se convirtió de pies a cabeza y esencia, en la criada húngara, con su respectivo acento, y estuvo, sencillamente, deliciosa. Orsolya recuerda a la criada rumana (Frau Blücher) de la película “Young Frankestein” (1974) de Mel Brooks. Tal como lo hizo en la famosa película Cloris Leachman, Yadilyz Barbosa supo sacar provecho.

La escenografía realista de cinco niveles, descomunal para el espacio, impactó de entrada a la vista. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Completan el equipo Yenzy Escalera (sonido); Carlos Muñoz (maquillaje de publicidad); Fionella Mateo (regidora de escena); Will Omar (fotografía); Carlos Muñoz (maquillaje de fotografía); Miguel Rosa López (arte gráfico); Sylvia de León (relacionista público).

Laureles para el director Miguel Rosa-López, quien armonizó todos los elementos que pusieron a funcionar su montaje y compenetró sus intenciones con postura, ni más ni menos, exacta.

En fin, laureles para todos los integrantes de este montaje. Y felicidades por las diez nominaciones a los premios que se anunciarán el próximo domingo 23 de julio, a las ocho de la noche, en el café Teatro Punto Fijo del Centro de Bellas Artes de Santurce.

El True Colors Fest, espacio el cual su fundador y productor general Aníbal Rubio define como uno “donde cada color brilla con intensidad, donde las voces de la comunidad LGBTTIQ+ se elevan y se celebran con orgullo. Juntos, construiremos puentes de entendimiento y promoveremos la inclusión a través del poder transformador del arte”, tendrá su tercera edición en verano del próximo año 2024.

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