‘Casandra nuestra’: muestra de buen teatro

La trama gira en un ambiente muy tóxico en una oficina de una empresa puertorriqueña, que muy bien puede estar ubicada en cualquier país.
La joven actriz Yadilyz Barbosa recibe aplausos por su actuación en “Casandra nuestra”, obra original de Adriana Pantoja, que se presenta en la Sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes. (Foto Cristina Martínez Mattei)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El pasado viernes 24, con motivo de la celebración de los 34 años de Cuarzo Blanco, Inc., estrenó en el Centro de Bellas Artes de Santurce, “Casandra nuestra” de la dramaturga puertorriqueña Adriana Pantoja.

La compañía se ha mantenido haciendo teatro, sin detener su misión un solo año, desde el 21 de abril de 1989. Cuarzo Blanco, ha organizado simposios, y desarrollado proyectos de cine. Es la compañía responsable de la creación de REDRAM, el Registro de Dramaturgos de Puerto Rico, y del primer programa radial con acceso para sordos, Arte Fusión, el cual, en estos momentos se graba vía Zoom y se transmite por www.artefusion.org.

La actriz Ivonne Arriaga impone su fuerza a la digna de lástima Helena Reyes. (Foto Cristina Martínez Mattei)

Mientras hacíamos la fila para entrar en la Sala Carlos Marichal, le dimos un vistazo al programa cibernético. Nos enteremos que la puesta en escena estaba dedicada a la memoria de personas muy especiales: Julia Vázquez y José Enrique Pantoja, padres de la Adriana Pantoja; Jorge Miguel Freytes, su mejor amigo, y los maestros Victoria Espinosa, Eduardo Bobrén Bisbal, Myrna Casas y Gloria Sáez.

Miramos a nuestro alrededor, el vestíbulo estaba encendido con un público muy entusiasta. La conversación con amigos que nos ponían al día con sus peripecias, hizo que el tiempo pasara veloz.

La asistencia en la sala era nutrida, y las personas tenían muchos deseos de conversar. Aprovechamos, como siempre hacemos, para observar detenidamente los detalles de la escenografía, diseñada por José Luis Gutiérrez, justa, sin excesos. Se trataba de una oficina que sugería ser realista.

El montaje, arena a tres lados, lucía dos plataformas conectadas por escaleras. La plataforma de la derecha sugería una oficina. La plataforma de la izquierda estaba destinada a los intérpretes de señas para sordos, que nunca faltan en los montajes de Cuarzo Blanco, Inc.

En el piso se destacaban tres escritorios, la mesa para el café y una mesa con dos sillas, como área de oficina para comer. Porque sabemos que la directora explora la posibilidad de los espacios sin puertas ni ventanas físicas, sospechamos que la acción se extendería hasta el segundo piso, y no nos equivocamos.

Lily García le dio vida a la mujer más alborotosa y simpática de la oficina. (Foto Cristina Martínez Mattei)

“Casandra nuestra” es un título que alude a la joven pitonisa de la Iliada de Homero, hija de los reyes de Troya, Príamo y Hécuba. El mito tiene varias versiones. Una de las mismas, cuenta que el enamorado Apolo le otorgó el don de la clarividencia a la joven princesa, pero cuando ésta se negó a caer rendida en sus brazos, el dios la castigó. Y ese es el motivo por el cual nadie cree lo que Casandra vaticina.

Pantoja adopta nombres relacionados con el mito y los asigna a algunos personajes que pone a funcionar en un ambiente muy tóxico en una oficina de una empresa puertorriqueña, pero que puede muy bien estar ubicada en cualquier país. Al hacerlo de esta manera, la dramaturga extiende al planeta la condición humana de miseria, a la vez que plasma una cruda realidad nuestra.

Además de aludir a la guerra de Troya, la dramaturga evoca, al nombrar Sylvina a la niña que hace la limpieza en la oficina, el emblemático personaje de la novela “La charca” de Manuel Zeno Gandía. Tal cual la Sylvina de Zeno Gandía, la Sylvina de Pantoja es una joven abusada por un hombre de su casa. Nuestro archipiélago tiene mitos propios.

La acción se presenta en las oficinas de la empresa Illión (Troya), presidida por Príamo Suárez, un empresario corrupto carente de buena conciencia, administrador irresponsable que juega con la seguridad de sus empleados. Debido a sus errores, el negocio está en la quiebra. Cuando todas sus esperanzas están perdidas, aparece Guillermo Ríos, un puertorriqueño inversionista y oportunista que se hace llamar William Rivers para ser más interesante ante los demás, cuando hace negocios. Este personaje, más misterioso que la protagonista clarividente, tiene toda la intención de aprovecharse de quien sea (“Puerto Rican Ganster”). Pero el final de la obra les juega una mala carta a los dos.

Julio Vizcarrondo y Willie Denton son sumamente convincentes en sus respectivas caracterizaciones.  (Foto Cristina Martínez Mattei)

La dramaturga explora los temas de hostigamiento en el ambiente laboral, corrupción a nivel corporativo, la ley de incentivos a personas millonarias, transacciones ilegales, chismes, romance, y traiciones, entre otros temas fuertes y pertinentes, y los pone a funcionar en la desesperanza de cada personaje.

Como el teatro que conocemos de Adriana Pantoja, las realidades tóxicas, y posiblemente aberrantes, se señalan con elegancia. La desgracia no se degrada, y aunque esta obra tiene varios momentos simpáticos, la dramaturga no recurre a lo chabacano y soez.

Tal como en sus obras anteriores, la acción ocurre en dos planos, el físico o realista, donde conviven todos, y el existencial donde solo entra Casandra, quien, como la pitonisa que evoca su nombre, no solo puede ver el futuro, mira el interior de cada cual.

El final de la obra es absolutamente feminista, muy pro mujer. Cuando vayan a ver la obra formarán opinión propia.
Como directora, Adriana Pantoja es fiel a su libreto, el cual dirige desde el papel, con una singular belleza en los movimientos, y en su tráfico escénico. La directora tiene un profundo conocimiento del área escénica, del ritmo, y sentido estético de composición. Las transiciones son armónicas. La incorporación de los intérpretes de señas para sordos a su montaje, añade espejos que seducen soledades. El trabajo, es hermoso.

El joven Luis Felicier (derecha) le prestó la magia de su ángel a Néstor Valdivieso. (Foto Cristina Martínez Mattei)

Los actores, lucieron perfectos y uniformes. Las emociones se desarrollaron en forma orgánica y controlada. Parecían conocerse de toda la vida. Como Casandra, podíamos leer en el interior de cada uno de ellos desde la primera mirada.

Los destacamos a todos. Ivonne Arriaga impone su fuerza a la digna de lástima Helena Reyes, la mujer mayor descartada por todos, amante del jefe y víctima de cáncer. Como Roberto Príamo, Willie Denton lució convincente. Luis Felicier le prestó la magia de su ángel a Néstor Valdivieso, el joven mandadero de la oficina, que resulta ser un agente encubierto al final. Felicier interpretó también la sombra que atormenta a Casandra en su monólogo inicial.

Lily García le dio vida a Sadira Vázquez, la mujer más alborotosa y simpática de la oficina, cuya preocupación más grande es pagar el quinceañero de su hija. García logra la atención del público en todo momento, y también la risa, en una forma muy natural. Muy bien.

Julio Vizcarrondo, a quien hemos aplaudido muchas veces como actor travesti, nos muestra con Guillermo Ríos (o William Rivers) que es un actor multifacético. Vizcarrondo es un artista puro, capaz de interpretar una gama de personajes. Esperamos verlo más en nuestros escenarios.

Érykah Meléndez tomó de la mano toda la terrible realidad de Sylvina Muñoz, y sin decir una sola palabra, sentimos urgencia de abrazarla.

Los intérpretes de señas sorprendieron con sus actuaciones en esta obra fiel al teatro inclusivo. (Foto Cristina Martínez Mattei)

Ponemos laureles en la frente de Yadilyz Barbosa, por bordar los detalles de Casandra “Cassie” Rivera, con los colores de su voz, la exactitud de sus movimientos y la perfección de quienes, al pintar, nunca se salen de la raya.

Ponemos laureles en las frentes de todos los intérpretes de señas para sordos, por sus sorprendentes actuaciones, reflejo interior de cada personaje, más allá de la misión: José W. Santiago, Michelle Quiñones, Omayra Cabiya, Ismael Joel Sánchez, Yariel Hernández, Anetly Ruiz.

Aplaudimos las luces de Omar Torres Molina, el vestuario de Edgardo Cortés, el maquillaje de Ricardo Santana, la escenografía de José Luis Gutiérrez, la música y sonido de Chenan Martínez, la utilería de Edgardo Cortés y Loaya Quesada.

Completan el equipo Marcelino Alcalá (supervisión coreográfica), Miguel Difoot (tallerista de voz), Ingrid Baldera (asistencia y regiduría), Edgardo Cortés,  Loaya Quesada (asistentes de producción), Lidda García, Grandes Eventos (relaciones públicas), Cristina Martínez (fotografía en las funciones), José Brocco (fotografía oublicitaria, arte gráfico y vídeos promocionales), Miguel Difoot (voz en vídeo promocional).

“Casandra nuestra”, es una muestra del buen teatro y la dramaturgia puertorriqueña, continúa en cartelera en la Sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes, mañana viernes 31 marzo, el sábado 1 y el domingo 2 abril.

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