¡Gracias Myrta!

Con la presentación de la revista ‘Puerto Rico canta y baila’, la cantante Karla Marie rindió un homenaje a Myrta Silva reinaugurando el Club Tropicoro del Hotel San Juan.
Karla Marie hizo galas de su innegable talento abordando géneros tan diversos como la guaracha, rumba, plena y bolero. (Foto Sueilán Cabrera)

Por Javier Santiago
Fundación Nacional para la Cultura Popular

Myrta Silva debe estar contenta.

Dondequiera que ella esté, debe tener una sonrisa de lado a lado del rostro y el pecho colmado de profunda emoción…

El homenaje que el sábado en la noche le rindieron en el Hotel San Juan – abarcando el Chico Cabaret y el legendario Club Tropicoro – es motivo suficiente para reventar de orgullo ante el reconocimiento a su legado como mujer y artista. Y ese sentir se acrecenta cuando se establece que este tributo es por iniciativa de una figura novel que, aunque no tuvo el privilegio de conocerla, se ha dedicado a desempolvar la memoria colectiva poniendo en justa perspectiva el legado de la arecibeña.

La artista contó con el acompañamiento musical dirigido por el maestro Manolo Navarro. (Foto Sueilán Cabrera)

Allí, en el escenario que en 1963 Myrta Silva presentó su revista musical “Puerto Rico canta y baila”, la joven cantante Karla Marie se empeñó en enmarcar su homenaje con un repertorio de guarachas, rumbas, plenas y boleros, ilustrativo del paso por el pentagrama popular de la cantautora puertorriqueña.

Si alguien dudó si la joven artista estaba preparada para un escenario como el renovado Club Tropicoro, debe pensarlo otra vez. Su proyección, dominio escénico, su dramatismo y estilo interpretativo establecieron claramente que estamos ante un talento serio de gran potencial. Su voz clara y bien afincada, brilló en una extensa velada, acompañada por un “bandón” de excelencia dirigido por el maestro Manolo Navarro.

La cita pautada para las 7:30 de la noche comenzó con una antesala celebrada en el Chico Cabaret. Allí el joven cantautor Joe Louis entregó al público un puñado de canciones nostálgicas junto a creaciones de nuevo cuño. Entre estándares del repertorio hispano como “Matiz de amor” de Sylvia Rexach y “Obsesión” de Pedro Flores, se intercalaron interesantes composiciones del cantautor que ya habíamos conocido en el más reciente especial del Banco Popular cantando “Querube”.

A renglón seguido, el recuerdo de Myrta Silva se abrió paso entre el público con la caracterización de su sobrina Lynda Morán. Vistiendo un elegante atuendo de la propia compositora, y maquillada al detalle por Johnny Reynosa, el recuerdo de Myrta comenzó a surtir efecto con un popurrí de sus éxitos musicales. La actuación breve dio paso a la participación del cuerpo de baile marcando épocas del mambo y llevando al mundo del ahora más aceptado “trans performance” con el asomo de imitaciones de figuras como Beyoncé.

En la antesala al espectáculo, Lynda Morán rememoró a su inolvidable tía Myrta Silva. (Foto Sueilán Cabrera)

Concluida la antesala, el público pasó al Club Tropicoro, escenario que marcaba esa noche su reapertura con la producción encabezada por Karla Marie. Allí, en un rincón del vestíbulo, una pequeña exhibición dedicada a Myrta Silva les daba la bienvenida con fotos, discos y memorabilia (incluyendo la Virgen del Cobre con las últimas monedas de ofrenda que le puso la artista). Ya, dentro del salón, el escenario se enmarcaba con un cuadro LED que durante toda la noche se complementó con el trabajo escénico, alternando elementos decorativos e informativos.

A las 10:00 de la noche comenzó la función estelar en el Tropicoro al compás de la revoltosa rumba ‘Nada” en voz de Karla Marie. Entre datos y anécdotas de Myrta, la velada fue un deleite en términos musicales. A la picaresca “Camina como Chencha” le siguieron otras rumbas. Pero el gustazo definitivo vino con la interpretación de los boleros. Si bien Myrta fue conocida por muchos como guarachera, su versatilidad como compositora se ilustró al público en un puñado de sus temas más románticos, como el impostergable “Tengo que acostumbrarme”.

En la noche del sábado Karla no tuvo reparos en compartir la escena con varias figuras del ambiente artístico. Del mundo salsero trajo a Norberto Vélez quien en estos días brilla con su propuesta musical “Sesiones desde la Loma”. Juntos cantaron ‘Ya no lloro más”, mientras Norbet tuvo espacio para interpretar su versión salsera del clásico compuesto por el argentino Piero, ‘Mi viejo”, en esta ocasión dedicada a su recién fallecido progenitor.

La joven cantante vistió elegantes ajuares del diseñador Carlos Alberto. (Foto Sueilán Cabrera)

La presencia de la soprano Hilda Ramos se enmarcó igualmente en una impresionante interpretación del clásico “Qué sabes tú”. El tema, a dúo con Karla, marcó los quilates de la invitada en una versión acústica bordada en su sonoridad por el joven maestro Marcos Sánchez al piano.

Pero el momento mágico se dio cuando la estrella de la noche se dispuso a interpretar “Cuando la lluvia cae” y la voz de Chucho Avellanet se escuchó en la sala. Justo en el lugar donde el cantante mayagüezano debutó en el mundo de los centros nocturnos de la mano de Myrta Silva, regresaba ahora para unirse en homenaje a la arecibeña. Si los aplausos fueron efusivos, Chucho puso de pie a toda la sala cuando a paso seguido interpretó una versión en blues del clásico de Bobby Capó, “Juguete”. ¡Qué banquete!

De vuelta al escenario, Karla tomó el control de la velada con un popurrí homenaje dedicado a Celia Cruz; la guarachera a quien Myrta cedió su espacio en la Sonora Matancera. Entre canciones festivas que el público entonó con ella, la importancia de Cuba en la vida de la cantautora boricua se evidenció entonces con imágenes proyectadas en las pantallas y comentarios basados en anécdotas de su carrera.

Ciertamente, dentro de las pautas dictadas por la industria contemporánea del espectáculo, la ambiciosa producción de Karla Marie, delineada por la experimentada actriz Elia Enid Cadilla, se nutrió de muchísimos elementos que vale la pena mencionar. La parte lumínica con el enmarcado en luces LED añadió dimensión a la labor llevada a cabo en escena. Aún cuando hubo un breve bajón de voltaje, la producción no perdió secuencia en su desarrollo. Igualmente, el sonido cumplió en fidelidad para la ocasión. Un leve ajuste en momentos en que estaba toda la banda en funciones hubiese sido lo ideal por lo menos tal y como lo apreciamos desde nuestro asiento en la plataforma frente a la tarima. Finalmente, hay que destacar el despliegue de vestuarios realizados por el diseñador Carlos Alberto quien vistió a la artista principal de la noche. Definitivamente la selección fue un toque de elegancia y buen gusto digno de tan importante ocasión.

El espectáculo de casi dos horas concluyó con el rítmico “Cuchiflitos” de Rafael Hernández. (Foto Sueilán Cabrera)

No obstante, una producción tan ambiciosa y de tanto compromiso solo merece una recomendación en cuanto al libreto. Ciertamente el talento escénico para la ocasión estaba presente. Pero según nuestra apreciación, el libreto y Braulio Castillo, hijo eran incompatibles. Si lo que se buscaba era recrear el concepto de un maestro de ceremonias a lo “Cabaret”… aquí no se consiguió. Un ajuste en este aspecto es necesario tras la experiencia de esta noche de estreno.

Más allá de estas anotaciones, la producción “Puerto Rico canta y baila” que presentó Karla Marie el sábado cerró en alto su histórica cita en el Tropicoro. Con el rítmico compás del grupo Algaraplena, la joven cantante contagió la sala que -de pie- le marcaba el ritmo del impostergable tema de reafirmación nacional compuesto por Rafael Hernández, “Cuchiflitos”, mejor conocido por su estribillo “Esos no son de aquí”.

Una emocionada Karla agradeció a los presentes, familiares de la homenajeada y a los auspiciadores su apoyo a este “sueño’ que tras largos años el sábado en la noche se hizo realidad. Con la satisfacción de la misión cumplida, entre aplausos y vítores, la artista levantó su rostro a lo alto y apuntando hacia el infinito, exclamó emocionada: “¡Gracias Myrta!”.

A son de parranda, artistas, bailarines y pleneros bajaron al púbico para confundirse en abrazos y con ellos marchar hacia el vestíbulo principal de la hospedería donde los turistas reaccionaron sorprendidos por el sonido festivo que anunciaban los panderos. Todos abrieron paso para que desfilara la comparsa… Y entre tanta algarabía cerramos la noche pensando: “¡‘La Gorda de Oro’ tiene que estar gozando!”.

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