El arte cautivador de Edgardo Moisés

El artista ofreerá hoy un paseo guiado , de 10:00 am a 1:00 pm, por su exhibición “Mano grande, Milagro Grande”,en la Galería Guatíbiri de Río Piedras.
La pieza “Reyes pandémicos” forma parte de la exhibición “Mano grande, Milagro Grande” que el artista puertorriqueño Edgardo Moisés presenta en la Galería Guatibiri hasta el próximo mirércoles 14. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La primera vez que tuvimos un encuentro con el trabajo del escultor puertorriqueño Edgardo Moisés, fue el 7 de julio de 2009, con “Viaje a colores”, escultura en cerámica que se expuso en “Viaje”, una actividad multifacética, y muy creativa, que envolvió fotografía, cuentos, performance y camaradería. La misma, se dio en el vestíbulo del hotel Veradanza en Isla Verde, y estuvo organizada por Gloribel Delgado Esquilín, artista de muchos sombreros e iniciativas, quien es la única hermana de Edgardo Moisés.

Llevamos en memoria viva cada rincón de momentos de aquel “Viaje” al cual esperamos regresar. Allí, todo impresionaba. Pero la estética de los colores pasteles del “Viaje a colores” de Edgardo Moisés, nos impresionó con alta sensibilidad. El viaje del ceramista trascendió como invitación a un viaje en su interior. ¡Qué bella sinceridad!

El artista Edgardo Moisés y su hermana Gloribel Delgado. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Trece años después, al enterarnos que Edgardo Moisés, ofrecía la exhibición “Mano grande, milagro grande”, para celebrar sus 30 años como ceramista escultórico, no podíamos faltar. De modo que, fuimos de los primeros en llegar a la inauguración, en la galería Guatíbiri, en la “república de Río Piedras”, el pasado jueves 1 de diciembre.
Comenzamos una emotiva conversación con el artista esa noche, la cual culminamos en otro encuentro tres días después, para enterarnos de todo cuanto fuese posible. Compartiremos con ustedes una selección.

Aunque Edgardo Moisés nació el 18 de diciembre de 1967, en Río Piedras, tiene vínculos sentimentales con Trujillo Alto, donde vive en estos momentos, junto con su padre y su hermana.

“Mi abuelo fundó la Ferretería Delgado en Trujillo Alto. En ese negocio, mi hermana Glori y yo tuvimos nuestro primer trabajo. Íbamos los sábados. A mí me encantaba. De hecho, yo jugaba con todo lo que encontraba”, narró Edgardo Moisés, quien también contó que creció en un ambiente propicio para el arte, porque su padre, Moisés Delgado, es ebanista: “Con mi papá aprendí a crear belleza desde los objetos desechables. Vi cómo en mi casa se restauraba. En la basura encontré un tesoro, como la flor de loto, que necesita el lodo para ser más bella. Mi padre era muy creativo y mi madre no se quedaba atrás. Ella era una publicista por cuenta propia, muy natural. Recuerdo que, cuando yo estaba en séptimo grado y vivíamos en St. Just, Trujillo Alto, yo le hacía pantallas a mi hermana Glori de las semillas que caían del árbol de terocalpo. También, yo pintaba camisetas y las personas las compraban. Empecé a darme cuenta que podía ganar dinero haciendo lo que me gusta”.

Edgardo Moisés estudió en el Colegio San Justo Episcopal, de donde se graduó en 1985. Entonces, pasó a la Universidad del Sagrado Corazón, donde comenzó a estudiar Sicología. No tardó en cambiarse a Comunicaciones. Sin embargo, no se encontraba a gusto en esos ambientes, así que, detuvo su educación universitaria y fue a estudiar diseño de modas en Benedit School. En 1988, cuando ya estaba graduado, hizo una exhibición de modas en la discoteca Mikonos del hotel La Concha. Incursionó en ese mundo con éxito, pero entendió que no le llenaba. Fue cuando decidió ir a estudiar diseño de interiores en International Fine Arts College en Miami, Florida.

La foto de su progenitora, doña Ana Gloria Esquilín, integrada a una de las llamativas piuezas del artista. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Al completar los estudios, regresó a Puerto Rico a buscar trabajo, lo que no se le hizo fácil: “Para ese tiempo, yo vivía con mi abuela en Montebello (Trujillo Alto), y ella, me empezó a decir: ‘Estudia plasticina en la Universidad de Puerto Rico’. Ella le decía plasticina al barro, y yo sonreía. Aunque le hice caso, no sabía que la sugerencia de ‘estudiar plasticina’ iba a cambiar mi vida. Fui a la UPR, donde me matriculé en la Escuela de Bellas Artes. Allí tomé un curso de cerámica con el profesor Juan Morell. Un día, después de ver unas esculturas que hice en cerámica, el profesor me dijo: ‘Agarra estas tres piezas y somételas a Liga de Arte’. Así lo hice, y me aceptaron. En la Liga de Arte tuve dos profesores maravillosos, Hiram Rosado y Lorraine de Castro. Después, quise estudiar en España, así que fui al Consulado para informar mis planes. Ellos me dieron un libro para que buscara escuelas. Pasé horas estudiando el libro hasta que algo llamó mi atención, la Feria Iberoamericana e Internacional de España y América en Tenerife, Islas Canarias. Escribí una carta a las personas responsables de la Feria, y a las dos semanas recibí respuesta. Ellos estaban deseosos de tener una representación de Puerto Rico, así que me pagaron pasaje y estadía y fui. Eso fue en 1994. El Museo de la Orotava en Tenerife compró tres de mis piezas y allí se exhiben, como parte de la colección fija. Por dos años, representé a Puerto Rico en la Feria. En España me siento como en mi casa”.

Edgardo Moisés quiso seguir estudiando, y se matriculó en la Escuela de Artes Plásticas de San Juan, donde tomó un curso de cerámica con Franklin Graulau, y un curso de escultura en metal con el profesor Garavito.

El estilo de Edgardo Moisés explora las sillas y la anatomía como “caricatura semi lúdica” de lo que es la realidad, pletórica de corazones.

“Ojo coqueto” es otra de las obras que capta la atención del público en la exhibición. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“¿Por qué corazones?”, preguntamos al artista, y él respondió: “Cuando iba comenzar mi primera obra, tiré el mármol sobre la mesa y salió un corazón. Eso se grabó en mi intención”.

Conforme nos dijo, la exhibición “Curvas peligrosas”, que presentó en 2007, en el restaurant “A pedir de boca” que estaba en la Ave Eleonor Roosevelt de Hato Rey, es la más que lo ha impactado: “Llevé 18 piezas y no es, solamente, que todas se vendieran, sino que entablé vínculos preciosos con las personas que compraron mis esculturas”.

Edgardo Moisés no se pone excusas en el camino hacia la victoria, tal vez por eso el encierro pandémico no fue de desespero para él: “No detuve el trabajo. Usé lo que tenía en la casa sin salir. Hasta ese momento yo había estado 20 años en Plaza Las Américas, pero decidí no regresar para no exponer a los míos a la enfermedad. Me sumergí en la computadora para promocionar mi trabajo por internet. Trabajé casi el doble y vendí mis piezas”.

Nuestro artista, que demuestra con su vida que de la peor situación puede surgir lo mejor, tiene una disciplina diaria que no altera por nada. Después de entonar nam myoho renge kyo (mantra del budismo de Nichiren con la Soka Gakkai Internacional), se quita los espejuelos (porque él “sueña lo que ve y no ve”), se entrega a su faena de escultor, y siempre lo hace con música “que le mueve el alma”: “Cuando trabajo, pongo música electrónica y minimal… pero para esta última exhibición, lo hice con música de las décadas de 1960 y 1970, la que le gustaba a mi mamá… música de tríos, baladas de amor, Rocío Dúrcal, Lola Flores… a mí me encantan los cánticos gitanos. No se lo que dicen, pero cuando los escucho se me salen las lágrimas”.

La genialidad del artista se ejemplifica en piezas como “Con las alas abiertas” y “Cara-gamba in love”. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Doña Ana Gloria Esquilín, madre de Edgardo Moisés, musa de toda su vida, fue reina diosa de su exhibición por motivos profundos y poderosos: “Cuando me encontraba sumergido en el proceso de crear mi exhibición, murió mi madre. Fue un dolor punzante que nunca había experimentado. Sentí que ella me decía: ‘No te detengas, sigue adelante’. Por ella, incorporé paz, amor y fuerza a mi obra. Es algo que siempre he hecho, pero en esta ocasión, como celebración a la vida de mi mamá, fue con más intensidad. Mis manos estuvieron dirigidas por el amor hacia mi madre. Todavía ella me alienta a continuar”.

Esa profundidad es evidente en el trabajo de Edgardo Moisés en el presente. Lo que era bello y sensible hace 13 años, hoy transforma cada espacio de cada obra, con lo invicto de la madurez. Cada pieza nos mueve, como planetas esperanzadores alrededor de cientos de soles.

La exhibición “Mano Grande, Milagro Grande”, (la cual toma su nombre de una de las esculturas), como la gestación humana, tomó nueve meses de trabajo. El título de la exhibición y la pieza, nacen de una creencia popular puertorriqueña, en la que los talladores de santos del pasado trabajaban sus personajes, dejándoles las manos más grandes de lo usual.

Todas las piezas compiten por raptar nuestras conciencias, y lo logran. Conforme el mismo Edgardo Moisés las describe: “La escultura ‘Rumbera de corazón’, en honor a mi madre, presenta a una mujer fuerte que sonríe y expresa su noble corazón. Amante de las fiestas populares, de alma libre y corazón bueno. En ‘Ancestral’, rindo homenaje a la línea de trabajadores de la tierra, de la costura y de la salud que forman parte de su árbol genealógico. Varios rostros en cerámica y sujetados en piezas de rakú, se conectan entre sí por cordones rojos, simulando la conexión eterna con quienes le precedieron”.

“Altar en dos patas”, con la sensación de tótem sagrado, es una combinación de mueble antiguo y cerámica, dividido en cuatro piezas. Un universo de vidas tiempos en un solo momento. Un testamento de generaciones sin final.
“Barbas, besos y tú” es el nombre que recoge unas piezas en pequeño formato que “apela a la sensualidad caribeña, el toque pícaro del artista, que creó varios hombres fornidos y juguetones que invitan a la seducción”.
“Corazón chachachá”, colocada en la parte de arriba del segundo arco que divide el salón de exhibición de la galería, es el custodio con alas de un corazón que atraviesa una llave.

El artista dialoga con el público en la exhibición que presenta en la Galería Guatibiri de Río Piedras. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Entre las obras que encontramos en la exhibición, están “Reyes de pandemia”, “Janga Horse”, “Desde arriba”, “Caricaturas del corazón”, “Círculo de tu esencia”, “Ojo coqueto”, “Te alcanzo”, “Cara-Gamba In Love”, “Con las alas abiertas”, “Susurros del corazón”, “Huele a mar”, “Olor a campo”, “Dulce como tú”.

Llamó nuestra atención el sombrero de cerámica que se luce como única pieza en un sombrerero, que se encuentra al lado del pedestal donde descansa la foto de doña Ana Gloria, justo en la entrada al vestíbulo de la galería desde la calle. La escultura del sombrero no tiene título que la identifique. Le preguntamos al artista la razón del silencio de aquella pieza en la pared, y nos respondió que la pieza grita de otra manera: “Es parte de mi imagen. La hice desde un sobrero básico que compré, rompí y forré en cartón piedra. Lo estoy usando como promoción en mi página desde hace tres años. El sábado pasado, en la visita guiada, las personas se lo pusieron y se tomaron fotos. Todas las personas que visiten mi exhibición, se lo pueden poner”.

Edgardo Moisés se considera tímido y al mismo tiempo extrovertido cuando le muestran el corazón. Como un niño, ama los juguetes, tomar sol, bañarse en la lluvia, estar relax con su música. Con ojos de esperanza, mira a Puerto Rico con mucho optimismo: “Veo mucha gente brava, atrevida, valiente. No pienso en cosas negativas ni que me abrumen. Hay que salir de la nube que te quiere mojar. No me detiene lo negativo. A través de mi obra quiero invitar a la gente al dialogo, a amar, a respirar, a sanar, a soñar, a vivir. Los artistas somos la válvula de ebullición de una olla de presión para el mundo. Sin los artistas el mundo estaría ‘explotao”.

La exhibición “Mano grande, Milagro Grande”, estará en Guatíbiri hasta el 14 de diciembre. El público podrá disfrutar de un paseo guiado por el propio artista hoy sábado 10 de diciembre, de 10:00 AM a 1:00 PM. La Galería Guatibirí está ubicada en la calle González #1015 de Río Piedras. La entrada es libre de costo. Pueden seguir a Edgardo Moisés en su cuenta de Instagram @edgardomoises50.

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