‘Job’: experimental y fascinante

La obra ilustra la victoria de unos actores que ‘echaron el resto’ sin descanso en un montaje que escarba profundidades del ser.
“Job”, producido por Joseph Ortiz para JOM Event, brilló en su reposición en el Teatro Victoria Espinosa de Santurce. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Cuando una obra de teatro se llama “Job”, tendemos a pensar que enfrentaremos un mensaje cristiano, dirigido, con toda posibilidad, a convertir pecadores infundiéndoles temor. Los que no tenemos esas creencias, huimos aterrados. Pero hacer juicios, o tener pre juicios, es un grave error. No saber exactamente lo que creen aquellos que no piensan como nosotros, implica la posibilidad de que nuestra opinión al respecto se una a un coro de disparates. Como todos los mitos, Job carga una fascinante historia, la cual, creamos en lo que decidamos creer, podemos disfrutar, y de la cual, podemos aprender. Una opinión, o acción prejuiciada, nos puede hacer perder un montaje vanguardista, de corte existencial, muy experimental, fascinante. Ese fue el caso de la puesta en escena de “Job”, del dramaturgo cubano Ulises Cala Roger, versión de Víctor Datt para el grupo Sal y Luz de República Dominicana, dirigido por Doel Ramírez, y producido por Joseph Ortiz para JOM Events, en una reposición hecha durante días pasados, en el teatro Victoria Espinosa.

El personaje de “Satanás”, interpretado por Doel Ramírez,  recibía al público con unas manzanas. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Asistimos a la función de Job que se dio el domingo 12 de septiembre, a las cinco de la tarde. Sabíamos que las funciones, desde el estreno en Puerto Rico el pasado mes de abril en el mismo teatro, se estaban dando a casa llena, y el domingo no fue la excepción. Cuando nos permitieron entrar en la sala, fuimos recibidos por “Satanás” (Doel Ramírez), bañado con una luz roja, frente a una mesa, o barril con tapa, en cuyo tope jugaban unas manzanas. Suponemos que “Satanás”, maldecía las manzanas antes de darnos una, pero eso no nos hizo perder el entusiasmo y la tomamos. Acto seguido, procedimos a ocupar nuestros asientos. De inmediato, nos dimos cuenta que se trataba de un montaje arena a cuatro lados, y allí estaban todos los actores. En el medio del escenario, “Job” (Ángel Manuel) esperaba su turno acostado en la arena acumulada y regada en el espacio escénico. A uno de los lados, la esposa de Job (Katty García) esperaba su turno, junto con una hija (Camila Molina) y un hijo (Ángel Narváez). La música, inquieta y misteriosa, y muy efectiva, adornaba el ambiente, coronando nuestro inframundo interior con unas luces rojas debajo de las gradas. Esto indicaba que el público, tendría una destacada participación.

Nosotros, expuestos como los personajes en el escenario, también esperábamos un turno, con la diferencia que los personajes hacían la fila de una montaña rusa perpetua y conocida, y nosotros estábamos llenos de curiosidad. Mientras mirábamos cada uno de los detalles y tratábamos de identificar a las personas en el público, detrás de las mascarillas, pensábamos en las crónicas de Job.

La actuación de Ángel Manuel merece laureles de oro en esta producción. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La historia de Job es narrada en el Viejo Testamento en el libro que lleva su nombre; posiblemente sea el libro más antiguo de la Biblia. El hombre, es considerado un profeta en el judaísmo, el cristianismo y el islam. Al principio se le describe como muy acaudalado, con una familia perfecta y devoto del Dios en el cual cree. El diablo, celoso y furibundo como sucede siempre en los relatos tradicionales, le dice a Dios que si le quita la riqueza material a Job, seguramente renunciaría a su fe. Así que Dios le da permiso al diablo de quitarle todas las riquezas a Job con la condición de dejarlo vivo. En un solo día, esta figura mítica, ejecuta las acciones propias de su “expertise” (malograr y fastidiar), con el “encore” de las muertes de todos los hijos de Job. Ante tales vicisitudes, Job se arrodilla en oración. El diablo, todo frustrado, pero no por vencido, regresa a donde Dios y le propone dolores y agonías físicas para su siervo, porque no duda que, de esa manera, renunciará a su fe. Dios lo vuelve a permitir con la misma condición de no quitarle la vida. Entonces el cuerpo de Job se llena de llagas, la esposa siente asco, y comienza a pedirle que maldiga a Dios y muera. Cuando lo visitan tres de sus amigos y le dicen que lo que le está pasando es porque ha pecado y merece lo que le está pasando, Job maldice el día en que nació, pero no maldice a Dios. El sufrimiento es demasiado para Job por lo que se vuelve amargado, ansioso y con mucho miedo. Pero Dios decide hablarle a Job, y cuando el hombre lo reconoce, se postra ante él y lo alaba. Dios se pone contento, no obstante está furioso con los amigos por sus malas percepciones y consejos. Job interviene por ellos, Dios los perdona, y le devuelve a su siervo la salud, el doble de las riquezas, y una nueva familia. La lección, cristiana, judía, islámica, es que la fe inquebrantable de un hombre aun ante la más cruenta adversidad tiene recompensas celestiales.

La obra solo tiene seis personajes, que no incluyen a los amigos de Job.

Los actores contaron con la dirección de Doel Ramírez. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La versión de Doel Ramírez, presentada a través de su osado montaje (vanguardia macabra) trasciende la creencia en un poder exterior y puede interpretarse como la lucha de un ser humano por no traicionar sus ideales contra toda adversidad y la victoria sobre sí mismo, trae recompensas visibles e invisibles. Conforme nuestro parecer, lo anterior es el logro más sobresaliente del montaje.

Ramírez, quien también interpretó a “Satanás”, utilizó recursos simbólicos en su dirección, como la manipulación de yardas de telas rojas y una caravana de sombrillas, dentro de un tráfico escénico, en general, lejos del realismo, muy bien pensado. La siniestra estética que imperó durante los 45 minutos de duración de esta obra, destacó lo denso del ambiente en una historia que hace sobresalir el sufrimiento humano crudo, sin disimulo, hasta la frontera de todas las fuerzas.

El trabajo del director con los actores se dejó sentir. Katty García (esposa), Camila Molina (hija), Ángel Narváez (hijo), Astor Méndez (voz de Dios), cumplieron, con credibilidad, en sus interpretaciones. Doel Ramírez se destacó, con fuerza de serpiente, como “Satanás”.

Los laureles de oro de este montaje, son para Ángel Manuel, quien no desperdició un segundo de dramatismo para abrazar a Job con una verdad que salió desde su corazón. ¡Bravo! A lo largo de estos años, hemos visto crecer a este actor, cuyo fuerte es el teatro realista y la comedia. En sus últimos trabajos se ha destacado en el drama. Nos atrevemos a decir que, hasta el presente, Job es su mejor interpretación.

El público que llenó la sala fue uno de los “actores” en este montaje de vanguardia. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Para no dejar de ser vanguardistas, no hubo saludo al final. Nos quedamos sentados esperando la salida de los actores, algo que no sucedió. Fuimos de los primeros en abandonar la sala, y cuando pasamos por el vestíbulo, allí estaban los personajes con sus destinos. En la entrada, ahora salida, estaba “Satanás”, llorando a los gritos su derrota. Abrimos la puerta para salir a la calle y nos encontramos con “Job” y su nueva esposa. Ambos personajes, sonreídos, aceptaban retratarse con el público. Esa no solo fue la victoria de Job sobre sí mismo, sino la satisfacción de los actores que “echaron el resto” sin descanso en este montaje que escarba profundidades del ser.

Otros laureles de oro coronan las frentes de los actores más importantes, el público puertorriqueño que se dio cita en aquella sala, por aplaudir la vanguardia de pie, algo que solo sucede en países con alta cultura teatral.

Un solo señalamiento le haremos a la producción: El trabajo tiene nombre y apellido. ¡Que no vuelva a faltar el programa de mano!

Completan el equipo de “Job” Manotéknica, LLC (luces); Doel Ramirez (Sonido); Doel Ramírez, Joseph Ortiz (escenografía) Joseph Ortiz, Astor Méndez (regiduría); Edgardo Cortés (vestuario); Yerilis Rivera Díaz (diseño de maquillaje); Rafy Echevarría (coordinador de medios).

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