Cierre de platino para el True Color

‘Lo que pudo haber sido’ fue una producción impecable dirigida con certeza y sabiduría por Ismanuel Rodríguez.
Raymond Gerena y Ángela Meyer en una escena de “Lo que pudo haber sido”, versión al español de la obra “Mothers and Sons” de Terence McNally que cerró a casa llena la primera edición del True Color Fest en el Centro de Bellas Artes de Santurce. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular),

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Comprendemos por qué nuestro profesor de dirección escénica, Dean Zayas (1937-2022), tenía un ardiente deseo de dirigir “Mothers And Sons” del prestigioso y prolífero dramaturgo, libretista y guionista estadounidense Terrence McNally (1938–2020). La pieza está muy bien construida y los personajes – nada estereotipados – son fascinantes. Se trata del realismo, uno de los varios estilos que el profesor dominaba. Nos encanta afirmar, porque tuvimos la fortuna de sostener conversaciones con el profesor sobre su proceso como director, que Zayas, dirigía el realismo con motivaciones matemáticas, lo cual disfrutaba como un niño, a solas. Ejemplo de lo anterior fue su dirección de “Aquella temporada de campeonato”, de Jason Miller, que dirigió en 1976. La obra envolvía jugadores de baloncesto y los movimientos, y ruta escénica, de Zayas eran jugadas de baloncesto, planeadas como una coreografía. Dean Zayas nos enseñó, lo que él, a su vez, aprendió, que el director, mucho más que un facilitador para los actores, es un artista inteligente y planificaba sus montajes sin permiso de nadie. El maestro, quien atesoraba la vanguardia, sentía, predilección por el teatro de Bertolt Brecht, el Siglo de Oro, los clásicos griegos, y disfrutaba los teatros Noh y Kabuki. Estaba siempre dispuesto a la conversación inteligente, lo cual incluía también a Kalidasa. Honrar al maestro con el montaje de “Mothers And Sons” de McNally, con los actores que él deseaba dirigir, es un tributo que agradecemos al cual nos unimos de todo corazón.

Ángela Meyer no desaprovechó un solo momento del banquete que significó su personaje. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Con esa solidaridad, asistimos a la función del pasado viernes 15 de julio, a las ocho y media de la noche, en la sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce, para ver el montaje de “Mothers Ans Sons, traducción y versión de Lynette Salas, cuyo título en español se acuñó como “Lo que pudo haber sido”. La puesta en escena fue una producción de Raymond Gerena para La casa productora, Inc. Era la quinta y última propuesta del True Color Fest, creado por Aníbal Rubio para Producciones Acrópolis, Inc.

Por la escenografía (concepto de Ismanuel Rodríguez) que enfrentamos el viernes en la noche justo al entrar a la sala, supimos que se trataba de un montaje de teatro arena a tres lados. La disposición de los muebles nos pareció inteligente. No había elementos que interrumpieran la línea visual en el escenario. La simetría dibujaba una diagonal entre el mueble (arriba izquierda del público) y el árbol de Navidad (abajo, derecha del público), lo cual descartaba la posibilidad de dos de las entradas y salidas del escenario. Aunque la colocación de un librero al fondo (derecha del público), por donde se podían ver las entradas y salidas hacia el baño, no era novedoso, funcionó bien. Como no se trataba de una sala inmaculadamente recogida, con unos muebles de gusto sensacional (a pesar de ser un apartamento de privilegio en Nueva York), se recibió el calor humano. El trabajo de utilería (Yanmarie Santiago Colón) y ambientación, funcionó.

Después de la tercera llamada, como sucedió en todas y cada una de las funciones en el True Colors Fest, Aníbal Rubio, anunció que el festival LGBTQ regresaba en 2023. Esa noticia tuvo acogida de ovación en la sala, totalmente llena.

Terrence McNally es uno de los grandes dramaturgos norteamericanos. Su carrera comenzó con éxito en el siglo 20, y continuó con el mismo éxito hasta el día de su muerte por Covid 19, en marzo de 2020. Mc Nally fue un dramaturgo muy laureado. Es mucho lo que se dice de este artista y la mayor parte de las cosas son buenas. No es difícil hacer ese paseo por internet, y vale la pena. Destacaremos que estuvo casado con el productor Tom Kirdahy, y que fue vicepresidente del Consejo del Gremio de Dramaturgos entre 1981 y 2001.

La producción fue dirigida sabiamente por Ismanuel Rodríguez, con un montaje simple en la ruta escénica y de ritmo pausado. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular),

“Lo que pudo haber sido” (“Mothers And Sons”), estrenó en 2014 en un teatro en Broadway que se inauguraba. La obra fue nominada para varios premios de relevancia y obtuvo dos premios Tony (Mejor obra de teatro y Mejor actriz principal).

Katherine Gerard, de la sociedad acomodada de Texas, hace una visita inesperada en Nueva York a Cal (ex amante de su difunto hijo Andrés), a quien no ve desde el funeral de su hijo, quien murió de SIDA, 20 años atrás. Cal, ahora está casado con Will, tienen un hijo de seis años, Bud. La mujer, quien nunca aceptó la homosexualidad de su hijo y acaba de enviudar, intenta reconciliar sus remordimientos con el sentimiento de pérdida. A través de la interacción con todas las personas que viven en la casa, sobresalen las realidades del presente y las diferencias con el pasado inmediato. La obra transcurre en 2014. Andre murió en 1994. Cal estuvo solo ocho años y lleva 11 años de casado con Will. Las cosas cambiaron para Cal muy positivamente, pero Katherine se quedó en el mismo sitio. El alarido de resentimientos logra un punto efervescente con la entrada de Will y el niño Bud, quien funciona como agente catalítico. Katherine ve “lo que pudo haber sido” la vida de su hijo con Cal y lo que no fue su propia vida familiar. Eso le añade resentimientos. La historia no es nueva. El desenlace es predeciblemente esperanzador. La verdadera genialidad de la construcción de esta obra son los dardos, a veces cargados de humor, otras veces de ironía, que tiran los parlamentos.

El montaje de Ismanuel Rodríguez añadió un quinto personaje, un perro. ¡Muy acertado! Se espera que las familias felices norteamericanas tengan un can, bañadito, perfumadito, peinadito, con uñas recortadas, dispuesto al comercial. Este perro (no apareció su crédito en el programa de mano), que dio cátedra de actuación con su escena de poco más de un minuto (si la escena llegara a ser más larga, el animal se queda con la obra), nos cautivó.

Marcos Carlos Cintrón y Raymond Gerena fueron valientes al aceptar el reto escénico de esta producción. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Sentimos predilección por los directores atrevidamente creativos y arriesgados, que no se detienen hasta la realidad del montaje que soñaron. Rodríguez es uno de ellos. Sus montajes grandes son inolvidables. Tres de sus mejores trabajos, a nuestro parecer, los vivimos en 2013 con “Construyendo a Verónica”, idea de Jerónimo Cornelles; en 2014 con “Agua a cucharadas” de Quiara Alegría Hudes (Premio Pulitzer 2012); en 2015 con “Ingenio” de Margaret Edson. Cuando descubrimos a este director, cuya consigna no escatima, celebramos que el teatro en Puerto Rico lo tuviera en sus filas.

En esta ocasión, vimos un montaje simple en la ruta escénica y de ritmo pausado. Las líneas de distancia que se interponían entre los personajes, indicaban la relación entre ellos, y fueron certeras. El director debería, tal vez, revisar la colocación de los personajes en momentos vitales, como cuando el vaso de leche que le da el niño a Katherine, le marca un simpático bigote blanco, algo significativamente importante en el desenlace. Aunque hicimos esfuerzos para ver lo que pasaba en el sofá, donde Angela estaba sentada, con el niño en el piso delante de ella, la colocación de Cal, casi de pie, y frente a Katherine, lo impidió en su totalidad. La puesta en escena se enfocó en el trabajo con los actores.

Angela Meyer, con su innegable talento, personalidad estremecedora y presencia escénica de privilegio, no desaprovechó un solo momento del banquete que significó su personaje. Katherine Gerard se rindió a los pies de esta primerísima actriz puertorriqueña, con todos sus matices, transiciones, mentiras, verdades, intenciones, gestos, movimientos. Angela Mayer, con dominio envidiable del drama y la comedia, robó nuestra atención. ¡Brava!

Pararse al lado de una actriz con el poder escénico de la Mayer es asunto de valientes. Raymond Gerena (Cal Porter) y Marcos Carlos Cintrón (Will Ogden), aceptaron el reto y cumplieron con gracia y credibilidad. Lucían libres y felices con sus personajes. Gerena tuvo un momento conmovedor cuando Cal le abrió su corazón a Katherine, e irrumpió en llanto. No obstante, tanto Gerena como Cintrón, deben revisar la profundidad (que trae gradaciones infinitas de sinceridad en las pausas, los gestos, las miradas y los cambios aun dentro de una misma pasión) en las escenas donde la profundidad no es negociable.

El niño Esteban Miguel Rodríguez se perfila como promesa de futuro. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El niño Esteban Miguel Rodríguez (Bud Ogden-Porter) se manifestó como toda una revelación que, a su corta edad y sin experiencia, hizo del espacio escénico un planeta de su posesión. Esperamos que este niño, con todo su potencial, estudie, se desarrolle y se convierta en uno de nuestros mejores actores. ¡Muy bien, Esteban Miguel!

Lynette Salas, quien hizo la traducción, también diseñó las luces, dos méritos sobresalientes de esta producción.

Completan el equipo de “Lo que pudo haber sido”, Nelly Margaret (maquillaje), Cristina Robles (regidor de escena), Jorge Rivera El niño Esteban Miguel Rodríguez (realización de escenografía), Brian Libre (publicidad y arte gráfico), Raymond Gerena (productor ejecutivo), Juan Cruz (productor).

“Lo que pudo haber sido” estuvo vendida en su totalidad desde días antes del estreno. El público aplaudió de pie, con euforia. Si no pudieron verla, tendrán oportunidad de aplaudirla en el teatro Braulio Castillo de Bayamón, los días 5, 6 y7 de agosto. La recomendamos.

True Color Fest, cuyas variadas puestas en escena se destacaron por la calidad, tuvo un cierre de platino con una producción impecable. ¡Mil felicidades!

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