‘Un número’ digno

La obra, de una hora de duración, se compone de cinco escenas que se desarrollan en un futuro que nos parece demasiado cercano.
Los actores Miguel Diffoot y Omar Torres Molina protagonizan “Un número”, obra que nuevamente se presenta este fin de semana en el Teatro Victoria Espinosa de Santurce. (Foto suministrada)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El pasado viernes, 3 de junio, fuimos al estreno de la penúltima propuesta de la entrega 2022 del Festival de Teatro Puertorriqueño e Internacional que auspicia el Instituto de Cultura Puertorriqueña, en el Teatro Victoria Espinosa. Era el turno de Anilom, Inc., con la puesta en escena de “Un número”, de la prestigiosa dramaturga inglesa Caryl Churchill, la cual se mantendrá en cartelera hasta el domingo 12 de junio. Con esta producción que, dicho sea de paso, fue la que estrenó a Anilom, Inc., como casa productora de teatro, la compañía celebra sus 15 años. Felicitamos a Anilom, por el aniversario y por la selección de esta pieza. Agradecemos el programa de mano.

Desde el estreno de “Un número”, en el Royal Court Theatre de Londres en 2002, cuando el tema estaba candente por la clonación de la oveja Dolly, la creación de embriones humanos y otros eventos relacionados que conmocionaron a la humanidad, la obra continúa representándose, con elogios de la crítica. “Un número” ha suscitado conversaciones y ha tenido diversas interpretaciones. Una de las mismas, es la más evidente. Una advertencia sobre la falta de ética, la corrupción de algunos científicos y los límites de la ciencia. Más allá de ese particular (la dramaturga, en verdad, no nada profundo en el cómo y el quién de las aguas científicas) que sirve como ambiente exterior, cuya información recibimos a través de los personajes que se interactúan en un espacio interior, sostenemos, al igual que otros, que esta obra explora, principalmente, la condición humana propia de las relaciones paterno filiales disfuncionales, proyectadas hacia el futuro con lo que pueda darse como resultado de los progresos científicos y tecnológicos de la sociedad en un mundo donde la integridad es burlada.

Caryl Churchill, nacida en 1938, con influencia de Bertolt Brecht en sus comienzos, y más tarde de Antonin Artaud, es una dramaturga muy reconocida por su teatro diferente y exitoso, el cual, después de la década de 1980, apuntó a una vanguardia que expone su compromiso social con temas como la sexualidad, el feminismo, y los abusos del poder, entre otros. A lo largo de su carrera, Caryl Churchill ha recibido 16 premios que incluyen la ascensión al Salón de la Fama del teatro estadounidense, en 2010.

Tuvimos nuestro primer encuentro con “Un número”, el día del estreno, y motivados por la presentación, leímos la obra esa misma noche. Con una posible influencia del teatro del absurdo, los parlamentos de esta pieza nos cautivaron por estar excelentemente fragmentados. Desde la misma herencia, la obra sostiene una línea insistente que cuestiona lo que somos, para nosotros mismos, y para cada cual. Somos un número, espejos los unos de los otros. Compartimos el 99 por ciento del ADN. Nuestra identidad personal está amenazada en forma natural. Otra forma de verlo es que se trata de algo natural donde ese 99 por ciento que nos une a los demás, no nos hace ser una copia exacta los unos de los otros. Sin embargo, eso que es natural, es combatido a muerte porque no cuadra con los remordimientos y el sentido de culpa mal enseñado y nefastamente aprendido.

Churchill logra que la fragmentación de su diálogo parezca ser parte de un realismo aterrador, pero bajo ningún concepto podemos confundirnos: la dramaturga funciona con un envidiable espíritu “jurídico independiente”, y aporta su firma con su exclusiva novedad, lejos del realismo. Esa premisa de total libertad otorga alas abiertas a la creatividad. ¡Qué banquete! Ningún artista debe pedir permiso, ni justificar, hacer esa diferencia.

La obra, de una hora de duración, se compone de cinco escenas que se desarrollan en un futuro que nos parece demasiado cercano. En esa hora, la dramaturga dice lo que tiene que decir, nosotros entendemos lo que queremos y la amamos por eso.

Salter, de 60 años, tuvo un hijo llamado Bernard, con su esposa, quien se arrojó a las vías de un tren (¡Salve Ana Karenina!), cuando el muchacho tenía dos años. El hombre, incapacitado por adicciones, no pudo bregar con el niño, y lo entregó a un hogar clínico. Acosado por remordimientos, en un intento de ser mejor padre, clona a su hijo y surge Bernard 2, quien crece con Salter en la casa, quien le oculta toda la información. Bernard 2 descubre que es uno de los tantos clones de Bernard 1 que andan por ahí, porque los científicos crearon más clones a espaldas de Salter, y el chico los vio en la calle. A todas estas, el iracundo Bernard 1, lleno de odio y frutración, aparece para enfrentar a su padre por primera vez desde que este lo entregara. El desfile de clones se resume cuando un clon no autorizado, Michael Black, se presenta en la casa de Salter y no diremos más. Los alentamos a ir al teatro el próximo fin de semana para que se enteren de lo demás.

La puesta en escena de Anilom, presentó un excelente montaje de vanguardia en teatro convencional sin telón. Los elementos de la escenografía estaban encerrados en un círculo circense. Como entrada al inframundo, el círculo estaba cerrado por zapatos (reminiscencias de los zapatos de los muertos del huracán María frente al capitolio), donde el padre (Hades con pretensiones de Zeus) permanecía y los clones entraban y salían a condición de ponerse uno de los pares de zapatos que formaban la cerca. Esa sensación de zapatos vacíos que nos cercan, nos inunda de heraldos que vaticinan tragedias. La obra las tiene. Dentro del círculo, una mesa con dos sillas en el centro. A la derecha, un lavabo practicable. A la izquierda, una mesa de servicio con ruedas que nunca se usó. Fuera del círculo, a la izquierda, una estación para el cambio de vestuario entre clon y clon. El círculo estaba enmarcado por tres luces verticales de neón, y bañado, preciosamente, de especiales con patrones entre el rojo y el naranja. Los demás cambios de luces, muy bien planificados, funcionaron a cabalidad. Aplaudimos a Omar Torres Molina (diseño de escenografía y utilería) y a Lynette Salas (diseño de iluminación) por la estética del trabajo.

El concepto de montaje, que atribuimos a la dirección escénica (Yaiza Figueroa), incluía la luz en las escenas y un modelo repetido en todas las transiciones: cuando cada escena iba terminando se recogía la luz en un especial, y desde un apagón, un “flasheo” de luces con sensación de misterio, le daba permiso a la siguiente escena. Nos pareció asertivamente excelente. La directora debió, tal vez, atender mejor el tráfico escénico, el cual resultó repetitivo, y el ritmo en el progreso de todas las escenas.

El trabajo actoral tuvo méritos. Le creímos a Miguel Difoot su parca interpretación del sesentón resentido, taimado y embustero Salter. Omar Torres Molina, supo establecer las diferencias entre los tres distintos personajes (B1, B2, Michael Black) que encarnó, con solo el recurso de cambios de camisa y zapatos. ¡Muy bien!

Completan el equipo Edgardo Soto (asistente de director y regidor), Carla Matteini (traducción), Yaiza Figueroa (diseño de vestuario), Ronald Benítez (edición de sonido), Javier Iván Maldonado (fotos), Omar Torres Molina (productor).

“Un número”, de Caryl Churchill, es un trabajo digno que merece verse en Puerto Rico, con temas relevantes que ponen de manifiesto preguntas que generan conversaciones. El día del estreno, cuando finalizaron los aplausos, nadie se levantó del asiento, posiblemente esperando algún intercambio. La producción podría considerar una conversación con el público al final de la representación. La puesta en escena continúa este fin de semana, viernes 10, sábado 11 y domingo 12 de junio, en el Teatro Victoria Espinosa. ¡No se la pierdan!

(El Festival de Teatro Puertorriqueño e Internacional 2022, del Instituto de Cultura Puertorriqueña tiene el auspicio de la Compañía de Turismo de Puerto Rico y Voy Turisteando.)

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