‘Detener el tiempo’ cautiva

La verdad fue el hilo conductor de los cuatro actores de este montaje, bajo la tutela inteligente del director Omar Torres Molina.
Mariangeli Vélez, Modesto Lacén, Braulio Castillo hijo y Blanca Lissette Cruz estelarizan la obra del dramaturgo estadounidense Donald Margulies. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El pasado sábado 7, presenciamos la última función en el Centro de Bellas Artes de Santurce, de la obra “Detener el tiempo” (“Time Stands Still”) del dramaturgo estadounidense Donald Margulies, producción de Alfonsina Inc., dirigida por Omar Torres Molina.

Fieles a la misión de reforzar las áreas de salud integral, educación, cultura, pensamiento crítico, la producción dedicó la gala del estreno a Taller Salud, organización feminista, fundada en 1979, que tiene como objetivo mejorar el acceso de las mujeres a la salud, reducir la violencia en entornos comunitarios y fomentar el desarrollo económico a través de la educación y el activismo.

Donald Margulies, profesor en la Universidad de Yale, fue recipiente del Premio Pulitzer (2000) por su obra “Cena con amigos” (“Dinner with Friends”), y ha sido merecedor de elogios de la crítica más exigente en importantes escenarios del mundo. Entre sus más reconocidos títulos, figuran “El apartamento modelo” (“The Model Apartment”), “Historias recopiladas” (“Collected Stories”) y “La casa de campo” (“The Country House”).

Modesto Lacén y Braulio Castillo hijo en una escena de la producción que el próximo 25 de junio se presentará en el Teatro América de Vega Baja. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Detener el tiempo”, tuvo su estreno mundial en Los Ángeles, en 2009, y subió a escena en Estocolmo el mismo año. La obra estrenó en Broadway en 2010, donde se mantuvo en cartelera un año, y tuvo dos nominaciones al premio Tony (mejor obra y mejor actriz protagonista).

De la misma manera que lo hizo, magistralmente, la dramaturga francesa Yasmina Reza en “Un dios salvaje” (“God Of Carnege”), con un texto poco común, Margulies hace comentarios alrededor de un conflicto bélico, donde la sinceridad de los profesionales que intervienen a favor de la humanidad, se expone como un marco (¿anti ético?, ¿requisitos de profesión o fundamentos de una empresa?, ¿collage?) en un caldero de emociones e insensibilidades a punto de ebullición. Los profesionales dedicados a la defensa de la humanidad no son capaces de estar al servicio de las personas en sus ambientes inmediatos. ¿Cuáles son las prioridades? ¿Por qué estamos dispuestos a vivir o a morir? Pero Marguiles, que tiene su propio sello de marca, desarrolla su propuesta con sensibilidad compasiva, a través de cuatro incandescentes personajes de fuerza, relevancia, sinceridad y verdad. El texto es sensacional.

La obra se ubica en 2009, en el mismo medio del conflicto con Iraq. Sarah, fotoperiodista de guerra muy reconocida, regresa a su casa en Brooklyn desde el escenario de la guerra en Iraq, gravemente herida por un impacto de bomba en una carretera. La asiste James, su compañero sentimental, también reportero de guerra, quien estaba en casa mucho antes que ella debido a una crisis provocada por una matanza, que lo motivo a claudicar. Richard, editor de la revista para la cual trabajan los dos, los visita en compañía de Mandy, su nueva amiga, varios años menor que él. La muchacha parece tonta y está embarazada. Pero ojo, la joven de quien todos se burlan, es la única de los cuatro que no necesita de ningún proceso de recuperación para aceptar quien es.

En la obra la actriz Blanca Lissette encarna a una fotoperiodista mientras Braulio es el editor de una revista. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Comenzaremos felicitando a la producción por la selección de un texto cautivador, y de los distintos profesionales que integraron el montaje, teatro arena a tres lados. Escenografía (Omar Torres Molina y Rubén Rosario), luces (Lynnette Salas), vestuario (Miguel Vando), utilería (Rubén Rosario), todo guardaba una relación muy real, con una sutileza, casi minimalista, de buen gusto (¡la mesa!). Hasta las dramáticas candilejas (nos encantan), que en antaño se usaban en todos los montajes, y pocos acuden a ella en la actualidad, resultaron efectivas y naturales.

El director dispuso el arreglo escenográfico en una línea recta que corría de uno de los extremos al otro, muy estético y simétrico con rompimientos casi imperceptibles, como si se tratara de un montaje de teatro arena a dos lados. De hecho, las hermosas composiciones con los actores parecían dispuestas para teatro arena a dos lados. A pesar de ese detalle, tanto las composiciones como el tráfico escénico, estaban muy bien cuidados, y el público de los tres lados no perdió nada.

El trabajo sobresaliente del director de esta puesta en escena fue con los actores, quienes lucieron, igualmente, sobresalientes. El cuarteto compartió la misma dignidad actoral.

Mariangeli Vélez, joven actriz de experiencia en cine, televisión y teatro, puso la ternura de su voz, sus movimientos y su gracia (la tiene a caudales) al servicio de la “ingenua” Mandy. Le creímos hasta el último de los suspiros, y créanlo, estábamos tan cerca como para que esos suspiros nos acariciaran.

Braulio Castillo es un actor que embruja en escena, dueño de un gran talento, y una gran presencia. Conoce el escenario como la palma de su mano y lo usa a favor de todos los personajes que interpreta. Domina tanto el drama como la comedia. El editor determinado de una prestigiosa revista cuyas novias son todas jovencitas no pudo tener mejor intérprete.

Modesto Lacén, con una sinceridad tan impresionante como su voz y su presencia, y gestos que van más allá de su campo de fuerza, se convirtió, totalmente, en James, el reportero de guerra compañero de Sarah. Lacén se desplazó por el escenario con envidiable dominio, como lo haría el vecino que vive frente a nuestra casa, a quien vemos a través de los cristales de sus ventanas, en su propia casa.

Cruz fue elogiada por su caracterización así como Vélez fue desatacada por transmitir toda la ingenuidad de su personaje. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Los laureles de la función que vimos el sábado son para Blanca Lissette Cruz, una profesional de mucha experiencia que los años han convertido en una actriz soberbia. Su actuación como Sarah, la que “vive del sufrimiento de los extraños”, la que “construye una carrera sobre las penas de personas que no conoce”, la que llega a sentirse como “un demonio con una cámara”, fue precisa, intensa y muy real. Cruz logró conmovernos.

La verdad fue el hilo conductor de los cuatro actores de este montaje, a la tutela del inteligente Omar Torres Molina. El director puso en función de esa verdad una dosis cargada de sensibilidad, sobre todo en el primer acto. En el segundo acto, podría tal vez, considerar el ritmo, que resultó un poco lento, en la escena de Lacén y Cruz, cuando deciden separarse, y ponerla a la altura de la perfección de las demás.

Completan el equipo de “Detener el tiempo”, Alex Pabón (maquillaje), Samuel Kaleb Otero (regiduría y asiste de dirección), Wilda Santamaría (relaciones públicas), Shaday Sánches (coordinación de redes), José Brocco (artes gráficas), José Brocco (fotografía), Equipo de técnicos ARTTE, Limarys Rodríguez (coordinación de producción), Xiadani Ortiz (coordinación de producción) y Lissette Cruz (producción general).

Felicitamos y aplaudimos a Alfonsina, Inc. La producción se presentará en el Teatro América de Vega Baja el 25 de junio. Esperamos que pueda subir a escena en muchos escenarios más.

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