‘Torcidas’ en consideración

La obra, original de Catherine Trieschmann, cuenta con una adaptación boricua que se desarrolla en Arecibo.
“Torcidas” se presentó en el Teatro Braulio Castillo como parte del Primer Festival de Teatro para la Mujer. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Como todos los domingos, desde que inició el Primer Festival de Teatro para la Mujer en Puerto Rico, auspiciado por el Municipio de Bayamón en el Teatro Braulio Castillo, el 26 de marzo, a las cinco de la tarde, nos fundimos con el público para presenciar la tercera propuesta de la temporada: “Torcidas” (Crooked) de la dramaturga norteamericana Catherine Trieschmann, producción de Emineh de Lourdes y Lizmarie Quintana para Re-Evolución.

“Torcidas”, que vio la luz por primera vez en Edimburgo, en 2004, subió a escena, por primera vez en Puerto Rico, en octubre de 2021, en la Sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce, con el mismo elenco y directora, ocasión que no tuvimos oportunidad de disfrutar.

Las encrucijadas del mundo femenino domina en esta producción . (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La pieza y la autora merecen nuestra consideración. Catherine Trieschmann es una dramaturga estadounidense contemporánea (tiene 47 años), con sello de marca y trayectoria. Sus obras son exitosas y han tenido elogios de la crítica más exigente. Entre las mismas se destacan: “The Bridegroom of Blowing Rock”, “How the World Began”, “Hot Georgia Sunday”, “The Most Deserving”, “Holy Laughter”, “OZ 2.5” y “One House Over”.

Su trabajo se ha presentado en importantes escenarios de Estados Unidos, Inglaterra, Escocia, Australia y Latinoamérica. Ha sido recipiente de importantes premios como Weissberger Award, Otis Guernsey New Voices Playwriting Award del Inge Theatre Festival y, en dos ocasiones, Edgerton New Play Award. También ha escrito guiones de cine.

Lejos de mostrar parcialidad con ideas (las que sean) que encajan en patrones recortados, “Torcidas” sugiere la inefectividad de la defensa de los puntos de vista, cuando la información (existencial, emocional e intelectual, falla) y la concentración primordial se aleja de nuestra humanidad. Los personajes que desarrolla esta pieza son un estupendo acierto. Se trata de mujeres, solas en la vida, tan confundidas y desorientadas como el resto de la población mundial. Lo que saben no les sirve de nada. Elisa, en sus 40 años, es una trabajadora social cuyos conocimientos resultan completamente inefectivos para resolver su propia crisis. Laura, hija de Elisa es una joven de 14 años, con limitaciones físicas, mentirosa compulsiva, juega a ser lo que sea que se presente en el momento, comportamiento de escape que se le atribuye a su rebeldía. Maribel, hija de un pastor protestante, es una joven de 17, cristiana fundamentalista, que le encanta el sexo y el alcohol. Los personajes son perfectos para desarrollar una acción con la capacidad de hacerse entender por todos, y la dramaturga no deja pasar una sola fracción.

Los personajes que presenta esta pieza son un acierto estupendo. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La autora abraza a sus mujeres. Las presenta con una simpatía, casi de fiesta, que arranca, por momentos nuestras risas, por otros momentos nuestras lágrimas, y nuestras sonrisas perpetuas con dosis intensas de solidaridad. La escritora tiene A. Comprender y abrazar cada vida debería ser el alpha de toda sociedad. Definir quién está bien y quién está mal, es algo que se ha hecho por demasiado tiempo, y no ha resuelto nada. Lo menos que necesitamos, en el momento en el cual estamos, son discursos de ética y moral que nos dividan en grupos de conflicto.

En Puerto Rico, la versión de la obra de Catherine Trieschmann, cuya traducción también es de Lynnette Salas, se desarrolla en Arecibo, lo cual funciona bien. Esta es la historia: Elisa se muda con su hija desde San Juan porque tuvo que dejar a su esposo – del cual se divorció – en un hospital siquiátrico. Su hija Laura, quien luce una joroba en la espalda por distonía, le recrimina que haya “abandonado” a su padre. En la escuela, Laura conoce a Maribel, una chica tres años mayor, atrasada en sus estudios por un error de la madre. Las dos muchachas no pueden ser más diferentes entre sí. El rechazo de los demás las acerca, y ambas se nutren de las respectivas “experiencias”. De esta manera, Laura, tal como su madre, evidentemente indiferente a la religión, juega a ser cristiana y se inventa un romance con Maribel. Ella, quien asegura tener estigmas sicológicos, y está deseosa por repetir una experiencia erótica que tuvo con un idiota en la escuela, no perdona el inventario mitómano de Laura (muerte de su padre e interés del idiota en Maribel, incluidos).

El montaje de Emineh de Lourdes, minimalista en muebles realistas y tráfico escénico, concentrado en la separación de áreas por luces especiales, fue muy efectivo y, visualmente, agradable, bonito. Emineh es una profesional muy inteligente y conocedora, que sostiene una línea de directoras puertorriqueñas, la cual no dudamos, venga desde otros siglos, pero la conocemos desde el siglo 20 a la perfección. Entre las más recordadas, las maestras, Victoria Espinosa, Gloria Arjona, Myrna Casas, Piri Fernández, Nilda González. Aunque, aun en el siglo 21, las mujeres han enfrentado muchos obstáculos al momento de dirigir, han sido muchas las que, en los últimos 20 años, contra toda adversidad, no se han detenido. Entre las mismas, Idalia Pérez Garay, Tere Marichal, Zora Moreno, Adriana Pantoja, Anamín Santiago, Kisha Tikina Burgos, Gladys Vanessa, Johanna Ferrán, Sonia Valentín, Ileana Rivera Santa, Ileana García, Mariana Quiles, Isabel Otón, Rosita Archevald, Myrna Lluch, Provi Sein, Gradissa Fenández, Deborah Hunt, Olga Vega Fontanez, Lynnette Salas, Elia Enid Cadilla, Jackeline Duprey, Carmen Z, María Bertólez, Sylvia Bofill, Marieli Durán, Alejandra Ramos Riera, Janilka Romero, entre otras bravas guerreras. Podemos hablar de una tradición de directoras puertorriqueñas. Emineh es orgullo de esa tradición.

Las actrices, combinación de dos generaciones, cautivaron con sus interpretaciones. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Las actrices, combinación de dos generaciones, cautivaron con sus interpretaciones. Como Elisa, Blanca Lissette Cruz, una de nuestras mejores veteranas, mostró fuerza, seguridad y naturalidad. Dio gusto verla. Como Laura, Zaieed Velez lució muy convincente y sincera. ¡Muy bien! Alexandra Cedeño, profunda y simpática, se apoderó de Maribel en un nivel de perfección. ¡Brava!
Las luces de Lynnette Salas fueron bellísimas (el patrón en el ciclorama que sugiere un cerebro que cambia de color; la iglesia, toda construida en patrones de luz). La utilería de El Omar y el vestuario de Miguel Vando, obedecieron a las intenciones del montaje. Suponemos que la escenografía es el resultado de la ambientación de la directora.

Algo que faltó en esta producción y de la misma manera, en las tres producciones anteriores de este Festival, es el programa de mano. Nos enteramos de lo que tenemos que enterarnos, porque preguntamos. Pero el público, no se enteró de lo que se tiene que enterar. Y es posible que, quien va al teatro por primera vez, entienda que enterarse de quién hace qué, no es importante. Lo siento, teatreros, eso no puede faltar. Lo hemos dicho lo mismo demasiadas veces y lo seguiremos diciendo, el programa de mano hace justicia, y puede servir de ambiente mientras esperamos a que empiece una función. Muchos incluyen información de relevancia e interés, como un mensaje del productor o del director o pequeñas biografías de los actores. El programa de mano defiende la historia de nuestro teatro. Si, con todo, entienden que es un gasto superfluo, podría ser un papel sencillo de una sola cara, sacado en una impresora casera, lo cual es mejor que nada. Si se solidarizan con los árboles del Matto Grosso, lo cual es loable y comprensible, pueden proporcionarlo cibernético, como algunos productores están haciendo. Pueden ponerse creativos, que les sobra la creatividad. El asunto es que el programa de mano no puede faltar.

El Festival de Teatro para la Mujer continúa este fin de semana con “Blanco Temblor” de Carola García, producción de Raquel Vázquez para Teatro Público. La recomendamos.

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