‘Doble cara’: realismo como hilo conductor

El texto de la dramaturga Adriana Pantoja pone los puntos sobre las íes, y dice lo que tiene que ser dicho.
Los actores Willie Denton y Omar Torres forman parte del elenco de “Doble cara” de la dramaturga Adriana Pantoja. (Foto Cristina Martínez Mattei para Cuarzo Blanco)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Comenzaremos con el texto, el cual merece muchos más comentarios. Conocemos el teatro de Adriana Pantoja. Es una buena dramaturga de experiencia que conoce muy bien su oficio. Su teatro, se nutre tanto de la vanguardia, como de lo tradicional. Como artista de su época, en ocasiones inserta vídeos donde una acción importante se puede dar, y en otras, rompe con canciones que ella misma compone. Sabemos que Pantoja, porque así lo ha dicho, decide el tema del cual va a escribir, se lanza en una intensa investigación, diagrama la acción que escribe para actores específicos, y después de todo lo anterior se lanza en picada con una nueva obra de teatro.

Los temas que explora esta dramaturga, aunque pueden ser escandalosos, como el incesto, los desarrolla con elegante humanidad. La dificultad de mantener el celibato y la pedofilia, en la iglesia católica son los dos temas principales que corren paralelos en “Doble cara”, propuesta que iba a estrenarse en 2020, y por el cierre total de la pandemia, tardó dos años en ver la luz.

José Luis Gutiérrez es el Padre Nacho y Jorge Armando interpreta a Rauly en la obra que enmarca el 33er. aniversario de la compañía Cuarzo Blanco Inc. (Foto Cristina Martínez Mattei)

Uno de los temas, la dificultad de mantener el celibato, es sostenido por dos personajes, Padre Nacho y Padre Gabriel. Solo uno de esos dos personajes, Padre Gabriel, desarrolla el tema de la pedofilia. El primer tema es inaceptable para la iglesia católica, pero abrazado por otras denominaciones cristianas y otras religiones, siempre y cuando se trate de la relación estable entre un hombre y una mujer. El segundo tema (en el caso de esta obra, no se da con niñas, pero entendemos que el señalamiento no las excluye) se considera una aberración, inaceptablemente inmoral, más allá de las paredes de cualquier templo. Por la cantidad de valientes que se han atrevido a llevar sus casos a los tribunales, hay información accesible a través de artículos, películas y documentales.

Instituciones, como la ONU han hecho declaraciones, y aunque la situación ha sido aceptada por el Vaticano, los casos se siguen ocultando. La iglesia “castiga” a los sacerdotes pedófilos al trasladarlos de parroquia en parroquia y hasta de país en país. El tema, como verdad social, no es novel. De hecho, es milenario. Conocemos, por la historia, la cual dista de contarlo todo, algunos casos de personas con autoridad, dentro y fuera de las iglesias, que abusaron sexualmente de aquellos a quienes consideraron inferiores. Pero una cosa es ser un adulto abusado, y otra ser un niño abusado. Si ambos ejemplos son nefastos, no hay un adjetivo lo suficientemente asqueroso que modifique el nombre de la segunda acción.

Ser dañados por personas que han hecho votos religiosos para ayudarnos, es suficiente motivo para perder cualquier fe atribuida a un poder que va por encima de nosotros… no obstante, en la obra de Pantoja, no sucede así. Tal vez la autora desee que quede bien claro que ella no ataca la creencia, sino que señala el proceder humano. La autora parece también señalar que nuestro comportamiento, aun el más deplorable, responde a un por qué, lo cual no podemos confundir con ser permisibles. De hecho, la autora, enarbola la consiga del poder del pueblo, y presenta, al final, la indignación un pueblo que se levanta con ira para destruir, no la creencia, sino la estructura física que representa la institución.

El trabajo desempeñado por Omar Torres en la interpretación de Elías, el seminarista, impactó al público. (Foto Cristina Martínez Mattei para Cuarzo Blanco)

Para su nueva obra, Adriana, que planea todas sus hazañas también como directora, escogió el realismo como hilo conductor de su historia, el cual se rompe en una sola escena que comentaremos más adelante.

Asistimos a la función de “Doble cara” escrita, dirigida y producida por Adriana Pantoja para Cuarzo Blanco, Inc., que se dio el viernes 8 de abril, a las ocho de la noche, en la Sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce. De inmediato, se hizo evidente que apreciaríamos un montaje de teatro arena a tres lados. Nuestro primer encuentro fue con la escenografía, diseño de José Luis Gutiérrez. El diseño minimalista y colorido, presentaba dos hileras simétricas de vitrales, a cada lado, al fondo de una tarima, una mesa para la liturgia de la misa católica se colocó en el centro de la misma tarima, y desde el techo colgaba una impresionante cruz que parecía caer encima de la trama. El resto eran elementos en nivel del escenario real. La escenografía funcionó con acierto. Lo mismo señalamos del diseño de luces de Omar Torres Molina. La combinación de luces con escenografía, impartió belleza y excelente ambientación.

Un espacio en la tarima del fondo, a la izquierda del espectador sentado de frente, se reservó para la excelente labor de los intérpretes de señas para sordos (algo que no falta en los montajes de Cuarzo Blanco), convertidos en verdaderos actores convincentes: Ismael Joel Sánchez para Willie Denton (Padre Gabriel; José W. Santiago para José Luis Gutiérrez (Padre Nacho), Luis Daniel Pesante para Omar Torres Molina (Elías), Yariel Hernández para Jorge Armando (Rauly) y Alexssa Hernández a Laura Isabel (Isabel). ¡Muy bien!

Willie Denton, uno de nuestros mejores y experimentados actores, demostró toda su veteranía al tomar las riendas del personaje más detestable, el pedófilo manipulador quien no logró nuestra simpatía a pesar de que, a solas con el público expuso su terrible pasado. Pero el padre Gabriel no es inconsciente. El padre Gabriel consulta con sus “amigos”, vía celular, sus fechorías y esos “amigos” le informan que las víctimas están comenzando a hablar. A través de estas voces, la dramaturga extiende nuestra mirada al mundo exterior, donde otros tantos sacerdotes incurren en el mismo comportamiento. Si bien es cierto que hay comportamientos que pueden ser efectos de alguna enfermedad, también es cierto que las personas que comenten crímenes de pedofilia y violación en general, son tan peligrosas para la sociedad como los asesinos en serie.

La actriz Laura Isabel, aquí junto a José Luis Gutiérrez, encarnó a la progenitora del niño Rauly.  (Foto Cristina Martínez Mattei para Cuarzo Blanco)

José Luis Gutiérrez, no soltó el timón del Padre Nacho, y al hacerlo resaltaron sus mejores cualidades como actor. La naturalidad es algo por lo cual siempre se destaca. Uno de sus momentos más tiernos, es cuando habla de su raza mestiza y enseña un retrato de su madre negra, que resultó ser nuestra insigne teatrera, Victoria Espinosa (foto de Gabriel Suau, cortesía de Producciones Cisne), homenaje de la directora a la gran maestra en su centenario. Por otro lado, Gutiérrez pudo, tal vez, profundizar más en algunos meritorios momentos, como cuando el sacerdote se entera que Rauly es su hijo, concebido la misma noche en la cual tomó los hábitos, y que el joven padece de Asperger, algo que no le había sido notificado, a pesar de ser su tutor.

Ambos personajes, padre Gabriel y padre Nacho, son igualmente cobardes: Gabriel en su descarada locura y Nacho en su vergonzoso silencio. La valentía de Nacho solo llega cuando siente que su propio hijo puede convertirse en víctima del agresor. Lo anterior, es un comentario poderosamente realista que hace Adriana Pantoja sobre una débil condición humana que ronda, como un virus, nuestra sociedad.

Laura Isabel, una muy buena actriz puertorriqueña, cumplió como Isabel, madre de Rauly, personaje que se escapa de una carta para tener una conversación que debió sostenerse con el recipiente, años atrás. Isabel decide revelar su secreto cuando se entera que ella puede morir de cáncer en cualquier momento. Se trata de la única escena “irreal” de Doble cara. Por ser una escena tan reveladora, y por tratarse de un personaje que calla por castigarse, es la más difícil y peligrosa de la obra. En una “irrealidad” sucede lo que desee nuestra voluntad. La directora impartió matices de credibilidad a ese deseo.

Como es su tradición, la producción integró el lenguaje de señas para la comunidad sorda. (Foto Cristina Martínez Mattei para Cuarzo Blanco)

Los laureles de la actuación en este montaje son, a nuestro parecer, para Omar Torres Molina y Jorge Armando, quienes, aprovecharon al máximo cada fracción de momento con los personajes más atractivos de la obra. Como Elías, el seminarista, víctima del Padre Gabriel desde que es un niño, Omar Torres Molina hizo un trabajo impresionante. Nos parece estar viendo sus reacciones, sus miradas, su caminar, su cuerpo, totalmente en función de lo que tenía que ser. ¡Bellísimo!

Como Rauly, Jorge Armando se apoderó de un personaje que, aunque muy simpático, no resulta de fácil entendimiento para aquellos que carecen de experiencia con personas que tienen problemas de condición intelectual. Chicos como Rauly no reaccionan como los demás, por lo cual no podemos evaluar a estos personajes conforme la lógica de alguien “normal”, pero, existe un patrón de comportamiento que las identifica. Le creímos a Jorge Armando, en sus 30, los 16 años y el Asperger de Rauly, desde el momento que hizo la primera entrada. Rendimos loas a un trabajo actoral, el cual, al tener conocimiento de causa, nos consta como real. Rendimos loas a la dramaturga y a la directora que sopló esa vida y a la producción que puso a funcionar el todo de la obra de teatro.

Nos queda por decir que los arreglos musicales, banda sonora y sonido incluidos, armonizaron con el concepto y con nuestra percepción. Las voces grabadas, “al otro lado del teléfono”, de Miguel Difoot y José Brocco, fueron creíbles y efectivas. El diseño de vestuario de Edgardo Cortés, fue funcional y acertado; de igual manera su coordinación de la utilería.

La escenografía y la iluminación de la obra ganaron aplausos en este montaje en la Sala Carlos Marichal. (Foto Cristina Martínez Mattei para Cuarzo Blanco)

Completan el equipo de Doble Cara, Ricardo Santana (maquillaje) Javier Ortiz (Audio descriptor); Natalia García, Edgardo Cortés (Asistentes de producción); José Brocco (Fotos publicitarias, edición vídeos); Cristina Martínez Mattei (Fotos en función); Julio A. García Rosado, José Brocco (Arte gráfico); Lidda García, Grandes eventos (Relaciones públicas); Janicebel Alicea, TBAS (Contabilidad); Lcd. Jorge Morales (Contabilidad legal); Gabriel Palerm, Palerm Insurance (Seguros).

Después de “Doble cara”, volvemos a lanzar el grito: ¡La dramaturgia puertorriqueña no carece de nada! Añadimos: La dramaturgia puertorriqueña pone los puntos sobre las íes, y dice lo que tiene que ser dicho. ¡Felicidades a Cuarzo Blanco por este estreno mundial en su trigésimo tercer aniversario!

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