Marcelo encontró el sonido desaparecido

En la antigua escuela Goyco de Santurce – semanalmente – un grupo de niños aprenden lo básico y elemental de la plena.
Sábado tras sábado, Marcelo comparte con niñas y niños, algunos de su edad, en la Casa de la Plena en la antigua escuela Goyco en Santurce. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Marcelito descifró el Misterio del Sonido Desaparecido.

El de la señora plena, que aprendió a reconocer, valorar y respetar desde antes de su nacimiento, palpitando en los corazones de su madre Mariana Reyes y su padre Tito Matos.

Sonido primario que, sábado tras sábado, comparte con niñas y niños, algunos de su edad, en la Casa de la Plena en la antigua escuela Goyco en Santurce.

Marcelito comparte con otros niños el cadencioso ritmo de la plena. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Allí, semanalmente, ocurre un milagro cultural: en común unidad, madres y padres llevan a sus pequeños que, portando sus panderos, aprenden lo básico y elemental de la plena.

Gente menuda que en comunidad se inicia en el estudio de la expresión autóctona, en un aposento plenero de panderetas colgantes, fotos de Tito Matos, afiches de Roberto Cipreni, pinturas, una selecta colección de discos, libros de plena y artesanías, como parte de los tapices de Ramón López.

El sábado que visitamos la Casa de la Plena, Marcelito se paseaba de lado a lado ofreciendo el cd de los Pleneros de la 23 Abajo por un donativo de $10.

Ya con los niños en el salón, pasó a impartir el taller acompañado esta vez de Moncho Rey, un plenero experimentado que esa semana sustituyó a Emanuel Santana.

Gracias a la espiritualidad que se percibe en el espacio cultural, fue fácil explicar la polirritmia plenera, con palabras sencillas de Moncho de que en un solo sonido hay varios ritmos que se complementan, utilizando tres panderetas: seguidor, requinto y punteador, con el complemento del güiro.

Marcelito añadió que las tres panderetas se afinan de distintas maneras, con registros diferentes. El seguidor es la del registro más grave; el punteador debe estar en el medio y el requinto es la del tono más agudo y se afina más alto. La práctica comenzó con la explicación de Marcelo sobre la función del seguidor, que ejerce el rol de bajo, lleva el ritmo y pulso de la canción.

Elementos didácticos sobre la plena rodean a los pequeños aprendices de esta expresión musical puertorriqueña. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

“Les resultará más fácil si me siguen con la onomatopeya ‘tun-pa’, ‘tun-pa’, ‘tun-pa”.

Los niños repitieron sin tocar la pandereta. Luego Marcelito pasó a la demostración con el seguidor, con golpe de centro y esquina.

Todos comenzaron a tocar el patrón del seguidor, ilustrados por Moncho Rey.

El taller continuó con el punteador o seguidor segundo y su función en la plena, que consiste -según explicó Marcelo- en tres toques de ‘esquina-esquina-centro’ o ‘tun-tun-pa’. Primero pasaron a la onomatopeya y luego al ejercicio en el instrumento.

“Hablando, no tocando aún por favor”, corrigió con dulzura Marcelo, para después pasar a los toques.

Moncho ilustró que el punteador o segunda le responde al seguidor. Se repasaron los sonidos primarios y se intercalaron, distribuidos en dos grupos de estudiantes.

Así, mediante el sentido de la audición, los niños alambraron los patrones de punteador y seguidor, repitiendo la rutina al menos media decena de veces.

La Onomatopeyas y toques se entrelazaron, pasando Marcelo a la presentación del requinto. “Es el más pequeño, pero es el registro más alto y más agudo. La onomatopeya es ‘tun-pa-tun–pa’, ‘tun-pa-tun–pan’.

“¡No toquen! Repitan primero la onomatopeya”, recomendó Marcelo, pasando a tocar el requinto mientras Moncho aclaraba que una de las características del tambor de mano es la improvisación.

Grabaciones pleneras de distintas épocas están accesibles para ser escuchadas por los niños. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Tras la lección, todos los niños tocaron el patrón del requinto. Y al final se combinaron todos los sonidos de la plena, registrándose la proeza de un plenazo infantil en la Goyco.

A veces la mirada de Marcelo parecía perdida, revelando el destello de la nostalgia de una ausencia presente. Es un signo que, poco a poco, se descifra.

El taller terminó con la interpretación de la plena “Se escapó un león”. Se repasaron los conocimientos y destrezas adquiridos. Y, panderos en manos, los niños se marcharon felices de la Goyco.

La verdad es que Marcelo encontró el sonido desaparecido. Y ese sonido poderoso, afanoso y noble tiene nombre: la Plena, que desde su inocencia toca inmortalizando semana tras semana la leyenda de su padre Tito Matos.

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