Leonardo Egúrbida: Gigante del diapasón

Grabaciones, publicaciones de música original y transcripciones para guitarra son parte del legado que el Maestro deja a Puerto Rico y al mundo.
Detalle de portada de la producción discográfica “Obra Integral de Leonardo Egúrbida” realizada por el guitarrista clásico José Antonio López. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Rodrigo, Segovia, Tárrega y Egúrbida.

Cuatro mitos de la guitarra clásica. Los primeros tres apellidos son españoles. Y el cuarto: Egúrbida, boricua, oriundo de Camuy.

Esta semana se marchó de este plano el virtuoso de la guitarra, de fama internacional, que deja un legado inconmensurable para el provecho de la presente y futuras generaciones de jóvenes estudiosos de la guitarrística clásica.

Su despedida, lamentablemente, en un país distraído por tantas banalidades, pasa inadvertida, pero es un signo elocuente por demás porque sucede en una coyuntura de desmembramiento cultural de la Nación, amén de la venta del patrimonio y el proyectado cierre de escuelas libres de música.

Pero Leonardo Egúrbida, merecedor -y me perdonan la hipérbole- de una semana de duelo nacional, también se abrazó a la inmortalidad desde mucho antes de su deceso.

Una vez contó que en su niñez solía pedir de regalo de Navidad algún instrumento musical. Sus juguetes eran instrumentos plásticos de ocho notas.

Un Día de Reyes encontró bajo su cama un requinto. Tras unas clases, adquirió libros y métodos, adquiriendo de manera autodidacta las primeras nociones de lectura musical. Sus lecciones formales las tomó con Narciso Emmanuelli y pocos años después estudió con Jorge Rubiano.

Luego ingresó al Conservatorio de Música de Puerto Rico y el resto es historia. Becado en 1965 por el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) para estudiar en el Real Conservatorio Superior de Música en Madrid, por más de cuatro décadas Leonardo Egúrbida fue profesor del Conservatorio y eslabón de su Programa de Guitarra Clásica.

Su herencia es inestimable, demasiado profusa y trascendental como educador, guitarrista, concertista, compositor y autor de libros como “Nueve Danzas Puertorriqueñas Transcritas”, con énfasis en Juan Morel Campos, entre otros.

Con respeto a la memoria de Rodrigo, Segovia, Tárrega, nuestro Egúrbida también fue clase aparte; merecedor a esta hora de un soberano “Usted y tenga” y de esculturas doradas a su honor, doquiera se impartan clases de guitarra.

Los muchachos bajo su tutela hoy son leyendas que a su vez prolongan la tradición educativa de excelencia inherente al aura y al aula de Leonardo Egúrbida en su discipulado. Posiblemente el mejor ejemplo es el grandioso Iván Rijos y su alumno, hoy con estatura de virtuoso, Zabiel Moriah Matos.

Este ‘In Memoriam’ muy bien no podría hallar colofón ni punto final… Quizás tres suspensivos porque se escribe y reescribe con las memorias que a esta hora inspira.

El jueves 31 de agosto de 1967, el desaparecido diario El Mundo anunció los conciertos que el joven concertista de guitarra presentaría en La Tierruca en el Viejo San Juan basados en el repertorio selecto de Bizet, Bach, Morel Campos, Villa-Lobos y Tárrega.

Tres años después de su ingreso al Real Conservatorio Superior de Música en Madrid, Egúrbida dictó cátedra con su genial dominio del diapasón.

Nacido en 1945, Egúrbida hace mutis del escenario temporal a los 77 años. Su bagaje consiste de recitales en escenarios de Europa, el Caribe, Centro, Sudamérica y de Estados Unidos, como el prestigioso Carnegie Hall de Nueva York.

Decenas de grabaciones y publicaciones de música original y de transcripciones para guitarra son parte del tesoro cultural que le regala a Puerto Rico y al mundo.

Su dúo con el fenecido mandolinista Gustavo Batista es de ensueño así como sus colaboraciones con Juan Sorroche, Ernesto Cordero y José Antonio López, quien le dedicó dos discos que documentan para la posteridad su obra inédita.

En 2009, cuando López lanzó los discos “Obra Integral de Leonardo Egúrbida”, el mítico y virtuoso concertista dijo, con su peculiar humildad: “Uno en realidad no sabe lo que es, sino hasta descubrir lo que los demás piensan de uno”.

El propio Dr. López, un apasionado estudioso, intérprete, concertista, educador, compositor, autor e historiador de la guitarra, señaló entonces: “El maestro Egúrbida es la figura principal de la guitarra en la historia de Puerto Rico”.

Palabras que sustentan la afirmación de que aunque España tuvo y tiene a Rodrigo, Segovia y Tárrega, Puerto Rico y el mundo siempre tendrán al mismísimo nivel a Leonardo Egúrbida.

Co-fundador del Festival de Guitarra de Puerto Rico, la gesta del creador de “Entre Cenizas y Humo”, “Prisma de mi Infancia” y “La Saltarina” también incluye su desarrollo como lutier.

Sus creaciones de cedro, caoba y ébano, confirmación de su generosidad y dotes humanistas, las solía obsequiar a jóvenes de escasos recursos.

La fenecida cronista de música académica Sylvia M. Lamoutte documentó en 1990: “En Puerto Rico, guitarra clásica es sinónimo de Leonardo Egúrbida. Primer profesor de guitarra del Conservatorio de Música de Puerto Rico desde 1968. Profesor de profesores, intérprete, arreglista, compositor. Hombre sencillo, comprometido con la música y su Familia”.

Razones adicionales para que a este hora la Monoestrellada ondee a media asta, pero no importa el exabrupto de la miopía cultural del estado, cuando la aportación de este gigante del diapasón se encarga a esta hora de rendirle honores con su trascendental bagaje de excelencia guitarrística.

Porque no se trató soló de puntear y rasgar las cuerdas de la guitarra, sino de acariciar el corazón de su discipulado.
¡Descanse en paz, Maestro de maestros, Leonardo Egúrbida!

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