Adiós al Corazón de la Plena

Como compositor, el plenero deja un catálogo de composiciones de reafirmación nacional, cultural y que retrataron el pulso de la vida del barrio.
Héctor “Tito” Matos, pandero en mano, junto al colectivo de avanzada plenera Viento de Agua, en una actuación en el Teatro Tapia en 2015. (Foto suministrada)

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El Corazón de la Plena.

Así recordaré al maestro y virtuoso del requinto, Héctor ‘Tito’ Matos, quien súbita e inesperadamente murió este martes, dejando un vacío imposible de llenar en la escena del folclor boricua.

Seguí muy de cerca su desarrollo tras su regreso a Puerto Rico luego de varios años en Nueva York, donde trabajó con la icónica agrupación Pleneros de la 21, junto a Juan Gutiérrez, Sammy Tanco, Ángel Luis Torruellas, Meñique, el cuatrista Edgardo Miranda y otros.

En el Barrio concibió su banda Viento de Agua y acá junto a Ricardo Pons la encaminó con identidad propia en el espectro folclórico, con arreglos de vanguardia que incorporaron elementos del jazz y la música clásica.

No olvido cuando Tito Matos se involucró en la producción de su disco “Fruta Madura” y se acercó a algunos amigos para recabar su auspicio en metálico a cambio de una u dos decenas de ejemplares de la producción que, en mi caso, obsequié a conocidos y seres queridos invitándoles a descubrir la creatividad e ingenio del plenero oriundo del Chícharo cangrejero.

Fue el Corazón de la Plena por muchas razones. Por su espíritu luchador e inquebrantable a la hora de redactar, someter y defender propuestas en aras del bienestar de la expresión.

Tito Matos, por ejemplo, se acercó al Instituto Smithsonian para el lanzamiento de “Materia Prima” de Viento de Agua Unplugged.

Asimismo desarrolló otros proyectos a favor de la plena como La Máquina Insular, los Plenazos Callejeros, criticados por algunos hipócritas puristas de la plena que a esta hora se dan golpes en el pecho, los lunes de plena en El Boricua, la transformación de la antigua escuela Goyco como destino plenero y su aportación general, junto a su señora Mariana Reyes, al rescate y desarrollo cultural de la periferia de la Calle Loíza en Santurce.

Con pasión incansable, se debe reconocer el establecimiento de La Casa Plena, un museo que custodiaba parte de la colección del fenecido artesano e historiador Ramón López.
Tito Matos, el Corazón de la Plena, también fue un virtuoso mito del requinto. Sus magistrales toques se pueden apreciar en los discos de Viento de Agua y particularmente en la joya “Esta Plena” de Miguel Zenón, maridaje del jazz con el ritmo autóctono, y el “Rumbero del Piano”, de Eddie Palmieri y donde se destaca en el requinto en la plena “¿Dónde está mi negra?”.

Solo el Corazón de la Plena se detiene a pensar en el futuro del género y así surge el proyecto “Sonidos primarios”, con auspicios del Instituto de Cultura Puertorriqueña, con canciones didácticas y el cuento Marcelo y el Misterio del Sonido Desaparecido.

Como compositor, el difunto plenero deja un catálogo de composiciones de reafirmación nacional, cultural y que retrataron el pulso de la vida del barrio. “Las batatas” y “Duermen los pueblos” son obligadas cuando se piensa en su aporte a la plena de denuncia política y “Fruta madura” cuando se habla de plena romántica.

Como productor, parte de su legado incluye el segundo disco de Los Pleneros de la 23 Abajo y el primer cd de Los Pleneros de la Cresta.

Ver a Tito Matos llorar como lloró en el sepelio de Ángel Luis Torruellas en Hatillo y su compromiso con el depósito de las cenizas de Ramón López en el Río Mameyes de El Yunque confirman también la elevada estatura humana de este artista que también recordaremos por su registro afinado y fraseo acompasado… Corazón al fin, como si la misma Plena cantara.
¡Descanse en Paz, Tito Matos!

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