Las vergonzosas verdades del ‘Jaiba’

La obra de Ivonne Goderich se desarrolla en un condominio que es un micro cosmos de nuestro archipiélago nacional.
Luis Javier Rodríguez y Roberto Ramos-Perea en una escena de “Vivir en los tiempos del jaiba”. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El pasado domingo 12, a las cuatro y media de la tarde, acudimos a la sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce, a la última función de “Vivir en los tiempos del jaiba”, comedia seria de la actriz y dramaturga puertorriqueña, Ivonne Goderich. Entrar en Bellas Artes fue toda una aventura, dada la cantidad de vehículos congestionados, en fila, para el estacionamiento. Las cuatro salas estaban activas. El protocolo de Covid en el centro cultural exige que las personas estén totalmente vacunadas como requisito para ser admitidas, lo cual quiere decir que hay luz verde para que el teatro se pueda abarrotar. Siempre nos llena de alegría ver una sala de teatro llena a capacidad, imagínense cuando son cuatro a la vez en el mismo sitio, de modo que la espera se nos hizo grata.

Ivonne Goderich estuvo presente en la función de cierre en el Centro de Bellas Artes de Santurce. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Mientras íbamos entrando a la Sala Experimental, nos proporcionaron el programa de mano cibernético, algo que están haciendo muchos productores en estos momentos. Esta iniciativa evita el papeleo, por lo que ayuda al ambiente, y es una alternativa viable, y muy profesional, para los productores que insisten en no proporcionar programa de mano.

Antes de empezar, Roberto Ramos-Perea, director de la obra que se presentó como una producción de la Compañía de Teatro Nacional del Instituto Alejandro Tapia y Rivera, asociada con el Centro de Bellas Artes y su programa de Residencias Artísticas, y Teatro Aragua, Inc., se dirigió al público para dar la bienvenida, explicar intenciones y hacer unos anuncios. Aprovechó la ocasión para presentar a la dramaturga de “Vivir en los tiempos del Jaiba”, Ivonne Goderich, quien se encontraba presente.

Esta no es la primera obra de la bellísima y talentosa actriz que se robó el corazón del público puertorriqueño por sus participaciones en las telenovelas de la década de 1980 y 1990, sobre todo por protagonizar, junto con el actor venezolano Guillermo Dávila, “Diana Carolina”. Dicen que quien lo hereda no lo hurta, lo cual es absolutamente cierto en su caso por ser la hija menor de una de las más talentosas actrices puertorriqueñas, Esther Sandoval. Ivonne, quien, antes de actriz, locutora y moderadora, brilló como bailarina y maestra, escribe desde temprana edad.

Sonia Rodríguez es doña Ruth en esta versión de “Vivir en los tiempos del jaiba”. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Después de finalizar sus participaciones profesionales en televisión, la multifacética artista se concentró en profundizar sus haberes. Estudio dramaturgia con Roberto Ramos-Perea, fue a Italia, donde estudió escritura creativa, y al regresar a Puerto Rico, estudió dramaturgia avanzada en el Ateneo Puertorriqueño. Fue así como surgió su primera obra de teatro, “Y la lluvia también”, la cual estrenó en el Ateneo Puertorriqueño, en 2006. La dramaturga protagonizó su pieza.

“Vivir en los tiempos del jaiba”, obra que también protagonizó, subió a escena en el Centro de Bellas Artes de Santurce, en 2014, después de una gira por numerosos escenarios del País. Ambas obras fueron realizadas por Producciones Xavier Cifre para la Productora Nacional de Teatro y Sociedad General de Teatro, por lo que estuvieron de gira con éxito, durante mucho tiempo.

Para la reposición de la pieza teatral Goderich decidió no actuar en su obra para darle paso a los nuevos talentos de la Compañía Nacional del Instituto Alejandro Tapia y Rivera. Conforme ella misma nos contó, su obra está basada en asuntos que pasaron en el condominio donde vive con su esposo Xavier Cifre en el Condado. Hasta el incidente de Tito Kayak que se menciona en la pieza, es real.

Habíamos escuchado comentarios muy positivos sobre el talento como dramaturga de Ivonne. Confesamos que este fue nuestro primer encuentro con ese específico talento de la actriz, quien se mantiene joven, tanto en espíritu como en apariencia. Y fue precisamente el texto la estrella incandescente en el firmamento de ese domingo.

El actor Chema Urrutia, de pie, es el presidente de la pintoresca Junta de Condómines. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Todos entendemos lo que es un jaiba, o una jaiba, la palabra está libre de todo género. De todos modos, acudimos al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, para exponer en propiedad, y jaiba está allí. Se entiende como jaiba, en Puerto Rico y en Santo Domingo, una persona lista, astuta y marrullera. Una marrullería es una astucia tramposa o de mala intención. Queda claro que nunca hemos entendido que el significado (listo, astuto) de jaiba sea positivo.

La obra comienza cuando un hombre, que huye de la policía, se cuela en el salón de actos del condominio, donde, en breve, se celebrará una asamblea de condómines por el asunto de unas derramas. Este personaje es un inteligente hilo conductor, que, amparado en su condición de abogado, tiene el rol de delatar las atrocidades cometidas por la junta y por quienes la apañan. En la medida que van llegando a la reunión los dueños, y los que tienen proxi, nos vamos enterando de todo y de más. Ocurre que la junta del condominio no quiere reconocer los derechos de uno de los dueños y le niega el derecho al voto en la asamblea. Esa negativa tiene brochazos de corrupción. Hay enriquecimiento ilícito en la Junta Directiva. Se imponen altas derramas y absurdas cuotas de mantenimiento para satisfacer caprichos de los integrantes de la junta.

La obra es una exquisita comedia con unos personajes, así como las situaciones, están tan perfectamente delineados que los identificamos entre nuestros conocidos. La intención está claramente definida. Lo que pasa en ese condominio es un micro cosmos del macro cosmos político social en nuestro archipiélago, El Gran Puerto Rico. La obra, conforme la tradición de muchos grandes, nos hace reír y reflexionar. Son demasiadas las vergonzosas verdades que se exponen. ¡Bravo, Ivonne Goderich!

Cybelle Delgado caracterizó a doña Lucy en esta puesta en escena en la Sala Experimental Carlos Marichal. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La compañía nacional de teatro del Instituto Alejandro Tapia y Rivera hizo un trabajo digno. En el recuerdo, destacamos las actuaciones de Sonia Rodríguez (Doña Ruth), Nelson Alvarado Jiménez (El juez), y Cybele Delgado (Doña Lucy). Hugo Sebastián, nació para el escenario, con su ángel escénico y su evidente talento, demostró que no existen “personajes pequeños”, y bordó con luz de estrella sus cuatro personajes cortos (Sonidista, Pizzero, Fedex y Guardia). Roberto Ramos Perea (Luis del 7B), Luis Javier Rodríguez (Arturo), Chema Urrutia (Presidente de la Junta), e Israel Solla (Licenciado Johnny González) convencieron con naturalidad.

El resto del elenco fue compuesto por Caroline Vanessa Alicea (Isabel), Jaiyslinn González Torres (Tesorera), Astrid Ayala (Ingeniera-Secretaria), María Isabel Rolón Cruz (Abogada), Rubén Rosario Ortega (Borracho), Belkis Colón (Doña Josefine), Yaria Hernández (Doña Anita), Elisesed Román (Ingeniero Rivera), Kary Ríos (Banquera).

El montaje – arena a tres lados – ofreció un tráfico escénico mínimo y una sencilla dirección (Roberto Ramos-Perea). Las luces (equipo técnico de Bellas Artes), respondieron a la dirección. La coordinación de vestuario (Nelson Alvarado) y la utilería (María Ysabel), fueron efectivas. La escenografía y la ambientación no tuvieron crédito, tampoco el maquillaje. El montaje debería reforzar los aspectos de luces, escenografía, ambientación y maquillaje, al incorporar diseñadores y realizadores en esos imprescindibles campos.

Cerramos al volver a felicitar a Ivonne Goderich, por enorgullecer a la dramaturgia puertorriqueña, la cual, montaje tras montaje, demuestra que no carece de nada.

Disfrutamos esta puesta en escena. Esperamos las próximas presentaciones de la Compañía Nacional del Instituto Alejandro Tapia y Rivera.

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