¡Laureles para Joaquín Jarque!

“Vlad’ es teatro de primera fila que una sala abarrotada vitoreó y aplaudió a rabiar”.
“Vlad”, protagonizada por el actor Joaquín Jarque, contó con la dirección del Dr. Carmelo Santana. (Foto Norberto Barreto Moya)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

El pasado sábado 6 fuimos al teatro Victoria Espinosa para ver la última función de “Vlad”, de la dramaturga puertorriqueña Tere Marichal, producción de Ferdinad Guzmán, y producción general de Joaquín Jarque para Entretenimiento Educativo Inc. y Teatro Caribeño Inc., con el auspicio del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Por distintas razones, confesamos haber estado muy intrigados desde que nos enteramos de este estreno. Las promociones, compartidas en las redes sociales, eran muy efectivas. Se trataba de un monólogo interpretado por un gran actor (Joaquín Jarque), del regreso al teatro profesional de dos profesionales talentosos Dr. Carmelo Santana (director), Norberto Barreto Moya (escenografía), y del estreno de un texto original de la dramaturga puertorriqueña Tere Marichal.

Jarque trae a escena a un controvertible personaje histórico, integrado a la dramaturgia nacional por Tere Marichal. (Foto Norberto Barreto Moya)

El título de la obra era, para nosotros, muy atractivo, ya que lo relacionamos a un personaje histórico que tiene toda atención: Vlad de Valaquia (Transilvania, 1428-1477), alias Vlad Tepes (empalador), o Vlad Draculea. La realidad de este hombre, considerado uno de los gobernantes más importantes de la historia de Valaquia, es más aterradora que su mito, cuyo eco lejano, con matiz distorsionado, pudo haber servido de inspiración al Drácula de Bram Stoker, en 1897. Esa herencia vampírica seudo inventada se transformó en un culto a ciegas que impuso a Drácula como alpha y omega de todo chupasangre.

¡Cuentan y no acaban de las controversiales hazañas de Vlad! Conforme al rumor a gritos que nos ha llegado, Vlad empalaba, mutilaba, quemaba, y torturaba personas a diestra, siniestra, y a puro capricho. Para los rumanos, fue un líder justo que restableció el orden y defendió la independencia, un héroe de la nación. Entre los tantísimos argumentos para destacarlo como tirano o redentor, sobresale la condición humana, ese Vlad que todos llevamos dentro y de vez en cuando dejamos salir. Y fue, precisamente, esa patética y circense condición humana de vampiros de energía, carpas de mentiras, círculos de hipocresías, y traiciones a la carta, donde todos somos protagonistas de cobardía política y algo mucho bastante más, la que exploró la dramaturga en su fascinante propuesta, cuando escribió la obra, en 1985.

La producción respondió con perfección a la intención de Marichal. Desde la entrada a la sala, los espectadores estuvimos atrapados en la escenografía de un circo rasgado y decadente, con destellos centenarios, cuyos detalles descubríamos al vuelo de miradas (mientras repasábamos el acertadísimo programa de mano cibernético, el cual incluyó un glosario), con una estética que nos llevó a un pasado del recóndito personal que rehusamos recordar. ¡Bravo, Norberto Barreto Moya! El pre set de luz blanca de sala fue el presagio de la intención a claridad exacta, esa que no deja lugar a dudas. Pamela López Maldonado, ¡muy bien!

El vestuario, además de definir con acierto a los personajes y cuadrar al actor a la perfección, al tenerlo tan cerca y casi poder tocarlo, logró ráfagas y colas de estrellas en nuestros sentidos. Cautivador y funcional. ¡Excelente, Miguel Vando Rudeth!
El Dr. Carmelo Santana bordó el trío (escenografía, luces y vestuario) con encanto unificador y trazó su tráfico escénico con sabiduría inteligente y tranquila, como maestro de balance y armonía. Preciso, sin ser conservador, salpicó sus pinceles de novedad en muestras que resultaron ser perfectas, al punto de dejarnos con deseos de dejar pegados los sentidos en el momento. Se trata de un director que seduce con lo mínimo, y eso basta para hacernos enloquecer. Ejemplo de lo anterior, fue la escena compartida entre Lucrecia Luna (en escena), y Vlad (en vídeo). ¡Laureles para Santana!

La obra es resaltada en todos sus detalles, tanto técnicos como artísticos. (Foto Ángel “Cuquito” Peña)

Como efecto de las causas del balance y la armonía, ningún elemento funcionó como competencia de otro, entrelazando resplandores. Aplausos para la música original y edición de sonido de Ángel (Cuquito) Peña.

Aplausos, para Emanuelli (armónica), León (realización del vestuario), Johnny Reinosa (maquillaje), Cristina Sesto (Cristina Sesto) y Jack Mari Ortiz (regidora de escena, asistente del director, y asistente de sonido). Aplausos también para Jeffrey Rivera (fotos, filmaciones, edición y efectos especiales promo Vlad y redes sociales), Radamés Vega (asistente de producción), Dayana López (asistente de producción), Wilda Santamaría (relacionista y redes sociales), Wendel Agosto (director técnico), Eduardo Aguiar (director cinematográfico principal, sonido, y cámara #1 producción Vlad), Bruno Irizarry (director cinematográfico asociado), Abdiel Torres (cámara #2 producción Vlad), Luis R Nichols (cámara #3 producción Vlad), y Nereida Acevedo, Enid Guerra, Omarjadhir Flores (venta de funciones escolares).

El creador del concepto sonoro, y/o musical, del montaje, fue el productor y actor único de la puesta en escena. Joaquín Jarque, dueño y señor de más allá del escenario, emperador de la más valiente responsabilidad de un montaje (arena a tres lados) de casi dos horas de duración, sin treguas ni salidas para cambios de vestuario, sin pausas ni regodeos innecesarios que pueden asesinar el ritmo en defensa de un realismo que no extrañamos ni por equivocación, encarnó los personajes que le fueron encomendados como con sobresaliente doctorado y seguridad envidiable. Jarque, dueño de una hermosa y poderosa voz de matices difíciles y subterráneos, sorprendió por la extensión de sus alcances. Su presencia es imponente. Ese cuerpo y esa voz, tan precisos y reconocibles, le dieron vida, con suma credibilidad, a Vlad, Lucrecia Luna, y a Icaro Trapecista, tres fuerzas diferentes, tres poderes, con la posibilidad de otros más, que todos poseemos para bien o para mal. Hemos visto el trabajo de Joaquín Jarque en unas cuantas ocasiones y no dudamos de que desarrollaría una actuación redonda e inolvidable. No obstante, nos conmovió como si acabara de nacer. ¡Laureles para Jarque!

La pieza contó con música original y edición de sonido de Ángel (Cuquito) Peña. (Foto Norberto Barreto Moya)

Con innegable herencia de Luiggi Pirandelo (el asunto del espejo, el saber y no saber qué es mentira y qué es verdad), pinceles manchados con toques de Jean Genet (hace belleza de lo desastrado, domina la provocación moral, funde invicta lo real y lo irreal), y con un sello de marca único y mordaz de artista puertorriqueña comprometida, Tere Marichal dio a una luz una gran pieza teatral, a veces poética, pero directa en su palabra, con asomos de agudeza en su tragedia y cinismo en su comedia. “El gobierno traidor es un reflejo de nuestra cobardía”, podría decirnos Marichal. Si fuéramos a destacar la certeza de una realidad pura en “Vlad”, sería esa. Aplaudir de pie a una dramaturga que nos llama cobardes, y con todo, aclamarla más, es asunto compartido con los grandes dramaturgos de todos los tiempos.

Aunque podríamos ubicar a “Vlad” en cualquier tiempo y en cualquier espacio, la autora recrea el circo puertorriqueño alrededor de unos disparos a los cuales nadie hace caso, que se escuchan de lejos en una montaña. La alusión a “dígame si es o no es cierto” nos va ubicando en el escenario de los acontecimientos del Cerro Maravilla (1978) y las vistas televisadas (1984). El montaje final en vídeo de recortes de periódico del momento, confirma lo que hemos sospechado.

“Vlad” no es una obra realista que tiene un conflicto, un punto culminante y un final. Es teatro de primera fila. Dentro de ese marco, Joaquín Jarque, saludó con una sala repleta a capacidad, que vitoreaba y aplaudía de pie a rabiar. La dramaturgia puertorriqueña, variada, efectiva, acertada, no carece de nada.

Después de recibir los aplausos, se presentó un vídeo que reunía a todos los seres (perros y gatos incluidos) con quienes el actor se siente agradecido, y ya no están entre nosotros. Para finalizar, y en tono jocoso, Jarque nos dijo: “Si me aprendí este mamotreto es para hacer la obra por mucho tiempo. Así que pienso hacer “Vlad”, en Puerto Rico y fuera de Puerto Rico, dondequiera que se presente la oportunidad”. De modo que, si se la perdieron, estén pendientes, “Vlad” no se irá.

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