René Monclova fue ‘Un niño azul…’

La obra de René Marqués marcó la vida escénica del actor en su niñez.
El entonces niño actor René Monclova (tercero de izquierda a derecha) junto al productor Alfred D. Herger, su progenitora Myrna Vázquez y la actriz Myrna de Casenave. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Serie Retro 1971 (séptimo artículo)

Por Edgar Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

René Monclova era un niño de apenas 10 años cuando debutó en el teatro profesional en la obra “Sacrificio en el Monte Moriah”, del dramaturgo puertorriqueño René Marqués, escenificada en el decimotercer Festival de Teatro Puertorriqueño. Un año más tarde, el actor en ciernes tuvo su segundo reto profesional con la obra “Un niño azul para esa sombra”, también de la autoría de Marqués (quien fuera su padrino en la vida real).

A cinco décadas de aquella memorable puesta en escena, dirigida por la inolvidable Victoria Espinosa dentro del marco de XIV Festival de Teatro Puertorriqueño, el intérprete del personaje “Michelín” rememora la experiencia de haber compartido cartelera con figuras como Marta Romero (“Mercedes”, su progenitora en la obra), su padre Félix Monclova (“Michel Lefranc”) y Rosaura Andreu (“Cecilia”).

René Monclova en el personaje de “Michelín” junto a la actriz Marta Romero en “Un niño azul para esa sombra”, del drasmaturgo puertorriqueño René Marqués. (Foto Instituto de Cultura Puertorriqueña)

“La obra habla de esta familia adinerada, con un niño que es fruto del amor de una mujer de alta sociedad puertorriqueña con un nacionalista. Son los años de la mordaza, de la persecución de los independentistas. ¡Qué siguen a la Revolución Nacionalista! Eran momentos de mucha efervescencia política. Cuando regresa don Pedro Albizu Campos de su prisión en Atlanta. En momentos en que se escribe la obra son años de mucha pugna… Ese nacionalista que se casó por amor con esta aristócrata, con una mujer de dinero de Miramar, tiene este hijo que idolatra al papá que desaparece y nunca sabe por qué. Sustituye al papá por un quenepo, un árbol muy recio que había en la marquesina de su casa, y la madre lo mata con veneno para extender la terraza de la casa”, indicó Monclova sobre la trama.

En la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña (edición enero-marzo 1973), don Francisco Arriví destacó aquel montaje indicando que era el drama más punzante de René Marqués “por enfocarse sobre el espíritu de un niño dividido emocionalmente entre la madre, amante de un norteamericano, y el padre nacionalista, muerto ya, pero vivo en el ánimo de ‘Michelín”. Con elogios el inolvidable dramaturgo reseñó esta versión de 1971, segunda ocasión en que el drama se presentaba como parte del programa del Festival de Teatro Puertorriqueño (la primera ocurrió en 1960).

Ante el paso de las décadas – y de la historia – René Monclova reconoció la innegable trascendencia de la pieza teatral. “Realmente, si no es atemporal, por lo menos nos narra y recuerda un momento de nuestra historia no tan lejano. Nos enseña dónde estuvimos en aquel momento y cómo hemos llegado hasta este, porque muchas de esas cosas no han cambiado en términos de persecución contra la gente, contra el independentismo. Ahora es más velado, pero existe. Hasta el otro día hubo carpetas. ¡Hasta mataron a Filiberto Ojeda Ríos (2005)”!

Al evaluar hoy esa propuesta teatral con la madurez de los años, el artista comentó que “el recuerdo que tengo de esa obra es que creo fue instrumental y decisiva a la hora de decidir seguir actuando. Fue entrar en otro nivel del oficio: esas dos obras de padrino (René Marqués), la del año anterior (‘Sacrificio en el Monte Moriah’) y ésta, ‘Un niño azul para esa sombra’ me llegaron”.

Cartel del XIV Festival de Teatro Puertorriqueño. (colección Museo de Hitsoria, Antropología y Arte de la  Universidad de Puerto Rico)

Narró que “mi recuerdo más vivo y lo más conmovedor de esa experiencia fue que el día del estreno de la obra”. (La pieza de tres actos, el primero y tercero en tiempo actual y el segundo era un recuerdo de los personajes, sobre todo, del niño, dos años antes, fue transformada en ese montaje de 1971 al unirse los tres actos y poner música para los cambios de vestuario).

Monclova continuó relatando con emoción, “mi madre (Myrna Vázquez) padecía del corazón y se iba en fallo cardíaco prácticamente todos los meses por estar muy delicada de salud. Cuando se estrenó esta obra, mi madre se encontraba agarrada de una soga que hay para los telones y puentes de luces, y yo salía para los cambios de vestuario del segundo acto, y ella sin hablar, cuando le preguntaba cómo iba la obra, asintiendo con la cabeza me hacía entender que todo estaba corriendo bien…. Cuando terminó la obra y se dieron los aplausos finales, salí y me dijo que estaba preciosa. ‘Pero, ahora me voy para el hospital porque estoy en fallo cardíaco desde que empezó la función’, me dijo. Había una ambulancia esperándola… Si mi madre era capaz de hacer eso por mí, mientras yo estoy ejerciendo este oficio que ella tanto ama, yo no puedo hacer menos que lo que ella hizo”.

Monclova entiende que ya proyectos de este tipo no se presentarían tanto en escena, sin embargo, si algún productor realizar un montaje estaría dispuesto a interpretar a “Michel Lefranc”, que estuvo en aquel momento interpretado por su fallecido padre Félix Monclova. “Ahora, la realidad es que no habría un productor que montaría esa obra”, precisó.

Resaltó que en aquel tiempo, el autor no escogía el elenco de las producciones teatrales, pero casi siempre estaba presente. “Mi padrino era muy vocal a la hora de opinar. Si estaba en desacuerdo, lo decía. La clase artística era muy unida. Todos eran muy unidos y tenían la confianza de decirse las barbaridades, las cosas más terribles sin mucho filtro”, abundó.

Sobre la experiencia de ser dirigido por Ángel F. Rivera en “Un niño azul para esa sombra”, el actor recalcó que “era un tipo muy organizado, muy culto. Es de la gente que se fue a estudiar cuando llegó la televisión a Puerto Rico y se funda WIPR, el proyecto televisivo del Gobierno. Se fue a estudiar televisión a Estados Unidos… De las personas más preparadas para entender ese nuevo mundo de la televisión. ¡Era cascarrabias, pero paciente! Conmigo siempre fue muy cariñoso y respetuoso. Sí lo vi entrar en cólera y daba miedo, pero conmigo no se dio el caso. Sí lo vi molestarse y explotar…”.

En cuanto a su experiencia en escena con la actriz Marta Romero, Monclova mencionó, “ella venía de hacer cine en México. ¡Una estrella! Te lo recordaba cada cinco minutos. Recuerdo una reunión de la producción, que estaban presentes mis padres… Marta era amiga de la casa. Iba a mi casa a comer por ser una clase artística muy unida…”.

El clan de los Monclova-Vázquez a principios de la década de 1970. De izquierda a derecha aparecen Félix, Eugenio, Héctor Iván, René y Myrna. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Destacó que no le amedrentó estar al lado de Félix Monclova en escena, porque “para los demás era el gran actor, y para mí era papi…. En esa época, los cinco de la familia estábamos haciendo teatro. Mis padres tenían la costumbre de acuartelarse en el Hotel San Cristóbal, frente al Fuerte San Cristóbal, que ahora es un proyecto de viviendas. Alquilaban una habitación para estudiar. En ese momento, los cinco de la familia -sus tres hermanos y sus padres- estábamos haciendo teatro simultáneamente. Yo estaba en una habitación con papi porque participábamos en la misma obra. Te estoy hablando de todos los días durante dos semanas… Nos encontrábamos para comer. Mami estaba con Héctor Iván, el chiquito, quien hacía ‘La carreta’, y Eugenio en ‘El príncipe y la corista’ con Juan Carlos Santacruz y Sandra Rivera”. (La madre de René Monclova murió en 1975, su padre en 1977 y su padrino en 1979).

Justo cuando René Monclova laboraba en teatro, ya había realizado algunos proyectos en televisión. Aclara que su aparición en la telenovela “Marcela y Marcelino” fue estando en escuela intermedia, años después de la obra “Un niño azul para esa sombra”.

Al preguntársele qué diferencia hay para el niño artista -que fue en ese momento- y los que hoy quieren incursionar en teatro, René Monclova fue enfático en asegurar que “siempre ha estado presente esa narrativa” de que si es actor se va a morir de hambre.

“Realmente, en este momento histórico de Puerto Rico que estamos en una crisis tan terrible económica y las diferencias se agrandan… Los pobres son cada vez más pobres y los ricos se quedarán más ricos y se está eliminando la clase media, que era la que mantenía al País por muchos años. Decir que te vas a morir de hambre como actor… (interrumpió) Ahora la gente tiene maestría y doctorado y está trabajando en ‘fast foods’ a $7.25 la hora, porque no hay otro tipo de trabajo. Por eso está la mitad de la población o más fuera del País. Hay pocas oportunidades aquí para la gente joven… Todavía sigue la misma narrativa, pero realmente ser actor no empobrecería más a nadie”, sentenció Monclova, quien participa en el elenco estelar del programa “Raymond y sus amigos” (Telemundo) y en la comedia teatral en “Un cariñito extra large” de Miguel Diffoot.

Antes de despedirse, René Monclova señaló que el reinicio del teatro luego del cierre obligatorio por el Covid-19, marcha “un poco lento, accidentado por lo que demanda la pandemia. Se dan unas directrices, vienen unos repuntes y hay que reaccionar a ellos… Todavía no hemos llegado a la normalidad. Creo que vamos a empezar a retomar la normalidad desde el fin de año en adelante”.

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