La pelea de la noche

El trovador Eduardo Villanueva Serrano destaca el dominio y camadería del maestro Santiago Labrador.
El trovador Arturo Santiago en un encuentro musical junto a Eduardo Villanueva Serrano. (Foto FB / EVS)

Por Eduardo Villanueva Serrano

Era el principio de los años 2000 cuando visitaba regularmente a Arturito Santiago en su negocio en el sector la línea de Ciales. ¡Sí! Arturito era el apodo de Santiago Labrador antes de que la gente reconociera a su hijo donde entonces pasó a ser llamado Arturo “El Viejo” con mucho cariño y respeto entre sus amistades.

Tiempo antes donde ubicaba su negocio, fue su residencia y luego, además de restaurante, llegó a ser hospedería en la parte superior. El espacio quedaba justo al lado del actual que administra su hijo del mismo nombre. Antes de esos dos espacios, tuvo uno en la entrada del sector La Línea pero en la calle principal donde escuchamos cantar por primera vez a Jovino González y anterior a ese, administró uno en pleno Toro Negro.

Los recuerdo porque fui desde niño a acompañar a mi padre que era su amigo muchos años antes de yo nacer. Sin embargo a ese específicamente al que fue su resistencia, es al que me quiero referir. Siendo justo debo decir que Arturo nunca fue escritor de décimas, más bien fue un gran intérprete de las letras que le daba Ángel Luis García, Pablo León y mi Padre que eran sus escritores favoritos, pero era poseedor de una de las mejores voces de todos los tiempos; muy carismático y buen improvisador.

Allí los sábados, en su restaurante además de buen menú, había trovadores y los domingos, música de tríos. Así que me gustaba los sábados frecuentarlo. Me sentaba en la primera mesa la mayoría de las veces con Pedro Martínez y Nilza Beltrán. Era fascinante disfrutar de la transmisión del programa radial “Jíbaros en vivo”. El grupo musical Jíbaro en una época fue dirigido por Guiso Pérez quien me permitió el placer de ser su acompañante en algunas ocasiones cuando el guitarrista no podía, y en otras ocasiones estaba Héctor Rosario, Josean Filiberty o Modesto Nieves. Sin embargo, quien gozó del mayor favor del público era el comerieño Carlitos Torres quien llegó a residir en un espacio de Arturo y su compañera a trabajar en la cocina. Ahí era “la pelea de la noche”.

Como parte del ofrecimiento al público Arturito tenía una sección dedicada a una controversia estilo pico a pico decimal se llamaba “La pelea de la noche”. Eso era lo que muchos íbamos a ver. Fueron incontables los trovadores que pasaron por esa tarima y en ese espacio. Entre los principales, sin duda, estaba constantemente Richie Abril. Sin embargo, la pareja perfecta siempre fue Arturo el Viejo contra Carlitos Torres. Esos sí que se sacaban chispas por más de media hora, improvisando cada sábado con ocurrencias nuevas.

Carlitos tocando el cuatro y cantando tenía muchos recursos pero Arturo – con su dominio vocal y sus pantomimas, gesticulaciones, brincos, saltos, golpes al pecho etc. – neutralizaba a su contrincante además de dominar muy pero muy bien, ese estilo decimal.

Crecí viéndolo. Años después hice la pelea de la noche contra él muchas veces y era una experiencia nueva siempre. Luego contratamos en otros lugares la famosa pelea. En el Banker’s Club en varias temporadas navideñas donde Arturo fue contratado por más de 30 años y tuve el privilegio que me llevara en diferentes años, y en Comerío varias veces por poner ejemplos. También fuimos distintas veces a Miami a compartir con hermanos poetas cubanos en viajes que organizaba el trovador Juan Reyes y allí también hacíamos la famosa pelea entre otros ofrecimientos.

Aparte de eso, no había maratón típico en que Arturo no estuviera presente. Porque eso tenía, era muy comprometido y cooperador. No faltaba a las actividades benéficas donde siempre llegaba con donaciones muy considerables. Ese era el mismo Arturo que cuando yo tenía mi primer hijo aún bien pequeño y quedé desempleado del sector privado, no dudó en llamarme y ofrecerme trabajo. Nunca llegué a trabajar con él, pero se lo agradezco infinitamente.

Traigo lo de los maratones típicos porque no olvido cuando en una actividad benéfica pro fondos el compañero Olvin Santiago en Ciales, Carlos Ortiz y otros compañeros organizadores nos echaron a pelear y pedimos mil dólares por la pelea y el público donó $1,350. Dinero que no era para nosotros sino total y absolutamente para la causa. Ese día fui yo quien se rompió la camisa encima mientras cantaba y lo neutralicé pero era de Arturito de quien después de tantas batallas, adquirí esa maña; una semana antes él lo había hecho contra mí.

Luego de eso lo vi siempre al máximo nivel. Siempre lo aplaudí y lo celebré con el corazón. Siempre fue buenísimo, en eso no importa el contrincante. Hoy día podemos ver grandes batallas entre trovadores como Jovino González y Orteguita y la verdad es que les queda excelente. Sin embargo con la retirada de Carlitos Torres, y ahora el deceso de Arturito, temo que faltará la estelar de la cartelera que tanto nos alegró y tantos aplausos arrancó.

Damas y caballeros… por razones ajenas a nuestra voluntad, queda suspendida eternamente “La pelea de la noche”.

¡Que en paz descanse, Arturo Santiago Labrador!

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