Teatro abierto allende los mares

“El sol no tiene conciencia de la mañana,
sin embargo brilla”.
(“Toque de queda”, Clara Morel)

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cutura Popular

Las actrices Paloma Palacios y Clara Morel en la obra “Hashtag” de Hamlet Bodden. (Foto Evelyn García)

Dicen los que saben – a mí no me pregunten – que la sinceridad del corazón es el secreto del éxito en todos los ámbitos, y esto se enfatiza sobresalientemente cuando nos referimos al arte. Dicen lo que saben – a mí no me pregunten – que la razón de esa victoria en el arte se debe que los espectadores se sienten identificados con esa sinceridad del corazón porque implica humanidad compartida, aun cuando lo que se presenta parezca incomprensible. Dicen los que saben… que cuando el corazón sincero de un artista es acompañado con disciplina, conocimiento de profesión, perseverancia y entrega absoluta a la construcción creativa, los espectadores recibimos sentimos como propia la victoria del arte. Doy fe que eso sucedió el pasado sábado 8 de agosto cuando, como espectador, tuve un encuentro con el montaje de “Toque de queda”, de la dramaturga dominicana Clara Morel, presentada en plataforma zoom por “Colectivo las tres”, y me fundí en el impacto de cinco corazones de artistas sinceros.

“Colectivo las tres”, integrado por las teatreras dominicanas Clara Morel, Solanyi Gomez y Paloma Palacios, se inició el 22 de mayo de este año, como una alternativa de presentación durante la pandemia que tiene a los teatros del mundo secuestrados. El grupo no pretende sustituir el teatro presencial por el virtual, pero explora los montajes cibernéticos, y mientras esperan que se “abra el telón”, el Colectivo “abre la pantalla”. “Colectivo las tres” nombra esta iniciativa “Teatro del confinamiento en pantalla abierta”.

Solanyi Gómez forma parte del Colectivo Las Tres (Foto Evelyn García)

Posiblemente, la aportación más significativa de este teatro del confinamiento donde se abre la pantalla en plataforma cibernética, es el desmoronamiento de las barreras que nos separan como ciudadanos de uno y de otro país, dejando al descubierto el inventario infinito de cosas que nos unen. Antes de febrero de 2020 era, prácticamente imposible, apreciar un montaje en vivo, y simultáneo, de otro país, y mucho menos participar, como lo hicimos, en la conversación de los artistas con el público después de finalizada la función. Conversar sobre la obra y el teatro en general, expresar cómo nos sentimos en estos días de secuestro, cuando nuestro mundo idolatrado está en puntos suspensivos, es una forma de abrazarnos, y forma parte integral de la presentación.

“Colectivo las tres”, y usaremos sus propias palabras, se considera “un espacio colaborativo del que también forman parte otros colegas” con el objetivo de “animar a otros y otras al intercambio, a buscar alternativas a la paralización forzada de nuestras actividades”.

“Toque de queda”, sexto montaje cibernético del grupo, se inspiró en las palabras de un noticiario y, aunque el personaje central es una mujer, la obra trata sobre el interior y exterior de cada ser humano durante la pandemia. Este tipo de montaje es sumamente difícil, por todas las convenciones, mentales y físicas, que hay que superar. La primera es atreverse. Nada es presencial, nadie, ni siquiera el director, comparte el espacio con ninguna de las actrices, ni aun en los ensayos.

Algunos teatreros se han detenido demasiado tiempo en el debate de lo que es o no es el teatro, otros se han rendido a la espera, otros han tirado la toalla, mientras que otros han invertido el tiempo en acción. Conscientes de que el contenido y la forma tiene que revaluarse para estos fines, los grupos que se han lanzado con sus montajes cibernéticos han labrado los cimientos de cómo hacerlo, sin que parezca cine, lo más parecido a la experiencia teatral. La cámara quieta y la verdad imperfecta de las plataformas cibernéticas colaboran con esa realidad.

Escena de “En esta obra nadie llora” con Solanyi Gómez y Paloma Palacios. (Foto. Maya Oviedo)

“Toque de queda” es una trilogía, cada una de sus partes tiene media hora de duración con sus respectivos intermedios. Las obras cortas se hilvanan a través de un personaje central llamado Minerva. La trilogía explora el confinamiento de Minerva (Aileen Said) en su casa de clase asalariada, y en comunicación (en pantalla compartida) con otra persona que podría ser su consciencia, pero funciona como personaje dentro de la realidad, la cual, por absurda, es risible. Ojo, la dramaturga no masacra la condición humana, expone con compasión lo que ve todos los días, nada, ni lo que parece ser hiperbólico, en estas tres obras son producto de la imaginación. De hecho, en nuestros mundos personales, podríamos poner nombres y apellidos a cada uno de los personajes. Las tres obras funcionan perfectamente bien por separado, y, tal como en las matemáticas (con cierta licencia poética), el orden no altera la conclusión. De hecho, con premeditación y alevosía, para entrar en cada una de estas tres experiencias, tuvimos que salir de y entrar a tres distintas direcciones de la misma plataforma cibernética.

La primera obra que vimos el sábado, en el estricto horario de las 7:30 PM, fue “Desaliento”: Paloma Palacios y Aileen Said fueron las actrices que le dieron vida. La segunda obra que vimos el sábado, en el estricto horario de las 8:00 PM fue “Contaminada: ¿Te lavaste las manos?”: Clara Morel y Aileen Said fueron las actrices que le dieron vida. La tercera obra que vimos el sábado en el estricto horario de las 8:30 PM fue “La vendedora de sueños”: Solanyi Gómez y Aileen Said fueron las actrices que le dieron vida.

Paloma Palacios acierta con su entrenamiento físico y fuerza de interpretación. Clara Morel es una actriz de primer orden (esta oración resume todo lo bueno que se puede decir). Solanyi Gómez rinde voluptuosidad a la construcción efectiva de un personaje voluptuoso, ¡muy bien! Aileen Said es una actriz de matices y gestos sinceros, a quien le creemos cada segundo de lo que hace. Las cuatro son indudables actrices de teatro, en sus portes y estilos. Juntas, forman un ramillete de huellas en la impresión teatral del espectador.

Solanyi Gómez y Camilo Landestoy en “Hashtag”. (Foto Miguel Silvestre)

La dirección del talentoso Vicente Santos para “Toque de queda” es inteligente y creativa. Al conocer su responsabilidad como pionero en las plataformas cibernéticas, rindió con orgullo (en el mejor sentido de la palabra) un esfuerzo que dio frutos estéticos y logró empatía. Consciente de que no dirigía cine, aprovechó al máximo el espacio estético del cuadro en Zoom, con rutas teatrales novedosas dentro de la limitación que impone el medio. Destacaremos el uso de la silla, los perfiles, las sombras y la sensación de especiales de luces en “Desaliento”. Destacaremos su trabajo con las actrices y el ambiente de escenografía. La dirección logró una sensación de teatro a favor del comentario de la dotada dramaturga Clara Morel.

La dramaturgia de “Toque de queda”, trabajo definido por el Colectivo como “paisaje de una pandemia con desaliento (primera parte), trastorno compulsivo (segunda parte) y tiránica esperanza a cuesta (tercera parte)”, merece los más fuertes aplausos. Morel, como el ruso Anton Chejov, simpatiza con sus personajes. Como el francés Moliere, logra que nos ríamos de nosotros mismos. Como la puertorriqueña Myrna Casas, demuestra que el absurdo se nutre del realismo sin “garambetas”. Y como Morel, ella misma, directa, sensible, brillante.

Tendrán una nueva oportunidad de ver “Toque de queda” mañana sábado 15 de agosto. Los interesados pueden buscar al grupo en Facebook. Felicitamos a Solanyi Gómez por su trabajo con la producción general. Con ella, y con los teatreros y con el público de todas partes del mundo resistiremos “para seguir viviendo, soportaremos los golpes y jamás nos rendiremos, y aunque los sueños se nos rompan en pedazos: ¡Resistiremos! ¡Resistiremos!”

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