Acertado ‘El Método Grönholm’ de Artescena

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Estábamos intrigados. Habíamos escuchado los pros y los contras sobre el teatro virtual como una de las alternativas para hacer teatro en estos tiempos de pandemia, y, aunque sospechábamos que no se iba a parecer ni al cine ni a la televisión, y habíamos participado de reuniones a través de plataformas cibernéticas, no teníamos una idea exacta de cómo iba a funcionar. A medida que se acercaban las ocho de la noche del pasado domingo, admitimos la emoción. Era nuestra cuarta vez ante un montaje de “El Método Grönholm” del prestigioso dramaturgo contemporáneo catalán, Jordi Galcerán, en Puerto Rico; pero era la primera vez en un montaje virtual de la obra más conocida (tal vez la más representada) de ese autor. La producción estaba a cargo de Artescena, un grupo de jóvenes teatreros, formado justo el pasado marzo, poco antes de la Orden Ejecutiva que forzó un toque de queda y el cierre de la economía “no esencial” en nuestro archipiélago, bajo la consigna “quédate en tu casa”.

Si bien “el claustro” es difícil para los teatreros, lo suponemos más difícil para los jóvenes que emprenden la jornada en una de las más fascinantes facetas humanas. Artescena había tenido una primera presentación bajo el nombre Juventud Teatral: “Broadway Tribute 2019”. No obstante, decidieron comenzar una nueva iniciativa con un nuevo título. El director y fundador de Artescena, Angel Fabián Rivera, compone la compañía junto con un equipo de diseñadores formado por Viviana Ramos, Camila Pérez y María Castellano. En ellas cae la responsabilidad de la iluminación, la escenografía, el vestuario, la utilería y el sonido. Alexandra Bellido es la consultora y dramaturga. Manuel Sepúlveda produce junto con el director.

“La compañía busca ofrecer exposición a jóvenes artistas que están comenzando en la industria para fusionarlos con artistas de larga experiencia en el medio. Debido a las circunstancias que atraviesa el País, la clase artística sufre una gran pérdida de proyectos teatrales. En esta adaptación, los cuatro personajes se encuentran en una videollamada grupal donde se enteran que deben luchar por un solo puesto en la compañía. La trama se desarrolla en la actualidad, específicamente como parte del distanciamiento social por el COVID-19”, expresó Rivera en un comunicado.

“El Método Grönholm” narra una historia creíble. Una empresa tiene como objetivo contratar a una persona que se incorpore inmediatamente a su equipo de trabajo para ocupar un cargo de responsabilidad. Las condiciones laborales y retributivas son súper atractivas. La empresa tiene un sistema poco convencional de selección. Los aspirantes tienen que mostrar sus habilidades y sus debilidades, su rechazo o su solidaridad hacia los compañeros, su voluntad de ayudar o de descalificar, hasta que uno a uno se van retirando, quedando el que obtenga el trabajo. Las pruebas pueden parecer duras y desalmadas. El proceso hacia el resultado de la interacción de unos personajes bien definidos, es la poderosa línea de acción que ha hecho de esta obra de Galcerán una muy exitosa.

No todas las obras de teatro encajan, como esta, a la medida de la presentación en vivo a través de una plataforma cibernética. La selección de esta pieza para tales fines es el primer acierto de esta producción.

Entramos a la plataforma zoom, desde donde apreciaríamos el montaje de “El Método Grönholm”, siete minutos antes de las ocho de la noche del domingo 28. Habían tenido una función el día anterior. Cada función aceptó solamente 100 espectadores. Teníamos claro, por el programa de mano, que disfrutamos mientras se dieron la primera, segunda y tercera llamada esa noche, que veríamos una versión de Alexandra Bellido sobre la obra de Garcerán, con el propósito de transportar la pieza de un acto a una plataforma cibernética y poner al día la historia en cuando a la realidad de la cuarentena. Nos pareció acertado. Desde el momento en que vimos los créditos, entre tablones de edictos y formas redondas que fueron añadiendo colores, entre música electrónica, escuchamos lo que pareció ser una persona, o varias, en preparación. El “flush” del inodoro se escuchó en dos ocasiones y el “zipper” de una bragueta, una vez. Un perro ladró. Alguien se lavó los dientes. Más adelante nos dimos cuenta que la versión de Bellido considera, en la totalidad, el aislamiento en cuarentena y hace referencia a la pandemia en la medida del desarrollo de la acción, sin alterar el texto ni la ruta ni el propósito del dramaturgo. ¡Muy bien!

El director tuvo aciertos en su montaje. Los cuatro aspirantes que se someterán a una entrevista de trabajo lo harán por la plataforma zoom, exactamente como nosotros, los espectadores, con la diferencia de que ellos se preparan para “verse lindos” en cámara y nosotros, como no nos vemos, podemos estar en pijamas. Mientras esperábamos a que la obra comenzara, íbamos conociendo los personajes por sus fechas de nacimiento y signos zodiacales. Mercedes Degas (Mared-Namyr), Leo, color favorito: rojo. Fernando Auge (Kelmi Bermídez), Aries, color favorito: gris. Carlos Bueno (Angel Fabian Rivera), Capricornio, color favorito: violeta. Enrique Font (Jeff Martínez), Sagitario, color favorito: amarillo.

Cristina Soler, actriz invitada con un personaje que aparecía de vez en cuando para dar instrucciones, fue otro acierto de producción. Soler es uno de nuestros grandes talentos y el intercambio profesional activo de buenos actores con experiencia y actores emergentes es efectivo y poderoso. ¡Muy bien!

Al señalar los aciertos del montaje, tenemos también que destacar la cuestión interactiva con el público, ya que teníamos que contestar preguntas relacionadas con el futuro de los personajes en la empresa, “poniendo el dedo” en un sí o un no en pantalla. Esto nos dio una falsa sensación de pertenencia, lo cual no es muy diferente en la vida real.

La obra agarró nuestra atención de principio a fin en todo momento, y logró nuestra participación en los cuestionarios que aparecían y desaparecían en la medida de la evaluación. Los cuadros fijos en cada uno de los personajes que compartían la pantalla, sin acercamientos ni movimientos propios de las cámaras de cine y televisión, lograron dar “sensación de teatro”. Los movimientos de cada uno de los actores, los cuales usaron el segundo plano y la ausencia, fueron precisos y muy certeros. Como escenografía, el montaje seleccionó espacios naturales en los espacios particulares de los actores, quienes nunca estuvieron juntos en el mismo espacio, tal cual todos conocemos. La iluminación logró que pudiéramos ver los gestos y movimientos de cada uno de los personajes, no obstante, para poder apreciarlo mejor, debió reforzar el rostro y espacio de Jeff Martínez. El vestuario, la utilería y el maquillaje añadieron tres aciertos más a la producción.

El programa de mano identifica a Viviana Liz Ramos Gómez, María de los Ángeles Castellano Torres, Camila M. Pérez Vázquez, Ricardo A. Santana y Manuel Reyneiro III Sepúlveda Meléndez como equipo técnico y producción, pero no detalla cuál fue la labor específica de cada uno, algo que debe hacerse en la próxima ocasión. Felicitamos al colectivo técnico y de producción por la armonía del buen resultado.

Entre las actuaciones de los jóvenes actores, los cuales cumplieron en el objetivo de definir con cierta exactitud los personajes, sobresalió Angel Fabián Rivera con su interpretación del bueno Carlos Bueno. Deberían todos, tal vez, trabajar la profundidad en el estudio y desarrollo de los personajes, en el trabajo individual y en la interacción con el director.

Más allá de las opiniones sobre lo que es o no es teatro, que han tenido a los sinceros apasionados teatreros encendidos en opinión en las redes sociales, y en cuyas aguas no vamos a navegar en estos momentos, aplaudimos “el teatro virtual” en vivo, y en plataformas cibernéticas, como una nueva forma creativa. Esta forma de presentación, que no nos parece ser ni cine ni televisión, no sustituirá el teatro. Al acudir a la historia mundial, nos enteramos de otras pandemias, una muy terrible a principios del siglo 20. Sabemos que las mismas no han sido para toda la vida. Las actividades cotidianas que fueron detenidas (entre las mismas, el teatro) regresan, posiblemente con más fuerza, y renovadas. Cuando veamos esta crisis como parte de las experiencias que nos han hecho ser más fuertes en esta segunda década del siglo 21, y estar más unidos que nunca jamás, el teatro virtual en vivo, que no tiene por qué reñir con el teatro presencial, puede ser una alternativa creativa más.

Felicitamos a Artescena por este estreno, el cual destaca aún más su importancia por el momento histórico que nos embarga.

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