La Marta Romero que descubrí

Por Javier Valentín
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Antes de realizar este escrito desconocía qué había sido acerca de la vida de esta inolvidable actriz puertorriqueña. En resumen, lo único que sabía de ella era actuó en televisión, así como en el cine y al final de su vida la consagró al evangelio.

Vítor Federico Torres es el autor del libro “Yo quiero que me olviden: La historia de Marta Romero”. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Cuando tuve la oportunidad de leer la biografía de Marta Romero titulada “Yo quiero que me olviden: La historia de Marta Romero”, escrita por Víctor Federico Torres, descubrí quién fue el ser humano, pero también esa inmortal estrella de la actuación puertorriqueña.

Un texto que posee una redacción limpia y organizada cronológicamente desde los inicios de esta actriz ponceña hasta los últimos días. Hay que reconocer que el texto de Torres representa un acertado ejemplo de lo que debe ser una biografía. Ofrece documentación proveniente de diferentes recursos como libros, periódicos, revistas, programas de televisión en los que participó y los testimonios de quienes la conocieron en vida.

Marta Romero fue una actriz ponceña que no respondió a las estructuras de su momento, sino que fue mucho más lejos de lo que exige la sociedad. Lo más interesante sobre su vida es la seriedad con la que tomó su trabajo como actriz y como cantante. Romero no poseía estudios formales en actuación de ningún centro de estudios, incluso tuvo que dejar la escuela antes de tiempo. Hay que tener valor para hacer todo lo que hizo… y ella lo tuvo.

Incursionó en la comedia, el drama, tanto en cine, la radio, en televisión y en el teatro, cuatro campos muy difíciles de dominar. No tan solo actuaba, también cantaba. Se puede decir que era una artista completa. Una legión de testimonios evidencia su grandeza como actriz. Expresiones del director Dean Zayas, el actor Axel Anderson, la actriz Sharon Riley, su incondicional Raffaelo, asistente que le cargaba la cartera a todos los eventos públicos que acudía, entre otros, hacen un cuadro artístico acerca de la vida de esta legendaria artista.

“Marta tenía una gran ansia de aprender, de conocer, de conocimiento. Como ella no era actriz educada, ella absorbía todo.(…) Lo que yo siempre admiré de Marta, más que nada, es que no tenía entrenamiento y desarrolló unas técnicas de actuación, ella desarrolló una forma de decir muy propio de ella, ella desarrolló una forma de cómo caminar en escena, cómo comportarse en escena”, así lo expresó su amigo y mentor Pablo Cabrera.

“Maruja” es uno de los clásicos del cine puertorriqueño realizado por la empresa Probo Films en 1959. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Hace un tiempo tuve la oportunidad de ver la película “Maruja”, estrenada en 1959, con un reparto estelar. En ese momento pude apreciar la calidad de actriz. Una escena memorable es cuando se encuentra sentada sobre una piedra y comienza a llorar con el mar de Puerto Rico como fondo. Esa escena fue emitida en blanco y negro, si la misma hubiera sido a color, era como para enmarcarla en una foto.

Antes de que me llegara el libro, comencé de leer los escasos artículos que existen en internet, así como los pocos vídeos en las redes sociales. Escuché sus canciones y su desgarrador testimonio una vez se convierte al evangelio. De los vídeos observados, el pedazo que interpreta la canción “La mentira”, como parte de la película “La sombra del murciélago” es uno memorable, en el mismo se aprecia, su elegancia, la calidad de su voz y su impresionante belleza.

Fiel defensora del talento que produce su país, Romero no vaciló en denunciar la cantidad de telenovelas enlatadas, mientras habían muchos de sus compañeros en el desempleo: “No creo que tengan nada que enseñarnos. Aquí se hace una buena labor en cuanto a telenovelas se refiere… (…) Pero que nuestros actores estén sin trabajo, mientras se traen latas de afuera, es inconcebible”.

De igual manera, esta actriz puertorriqueña fue promotora del teatro local mediante gestas que tenían como objetivo descubrir nuevos talentos, muchos de ellos recibieron la mano amiga de Marta, como una de sus mentoras.

“Necesitamos un teatro que siembre puertorriqueñidad. Se deben montar las obras de nuestro teatro clásico más importante, con esto quiero decir que traer a escena esas obras es como decir a nuestro pueblo: aquí tienes lo tuyo, conócelo primero y después mira hacia otras partes”, sentenció la actriz de las clásicas obras del teatro puertorriqueño tales como: “La cuarterona”, “María Soledad”, “Un niño azul para esa sombra”, “La farsa del amor compradito”, entre muchas.

Imposible de olvidar una trayectoria tan completa y un legado artístico que queda para nuestro País. Por lo tanto, querida Marta, no te podemos olvidar.

 

Javier Valentín es un periodista puertorriqueño radicado en los Estados Unidos.

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