Contundente drama de la vida real

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Martín Alicea y Laura Isabel en una escena de la obra que dirige Adriana Pantoja. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Con su sagacidad y sensibilidad, la dramaturga Adriana Pantoja captura, subyuga e hipnotiza al auditorio desde la primera escena de la representación de la pieza “Una comedia divina”, en cartelera durante dos fines de semana en el Centro de Bellas Artes de Santurce.

Si bien su título alude al clásico de la literatura de Dante Alighieri, las carcajadas que provoca son un pretexto para sobrellevar durante poco más de dos horas la carga emocional que lanza sobre el espectador promedio la crudeza de su dantesca trama que, al final, con sus moralejas, para no pocos sea un motivo para llorar.

Literalmente para llorar o tal vez lamentarse de una terrible realidad que el estado se niega a reconocer: la trata humana en Puerto Rico, con sus tentáculos de explotación sexual, prostitución, pornografía, trasiego de órganos, drogas, corrupción, apariencias, mentiras y engaños.

El discurso moral y ético es explícito y valiente. Y la denuncia social del texto de Pantoja contundente por demás. Aunque extensa, su exposición mantiene en punta de la butaca al espectador promedio por su ascendente ritmo sicológico y los enigmas e intrigas de sus personajes.

La obra es ambientada en el Teatro en Rojo, donde se trabaja con esmero por la cultura, pero con una sub trama insospechada de la realidad: los enredos de sus actores por las apariencias de una doble vida.

Omarjadhir Flores y Jorge Castillo abordan el tema de la doble vida con sus personajes. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Marcos (Omarjadhir Flores), víctima de violación durante su niñez, mantiene un romance en secreto con Leo (Jorge Castillo), el prometido de Camila (Laura Isabel) que él contagia con la enfermedad de transmisión sexual VPH (Virus del Papiloma Humano).

Marcos y Leo son compinches en un esquema de trata humana, que durante la obra es descubierto por el Inspector Riera (Orlando Rodríguez).

Paralelo al enredo somos testigos de la vocación teatral de Pedro (Willie Denton), dueño del Teatro en Rojo, y de la lealtad de Eloísa, costurera responsable del vestuario de los actores, simpáticamente representada por la primerísima actriz Georgina Borri.

Al elenco se suma el histrión Martín Alicea, joven barítono que en el papel de Hugo enamora a Camila, quien previo a conocer los engaños de Leo, aunque se siente atraída por él, lo rechaza por consideraciones de lealtad y fidelidad, toda vez se encuentra comprometida para casarse.

La dirección de Adriana Pantoja es incólume. Todo en escena engrana a la perfección, incluida la música de la banda sonora de Chenan Martínez y la escenografía e iluminación de Omar Torres Molina, particularmente la ambientación de sombras durante el asesinato de Marcos.

La obra de Adriana Pantoja incursiona en el tema de la trata humana. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Con esta obra de su autoría, la productora y directora celebra este fin de semana el trigésimo aniversario de su compañía teatral Cuarzo Blanco, Inc.

El escenario es la Sala Experimental Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce y nuevamente, como acostumbra desde hace 15 años, incorporó al elenco actores y actrices intérpretes del lenguaje de señas, como Daniela González, Abdiel Reyes, Ismael Joel Sánchez, Carla Alemán, José Santiago y Yariel Hernández, sordo parcial.

La misión social de Cuarzo Blanco Inc. es evidente al facilitar el disfrute de sus funciones a personas sordas y no videntes y al ofrecer un programa de mano, que incluye documentación sobre la trata humana y el Virus de Papiloma Humano, con teléfonos de contactos para la orientación de la comunidad.

Sordos disfrutan de ‘Una comedia divina’

La pieza teatral fue aplaudida por los esposos Angelita Martínez y Jaime González, quienes mediante el lenguaje de señas se desbordaron en elogios hacia la iniciativa de Cuarzo Blanco Inc.

“Fue maravillosa. Es la primera vez que vengo aquí. Estoy acostumbrado a ir al teatro, pero siempre sin entender, pero al ver esta obra, cómo los intérpretes y los actores sincronizados se unen al lenguaje de señas, todo lo pude entender simultáneamente. Fue maravillo. Es la primera vez que vemos algo así”, expresaron a través de su hija Daniela, una de las actrices-interpretes del lenguaje de señas.

Los esposos Angelita Martínez y Jaime González agradecen la experiencia de poder entender la obra teatral por medio de un intérprete para sordos. (Foto Jaime Torres Torres para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Por su parte, el joven Yariel Hernández, que es sordo parcial, se integró al elenco de “Una comedia divina”, experiencia que no olvidará.

“Adriana, de sus 30 años en Cuarzo Blanco, ha dedicado 15 a trabajar con intérpretes en diferentes producciones y obras teatrales. Pero este año, por primera vez, incluyó a un intérprete sordo, que soy yo […] El tema de la trata humana es peligroso y ha estado en Puerto Rico por muchos años”, expresó Yariel.

Daniela y sus compañeros intérpretes, ubicados en la parte posterior izquierda del escenario, representaron cada gesto, ademán y parlamento con sorprendente e infalible sincronía con el elenco de “Una comedia divina”.

“Mi experiencia fue muy buena, no solo como intérprete, sino como hija de padres sordos. Para mí lo más gratificante es ver la reacción de ellos y de otras personas sordas. Es una reacción muy positiva que han tenido ante esta producción por poner intérpretes en la acción simultánea con los actores”.

La última función de “Una comedia divina”, posible en parte a la Fundación Flamboyán, subirá a escena esta tarde a las 4:00 en la Sala Experimental Carlos Marichal de Bellas Artes.

Para reservaciones llame al (787) 620-4444 y (787) 792-5000.

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