Aquella visita de Airto Moreira a Puerto Rico…

Por Naphis Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Año 1984: Ya mi programa Brasil Musical llevaba cinco años en el aire, por WIPR Radio – Allegro 91.3 FM, (donde se ha transmitido ininterrumpidamente por casi cuatro décadas). Aún siendo adulto, me sentía como un niño cuando entre momentos tocaba mis instrumentos de percusión brasileña que había estado coleccionando. Y cuando ello sucedía era al compás de los grandes.

Hasta entonces, podía darme el lujo de decir que había tocado percusión con estelares de la música brasileña, tales como: Sergio Mendes, Baden Powell, Martinho da Vila, Tania Maria y Airto Moreira… entre muchos otros… A dicha afirmación de haber tocado con tales artistas le faltaba un dato muy importante: que sí había tocado con ellos – pero acompañándolos al escuchar sus discos. Era una delicia imaginarme en el escenario o el estudio de grabación con tales figuras… Claro que esa afirmación nunca se la había dicho a nadie, aunque me sintiera como tal.

Con surdo, tamborim, agô- gô, afoxê, berimbau, chocaleu, apito, cuica, pandeiro, entre muchos otros instrumentos, pasaba horas tocando y acompañando los discos. En la mayoría de los casos me tomó un tiempo considerable sacarle un sonido más o menos aceptable a esos instrumentos. Por ejemplo, me tomó alrededor de seis meses cogerle un poco la “batida” (el golpe) al pandeiro. Era una exigencia que me hacía a mí mismo. Después de todo, no era con cualquiera que iba a acompañar.

“Tocar” con Airto Moreira ciertamente me representaba un reto mayor, pues como él es percusionista tenía que ingeniármelas y ser bien creativo a la hora de decidir qué instrumento tocar y cuál toque usar, de manera que sonase relativamente bien.

Irvin Gracía, Héctor Rodríguez “Atabal”, Airto Moreira y Naphis Torres frente a la fachada del hoy icónico local Aquí se puede en la calle San Sebastián. (Foto Jochi Melero / archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Fueron arduas horas de práctica que al final se consumaban con la satisfacción. Para añadir a este proceso tuve que pasar varias pruebas de fuego. En los frecuentes viajes a Brasil trataba de ir a “rodas de samba” (ruedas de samba que espontáneamente surgen en calles, bares, cafetines o reuniones de amigos) donde tenía el atrevimiento de integrarme tocando. Afortunadamente los músicos de la calle con los que llegué a tocar realmente nunca me dijeron que lo hacía mal. No se si era gentileza de éstos para no hacerme sentir mal o si porque ciertamente lo estaba haciendo bien. Pienso que era por la premisa inicial.

De visita en la emblemática montaña gigantesca de granito llamada Pan de Azúcar (Pão de Açucar) donde se llega mediante funicular en Rio de Janeiro vi a unos obreros que tomaban un receso. Algunos comían debajo de unos árboles y otros tocaban samba acompañándose de guitarra y pandeiro. Tuve la osadía de gastarles una broma. Les hablé en español para despistarlos y pedí que me enseñaran a tocar pandeiro. Las largas horas de práctica acompañando discos surtieron efecto, pues se sorprendieron “con lo rápido que aprendí”. Así mismo lo hacía en la llamada Feira Hippie de Ipanema donde hay artesanos que venden instrumentos de percusión rústicos de su hechura.

De regreso a Puerto Rico tuve la dicha de tener breves intercambios con músicos experimentados, cuyos encuentros contribuyeron a soltarme más. Así fue con el brillante músico Freddie Santiago, que fue percusionista de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, vivió un tiempo en Alemania donde estableció una Academia musical, llegó a tocar y grabar precisamente con Airto Moreira y se desempeñó como catedrático de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Con Freddie en apenas un encuentro aprendí algunos aspectos técnicos de tocar. Aunque hemos coincidido pocas veces – entre ellas fue invitado estelar de Brasil Musical – aprecio grandemente su amistad.

Otro músico con el que me expuse acompañándolo en la percusión es el afamado cantautor y amigo Roberto Figueroa, que eventualmente formó su emblemático grupo O’Brasil. En alguna que otra presentación en Tony’s Place, en la calle San Sebastián del viejo San Juan, tuve la dicha de acompañar a Roberto. Allí toqué berimbau en un dueto de ese instrumento con su guitarra y voz. También son memorables los “carnavales” que hacíamos con su O’Brasil en The Place, ubicado en la calle Fortaleza del viejo San Juan. En una ocasión le llevé un percusionista brasileño de nombre Louçá, que estaba presentándose con su Quinteto Pagão en el Centro de Convenciones cuando se encontraba en el Condado. Lo insólito de su participación dejó perplejo al público cuando tocó el pandeiro con su lengua. ¡Gracias Roberto por permitirnos esas experiencias memorables!

Un momento cumbre fue cuando el conocido y versátil percusionista Héctor Rodríguez me invitó para tocar surdo en su disco Atabal, que incluyó un medley de sambas. Más recientemente el galardonado cantautor Fran Chico Benítez me invitó a grabar dos sambas – “Samba do Gol” y “Vida que Samba”, cuyos títulos sugerí y aceptó, además de colaborar en su composición, con motivo de de la Copa del Mundo de balompié 2014 celebrada en Brasil y el aniversario número 35 de Brasil Musical. Dichos sambas pueden adquirirse mediante un enlace cibernético en la página del programa: www.brasilmusical.net En ambas selecciones toqué todos los instrumentos de percusión, mediante la técnica de grabación conocida como “overdub”, que es grabar varios instrumentos en canales separados añadiéndolos. ¡Gracias Héctor y Fran por llevarme al estudio de grabación!

Tite Curet Alonso, extrema derecha, fue una de las figuras claves en este feliz encuentro de los boricuas con Airto Moreira en esta grabación. (Foto Jochi Melero / archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La exposición a tocar con verdaderos profesionales que he venido citando se coronó en el año 1986. En una tarde de verano recibo la llamada de nuestro insigne compositor Tite Curet Alonso, QEPD. (Tite fue un querido amigo con quien disfruté de conversaciones y compartir música brasileña, que tanto conocía y disfrutaba. Cada vez que nos encontrábamos, hasta casualmente en la calle, siempre me contaba apasionantes historias de músicas y músicos brasileños.)

En aquella ocasión, Tite me pidió el favor de llevar instrumentos de mi colección a una sesión fotográfica para la carátula de un disco de Airto Moreira con éste presente. Dicha sesión tendría lugar al día siguiente en la calle San Sebastián del viejo San Juan. Y me dijo que si no era mucho pedirme fingiera tocar algún instrumento junto a Airto para fines de las fotos. Por poco le digo a Tite que él era el que me estaba haciéndome un favor, pero casi no pude hablar de la emoción. Acordamos encontrarnos al día siguiente en el negocio Patio de Sam hasta que Airto llegase temprano en la tarde.

De repente, todas esas sesiones “tocando” con Airto – acompañando sus discos – se tornarían realidad. Y así fue; llegó Airto y nos tomamos unos refrescos con Tite en amena tertulia, en lo que llegaba el muy solicitado fotógrafo Jochi Melero. Anteriormente, algunos años atrás, había conocido a Airto cuando lo entrevisté para Brasil Musical al terminar un concierto.

No obstante, este no era un encuentro más; tenía una magia especial ya que tendría la oportunidad de tocar en persona con Airto – uno de mis ídolos que solía acompañar al escuchar sus discos. Entre las cosas que hablé con Airto en ese encuentro fue respecto a que su nombre era relativamente común en Brasil, aunque reviste cierto exotismo en el exterior de su país. También me confesó tener una influencia directa del multiinstrumentista compatriota suyo Hermeto Pascoal, con quien tocó en el notable grupo Quarteto Novo, en la década de 1960.

Una de las características que más me impresionó de Airto fue su simpleza y humildad. Le pregunté que si fuese invitado a tocar con otros brillantes percusionistas colegas y coterráneos suyos como: Djalma Corrêia, Dom Um Romão, Paulinho da Costa, Rubens Bassini y Robertinho Silva ¿cuál instrumento escogería? Su respuesta inmediata fue: “el instrumento que sobre”.

El disco para el cual Jochi Melero tomaría las fotos es el titulado con una de las músicas del mismo en coautoria (o “parceria” – como se dice en português) de Tite con Airto, cuyo título es: “Aquí se puede”. Se colocó un letrero con la leyenda “Aquí se puede” en un negocio de esquina en la calle San Sebastián, donde tanto al frente como adentro del mismo se tomarían las fotos. De hecho, a partir de ese momento, se quedó el letrero y el negocio pasó a llamarse y conocido como Aquí Se Puede.

Mientras esperábamos que el fotógrafo Jochi Melero acomodara sus reflectores, sucedió algo totalmente inusitado. Un perro que pasaba levantó su patita y se orinó al lado del surdo (instrumento de percusión que marca la clave en el samba) que habíamos dejado en la acera de la esquina opuesta al negocio. Con su humor característico Airto le gritó a Jochi: mira, ahí tienes la foto para la carátula del disco (pero tristemente el perro se marchó y no le dio tiempo a Jochi de captar la tan cómica escena). Un poco en broma Airto comentó que se había perdido la foto para la carátula. La expresión con un poco de frustración en su rostro denotaba que verdaderamente hubiera utilizado dicha imagen como carátula.

La producción discográfica de Airto Moreira en Puerto Rico es una pieza de colección. (archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Dieron las tres de la tarde y nos acomodamos con Airto y otros amigos músicos para aparecer en las fotos tocando los instrumentos. Airto cogió el pandeiro y apito para comandar, Irving García el surdo, Héctor “Atabal” Rodríguez decidió quedarse con una plenera que trajo, Tite cogió el tamborim y yo el agô-gô… Siguieron llegando personas y se colocaron detrás de los músicos y sucedió lo que tenía que suceder. Es decir, con tantos percusionistas profesionales presentes (excluyéndome por supuesto) no se podía posar o fingir que estaban tocando – había que tocar de verdad.

En ese año de 1986 todavía se habían proliferado en Puerto Rico los grupos llamados batucada (que en portugués es como decir un “bembé” de samba instrumental). Por tanto, ese grupo de amigos reunidos para la foto junto al legendario Airto se convirtió instantáneamente en una de las primeras batucada en nuestra Isla del Encanto. La gente siguió llegando y llenó prácticamente la calle, convirtiendo la ocasión en una especie de carnaval.

Nos movimos a la puerta y entramos al negocio donde seguimos tocando. Esa sesión fotográfica que había comenzado a las tres de la tarde, se convirtió en una agradablemente maratónica que concluyó alrededor de las tres de la madrugada. Fue un sueño hecho realidad. No lo creía; estaba tocando con uno de los percusionistas más importantes de este planeta. Aproveché la oportunidad para demostrar lo que sabía con el agô-gô e hice varios cambios de ritmos (dentro de los más de 200 clasificados que tiene la maravillosa música brasileña). Recuerdo que de samba cambié a frevo y maracatú sucesivamente. Las señales de aprobación que hacía Airto, asintiendo con su cabeza, cada vez que cambiaba de ritmo me hizo ver que no lo hice tan mal. Concluí que valió la pena ensayar y “tocar” previamente con Airto muchas veces, cuando le acompañaba al escuchar sus discos (sin que él lo supiera).

Mucha gente que me ha visto en la carátula del disco con Airto – que se encuentra en la colección de la Fundación Nacional para la Cultura Popular – me pregunta si estoy tocando en la grabación, a lo que respondo “sí y no”; por razones obvias y paso a explicarle. Lo cierto es que en esa grabación tocaron en el estudio dos baluartes puertorriqueños de la percusión: Cachete Maldonado y Giovanni Hidalgo. En principio, el disco salió en formato LP (Long Playing). Años después con el advenimiento de la tecnología digital salió en formato CD (Compact Disc). Ambos formatos se agotaron rápidamente. Navegando por Internet llegué a ver el codiciado disco en formato CD desde el lejano Japón. Le escribí en inglés a los japoneses del lugar cibernético para comprar el cd. Incluso le expliqué que quien aparece con camiseta amarilla al lado de Airto soy yo, al igual que todos los instrumentos brasileños en la foto son míos. Nunca me contestó, lo que me hizo pensar que quizás se trataba de una grabación pirata…

En fin, nunca olvidaré ese momento mágico de haber tocado realmente con el que ha sido catalogado varias veces por prestigiosas publicaciones de música como el mejor percusionista del mundo. Y allí, a su lado, toqué en su disco sin haber participado de la grabación.


(Naphis Torres, autor de este artículo, es productor-animador del programa radial de música brasileña Brasil Musical, transmitido por Allegro 91.3 FM por casi 40 años al aire. )

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