Laureles para ‘Amor en el platanal’

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

“A esta hora están despiertas dos clases de personas: los borrachos y los culpables”. Con esta cita, graciosa pero muy veraz, de los dramaturgos creadores de “Amor en el platanal”, tenemos nuestro primer párrafo.

La obra rememora las telenovelas de décadas pasadas. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El pasado sábado, a las nueve de la noche, dijimos presente en el teatro Braulio Castillo de Bayamón, para ver la segunda propuesta teatral correspondiente al Primer Festival de la Comedia, producido por Raymond Gerena y Ulises Santiago. La casa estaba llena y las personas, eufóricas. Esperábamos a que subiera el telón que daba inicio a la obra, original de Viviana Falcón y Edmound Morales, “Amor en el platanal”.

Pero el montaje no usaba el telón de boca, de modo que ya habíamos tenido el encuentro con la escenografía diseñada por José Manuel Díaz, inspirada en el típico set de una telenovela propia de la década de 1980. El diseño, estético, convincente y, sobre todo, funcional, se apoderó como dueño y señor, del espacio escenario. No pudimos evitar imaginarnos las cámaras, el boom y los profesionales funcionando en el piso. El ambiente musical sugería la añorada época, cuando actores y cantantes extranjeros alternaban los personajes protagónicos con actores y cantantes puertorriqueños. Las señales se recibían en los hogares desde casi todos los canales. De esta manera, nos aprendimos de memoria los temas musicales de las telenovelas en las voces de José Luis Rodríguez (El Puma), Ednita Nazario, Nydia Caro, Chayanne, ahora presentados uno detrás del otro para un alegre público que también cantaba, dispuesto “a atreverse a cruzar el Jordán porque la vida es solo un soplo y el amor se va”. La nostalgia fue encantadora.

Una voz anunció la tercera llamada, y, de inmediato, la molestia ocasionada por la falta del programa se difuminó. Un vídeo que imitaba las presentaciones de las desaparecidas telenovelas, tema musical incluido, nos proporcionó información, además de presentarnos los personajes. Luego, en el escenario, los actores, vestidos de los personajes que interpretaban, salieron a colocar utilería o a inspeccionar el espacio, en un entra y sale muy breve que nos hizo sonreír. El montaje utilizó como recurso vídeos en los momentos exteriores de la trama.

El texto de “Amor en el platanal” es original de Viviana Falcón y Edmound Morales . (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Después de establecida, con elegancia, la comedia, se reveló la pieza de dos actos y un intermedio. Los personajes, muy definidos al estilo “ochentoso inicial” o “proto-ochentoso” (influenciado por novelas de los últimos años de la década de 1970, como “Cristina Bazán” y “La otra mujer”) con pinceladas del “ochentoso temprano” o “medio” (delineado en novelas como “Tanairí”, “Coralito”, “Ave de paso”) con un toque atrevido del “alto ochentoso” o “tardío” o “noventoso efímero” (representado por intentos de modernizar la tesis en el discurso telenovelero), fueron perfectamente bien delineados y dialogados por Falcón y por Morales. Escribir una obra de teatro entre dos personas o más, es una empresa difícil y complicada, la cual tiene muchas, sino casi todas, posibilidades de fracasar. No obstante, Falcón, quien laboró en telenovelas en la década de 1980, puso toda su experiencia al servicio de la comedia y unió su talento al del joven Morales para lograr un magnífico texto teatral. El asunto sobresaliente en esta obra de teatro, es que no necesitamos estudios post graduados para entenderlo, y si tenemos esos estudios, la vamos a disfrutar y analizar a profundidad. La dramaturgia fue evidentemente teatral. Esta comedia, además, no recurre a lo soez como recurso de risa. Los personajes y sus acciones e interacciones, y la trama agudamente predecible, hicieron la comedia.

Mariana Quiles, con su imponente presencia y su talento natural de actriz inteligente, se apoderó de María Tereza Serrallés, damita joven, que regresa a la hacienda platanera después de estudiar en París, con ideas novedosas para desarrollar el negocio de su padre. María se enamora, como Juana la Loca de Felipe el Hermoso, de Sebastián, a quien recordaba como un niño cabezón que le halaba las trenzas, y a quien el dueño de la hacienda le tenía un amor tan especial como para pagarle la carrera universitaria, antes de nombrarlo capataz del platanal. El joven galán del melodrama fue interpretado con efectiva agilidad por Edmound Morales. De existir producción de telenovelas en Puerto Rico, Quiles y Morales serían una excelente alternativa.

La escenografía de José Manuel Díaz enmarcó detalles de la última era dorada de la producción de melodramas en Puerto Rico. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La criada Estelvina (en este caso la hija de la nana muerta) poseedora de un diario de la nana guarda los mismos secretos del Oráculo de Delfos y con poderes de solución “happily everafter”, fue interpretada con seguridad y soltura por Marisa Gómez. No podía faltar la otra mujer, el amor de juventud del dueño de la hacienda, quien, después de años de desaparición, regresa millonaria a invertir en platanal al borde de la quiebra. La veterana actriz, Naymed Calzada, fue fiel a Doris en su interpretación. En honor a la equidad tan bien ganada en el siglo 21, los autores integraron a la trama una pareja gay con final feliz. Para esos fines desarrollaron a Gaspar, el peón de confianza de la casa, interpretado por Gabriel Soto, y a Heriberto, heredero Serrallés sin más deseos que saltar de disco en disco en San Juan, interpretado por Adrián Luis. Ambos actores impartieron gracia, credibilidad y cierta picardía a sus personajes.

Los primerísimos actores de las telenovelas de la década de 1980, Von Marie Méndez, Viviana Falcón y Herman O’Neill, tomaron las riendas de sus particulares personajes. Méndez, como Elena Serrallés, ex Miss Moca, que conoció al magnate cuando ella trabajaba en la cocina de un restaurant “fast food”, logró una actuación convincente y muy simpática. Como Cándida, la tía alcohólica con un parcho de pirata en un ojo y un bastón, conciencia sin piedad de la casa y frustrada por su soltería, Falcón se destacó por las exquisitas tonalidades de su privilegiada y femenina voz, y por su ángel escénico. Nos divertimos. Como el rey del Platanal, hombre perfecto sin rastros de la milésima parte de un defecto, Esteban Serrallés, sobresalió con luces de neón nuestro primer actor Herman O’Neill. Por los matices de la voz, la forma de caminar, sus gestos mínimos y exactos, el peinado, el sombrero, las botas, y exactamente todo lo demás, O’Neill construyó un personaje digno de premio, que nos hizo olvidar que se trataba de una caracterización, porque vimos a la perfección a uno que otro galán de aquel entonces. ¡Bravo!

Mariana Quiles acertó en la dirección de la producción teatral. (Foto Alina Marrero para Fundación Nacional para la Cultura Popular)

La presencia en el escenario de estos tres primerísimos actores puertorriqueños, fue un logro histórico de la producción. Más allá del recuerdo que hizo de las siete de la noche una posición de rigor, casi un culto, frente al televisor, von Marie Méndez, Viviana Falcón y Herman O’Neill revolucionan nuestra conciencia. Urge el regreso de las telenovelas puertorriqueñas.

La combinación de buenos productores, con sobresalientes dramaturgos y brillantes directores, es una fórmula para ganar. Laureles para las talentosas María Bertólez y Mariana Quiles, por laborar en par y lograr un definido trabajo con los actores, composiciones formales y balanceadas, tráfico escénico justo, un concepto del montaje clásico con una que otra novedad refrescante. De la misma manera, el diseño de luces de Pamela López Maldonado, el vestuario de Marisa Gómez, el maquillaje de Gabriel Soto, funcionaron en armonía para los fines de la dirección.

Felicitamos a los productores, María Bertólez y Edmount Morales por esta puesta en escena, que merece ser disfrutada en todos los rincones del País, y, ¿por qué no?, fuera de él. “Amor en el platanal” contó con Cristina Robles como regidora de escena. La realización de la escenografía estuvo en las manos de Christian Javier García San Miguel. María Bertólez, Marisa Gómez y Natalie Droz hicieron la utilería. La asistente de producción fue Natalie Droz y Lusiann Iturbe corrió con las Relaciones Públicas.

El Primer Festival de Comedia continúa con otras propuestas, todos los fines de semana hasta su culminación el 20 de octubre. Patrocinar el teatro puertorriqueño es nuestro orgullo. Merecemos reímos a más no poder. Los precios son módicos, el estacionamiento es libre de costo. No se lo pierdan.

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