Hay Lucecita pa’ rato

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Si se quisiera conocer realmente la grandeza de Lucecita había que llegar el viernes a la Sala de Festivales Antonio Paoli del Centro de Bellas Artes, a donde regresó tras un año de ausencia y sobrevivir un infarto.

La Voz Nacional presentó el concierto “En las manos del pueblo”, estrenado en 1975 bajo la dirección musical y arreglos del maestro Pedro Rivera Toledo.

Lucecita confesó al inicio del concierto que afrontaba quebrantos en su voz. Y, en efecto, esporádicamente se escuchó un poco ronca, afónica y sin la poderosa y brillante entonación que la distinguen, pero su espíritu y el respeto que le tiene a su público la sostuvieron durante la función.

Eso solo lo hacen los grandes y, en particular, los intérpretes que se deben a su pueblo. Y luego de la extraordinaria reposición el año pasado de “Traigo un pueblo en mi voz”, cuando ya soplaban fuerte las ráfagas del desgobierno de Ricardo Rosselló que el pasado mes de julio detonó en su renuncia a la gobernación, para Lucecita era necesario reencontrarse con su público para expresar con su voz lo que mejor podría decir cantando.

De ahí, su frustración y continuas excusas a la multitud de personas, mujeres en su mayor parte maduras, que llenó a capacidad la Sala de Festivales. Público al que no le incomodó para nada las inconsistencias en su desempeño vocal; todo lo contrario, la animaron a continuar porque los cantantes son seres humanos y como seres humanos también se pueden enfermar.

Lucecita continuó con la función sin tan siquiera enviar señales de desmotivación, aunque aclaró que emocionalmente no se siente bien y que se encuentra bastante recuperada del imprevisto cardiovascular. Lo cierto es que la Diva Nacional no tuvo que abandonar el escenario a mitad del concierto, como aquí lo hicieron Raphael y Milton Nascimento, que a la altura de la tercera o cuarta canción tiraron la toalla.

La Diva asumió su responsabilidad con su profesionalismo habitual, interpretando parte del cancionero de “En las manos del pueblo” (“Menos tu vientre”, “Te llegará una rosa”, “Si tan solo un instante”, “Mi País”, etc.) y otras como “Un niño en la calle” y el clásico “Preciosa” de Rafael Hernández, además de un selecto núcleo de melodías representativas de la nueva canción y la trova de conciencia, evocadoras de Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, Pablo Milanés y Alberto Cortez, fallecido recientemente y a quien le unió una gran amistad.

La noche del viernes 13 de septiembre, día en que en 1968 el Eterno Caballero del Verso Elegante, Don David Ortiz Angleró presentó en Lares su poema “Soy de una raza pura”, que luego Lucecita grabó musicalizado por Tony Croatto, La Diva demostró que aunque se quebranten sus cuerdas vocales, le sobran determinación, compromiso y ternura para cantarle a la Patria.

La artista señaló que se sentía mal y que habría de regresar más adelante a cumplir con su grey de admiradores. En ese sentido, tras el intermedio, la segunda parte fue más breve, por lo que una u otra canción anotada en el ‘run down’ fue omitida.

La orquesta de profesores, dirigida por el baterista Ito Colón, se escuchó insuperable; casi perfecta. No podemos afirmar eso del coro de tres voces, que en ocasiones entró a destiempo, muy alto y sin balances en su armonización de voces.

La segunda parte, a juzgar por sus comentarios, a veces pareció casi una agonía para la mítica artista, pero nuevamente al pueblo no le importó, dejándole saber que solo era necesaria su presencia; lo que representa su voz en la presente coyuntura sociopolítica y lo que siempre representará su nombre: Luz Esther Benítez.

“Lo importante es que estoy aquí”, dijo luego de interpretar “Canción de todos” y antes de entonar “Callejero” de Cortez.

Así, con el corazón encarnado en sus cuerdas vocales, Lucecita continuó con “Eric, Peter y Jan”, la conmovedora “Un niño en la calle”, la enternecedora “Nana de la cebolla” y “Vivir para vivir”, ambas del repertorio de Serrat.

“Dije que no iba a hablar más de esto, pero me siento que estoy en deuda con ustedes”, comentó la cantante, a lo que el público respondió: “¡Noooo!”.

“A pesar de todo, puse todo mi amor y todo mi empeño”, comentó antes de agradecer a la orquesta por su trabajo.
La Diva se despidió con “Génesis”, el clásico de Guillermo Venegas Lloveras que en 1969 le mereció el primer lugar del Primer Festival de la Canción Latina, celebrado en México, hace exactamente 50 años.

Pero antes dijo: “Esta vez voy a jugármela fría… Esto es de valientes. Muy honestamente, no me siento feliz por mi estado físico y no poder dar todo lo que ustedes saben que puedo ofrecer. Pero este es el comienzo de un cambio de Lucecita… Hay Lucecita para rato”, articuló mientras el pueblo la aplaudía con frenesí.

Y la Patria, representada por la multitud que abarrotó Bellas Artes, cantó “Génesis” con su Voz Nacional, reciprocando su entereza con la última de varias ovaciones de pie y comunicándole con su solidaridad que en verdad cree que hay Lucecita pa’ rato.

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