Aplausos para ‘El próximo año’

Por Alina Marrero
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

“El próximo año a la misma hora” del dramaturgo y guionista canadiense Bernard Slade, estrenó en 1975 en el Brooks Atkinson Theatre, en Broadway, Nueva York, con Ellen Burstyn y Charles Grodin a las riendas de los dos personajes protagónicos y únicos, que tiene la pieza. La producción tuvo un éxito muy grande, y la obra fue estrenada en muchos países, casi de inmediato. La película, con guión del propio dramaturgo y bajo la dirección de Robert Mulligan, mantuvo a Ellen Burstyn como Doris, incorporó a Alan Alda como George, y añadió otros personajes de corta participación.

La producción de Ivonne Class para Plan B Incorporado continúa presentándose en el Teatro Tapia este fin de semana. (Foto Lexter Leonardo)

Recordamos, aún a viva luz, el estreno en Puerto Rico de “El próximo año a la misma hora”, en 1980, en una producción de Maíto Fernández, protagonizada por Rogelio Guerra y Gladys Rodríguez, dirigidos por Dean Zayas, en el desaparecido Teatro Riviera de la calle Loíza en Santurce. La excelente e inolvidable producción estuvo en cartelera durante un mes, a casa llena. En aquel momento, el comentario de Slade nos pareció novedoso, por lo sincero. Entendemos que esa sinceridad, la cual desemboca en un insuperable parlamento final en boca de Georges (“Amarnos hasta que los huesos se nos hagan polvo”), justo antes de que caiga el telón que indica que lo que vimos será todo, es la raíz del éxito. El texto logra que el público entienda, acepte y aplauda la relación de 25 años de dos personajes, adúlteros, con hijos en sus vigentes hogares. Más allá de esa evidencia, nos atrevemos a asegurar que, cuando cae el telón final, de camino a la casa, o aun caminando por el pasillo central de la sala, casi todas las personas del público, sino todas, van sonreídos, complacidos, por supuesto, con lo que acaban de ver, y piensan cuán felices serían sus existencias si pudieran tener una relación como la de Doris y George, y es posible que alguno pueda definirla como ideal. La sensación de que las personas están por encima de las instituciones en la realidad de cualquier verdad, la cual incluye la verdad teatral, siempre nos ha apasionado. Podemos, además de con la virtud, identificarnos, con la debilidad que nos empuja a crecer y aprender. No hay juicios en esta propuesta, más allá del propio sentimiento de culpa, el cual, por mantener la relación, logran superar. El realismo de esta obra de teatro es profundamente humanista.

La relación entre los protagonistas está enmarcada en periodos históricos. (Foto Lexter Leonardo)

Desde el primer momento, no pusimos en duda efectividad de esta obra. No obstante, vista a la luz de 40 años después, entendimos lo que en aquel entonces no entendimos tal vez: aquella comedia de situación humana, con la que nos reímos tanto, tenía el poder de un clásico. La puesta en escena de “El próximo año a la misma hora”, producida por Ivonne Class para Plan B Incorporado, que estrenó el 16 de agosto en el Teatro Alejandro Tapia y Rivera de nuestra ciudad capital, rindió honor a ese poder, fiel a la intención del autor, y con creatividad, además.

“El próximo año a la misma hora” tiene dos actos. Entre escena y escena transcurren cinco años. La historia comienza en 1951, cuando George (contable de Nueva York) y Doris (ama de casa de California), ambos casados y con hijos, se conocen y pasan la noche juntos en un hotel del norte de California. Desde ese día, y por 25 años, se ven “el próximo año a la misma hora”, en ese mismo hotel y en la misma habitación, la cual no cambia. Por las escenas, nos enteramos de quiénes son los esposos engañados, las tristezas y alegrías de Doris y de George, y los cambios que llegaron de la mano y con el tiempo en las intensas décadas de 1950, 1960 y 1970. A pesar de los cambios drásticos que establecieron estas décadas, la importancia recae en el cambio interior de los personajes.

El acierto con letras de oro del texto son los personajes. Marisol Calero como Doris, y Braulio Castillo como George, estuvieron muy bien seleccionados. El rapport que proyectaron entre ellos desde el primer momento trascendió el escenario. Castillo, en la interpretación de George, amoroso, sincero, a veces, mentiroso y lindo ser humano, puso su innegable talento y experiencia (la cual conocemos con disciplina) al servicio de la emotiva transparencia que nos permitió ver a George. Hermoso. Calero, creíble hasta la médula, se convirtió en Doris. Ambos bordaron el paso del tiempo en sus respectivas caracterizaciones con empatía en todas las direcciones.

La comedia teatral cuenta con la acertada dirección de Gilberto Valenzuela. (Foto Lexter Leonardo)

Un acierto del director Gilberto Valenzuela, fue la línea constante de su montaje, la cual, a la vez, se concentró en el realismo humanista que desarrolló en su trabajo con los actores. En armonía con la propuesta de Valenzuela, se destacaron la escenografía de Raúl Cátala, las luces de Héctor Negrón, el vestuario de Alba Kercadó, la utilería de Radamés Medina, el maquillaje de Ivette Colón y el resto de equipo que pintó bellísimamente la parte que les tocó en la realización del montaje. El tráfico escénico fue preciso. El director recurre a la maestría del uso de la utilería y a una selección musical bellísima de la época. No obstante, fueron los vídeos que sirvieron de transición entre escena y escena, los cuales sustituyeron a los apagones, que nunca son de nuestro agrado, y destacaron los acontecimientos memorables en el paso de tiempo, dentro de cada década. Este, a nuestro parecer, fue un acierto sobresaliente. A través de las proyecciones, revivimos acontecimientos mundiales y nacionales, como la Guerra de Korea, el atentado nacionalista contra Truman, la Guerra de Vietman, las manifestaciones de Martin Luther King, el asesinato a Kennedy, los Beatles, el hombre en la luna, la coronación de Marisol Malaret, entre otros. Nos entusiasmamos tanto, que, después de la primera transición, esperábamos las demás. El momento fue más allá de ser un elemento de transición que ambienta los tiempos y los espacios.

Muy en armonía con la línea del montaje, se proyectaron, antes de comenzar la obra, en la gaza de la boca del escenario, vídeos de propagandas de los patrocinadores de la producción. Conmueve ver que se patrocine el teatro en Puerto Rico con tanta presencia. Los puertorriqueños hemos vivido con demasiada velocidad en los últimos años, y ahí están nuestros profesionales de producción en las artes, de pie y en la excelencia. Una producción teatral, muy bien organizada, vendida y armonizada, hay que abrazarla. Felicitamos a Ivonne Class y a su equipo de producción Daniel Morales, Samantha Sánchez y Joaquín Class. Esperamos que el buen trabajo y el éxito obtenido, inspire a muchos patrocinadores más.

Con voz entrecortada y ante el público a casa llena que aplaudía de pie al final, Braulio Castillo, agradeció el hacer buen teatro. Agradecemos nosotros el ver buen teatro y sabemos que la experiencia se repetirá muchas, muchas veces. “El próximo año a la misma hora”, continúa en cartelera este fin de semana, en el Teatro Tapia. Es una excelente alternativa. No dejen de ir.

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