Honores a don Cristóbal

Por Edgar Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La locutora Judith Felicié le entregó una placa de reconocimiento por su labor en pro de la música caribeña. (Foto Carmenchi García)

Cada vez que enciende su computadora en las mañanas, don Cristóbal Díaz Ayala está medio asustado, porque “me trae la noticia del deceso de un amigo”. Pero, fue todo lo contrario el día del homenaje en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular en el Viejo San Juan.

“Fue un día de renacimiento por estar con amigos que no veía o no hablaba con ellos hacía tiempo… Fue un regalo enorme. Se siente uno que está vivo, que tiene muchos amigos”, dijo Díaz Ayala, uno de los estudiosos de mayor renombre de la música popular antillana.

Destacó inmediatamente que “ya a mí edad (89 años) se van perdiendo los amigos”.

El reconocimiento lo recibió con humildad, aunque con gran satisfacción porque “uno siente que está haciendo algo que otras personas comparten, disfrutan, simpatizan. No se siente uno solo. Fue otro halago, ¡otro sentimiento muy agradable!”.

Don Cristóbal Díaz Ayala, quien nació en 1930 en Cuba, llegó a Puerto Rico en 1960. Es abogado y estudió, también, tres años en Periodismo.

El musicólogo y escritor junto a Elmer González. (Foto Carmenchi García)

Señaló que siendo joven estaba encaminado a seguir la carera de su tío y padrino, un ingeniero y arquitecto muy reconocido en Cuba, o ejercer el mismo oficio de su padre como maestro de obras -aunque éste no tenga un título académico- pero “no me llevaba nada bien con las matemáticas y tuve que escoger otra carrera”. Admitió que al ejercer la abogacía, empezó a gustarle. “No me sentía desgraciado por tener que llevarla”, precisó.

Al arribar a Estados Unidos encontró, “un Miami muy pobrecito, lo que estaba vivo era Miami Beach. No me sentía bien. Afortunadamente, un amigo cubano empezó un negocio de construcción en Puerto Rico. Yo me estaba defendiendo con un colmadito que tenía en Miami, pero daba para comer y punto… Cuando llegué a Puerto Rico me di cuenta que era un (país) en crecimiento. Además, los puertorriqueños me recibieron con los brazos abiertos. Empecé a trabajar; me fue bien en el negocio de la construcción. No podía ejercer la carrera (abogado) hasta que pasaran cinco años y me presentara al examen. Me aprobaron y comencé a compartir las dos cosas, pero me iba mejor en el negocio de la construcción”.

Don Cristóbal indicó que siempre le había gustado la música en Cuba y que había tenido un programa radial (siendo joven). Pero, estando en Puerto Rico encontró que había cinco espacios radiales que usaban mucho la música cubana. “Ellos sabían de la música lo que yo no tenía ni idea. ¡Sabían más que yo! Eso me motivó a estudiar más de la música cubana. ¡Empecé a ilustrarme!”, manifestó.

Chabela Rodríguez le cantó al homenajeado. (Foto Carmenchi García)

Al transcurrir cinco años, don Cristóbal dio inicio con “el atrevimiento” de hacer un libro de música cubana. “Decía a mis amigos que lo hacía por vergüenza. Me avergonzaba que puertorriqueños sabían más de música cubana, que la amaban y adoraban… ¡Ahí salió el primer libro!”, enfatizó, refiriéndose a “Música cubana: Del Areyto a la Nueva Trova” (1981).

Durante su trayectoria ha escrito otros libros como “Si te quieres por el pico divertir: Historia del pregón musical latinoamericano”, “Música cubana: Del Areyto al Rap cubano” (cuarta edición ampliada de “Música cubana: ¿Del Areyto a la Nueva Trova?”, llegando al rap cubano), “Cuando salí de La Habana, 1898 al 1997: Cien años de música cubana por el mundo”, “La marcha de los jíbaros”, “Cuba canta y baila: Discografía de la música cubana” (Primer volumen), “San Juan-New York: Discografía de la música puertorriqueña”, “Los Contrapuntos de la música cubana” y “Oh, Cuba hermosa” (Volumen 1 y II). A éstos se le suman numerosos artículos y sus columnas dominicales en el periódico El Mundo. Don Cristóbal es considerado como uno de los coleccionistas de música cubana más respetado del mundo.

Resaltó la adquisición de una vivienda para su colección, pero al seguir creciendo quiso donarla a una universidad en Puerto Rico. Solo le interesó a la Universidad de Puerto Rico, pero surgió la renuncia del rector y el acuerdo quedó en nada. Luego hizo el intento con el Conservatorio de Música de Puerto Rico, sin embargo, no había espacio ya que estaban en la planificación de la construcción de su nuevo edificio…

La prestigiosa colección se encuentra en Florida International University en Miami, Florida.

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