El humor que cura

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Ya transcurrieron los primeros cien días del implante de medula ósea que prácticamente salvó su vida.

Los Abanderados de 2018 y 2019 observan el cartel dedicado a Héctor Rodríguez por la Fundación Nacional para la Cultura Popular. (Foto Félix Ayala “Guayciba” para F.N.C.P.)

Aunque su recuperación es lenta, el polifacético Héctor Rodríguez, mejor conocido como Atabal, vive cada día a la vez, siguiendo al pie de la letra las recomendaciones de su oncólogo y cuidando su salud.

El viernes visitó la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular en el Viejo San Juan, en ocasión de la actividad anual que se celebra en la víspera del Día de la Bandera y que en esta ocasión lo convirtió en el undécimo abanderado de la Fundación Nacional para la Cultura Popular.

“Hay que seguir los consejos del doctor, militarmente sin falla, aunque uno puede fallar en cualquier momento, como una pastilla que se te olvide. Pero todo va bien. Hicimos unas actividades para recaudar fondos porque es la medicina la que te mata porque son carísimas”.

A Héctor le ayudó mucho el saberse amado y respetado por sus compañeros artistas. Se celebraron dos actividades de recaudación de fondos en el Teatro Ambassador y en el Colegio de Ingenieros.

Héctor con el grupo Atabal. (Foto suministrada)

“Estoy bien agradecido a todos ellos y sigo trabajando con Atabal, ya en una cosa más administrativa. Pero en algún momento espero poder tocar porque es una fiebre que nunca se va. Caymi está dirigiendo el grupo con la ayuda de los demás muchachos y están cogiendo guisos, están tocando”, señaló Héctor al reconocer públicamente la ayuda de Andy Montañez, Danny Rivera, El Topo y Victoria Sanabria, entre otros.

Además, Atabal no da tregua. En semanas recientes lanzaron el cd “Yo soy Atabal”, que proyecta a su hijo Caymi como director y autor de la canción homónima y de las composiciones “Me dirás que sí”, “Dime San Sebastián” y “Bajamos duro”.

“Lo teníamos listo, pero vino la tormenta y tuvimos que parar. En este disco estamos haciendo siempre bomba y plena, como caballos de batalla. Pero es un concepto más moderno. Es lo que queríamos hacer. Estoy muy satisfecho y contento con el disco”.

Aún Héctor ve la vida como siempre: sin mucha seriedad. “He vivido la vida no cogiéndola tan en serio. La gente muy seria es que realmente no son serios na. Creo que el humor es importante”.

Su hijo Caymi (derecha) sigue sus pasos en la música. (Foto suministrada)

La cercanía de sus amigos también es terapéutica. “Hoy aparecieron dos personas en el portón de mi casa. Un muchacho de la Federación de Maestros que conozco hace años es uno. Todos los días llega alguien a saludarme. Me traen libros, discos… Cuando salga de la enfermedad voy a poder poner un negocio de ventas de libros y discos. Esta mañana hice un programa con Elmer [González] de música navideña”.

Concluida la fase de los primeros cien días de tratamiento, la siguiente será más liviana y llevadera. “Los medicamentos son menos fuertes porque van bajándote las dosis como a los adictos. El médico, el oncólogo Dr. García, es mi amigo. […] Hay que seguir al pie de la letra las recomendaciones de los doctores y también acompañarlo con cositas naturales. No dejar que sea solo la química y seguir las reglas”, explicó Héctor, cuyo implante de médula ósea se efectuó en Puerto Rico.

“La pasé muy bien en Hima de Caguas. Agradezco el cariño y la esperanza que compartieron las enfermeras y todo el personal conmigo. Eso es buenísimo”.

El aspecto financiero de sus gastos médicos es otro reto. La ayuda de sus amigos ha sido crucial así como pequeños ‘milagros’ como el donativo de $5 mil que recibió del remanente de un fondo de ayuda al fenecido radiodifusor Billy Fourquet.

“Alguien del equipo de El Molusco nos incluyó en una tómbola y salimos. Depositaron $5 mil. Eso ayuda, aunque en una medicina se te pueden ir los $5 mil. Son ridículamente caras”.

El fundador de Atabal espera en algún momento volver a tocar “porque es una fiebre que nunca se va”. (Foto suministrada)

Con su característica jocosidad, Héctor reveló a este medio que uno de los medicamentos viene envasado en un frasco que emite una luz azul intermitente que le avisa que llegó la hora de la dosis. Si no se levanta, entonces se escucha una canción, que lamenta no sea una plena de Atabal.

“Había visto la luz y cuando sale la canción, me le quedé mirando a todos los frascos que tengo allí y me pregunto: ¿qué es esto? Y de momento acaba la canción y vuelve a ‘flashear’. Se lo conté a mi oncólogo y me dijo que ese pote vale como $10 mil. Si son caras sin luz, imagínate con una bombilla azul que parece un biombo de la Policía de Puerto Rico”.

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