Torbellino de pasión flamenca

Por Jaime Torres Torres
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Cantarle a los grandes intérpretes latinoamericanos exige voz y pasión.

La cantante desbordó pasión en sus interpretaciones. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Atributos que le sobran a la cantante Ana del Rocío, quien el sábado presentó a casa llena en el café-teatro de la Fundación Nacional para la Cultura Popular el recital “Flamenco a La Lupe”, en la continuación de la serie “A las Puertas del Ocho Puertas”.

Esta joven puertorriqueña, hija del virtuoso guitarrista español Antonio Carmona y de la bailaora Zulma Deli, incorporó al flamenco, a veces con el saleroso espíritu de las bulerías, un puñado de los éxitos de cantantes latinoamericanos, con énfasis en la mítica e inolvidable bolerista y guarachera cubana, en la primera de dos funciones.

Como un torbellino de sentimiento y sensualidad, la artista radicada, por razones profesionales, en la Florida, estructuró su presentación en dos partes, adaptando al flamenco boleros de los compositores emblemáticos de la canción puertorriqueña.

Con el acompañamiento acústico del guitarrista Víctor Barrios, el bajista Pipo Torres y Mariela Mendoza en el cajón y la percusión menor, Ana del Rocío dictó cátedra con un homenaje muy original, sincero y certero, aunque el sábado confundió las letras de canciones como “Puro teatro” y “La tirana”, de nuestro Títe Curet Alonso.

Ana del Rocío abrodó, entre otros, temas grabados por La Lupe de autores puertorriqueños como Héctor Flores Osuna, Tite Curet Alonso y Rafael Hernández. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Mas el concierto “Flamenco a La Lupe” elevó a otro nivel el repertorio de la fenecida intérprete, representando para muchos, conforme a la calidez de los aplausos y ovaciones, una experiencia placentera de grata ensoñación y musicalidad.

La función comenzó con el desgarrador “Amor gitano” (“Ayer te vi pasar/con ella al brazo…”) del prolífico compositor puertorriqueño Héctor Flores Osuna, reconocido en Europa y América Latina, pero irónicamente desconocido por muchos en Puerto Rico.

Al saque fue suficiente para convencerse de que Ana del Rocío protagonizaría una de las veladas más emocionantes y memorables de la segunda temporada de la serie “A las Puertas del Ocho Puertas”.

Y es que el flamenco en sí es una expresión que entraña alma y corazón; sentimiento a flor de piel; sensibilidad y temperamento. Eso le sobra a Ana del Rocío, intérprete que regaló una función inolvidable que merece ser documentada en un disco.

Ana continuó su homenaje aflamencado con su versión de la despechada “Carcajada final” de Tite Curet Alonso, recibiendo otra sólida ovación.

El recital formó parte de la serie “A las puertas del Ocho Puertas”. (Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Así, desplegando sus recursos vocales y seductor fraseo, la primera parte del recital ascendió con fuerza e intensidad con “Sin fe” de Bobby Capó; con la sentencia avasalladora de “Si vuelves tú” (“te vi partir ayer por esa puerta/que dije adiós con pena y mi alma muerta”), “No me quieras tanto”, obra de Rafael Hernández que no pocos tararearon a invitación de la artista, y “La tirana”, de don Tite.

De regreso, tras una interpretación instrumental del trío de Víctor, Pipo y Mariela, la talentosa Ana del Rocío estremeció al auditorio con la demoledora “Lo que pasó, pasó” (“Tú dices que me amas/pero ya no te quiero…”), oportuna para ‘bulerear’ con su donaire y ángel.

Su acercamiento a “Como acostumbro”, versión de La Lupe del éxito “My Way” de Paul Anka, fue indiscutiblemente arrolladora. Ana no dio tregua y subyugó a su público con “Cualquiera” (“Cualquiera puede darte las cosas que ambicionas/cualquiera puede darte si ahora me abandonas […] y después te perdone al volver a mi lecho…”), “Qué te pedí”, tarareada por los presentes, “Ódiame”, nuevamente “La tirana” de Tite y, como despedida, “En mi Viejo San Juan” de Noel Estrada.

Músicos y artista fueron felicitados por Hilda Curet (segunda de derecha a izquierda), hija del inolvidable Tite Curet Alonso. (Foto Judith Felicié para Fundación Nacional para la Cuyltura Popular)

El concierto íntimo de Ana del Rocío será recordado como una de las propuestas más ingeniosas de la serie “A las Puertas del Ocho Puertas”.

Ana es un talento auténtico por cuyas venas discurre la sangre gitana, cadencia caribeña y el romanticismo universal. Tiene su fanaticada, que el sábado desbordó la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, y con su tabla suma adeptos. En ello cabe añadir que en la función del domingo contó con la presencia – y bendición – de la propia hija de Tite Curet Alonso, doña Hilda Curet.

Su tributo a parte de los autores más prolíficos de la canción popular boricua la proyecta con credibilidad a la escena internacional, por lo que no dudamos que eventualmente incursione con su concepto en España, donde La Lupe y otras voces trascienden y conquistan generaciones.

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