Sin paralelos ‘Yo soy la tradición’

Por Rafael Vega Curry
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Cada nuevo álbum de Miguel Zenón es un descubrimiento de nuevas facetas de su genio creativo. Resulta difícil determinar cuál es su obra maestra, cuando prácticamente todos sus discos contienen atributos como para calificarlos de esa manera. El más reciente, “Yo soy la tradición”, no es la excepción y constituye otro paso de avance más en la brillante carrera del joven músico puertorriqueño.

Carátula de la nueva producción de Miguel Zenón “Yo soy la tradición”. (Foto suministrada)
Grabado junto al Spektral Quartet, un prestigioso cuarteto de cuerdas de la ciudad de Chicago, es un álbum único en su clase. Comisionado por el David and Reva Logan Center for the Arts y el Festival de Jazz Hyde Park, de la mencionada ciudad, representa la primera vez en largos años en que Zenón opta por no grabar junto a su cuarteto usual. Aquí aborda un género que Gunther Schuller bautizó como “la tercera vertiente” (“Third Stream”) por su combinación de elementos de jazz y de música clásica. Pero Zenón va más allá, al basar su música –todas las composiciones en este disco son suyas- en el folclor puertorriqueño. Específicamente, utiliza como punto de partida tradiciones como la Promesa de Reyes, las Cadenas, el Rosario cantado, los aguinaldos y los seises.

El otro elemento fundamental en “Yo soy la tradición” es la relación que el músico ha establecido entre su saxofón alto y las cuerdas (dos violines, una viola y un violonchelo). Este disco está a años luz del uso que muchos arreglistas de jazz le han dado tradicionalmente a las secciones de cuerdas, mayormente como elemento decorativo para elevar el carácter emocional, y hasta abiertamente sentimental, de la música. Aquí el saxo y los violines están de tú a tú, en un constante diálogo creativo que se manifiesta de múltiples maneras.

Por ejemplo, en “Rosario”, el tema inicial, las cuerdas proveen una melodía inicial, interpretada pizzicato, desde la que sobresale la inmensa pureza y cuidadosa ejecución del saxo de Zenón. Luego crean un “vamp” para apoyar la improvisación del líder, en una especie de animado contrapunto. Para finalizar, retoman el tema inicial, pero en estilo arco.

En el siguiente tema, “Cadenas”, los violines crean una especie de “capas rítmicas” de rica complejidad que exaltan el carácter melódico de la pieza. En “Yumac” se destaca el engarzamiento armónico de saxo y violines, sobre todo al final. “Milagrosa” es el escenario de una interacción realmente virtuosística, así como de intensos pasajes interpretados al unísono. Entretanto, el misterio y la exquisita belleza de “Viejo”, con sus contrapuntos, unísonos y aires ligeramente blueseros hacen de este tema uno de los más atractivos del disco.

Por su parte, “Cadenza” muestra cierto aire flamenco, con el uso de palmas (“hand claps”) y una brillante transición rítmica hacia la conclusión. “Promesa” da espacio a un plañidero violonchelo y a una interacción hermosa y envolvente. Para concluir, “Villalbeño” cierra el álbum con claras referencias a este tipo de seis.

Innovadora e intensa, la música de “Yo soy la tradición” enfoca a Miguel Zenón como compositor y conceptualista. No obstante, hay que recalcar también que la hermosura de su sonido en el saxo alto alcanza aquí nuevos niveles. Se diría que el admirado músico se siente feliz al interpretar estas composiciones.

No es la primera vez que Zenón utiliza violines en sus grabaciones; ya lo hizo anteriormente en “Awake”, en el 2008. Pero la gracia, elegancia, creatividad y originalidad que aquí exhibe no tienen paralelo. Si acaso, vienen a la mente discos clásicos como “Focus” de Stan Getz. Pero esto es otra cosa, prácticamente incomparable. Una nueva obra maestra de uno de nuestros más grandes músicos.

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